sábado, 17 de mayo de 2014

Echándome a perder


 Pues yo ya no sé si echarme a perder para ganar o ganar para echarme a perder. Me explico: resulta que ahora con las redes sociales, una se entera de todos los beneficios y maleficios para conservar la salud y tener la garantía de vivir por lo menos 100 años con un cuerpecillo de eterno púber. Por ejemplo, un correo me indica que todas las mañanas antes de levantarme tengo que estirarme como gato durante 3 minutos, tomar un vaso de agua tibia con limón mientras lanzo bendiciones a mi cuerpo hacia los cuatro puntos cardinales. Una vez hecho esto, tengo que meditar durante media hora mandando vibras positivas a todos mis semejantes incluidos mi exesposo, mi vecina chismosa y metiche y a presencias propias y extrañas que pueblan mi hogar pero que están en otra dimensión. Tengo que desayunar un “plato del buen comer” que esté compuesto de frutas, pero no puedo mezclar el plátano con el mango y peor aún, agregarle papaya porque me puede dar un ataque de hiperglucemia; que los cereales no sean transgénicos; hacerme un licuado verde con espinacas, eneldo, perejil, nopal en penca, acelgas, arúgulas, un toque fibra y endulzado con stevia. Las proteínas deben provenir de animales felices y apapachados y el pan debe saber y tener consistencia de paca de alfalfa. Debo bañarme en 5 minutos –que no se trata de tirar el agua–  alternando agua caliente con agua fría para reactivar la circulación mientras doy masaje a mis muslos con un guante de crin usando un jabón de almendras orgánicas para no contaminar el planeta. El pelo es otro boleto: tengo que lavarlo con bicarbonato y vinagre porque los champús me pueden dar cáncer. De hecho, todo da cáncer. Debo tomar el sol en la piel del estómago y los riñones durante 20 minutos y luego correr al árbol más cercano y abrazarlo, todo esto con los pies descalzos para liberarme de todo sufrimiento al tener contacto con la Pachamama. A mi trabajo tengo que llegar (si es que llego a tiempo después de esto) con una sonrisa, y caminar con actitud de triunfadora pero que no se confunda con soberbia porque para ser feliz tengo que ser humilde y tender mi cama. ¡Ah no! Según estudios recientes son más felices las personas que no tienden su cama. Maldición, hoy la tendí. Si tengo problemas, tengo que dejar que el universo se encargue de ellos. Tengo que buscar un rato para estar sola, contarme un chiste y reírme a carcajada batiente durante media hora. El correo indica que no tengo que abusar del sexo (¿Cuál?) pero por otro lado, se ha comprobado científicamente que si se tiene sexo durante media hora se queman 250 calorías. Mejor beso a alguien y quemo 12 porque además, me quita la depresión ya que libero endorfinas; además, ejercito 30 músculos de mi cara así que no tendré arrugas. Tengo que vivir el presente que según se afirma, es lo único que se tiene y perdonar a todos esos maestros de vida que con sus enseñanzas me han ayudado a crecer interiormente (¿?). No debo de hablar con nadie de enfermedades, mucho menos de las mías y evitar a toda costa asistir a funerales y hospitales. No debo ver programas de televisión que me generen ansiedad o sufrimiento (¡Pero si me encantan Criminal Mind y todas las de zombies!). Si por asomo resguardo algo de energía negativa, debo tomar 20 minutos de luz de luna y lavar mi ropa con agua y sal de mar para que todo se libere de energías residuales. Tengo que pintar mi casa de colores claros, quemar incienso regularmente y escuchar música New Age por lo menos una hora diaria (¡Pero, pero y ¿las cumbias?!); No debo de dormir con equipos electrónicos cerca de mí (adiós a mi radio-reloj, mi TV y mi teléfono, a ver cómo me levanto) y que mi cabeza apunte al norte o al este. Además, si vivo por encima de la línea del Ecuador debo de dar giros en sentido de las manecillas del reloj para estar en equilibrio con el campo magnético de mi planeta. Necesito un astrolabio. Mejor contrato un servicio de criogenia. ¿Y si me despierto en 100 años y no sé quién soy? Al carajo, voy a seguir haciendo lo que me dé la gana y no, no me voy a ir a confesar.

domingo, 11 de mayo de 2014

Arquetipos femeninos: la secretaria

Atrás quedó la secretaria, aquella leal trabajadora, inspiración del grupo Mocedades, en donde se narra la historia de la discreción hecha mujer. Si no se acuerdan, aquí se las pongo:https://www.youtube.com/watch?v=vEEIzUkhd6w

Mi experiencia con las secretarias ha sido corta pero substanciosa, he de afirmar que, para tener secretaria, se necesita un perfil de líder, cosa que considero que ni por asomo tengo. Mi contacto con estas hábiles y abnegadas mujeres se había limitado a que me dieran los buenos días y a que fuera a recoger mi cheque “dentro de quince días, porque el Licenciado no los había firmado y quien sabe si iba a regresar.” Ante tales respuestas aprendí taimadamente a llegar siempre con una sonrisa, memorizar sus nombres o llamarlas alegremente con un ¡Hola hermosa! y proceder a apuntar rigurosamente sus cumpleaños en orden mensual colocando al lado, el nombre de la empresa donde trabajaban para llamarlas o en su defecto, regalar “un detallito.” El día de la secretaria fue para mí, más sagrado que Navidad y Día de las Madres juntos.

Luego, la vida me puso en mi lugar y me premió con no una sino ¡cinco! secretarias a mi cargo. Nomás porque me dijeron que con este acto podía sacar a varias ánimas del purgatorio, que si no, me rajo. Pues bien, no sé si el tiempo que duró este martirio en vida (sí, ya sé que es una expresión redundante, pero se oye de garra) sea suficiente para tener la autoridad Jungiana de someterlos a la siguiente clasificación arquetípica de la secretaria, tómenlo como un acto humanitario por si se ven en esos trances. Me arranco:

La redencionista: La que me tocó a mí, me llevaba el Atalaya todas las semanas y tenía la sana costumbre de que en los momentos más álgidos de mi trabajo entraba con cara de “mujer redimida y preocupada a su vez por la redención de mi alma” a invitarme a un congreso de jóvenes creyentes, o a una reunión de su culto por la tarde, o a que donara una cantidad de mi sueldo para beneficio de las almas en pena. Cuando vio que yo era más impenetrable que las murallas de Jericó, su siguiente jugada fue pedirme permiso de ausentarse para asistir ella, que alguien en esa oficina debía mantener la cordura ¡carajo! Nunca se lo di, pero como conocía los entresijos del sistema, todo el reglamento de permisos y derechos del trabajador y los 330 logros sindicales procedió a tocar las trompetas divinas y mandarme al infierno con su dedo flamígero. Recuerdo verla a lo lejos rodeada de un halo de santidad.

La Party Planner: al principio todo es carcajada y armonía: todas nos llevamos bien, nos damos los buenos días y a trabajar. Pero hete aquí que los días se convierten en meses y que al ser una oficina con tantísimo personal, alguien, por fuerza cumple años. Y aquí entra en acción la secre que lleva una agenda rigurosa de los onomásticos mensuales. Un día antes del ágape, organiza con velocidad pasmosa qué nos toca llevar o de a cuánto será el sablazo. Sabe quién cocina una deliciosa cochinita pibil o a quién le sale mejor la salsa molcajeteada. Pide pastel, velitas, gelatina de mosaico, cubertería desechable, tostadas, lechuga y jitomate picados, chiles en vinagre, cebolla morada, patitas de puerco, pollo deshebrado, crema de vaca y queso rallado. Y ¡a darle que es mole de olla! Dos horas señores, dos horas encerradas en un cubículo de 2x1 comiendo tostadas de pata y berreando Las mañanitas para homenajear a la compañera. Si osaba mostrarme al menos contrariada por esta situación y más que nada porque había una fila ingente de personas buscando ser atendidas, me salían con que “todas tenían derecho a media hora para lonchar y pues ese día decidieron juntarlas”. Ahí conocí el significado de la palabra impotencia.

La madre abnegada: este es un caso difícil, ya que va de por medio el paradigma madre solo hay una, tan arraigado en nuestra cultura mexicana. Normalmente tienen de dos a cinco hijos cuyas edades fluctúan entre 2 meses y 6 años, viven en casa de la suegra y tienen que llevar a las creaturas en camión a la guardería, al kinder y a la primaria antes de las 7 de la mañana, lo cual no deja de ser un acto de abnegación, lo reconozco. Como es de suponer, siempre llegan tarde. Checan después de su hora y luego van a que les des un pase de salida para justificar la falta. Diario. Cinco días a la semana. Aquí te amarras la tripa y el resto de los ovarios que te dejaron las otras dos arriba mencionadas y por supuesto, le dices que no. Sus ojos comienzan a rasarse, su labio inferior tiembla, entrelaza las manos en actitud suplicante y te sorraja en la cara: “lo que pasa es que usted no entiende, como no tiene hijos…”. ”¡Hija de su china madre!” Pienso para mis adentros. Ante tal argumento, cedo el primer día, tal vez el segundo. A la tercera vez, ni la recibo, por lo que se echa a andar la maquinaria llamada La venganza de una madre, la cual consiste en odiarte y hacerte quedar mal hasta el fin de sus días, menos en Navidad, que es cuando piden su cuelga.

Por supuesto, no puedo dejar de mencionar que existen secretarias que son como un bálsamo para el alma, las que están de tu parte, las que te meten el hombro en momentos clave. También tuve una así: amable, prudente, eficiente y más lista que yo. Ella fue una de las personas a quienes debo mi agradecimiento. Gracias N por estar conmigo, por ayudarme a llegar a donde estoy.


domingo, 4 de mayo de 2014

Si lo sabe Dios, que lo sepa el mundo (De una vez)


Antes de que alguna alma timorata, asesino serial, amigo metiche, familiar preocupado o personas en general que ni me quieren y a quienes no les importa maldita la cosa lo que hago, he decidido, en un acto de valentía, confesar mis gustos, ya sean aceptados por la sociedad o provocadores del morbo más perverso entre quienes me siguen en las redes sociales.
Esto lo hago, porque definitivamente, ya no tenemos privacidad a partir de que cualquier aplicación que osemos bajar a nuestros dispositivos obliga al usuario a notificar al público pendiente de dónde estoy, qué como y a qué hora voy al baño. Así que comienzo:
Música: lo mismo escucho una sonata de Chopin, que una guacharaca portola cuyo ritmo sicalíptico me hace fantasear con hombres de músculos marcados y brillo sudoroso en la piel. Lo mismo escucho a Bach, que me acelero con electrónica Psyhco o caigo en depresión con los Tres Ases; lo mismo me sale mi lado anarquista con Silvio Rodríguez que me sumerjo en las profundidades del averno cortándome las venas con Emmanuel y su “Todo se derrumbó dentro de mí”. Lo mismo escucho música disco que me zumbo 5 horas de música cubana. Lo único que no soporto es la “Bandamax” y el reguetón, de ahí en fuera ¡Venga! Ya lo dice Spotify.
Respecto al cine he de confesar que me gustan los musicales de Hollywood, ya saben, desde Fred y Ginger deslizándose por la pista, hasta Mickey y Judy cantando Good Morning. Lloré con Bambi  y Dumbo y soñé (creo que lo sigo haciendo ¡maldición!) con el Principe Azul. Pero también me reventé todas las ochentenas cursis como Me enamoré de un maniquí, La chica de rosa (siempre quise toda la ropa que sacaba Molly Ringwald en esa película), Barquillo de Limón y Porky’s. Mel Gibbson, Rob Lowe y Andrew McCarthy poblaron mis sueños adolescentes. Confieso que vi todas las de Van Damme y que Bruce Lee es su padre. Así que la próxima vez que Netflix les anuncie que estoy viendo una de estas, ni se extrañen.
Confieso que tengo un morbo rayano en la perversidad para ver videos de animales tiernos, gente superada, historias de asesinos, moda exótica y trendy y páginas sobre “cómo ser más (lo que sea)”, contesto test del tipo “Qué significa tu nombre”, “Qué animal eres” o “Qué fuiste en otra vida”.

Y bueno, les aviso que como ya bajé la aplicación de Foursquare, próximamente se enterarán de mi apasionante y excitante vida, nomás les pido que si me ven en la funeraria de moda, no se queden con el pendiente y pregunten que con quién.

sábado, 8 de marzo de 2014

Cómo sobrevivir a un congreso de investigadores


Pues resulta que ahora me he visto en la necesidad de asistir a congresos de investigación. Nadie me preparó para lo que tuve que hacer, así que, ejerciendo el derecho de ser propietaria de este blog y de que puedo publicar lo que me dé la gana y que además soy generosa y compasiva con mis pares, les dejo aquí unos consejillos para sobrevivir a tan magnos eventos:

Vestimenta: lo primero es investigar de qué trata el congreso y quienes serán los asistentes para que no nos agarren desprevenidos con el “outfit”. Si es un congreso de derecho, contaduría y teneduría de libros, administradores o cualesquiera disciplina que requiera cuello blanco, tanto hombres como mujeres deben ir de riguroso traje sastre; camisa blanca; ellos corbata ad oc y ellas, discreta mascada, de preferencia de seda. No olvidar medias color “nude”. Si por el contrario, el congreso es de antropología cultural, filosofía y letras, lingüística o disciplinas afines, artes visuales o diseño gráfico, pueden adoptar el consabido atuendo que consta de blusa o camisa autóctona (de preferencia proveniente de un país latinoamericano en conflicto), pantalón de manta, falda folk o bien, una playera con consejas como: “The Wall. Pink Floyd”; “Se habla Español”; “Es chido ser naco” o cualquiera de la Guerra de las Galaxias.

Actitud: esta parte es sumamente delicada, ya que como todos sabemos, la actitud lo es todo. Nada de hombros caídos y mirada perdida como de gallina comprada, no señor. La entrada tiene que ser espectacular, dominio total del escenario. Si es necesario, sugiero un recorrido previo por el lugar sede. Pueden ensayar levantar una ceja, ya que ese gesto es muy importante al momento de escuchar ponencias de nuestros pares, porque indica que estamos en desacuerdo con el ponente y le hacemos saber que segurito le preguntamos algo. Nunca abrir la boca ni asentir como si estuviéramos de acuerdo. Antes bien, provocar la duda, la incertidumbre y el desasosiego con gestos y miradas de desaprobación. De cuando en cuando, sacar el celular para tomar fotos y hacer apuntes. Eso los pone muy nerviosos.

Preguntas: la sesión de preguntas por parte del público asistente a la mesa es la parte más disfrutable de las ponencias. Es el momento cumbre en donde podemos explayarnos y demostrar al ponente la pobreza de su investigación y al público asistente todo lo que hemos leído y la maravillosa memoria eidética que poseemos al citar al hilo a 27 autores alemanes o checos con una perfecta pronunciación. Para ponerle emoción al asunto, comience sus frases con las siguientes expresiones: “Usted afirma que…”; “Suponiendo que lo que dice sea cierto…”; “Quiero pensar que usted leyó a (mencionar aquí a algún filósofo de un lejano país de Europa del Este)”. El chiste es acorralar, no soltar, avergonzar y destrozar la tesis del expositor.

Título de su ponencia: esto es clave para defenderse de los preguntones del punto anteriormente mencionado. Entre más complicado, caótico y ambiguo sea el título, mejor. He aquí algunos ejemplos: “El humanismo concurrente ante el cangrejo ermitaño: una disgregación prometedora”; “La percepción postconcurrente ante el Manifiesto Comunista: una simbiosis metafísica”; “La retractación impresionista y la Revolución Francesa: una conspiración generacional”; “La desintegración pregeneracional tras las canciones de Bollywood: ¿una yuxtaposición cibernética?”. Tip: los dos puntos le agregan mayor dramatismo al título y fintean al espectador ya que parece que nos van a explicar la primera línea. Nada más alejado de la realidad. Nos provoca aún más desconcierto. Aquí les dejo dos enlaces que me han resultado de mucha utilidad: http://www.yeray.com/generador/ y uno maravilloso en donde pones tus palabras clave y listo: http://www.jmarquez.com/presentr/index.php?lang=es

Cuerpo de la ponencia: Si después de titular su ponencia con los nombres arriba mencionados logra tener una audiencia de más de 5 personas sin contar a los cuatro que van a exponer, es hora de desplegar toda su sapiencia y don de gente para dar paso a la lectura de la ponencia. Se recomienda guardar compostura y seriedad, ensayar el tono de voz y tener a mano una botella de agua. Sugerencia: cuando de adjetivos se trate, no se le ocurra usar los consabidos: bueno, chido, bonito o feo. Utilice palabras del orden de: pasilargo, holográfico, molecular, montable, anfisbaénico, ectoplásmico, atrofiado o cualquiera que tenga seis sílabas: aeromántico, afarallonado, anepigráfico, anquiderribado, antediluvianos, antropográficos, apiramidado, asistemáticos, berberidáceo, caparidáceo, ceremoniático, cingiberáceo y otras por el estilo.

Presentación visual: Procure poner fondo negro a sus presentaciones, esto le da un toque de dramatismo al asunto. Evitar las gráficas de pastel o cualquier modelo legible en pantalla: opte por las gráficas de barras, puntos o bien, ya en el colmo de la complejidad, digitalice de un libro en baja resolución, tablas numéricas con valores tanto positivos como negativos; esto agrega credibilidad a sus resultados pero nadie los cuestionará. Agregando efectos especiales como aparición letra por letra o baile en el espacio del texto hará de su presentación algo alegre y entretenido. Se sugiere poner una diapositiva final con la leyenda “gracias por su atención” y el sonido de aplausos. Tampoco se trata de ser maleducado. Mientras tanto, no olviden mover sus manos de esta manera: http://pijamasurf.com/2014/01/siete-gestos-manuales-que-te-haran-pasar-por-un-sesudo-intelectual-gifs/


Esta entrada se la dedico a mi amiga Tuch, que iniciará el sufrido camino de la investigación. 

domingo, 18 de agosto de 2013

El grupo versátil



Una de las cosas que me da más flojera en esta vida es asistir a una boda. No por los novios, que me han invitado de buena fe, no por los comensales que por lo general son personas lindas y con las que guardo cierta amistad. No porque hayan liberado dos mil setecientas mariposas blancas en la ceremonia religiosa. No el menú, que ya es esperado con anticipación: sorpresa de quesos finos; una sopa que sabe a harina salada y que nos permite elegir el sabor que deseemos: queso, crema de pistache o chícharos; lomo bañado de una cremita café, con una papa al horno y acompañado de una escultura barroca elaborada con zanahorias y coles cocidas y de postre por lo general y para no errarle, pastel de boda. No señores, lo que me da flojera de las bodas, después de un exhaustivo acto de reflexión, es el grupo versátil que ameniza el evento por cinco horas aproximadamente. Veamos en qué consiste su versatilidad:

Inicio:
Para comenzar a calentar motores y mientras la concurrencia trata de digerir el menú antes mencionado, el grupo versátil toca a voz en cuello todos los éxitos de Luis Miguel, Diego Verdaguer, el Buki, Alex Sintec o Armando Manzanero. Normalmente se seleccionan por ser del género romántico creyendo que así los comensales pueden platicar muy a gusto.

Las de cajón:
Aquí ya empieza la fiesta como tal, y como primer número, los desposados eligen una canción con la que se sienten plenamente identificados ya que refleja su historia de amor. Las más seleccionadas son las de Celine Dione, You are the inspiration de Chicago, Te amaré  de Miguel Bosé y ya si son bien alivianados, Bachata Rosa de Juan Luis Guerra. Si gustan de las novelas, su selección girará en torno a los duetos como el de Lucero y Mijares cantando El privilegio de amar.
La repiten cinco veces para que todos los familiares tengan la oportunidad de bailar con la feliz pareja. Después de esto, se toca la víbora de la mar, se lanza el ramo, el novio le quita el liguero a la novia con los dientes a ritmo de jazz cachondo y finalmente, comienza la fiesta.

Para abrir boca:
Si el grupo versátil desea poner ambiente en la fiesta lo mejor de su repertorio recae en canciones de la Sonora Dinamita, la Margarita o los Ángeles Azules. Una vez que todos agarraron el ritmo, reparten entre los asistentes cuernos de venado http://www.youtube.com/watch?v=OpVA97Lfgks , capotes para el paso doble, sombreros ridículos, serpentinas, gorras y antenas de colores varios que le darán realce al baile y pondrán a la altura de las circunstancias a la concurrencia.

Canciones con instrucciones
Este bloque de canciones sirve para decirle al público asistente qué tiene que bailar y como. Tenemos por ejemplo, La Bala que nos precisa de manera metódica http://www.youtube.com/watch?v=6osBpZN14bE El único problema de esta canción es cuando la letra invita a los asistentes a que “todos para abajo”, algunos ya no suben. Otra muy socorrida es la que entonan con gran ánimo y alegría los integrantes de El símbolo: Levanten las manos http://www.youtube.com/watch?v=ysV1nFBfZhg esta canción y siete cubas entre pecho y espalda tiene el poder de hacer sentir súper sexys a los asistentes. Otras canciones con instrucciones implícitas son No rompas más mi pobre corazón de Caballo Dorado, aquí les dejo una versión de instrucciones en el remoto caso de que no se la sepan: http://www.youtube.com/watch?v=OhWkJK77uoY  Y La Macarena no puede faltar: http://www.youtube.com/watch?v=VopTCbv3fS4

Canciones para estado matrimonial
A todos los invitados nos encanta burlarnos del nuevo estado de la pareja, la cual ignora lo que le depara el futuro. Es por esto que el grupo versátil ha incluido en su repertorio una serie de canciones de advertencia para que los dos integrantes del anhelado vínculo estén advertidos y luego no se anden con eso de que “yo no sabía”. En primer término tenemos la popular cumbia Capullo y Sorullo que narra esta pícara historia sobre cuernos e infidelidades. La cortina por su parte, nos da instrucciones precisas sobre que es preferible casarse con un viejo http://www.youtube.com/watch?v=9g5MZsgQdIU ; o la de “Mete y saca” dechado de dobles sentidos: http://www.youtube.com/watch?v=4A008luUDD0

Canciones retro
Para cumplir con las expectativas de todos los asistentes, y para propiciar el bonito palomazo, el grupo versátil comienza con un potpurrí de canciones deTimbiriche http://www.youtube.com/watch?v=p9qDUx3a-rQ en donde todos berrean “Tu y yo somos uno mismo” como en sus mejores tiempos.


Si siguen estas breves instrucciones, tienen la fiesta inolvidable asegurada.

domingo, 11 de agosto de 2013

Cuestiones insalvables



Pues resulta que nos pasamos la vida contestándoles a los demás toda serie de cuestiones, que aparentemente ellos ya han zanjado. He aquí un listado de las preguntas que son obligatorias y demandan una respuesta correcta y satisfactoria. Se omiten preguntas existenciales como ¿por qué estoy aquí?; ¿cuál es mi misión en la vida según las monjas de mi colegio? y ¿qué es lo que quieren las mujeres? por no haber respuesta satisfactoria:

Del nacimiento y primera infancia:
Aquí te libras de contestar tú así que la mamá recién parida recibe el bombardeo de amigas, tías, suegra, hermanas y demás féminas curiosas: "¿Y cómo le vas a poner al niño? Ni se te ocurra ponerle como tu abuela Eutiquia, ¡Imagínate, pobre bebé!
¿A qué jardín de niños lo meterás?
¿Quién te lo va a cuidar cuando vuelvas al trabajo?

Segunda infancia y adolescencia:
Cargando el rebuscado nombre de Eutiquia Yazmín, nada más porque a tu madre se le ocurrió darle en la torre a tus tías metiches, ahora te enfrentas a las siguientes preguntas de rigor:
¿Qué significan tu nombre?
¿Cómo te gusta que te digan?
¿Te podemos decir Tiquia?
En ese momento comienza el odio hacia tus padres, que tanto daño te han hecho.

Edad adulta
Y llegamos al momento de la vida en que es crucial darle gusto a los demás respondiendo de forma satisfactoria y creíble las preguntas que nos son sorrajadas en la cara en el momento más inesperado.  Veamos:
Se asiste con cierto temor al bautizo del hijo de tu prima Pita. Asiste a la fiesta el pesado de tu primo Fernando que siempre se ha destacado por llevar una vida recta, mesurada y basada en los más altos valores humanos y además, anda estrenando una novia que conoció en el coro de jóvenes apostólicos. La muchacha, con la vista baja, sonrojada y con voz tímida, avienta un "mucho gusto" a todas las personas ante las que desfila.


Satisfecho el morbo de la novedad, tu tía se dirige hacia ti. La ves caminar en cámara lenta; se esboza una pequeña mueca que quiere ser sonrisa; sus ojos se entrecierran, abate las pestañas y con una ingenuidad malsana te espeta sin pudor alguno: “Y tu ¿ya tienes novia? ¿Por qué no la trajiste? y ¿Para cuando mi'jito?” …esas preguntas son peores que las que se hizo Nietzsche en sus momentos más negros.

sábado, 29 de junio de 2013

Ad Litteram (A la letra)

Yo no sé por qué, pero las primeras letras siempre son muy dolorosas. He aquí, unos vagos recuerdos de cómo me embarqué en este mundo de páginas por leer. ¿Quién no se acuerda de los cuadernos Scribe de doble raya? Siempre que me acuerdo de ellos, lo hago no sin un poco de angustia. Y de la buena. “Saquen su cuaderno de doble raya” decía la maestra. Yo abría la tapa de aquél pupitre añoso mal pintado de un color indefinido y buscaba entre mis “útiles escolares” el dichoso cuadernito. Y ahí nos tienen, haciendo palito y bolita con esmero… planas y planas de palito, bolita. Luego, a juntarlos para formar esos signos desconocidos que representaban sonidos. La “S” nunca me salía bien y mucho menos la “F” así me las compararan con una foca o una serpiente. Yo fui de los millones de niños mexicanos que llevaron “El libro mágico” para aprender a leer y escribir. Frases clásicas como “La pipa de papá”, “Ese oso se asea” y la nunca olvidada “mi mamá me mima” son más clásicas que cualquier clásico literario. El papel traslúcido que servía para copiar tan profundas frases se llenaba de garabatos sin sentido y yo sufría y lloraba, al punto de que un día, como ya he platicado, declaré ceguera total a mi maestra de 3º de Kinder para no leer un párrafo del odiado libro. Pero hete aquí que ni en mis peores pesadillas infantiles pude imaginar lo que me deparaba el destino. Al entrar a primaria, apareció en mi vida un señor muy derechito, formal y de bombín –así me lo imaginaba– cuyo nombre todavía lo tengo grabado en mi memoria: Don Emilio Marín. Este señor, cuya vida desconozco pero imagino, se dio a la engorrosa tarea de escribir un libro que tituló “Gramática Española”. El mencionado libro contenía todos los saberes y entresijos para el correcto uso del idioma español. Imaginen a una pequeña niñita de largas trenzas, de 6 años y uniforme muy planchado, ingenua ella y muy sonriente que llegaba todos los días con la sensación de que las paredes del añoso colegio se le venían encima. Porque a primera hora y después de hacer fila para entrar al salón, comenzaba la tortura de Don Emilio. “Niñas –decía la maestra con fingida inocencia– saquen su libro de Español”. Punzada en el estómago. Sacaba el mencionado libro, que a continuación describo brevemente, para que no vivan agobiados por el resto de sus días, como yo. En primero lugar, Don Emilio era todo un caballero, yo creo que sus papás eran españoles refugiados y seguro él estudio en la Benemérita Normal para obtener el título de maestro. Así que todo su libro estaba escrito en 2ª persona del plural. Imaginen pues, la lección de los tiempos verbales en este tenor:
“¿Vos sabéis qué se entiende por tiempo verbal? No os preocupéis queridos niños, aquí os lo voy a decir” Y así todas las instrucciones, por lo que no me quedaba claro si estaba leyendo un cuento de hadas o un documento de la época de María Canica. Los textos para definir cualquier elemento de la oración, eran como para suicidarse. Por ejemplo, veamos la definición de adjetivo indefinido:
“ Los adjetivos indefinidos limitan la significación del sustantivo de un modo vago o general”; o ésta, que es una joya: “Accidentes gramaticales son las alteraciones que experimentan las palabras en sus desinencias”. ¡Seis años, por Dios! Digo, agradezco a mis maestras la confianza de pensar que yo sabía que era desinencia a tan tierna edad, pero se pasan. Especial merecimiento es otorgado a los ejemplos y ejercicios que Don Emilio pensó con dedicación y esmero, usando todos sus conocimientos de pedagogo experimentado. Veamos algunos párrafos.

EJERCICIO DE APLICACIÓN. Entresacar los sustantivos e indicar su género y número: ¡Loor te sea dado, oh valerosa y magnánima mano, escogida por el cielo para descubrir el nuevo mundo y unir, con eterno vínculo, dos hemisferios, antes tan desconocidos como separados! O estos ejercicios de reflexión: Un buen consejo: se ha cometido una falta en clase. El maestro va a castigar a todos si el culpable no se da a conocer. Sois varios en saber quién es el culpable, escribidle para aconsejarle que confiese su falta. ¡Madre pura! O este: Explicad el proverbio siguiente: Se ha de romper la cáscara para tener la almendra. A los seis años cumplidos ni Sócrates hubiera reflexionado tanto. Y luego las autoridades se quejan de que en México sus habitantes no leen.