miércoles 16 de diciembre de 2009

Algunas tradiciones navideñas que cambiaría....

Al fin de vacaciones y asistiendo a algunas festividades navideñas, he observado algunas aberraciones características de las tradiciones navideñas y que no puedo evitar mencionar a manera de advertencia y que si fuera posible, las evitaría:

Las “preposadas”: eso no existe, todo buen cristiano que se precie sabe que las posadas comienzan el 16 de diciembre y que éstas duran 9 días culminando el día de Nochebuena, que es cuando los cansados peregrinos llegan para instalarse en su portal. Eso de las preposadas es como el dichoso “precopeo” que nomás sirve para entonarse de manera gratuita...

Pedir posada: esta bella tradición -con la cual estoy totalmente de acuerdo- tiene sus asegunes... el peor y más riesgoso es andar danzando con una velita minúscula entre el índice y el pulgar, una luz de bengala en la mano izquierda y la letra del canto tradicional –que a estas alturas ya todo mundo se debería saber, pero que pasa como el Himno Nacional, que todo mundo se sabe el primer verso y el estribillo y ya- anclado en el dedo anular y el meñique de la mano derecha... normalmente uno se quema los dedos, le quemas el pelo al de adelante y te queman los de atrás.... los cantantes, se entiende;

Los intercambios de regalos: se supone que esta práctica tradición nace de la iniciativa de algún codo de la oficina que decidió que no podía ser dadivoso con todo mundo, así que para quedar bien y poco gastado, organiza los papelitos y los reparte entre todos, quiérase o no entrarle al evento institucional. Durante diez días tiene una que dejar “regalitos misteriosos” en el escritorio del “amigo secreto”, los cuales consisten en unas papas fritas, un chocolate cremoso de coco o una paleta con centro de chicle y emotivos mensajitos tales como: “felicidades”, “Te quiero mil”; “XoXoXo” (que según entiendo, son besos y abrazos). Posterior a esto, se organiza reunión en casa de algún entusiasta. La cuota se fija entre los cien y doscientos pesos, pero nunca falta el que compra el presente amistoso en “Tocho de a Cinco” y lleva de regalo un espejito-peine-labial o un porta celular de peluche o un juego de damas y palillos chinos, los cuales son bienvenidos por el receptor para jugar al vudú con el obsequiante –en sus más dulces sueños-;

El beso al Niño Dios: Se acuesta al Niño en un lecho de colaciones –de esas de rajita de naranja en el centro y que saben a puro azúcar rancio- y luego de emotiva sesión de oraciones y canciones de cuna, se rola a la criatura para que todos presenten sus respetos mediante un “besito”, lo cual le da a uno el derecho de tomar de la charola un puño de colaciones. De más está decir que al último de la fila le llega el Niño todo besuquiado y la merma de la colación. Yo siempre me fijo en dónde lo besan... no vaya a ser que me dé la influenza...

La piñata de cartón: Sí, lo sé, las piñatas con alma de jarro son muy caras, pero no hay nada como romper el cántaro y lanzarse sobre el lecho de tepalcates y dulces... que sienta el cuerpo lo que recibe, que finalmente el rollo debe ser catártico y que invite al desfogue....

Las canciones tradicionales: En mis no muy lejanos años de tierna infancia, al romper la piñata se cantaba la clásica canción de “Dale, dale, dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino...” y se completaba con el “Ándale Juana no te dilates con la canasta de los cacahuates”. Ahora se canta una versión que habla de un “Conejo Blas” que seguro tiene una cara horrible porque amenazan con tener la cara de él...

Por lo pronto, les deseo felices fiestas y un año de lo mejor....

sábado 28 de noviembre de 2009

Bloopers de la vida o de cómo vivir sin sentir que estás en una película de Harold Lloyd

Para los amables lectores que no sepan quién fue Harold Lloyd, les ilustro: actor estadounidense que en la década de los veinte que junto con Chaplin y Buster Keaton fueron los cómicos más representativos del cine mudo, claro, sin olvidar al “Gordo y el Flaco”. Hecha la ilustración, procedo a explicar este largo y angustioso título.

¿Alguna vez has sentido que durante el día nada sale bien? ¿Que caminas dando traspiés? ¿Que el pelo no se te acomoda como tú quieres? ¿Que no encuentras nada que ponerte? La vida, está llena de bloopers –yo los traduciría como recordatorios de nuestra frágil humanidad- que bien se pueden considerar dignos de aparecer en cualquier película cómica.
Mencionaré algunos de los más comunes:
1. Cualquier caída en variadas modalidades: resbalón, por las escaleras, perder el equilibrio, que un perro te tumbe;
2. Una muy fea: cuando estamos hablando muy mal de alguien –no finjan que yo los he visto- y el susodicho está atrás de nosotros;
3. Cuando de pequeños nos hicimos pipí recitando la poesía de “Porqué me quité del vicio”;
4. Que el hombre –o mujer- de nuestros sueños aparezca en nuestra casa a las 9 am para invitarnos a desayunar y salgamos con la lagaña atorada, oliendo a borra de colchón y con los “patitos” marcados en la mejilla;
5. Pegarse en un poste, ventana o pared por ir bobeando en la calle;
6. Pisar caca de perro, aunque dicen que esto es de buena suerte;
7. Perder el paso en el bailable del colegio;
8. No saber qué decir frente a un público de 350 personas;
9. Rotura de pantalón, ida de media nylon;
10. Que cuando sales de nadar –con tu pose más sexy, claro- una ola te arranque el bañador.


Como estas, miles. Miedo total al ridículo. Perder piso. ¿Qué hacer para salir airoso de tales situaciones? Reír mucho y de nosotros, o llorar, que pa’l caso, es lo mismo. Una amiga mía me decía que cuando uno supera la vergonzosa situación de despachar una flatulencia frente a la persona amada, todo lo demás es coser y cantar. Y creo que tiene razón. El miedo al ridículo nos paraliza, muchas veces no nos deja movernos, pero podemos reflexionar sobre este hecho, preguntarnos qué es lo peor que nos puede pasar si hacemos o dejamos de hacer algo. Y siempre se puede superar; siempre los que nos rodean nos perdonan, se ríen de nosotros o con nosotros pero no más. Cuando tengamos un día digno de película cómica, reír y pensar en nuestra frágil humanidad, que como dijo el poeta: “somos polvo de estrellas”.

sábado 14 de noviembre de 2009

La Tensora

Ustedes dirán ¿Qué es eso de la tensora? ¿Acaso será una llave de lucha libre? ¿Una señora en estado de alto estrés? Me explico.
Ya he platicado en entregas pasadas lo que las mujeres somos capaces de hacer por conservar la belleza y las carnes en su sitio. Pues hace poco y en aras de seguir en la línea juvenil, tuve una experiencia que yo calificaría de espeluznante si no hubiera sido por los resultados obtenidos. Mi amiga M, una de las principales fuentes de inspiración para mí, ahora se dedica a la cosmetología de tercer nivel. Llegué a su casa y me dijo: “Ven, que te dejo de veinte años. Te voy a aplicar la tensora”. Yo dije: “¡Ahora sí, ya me cargó el chamuco! ¿Qué será eso? Me recosté en blanco diván y ella comenzó a aplicarme con un pincelito en forma de abanico una mezcla con cierto olor a cacahuate. Se siente rico, un masajito en la cara siempre es relajante. Me dijo: “Te tienes que quedar así 20 minutos, no frunzas el ceño, ni te rías –empresa harto difícil para mí-, ni hagas las muecas que sueles”. Ok –dije yo- creo que lo puedo hacer.

Al principio, todo marchó bien, hasta que la mascarilla comenzó a secarse. Sentí un leve estiramiento que pronto se convirtió en un verdadero jaloneo facial. La megambrea esa comenzó a petrificarse y yo nomás pujaba, haciendo señas a mi amiga, quien brincaba de un lado a otro contestando el teléfono con una mano y mandando correos electrónicos con la otra.

Me dije: “Ya sé por qué huele a cacahuate, seguro con esta pasta hacen los garapiñados”. La máscara comenzó a aferrarse a mis cachetes y yo sentía que me empezaba a fruncir todita. Una garra monstruosa se aferraba a mi cara mientras pensaba que esa sensación sólo la podía sentir alguien que ha sido embalsamado en vida.

Después de los veinte minutos más largos de mi vida, me levanté para avisarle a mi amiga mediante los consabidos pujidos que estaba lista para ver resultados. Ella, encantadora como siempre, me indicó que me fuera a lavar al baño. Cuando prendí la luz y me vi, gemí aterrorizada. Lo que el espejo del botiquín me devolvió fue la verdadera imagen de mi lado oscuro: no tenía cejas, los parpados se había plegado sobre sí mismos y un ojo me quedó cerrado, mientras que el otro permanecía abierto y lloroso por la falta de parpadeo. Los pómulos, que siempre han permanecido ocultos entre mis dos sonrosadas mejillas, se exaltaron de tal manera que formaron dos montañas garapiñadas y puntiagudas, mientras que mi labio superior apuntaba al este y el inferior al norte formando un rictus digno de personaje de película de miedo. Comencé a lavarle desesperada por desaparecer semejante máscara. Después de cuatro litros de agua caliente, por fin cayó toda la plasta, dejando ver mi rostro original, que en definitiva sufrió un cambio notable. El cutis, suavecito, las arrugas de la frente, lisitas, lisitas. El ceño ya no estaba dividido por los dos surcos, producto de fruncirlo durante décadas. Valió la pena el sacrificio. Si están dispuestas a sentir lo que una fruta cristalizada sufre, recomiendo ampliamente a la “Tensora”. Nomás me dicen y las pongo en contacto con M.

Nota: esta inserción no fue pagada por mi amiga, es cortesía de la casa.

domingo 25 de octubre de 2009

Manuales de uso

Hace poco compré un nuevo teléfono móvil. He de confesar que iba con miedo. No al teléfono, no a lo caros que están los condenados aparatos esos... le tengo miedo al librito que acompaña a cuanto electrodoméstico, minicomponente, librero de melanina ponderosa o computador que se precie de calidad y prestigio, pueda yo adquirir. Normalmente vienen en una pequeña bolsa de plástico, ya sea solos o acompañados de una o dos pijas de repuesto, o varios alambritos de los cuales tengo una colección que envidiaría cualquier ferretería. Normalmente, el “manual del usuario” viene en dieciséis idiomas, entre ellos el árabe, el Wu y el bengalí. Si el manual es de los que se desdobla, sucede lo mismo que con los mapas: jamás vuelven a quedar igual. Ve una el índice y se dice para sus adentros: “¡Ah, qué bien! Trae desde cómo encender el aparatejo en la página 10”. Pero resulta que en la página diez también vienen las instrucciones generales, los códigos de acceso, cómo recargar el aparato, qué hacer en caso de incendio y los servicios de red. Cuando una se remite a la mencionada página nos damos cuenta de que escuetamente nos dice: “para cualquier información acerca de los servicios de mantenimiento, consulte a su proveedor de servicios más cercano”. Otra cosa que me encanta de los instructivos de uso, son los esquemas en donde le señalan a una todas las teclas y conectores que puede traer nuestra nueva adquisición. Le indican a uno: “Para encender o apagar el aparato, mantenga pulsada la tecla encender/apagar”. Busca una en el diagrama cuál es la tecla y no viene, o viene como tecla “finalizar”. Que me perdonen, pero no soy intuitiva para estos aparatos del demonio. Hace poco, compré también una lavadora. La instalé y cuando la estrené, la condenada se puso a bailar una mezcla de rumba flamenca con mambo... se fue caminando hasta la puerta y yo sin saber qué demonios tenía hasta que alguien me dijo: “¿le quitaste los flejes que trae de fábrica?”. Al ver mi cara de interrogación, metió las manos atrás de la tina y cortó unos alambres que yo ni sabía que existían... Ahora extraño mi lavadora rumbera, que es la única que quería bailar conmigo...

martes 13 de octubre de 2009

Recetas y secretos para hacerse amar

Hace algún tiempo, descubrí en el mercado de mi ciudad los puestos de herbolaria, en donde venden todo tipo de plantas y hierbas medicinales. No me ocuparé de las que curan la solitaria o el hígado deprimido. En esta ocasión tocaré el delicado pero no menos candente tema del “mal de amores”. Sin ahondar en el tema del sincretismo religioso para no herir a las buenas conciencias ni lastimar la fe, diré que muchos de estos productos contienen una fusión entre la religión católica, budista o incluso, la santería –por mencionar algunas- y el pensamiento mágico (Qué religión no lo es). Pregunto: ¿Quién no ha caído en la desesperación, ha sido víctima del abandono por parte del objeto amado o ha deseado poseer al otro, hasta enloquecerlo? En estos maravillosos lugares, llenos de etiquetas de diseño popular, agüitas de colores, esqueletos de animales y hierbas olorosas, podrán ustedes encontrar toda clase de polvos, aerosoles, cremas, resinas, perfumes, jabones y ungüentos, cada uno con su respectiva oración o conjuro, los cuales cumplirán sus expectativas amorosas, o de otro tipo; sólo es cosa de seguir las instrucciones al pie de la letra.

Se pueden encomendar, por ejemplo, al “Ánima Sola de Juan Minero”

Se pide permiso a la Divina Providencia, se rezan tres credos y en seguida se dice la siguiente oración....

En el nombre de Dios Padre Todopoderoso... Anima Sola de JUAN MINERO, por razón cierta y las horas que están dando, te pido que me metas en el corazón de ______, Santo Ángel de la guarda de ______ tranquilidad no le des hasta que mi lado este. Santo, Oh Santo de mi devoción, que me tome mucho cariño e ilusión. San Salvador de Orta, que se contente conmigo es lo que importa. Anima de Juanito Minero que me lleve siempre en el corazón y en su pensamiento, que acepte que lo quiero. Santa Inés Del Monte Perdido, devuélveme el cariño de el que se ha ido. Espíritu, Cuerpo y Alma de ______, que su amor, su cariño, su fortuna, sus caricias y sus besos, todo él sea nomas para mí. Cuerpo y Alma de ______ no has de ir a ver a ninguna mujer más que a mí.
¡En el Nombre de Dios Padre Todopoderoso, por la sombra de la noche y la luz del día, te pido que los malos espíritus se retiren, mi suerte cambie y lo que yo desee se me conceda! ¡Si estuviese en la casa de otra persona, mi voz llegue a sus oídos a perturbarlo! No me lo dejes tener sosiego ni tranquilidad, ni con amigos, ni con otra mujer, ni paseando, comiendo, trabajando y de ningún modo, que este venga a mí como vino el Señor Jesucristo al mundo, Amén.

Oración a la Santa Mota: esta oración tiene que rezarse a San Nicasio, Santo Mártir, que soportó suplicios innombrables, pero no una mota en el ojo: “Yo te imploro ¡Oh Mota! Que por el Dios viviente desaparezcas del ojo de (decir el nombre del afectado) tanto si es negra, roja o blanca. Cristo puede hacerte desaparecer. Amén”.

Y si lo que necesitan es algo de amor, la “Divina Chuparrosa” no falla:

Oración de la Chuparrosa: para que el amado regrese o para que no se vaya. (Ahí depende)"¡Oh chuparrosa divina tú que das y quitas el néctar de las flores! Tú que das vida e inculcas a la MUJER el amor. Yo me acojo a ti como la pecadora This, a tus poderosos fluidos para que me protejas y me des las facultades de poseer y gozar a cuanta MUJER yo quiera, ya sea doncella, casada, o viuda, pues te juro por todos los espíritus de los Apóstoles no dejar ni un solo momento de adorarte y conservarte en tu relicario santo, para que concedas lo que te pido, mi chuparrosa hermosa".Instrucciones: Esta oración se reza de rodillas ante la imagen de un crucifijo, sosteniendo una VELA encendida de cera legítima. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías.
NOTA: CUANDO DICE MUJER SER PONE EL NOMBRE DEL HOMBRE O FULANO DE TAL O FULANA

Si tienen casos especiales o pedimentos específicos, me dicen y les mando la oración respectiva a vuelta de correo.

jueves 1 de octubre de 2009

El remedio y el trapito

Hace varios lustros, a mi padre le dio por comprar revistas antiguas, muy antiguas. Llámanse “El Mundo Ilustrado”. Cuando llegaron a mis manos, tendría yo la friolera de 12 años y en ese tiempo, el asombro que me provocó ver cómo las personas que vivieron –o intentaron vivir invadidas por tamañas pandemias- no tuvo límites. Le pregunté a mi papá qué era el “Coqueluche”, la “sangre empobrecida”, los “dolores de cintura” las “salientes huesosas”, “neurastenia” y demás enfermedades muy difíciles de describir. Mi padre, que siempre quiso ser médico y que volcó sus ansias curativas en cuanto raspón, gripe, dolor de panza y descalabro sufrieran sus hijos, me contestó de manera docta y seria: -El coqueluche, hija mía, es lo que ahora conocemos como tosferina y comienza con una sensación de garrotillo en la garganta que va creciendo a medida que la enfermedad evoluciona...- De más está decir que no me atreví a preguntar sobre las “salientes huesosas” so pena de soñar en la noche “cosas feas” y hacerme pipí en la cama. A mi padre le fascina platicar sobre enfermedades y sus posibles curas, pero las de sus tiempos. Así, me enteré con franco terror de la existencia de las cataplasmas de tomate caliente en las plantas de los pies para curar las anginas; de las ventosas que se aplicaban normalmente en la espalda y consistían en unos vasos chaparritos y anchos a los que se les embarraba de alcohol en el interior, se le prendía fuego y al evaporarse la mencionada sustancia se colocaba el vaso boca abajo sobre la parte afectada del enfermito, lo que provocaba un vacío que alzaba la piel, excelente remedio contra dolores y contracturas musculares. Si la persona sobrevivía a esta terapia, salía como nueva a trabajar, pero con quemaduras de tercer grado... El vaso de agua en la cabeza, para curar la insolación... dicen que te “hervía la cabeza” y se salía todo el calor acumulado en el cuerpo...Para la tos, un té de orégano, flor de bugambilia morada y cebolla endulzado con miel de abeja. Se te quitaba la tos, pero te quedaba un “miserere” (léase: diarrea) que sólo se podía quitar con agua de limón revuelta con bicarbonato... total, que los dichosos remedios lo único que hacían era provocar otros daños, de lo más perniciosos y hasta peores que el original. Pero todos funcionaban. A continuación les pongo un extracto de las enfermedades y los medicamentos o productos de belleza que se utilizaban hace más de cien años:

¿Dolores menstruales? ¿Es usted una mujer sobreexcitada? Use el compuesto vegetal de Lidya E. Pinkham, Hierro Nuxado o Fandorine;
Reconstituyente o depurativo de la sangre: TANLAC que la pone a usted en un estado favorable;
¿Salientes huesosas en el rostro? Use “Vitamón de Mastín” que otorga lozanía de carnes a su cutis;
¿Desea embellecer su rostro o “voluptosear” sus carnes? Nada como “Crema Siren Rosa”;
¿Humillada por vellos desfigurantes? “Real extirpador de vellos Siren” es la solución;
Para la hermosura y desarrollo del busto: Pilules orientales
Los niños lloran por que les den (o les daban): “Castorena Fletcher”, Emulsión de Scott, Somatose. Todos estos productos elíxires y fortificantes reconstituyentes;
¿Lombrices o solitaria? Vermifugo, tiro seguro del Dr. Peery;
Neuralgia o renovación cerebral: Nucleodyne, Bromural;
Anemia, neurastenia o impotencia: Virilina, tónico reconstituyente para el agotamiento nervioso genital.
“Piojina” que como su nombre indicaba, sirve para matar piojos:
Vigor sexual: píldoras tonisexuales “Zenco”;
Bronquitis, anemia, neurastenia, raquitismo, escrófula, lactancia, debilidad y tuberculosis: todo esto y más curaba el “Tricalcine reconstituyente”....

Podría seguir, pero sólo me resta citar a mi padre que a la fecha afirma: ¡No, si estas medicinas están como la “Pomada del Gallo” que quita el cayo y también el pie”!... Desconfiad de las imitaciones.

miércoles 16 de septiembre de 2009

¡Tantos años de marquesa...!

En mi infinita curiosidad, como ya les he platicado, me dio por comprar libros con instrucciones y procedimientos sobre el lenguaje amoroso. Directo del libro “Cartas amorosas” perteneciente a la biblioteca del amor, les publico el lenguaje del abanico, bella costumbre ya perdida:

Abanicarse rápidamente. Te amo con intensidad.
Abanicarse lentamente. Abanicarse de forma pausada significa soy una señora casada y me eres indiferente. También si se abre y cierra muy despacio.

Cerrar despacio. Este cierre significa un "Sí". Si se abre y cierra rápidamente significa "Cuidado, estoy comprometida".

Cerrar rápido. Cerrarlo de forma rápida y airada significa un "No".

Dejar caer el abanico significa: te pertenezco.

Levantar los cabellos. Si levanta los cabellos o se mueve el flequillo con el abanico significa que piensa en ti, que no te olvida.

Contar varillas. Si cuenta las varillas del abanico o pasa los dedos por ellas quiere decir que quiere hablar con nosotros.

Cubrirse del sol. Significa que eres feo, que no la gustas.

Apoyarlo sobre la mejilla. Si es sobre la mejilla derecha significa "Si". Sobre la mejilla izquierda es "No".

Prestar el abanico. Si presta el abanico a su acompañante, malos presagios.

Si se lo da a su madre, quiere decir "Te despido, se acabó".

Dar un golpe. Un golpe con el abanico sobre un objeto, significa impaciencia.

Sujetar con las dos manos. Si sujeta el abanico abierto con las dos manos, significa "es mejor que me olvides".

Cubrirse los ojos. Con el abanico abierto, significa "Te quiero".

Si se cubre el rostro puede significar "Cuidado, nos vigilan.

Pasarlo por los ojos. Si se pasa el abanico por los ojos significa, Lo siento.

Si cierra el abanico tocándose los ojos quiere decir, "Cuando te puedo ver".

Abrir el abanico y mostrarlo. Significa, "Puedes esperarme".

Cubrirse la cara. Cubrirse la cara con el abanico abierto, significa: Sígueme cuando me vaya. A medio abrir. Apoyar el abanico a medio abrir sobre los labios quiere decir "Puede besarme".

Apoyar los labios. Si apoya los labios sobre el abanico o sus padrones, significa desconfianza, "No me fío".
Pasarlo por la mejilla. Significa, "Soy casada".

Deslizarlo sobre los ojos. Significa: "Vete, por favor". Mano izquierda. Llevarlo en la mano izquierda quiere decir: "Deseo conocerte". Moverlo con la mano izquierda significa: "Nos observan".

Mano derecha. Llevarlo o moverlo con la mano derecha, significa: "Amo a otro".

Pasarlo de una mano a otra. Significa, "Estás flirteando con otra" o "Eres un atrevido".

Girarlo con la mano derecha. Significa: "No me gustas".

Tocar la palma de la mano quiere decir: "Estoy pensando si te quiero". Sobre el corazón. Apoyar el abanico abierto sobre el corazón o el pecho, quiere decir: "Te amo" o "Sufro por tu amor".

Darse en la mano izquierda. Darse un golpe con el abanico cerrado en la mano izquierda significa "Ámame".

Mirar dibujos. Mirar los dibujos del abanico, quiere decir: "Me gustas mucho".

Bajarlo a la altura del pecho. Significa: "Podemos ser amigos". También dejarlo colgado, quiere decir "Seremos amigos".

Cerrarlo sobre la mano izquierda. Quiere decir: "Me casaré contigo".

Saldré se indica poniendo el abanico sobre el balcón.También entrar en el salón abanicándose.

No saldré. Dejar el abanico cerrado en el balcón, salir al balcón con el abanico cerrado, o entrar en el salón con el abanico cerrado.

Arrojar el abanico. Quiere decir: "Te odio" o "Adiós, se acabó".

Presentarlo cerrado. Significa: "¿Me quieres?".

Sobre la oreja izquierda, "Déjame en paz no quiero saber nada de ti". La derecha, "No reveles nuestro secreto".

Contar o abrir cierto número de varillas. La hora para quedar en una cita, en función del número de varillas abiertas o "tocadas".

Este texto me hace imaginar muchas situaciones preocupantes: imaginen si los hombres en su cotidiana distracción se aprendieron todo esto para interpretar los deseos de la dama; imaginen al hombre viendo a la señorita objeto de sus deseos contando las varillas para ver a qué hora la puede ver. ¿Cómo especifican qué día? ¿De qué mes? Si el caballero no es observador, se puede confundir entre la oreja izquierda o derecha, y bien puede fingir demencia a la hora de ver la aceptación de matrimonio. O confundir un golpe con un cerramiento abrupto del ventilador manual en cuestión. En fin, que antes se lograron, ¡caray!


Esta nota se la dedico a mi querido amigo RC, amante de procedimientos amatorios, fórmulas mágicas y creador de un excelente "Grimorio".