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sábado, 17 de mayo de 2014

Echándome a perder


 Pues yo ya no sé si echarme a perder para ganar o ganar para echarme a perder. Me explico: resulta que ahora con las redes sociales, una se entera de todos los beneficios y maleficios para conservar la salud y tener la garantía de vivir por lo menos 100 años con un cuerpecillo de eterno púber. Por ejemplo, un correo me indica que todas las mañanas antes de levantarme tengo que estirarme como gato durante 3 minutos, tomar un vaso de agua tibia con limón mientras lanzo bendiciones a mi cuerpo hacia los cuatro puntos cardinales. Una vez hecho esto, tengo que meditar durante media hora mandando vibras positivas a todos mis semejantes incluidos mi exesposo, mi vecina chismosa y metiche y a presencias propias y extrañas que pueblan mi hogar pero que están en otra dimensión. Tengo que desayunar un “plato del buen comer” que esté compuesto de frutas, pero no puedo mezclar el plátano con el mango y peor aún, agregarle papaya porque me puede dar un ataque de hiperglucemia; que los cereales no sean transgénicos; hacerme un licuado verde con espinacas, eneldo, perejil, nopal en penca, acelgas, arúgulas, un toque fibra y endulzado con stevia. Las proteínas deben provenir de animales felices y apapachados y el pan debe saber y tener consistencia de paca de alfalfa. Debo bañarme en 5 minutos –que no se trata de tirar el agua–  alternando agua caliente con agua fría para reactivar la circulación mientras doy masaje a mis muslos con un guante de crin usando un jabón de almendras orgánicas para no contaminar el planeta. El pelo es otro boleto: tengo que lavarlo con bicarbonato y vinagre porque los champús me pueden dar cáncer. De hecho, todo da cáncer. Debo tomar el sol en la piel del estómago y los riñones durante 20 minutos y luego correr al árbol más cercano y abrazarlo, todo esto con los pies descalzos para liberarme de todo sufrimiento al tener contacto con la Pachamama. A mi trabajo tengo que llegar (si es que llego a tiempo después de esto) con una sonrisa, y caminar con actitud de triunfadora pero que no se confunda con soberbia porque para ser feliz tengo que ser humilde y tender mi cama. ¡Ah no! Según estudios recientes son más felices las personas que no tienden su cama. Maldición, hoy la tendí. Si tengo problemas, tengo que dejar que el universo se encargue de ellos. Tengo que buscar un rato para estar sola, contarme un chiste y reírme a carcajada batiente durante media hora. El correo indica que no tengo que abusar del sexo (¿Cuál?) pero por otro lado, se ha comprobado científicamente que si se tiene sexo durante media hora se queman 250 calorías. Mejor beso a alguien y quemo 12 porque además, me quita la depresión ya que libero endorfinas; además, ejercito 30 músculos de mi cara así que no tendré arrugas. Tengo que vivir el presente que según se afirma, es lo único que se tiene y perdonar a todos esos maestros de vida que con sus enseñanzas me han ayudado a crecer interiormente (¿?). No debo de hablar con nadie de enfermedades, mucho menos de las mías y evitar a toda costa asistir a funerales y hospitales. No debo ver programas de televisión que me generen ansiedad o sufrimiento (¡Pero si me encantan Criminal Mind y todas las de zombies!). Si por asomo resguardo algo de energía negativa, debo tomar 20 minutos de luz de luna y lavar mi ropa con agua y sal de mar para que todo se libere de energías residuales. Tengo que pintar mi casa de colores claros, quemar incienso regularmente y escuchar música New Age por lo menos una hora diaria (¡Pero, pero y ¿las cumbias?!); No debo de dormir con equipos electrónicos cerca de mí (adiós a mi radio-reloj, mi TV y mi teléfono, a ver cómo me levanto) y que mi cabeza apunte al norte o al este. Además, si vivo por encima de la línea del Ecuador debo de dar giros en sentido de las manecillas del reloj para estar en equilibrio con el campo magnético de mi planeta. Necesito un astrolabio. Mejor contrato un servicio de criogenia. ¿Y si me despierto en 100 años y no sé quién soy? Al carajo, voy a seguir haciendo lo que me dé la gana y no, no me voy a ir a confesar.

domingo, 11 de mayo de 2014

Arquetipos femeninos: la secretaria

Atrás quedó la secretaria, aquella leal trabajadora, inspiración del grupo Mocedades, en donde se narra la historia de la discreción hecha mujer. Si no se acuerdan, aquí se las pongo:https://www.youtube.com/watch?v=vEEIzUkhd6w

Mi experiencia con las secretarias ha sido corta pero substanciosa, he de afirmar que, para tener secretaria, se necesita un perfil de líder, cosa que considero que ni por asomo tengo. Mi contacto con estas hábiles y abnegadas mujeres se había limitado a que me dieran los buenos días y a que fuera a recoger mi cheque “dentro de quince días, porque el Licenciado no los había firmado y quien sabe si iba a regresar.” Ante tales respuestas aprendí taimadamente a llegar siempre con una sonrisa, memorizar sus nombres o llamarlas alegremente con un ¡Hola hermosa! y proceder a apuntar rigurosamente sus cumpleaños en orden mensual colocando al lado, el nombre de la empresa donde trabajaban para llamarlas o en su defecto, regalar “un detallito.” El día de la secretaria fue para mí, más sagrado que Navidad y Día de las Madres juntos.

Luego, la vida me puso en mi lugar y me premió con no una sino ¡cinco! secretarias a mi cargo. Nomás porque me dijeron que con este acto podía sacar a varias ánimas del purgatorio, que si no, me rajo. Pues bien, no sé si el tiempo que duró este martirio en vida (sí, ya sé que es una expresión redundante, pero se oye de garra) sea suficiente para tener la autoridad Jungiana de someterlos a la siguiente clasificación arquetípica de la secretaria, tómenlo como un acto humanitario por si se ven en esos trances. Me arranco:

La redencionista: La que me tocó a mí, me llevaba el Atalaya todas las semanas y tenía la sana costumbre de que en los momentos más álgidos de mi trabajo entraba con cara de “mujer redimida y preocupada a su vez por la redención de mi alma” a invitarme a un congreso de jóvenes creyentes, o a una reunión de su culto por la tarde, o a que donara una cantidad de mi sueldo para beneficio de las almas en pena. Cuando vio que yo era más impenetrable que las murallas de Jericó, su siguiente jugada fue pedirme permiso de ausentarse para asistir ella, que alguien en esa oficina debía mantener la cordura ¡carajo! Nunca se lo di, pero como conocía los entresijos del sistema, todo el reglamento de permisos y derechos del trabajador y los 330 logros sindicales procedió a tocar las trompetas divinas y mandarme al infierno con su dedo flamígero. Recuerdo verla a lo lejos rodeada de un halo de santidad.

La Party Planner: al principio todo es carcajada y armonía: todas nos llevamos bien, nos damos los buenos días y a trabajar. Pero hete aquí que los días se convierten en meses y que al ser una oficina con tantísimo personal, alguien, por fuerza cumple años. Y aquí entra en acción la secre que lleva una agenda rigurosa de los onomásticos mensuales. Un día antes del ágape, organiza con velocidad pasmosa qué nos toca llevar o de a cuánto será el sablazo. Sabe quién cocina una deliciosa cochinita pibil o a quién le sale mejor la salsa molcajeteada. Pide pastel, velitas, gelatina de mosaico, cubertería desechable, tostadas, lechuga y jitomate picados, chiles en vinagre, cebolla morada, patitas de puerco, pollo deshebrado, crema de vaca y queso rallado. Y ¡a darle que es mole de olla! Dos horas señores, dos horas encerradas en un cubículo de 2x1 comiendo tostadas de pata y berreando Las mañanitas para homenajear a la compañera. Si osaba mostrarme al menos contrariada por esta situación y más que nada porque había una fila ingente de personas buscando ser atendidas, me salían con que “todas tenían derecho a media hora para lonchar y pues ese día decidieron juntarlas”. Ahí conocí el significado de la palabra impotencia.

La madre abnegada: este es un caso difícil, ya que va de por medio el paradigma madre solo hay una, tan arraigado en nuestra cultura mexicana. Normalmente tienen de dos a cinco hijos cuyas edades fluctúan entre 2 meses y 6 años, viven en casa de la suegra y tienen que llevar a las creaturas en camión a la guardería, al kinder y a la primaria antes de las 7 de la mañana, lo cual no deja de ser un acto de abnegación, lo reconozco. Como es de suponer, siempre llegan tarde. Checan después de su hora y luego van a que les des un pase de salida para justificar la falta. Diario. Cinco días a la semana. Aquí te amarras la tripa y el resto de los ovarios que te dejaron las otras dos arriba mencionadas y por supuesto, le dices que no. Sus ojos comienzan a rasarse, su labio inferior tiembla, entrelaza las manos en actitud suplicante y te sorraja en la cara: “lo que pasa es que usted no entiende, como no tiene hijos…”. ”¡Hija de su china madre!” Pienso para mis adentros. Ante tal argumento, cedo el primer día, tal vez el segundo. A la tercera vez, ni la recibo, por lo que se echa a andar la maquinaria llamada La venganza de una madre, la cual consiste en odiarte y hacerte quedar mal hasta el fin de sus días, menos en Navidad, que es cuando piden su cuelga.

Por supuesto, no puedo dejar de mencionar que existen secretarias que son como un bálsamo para el alma, las que están de tu parte, las que te meten el hombro en momentos clave. También tuve una así: amable, prudente, eficiente y más lista que yo. Ella fue una de las personas a quienes debo mi agradecimiento. Gracias N por estar conmigo, por ayudarme a llegar a donde estoy.


sábado, 8 de marzo de 2014

Cómo sobrevivir a un congreso de investigadores


Pues resulta que ahora me he visto en la necesidad de asistir a congresos de investigación. Nadie me preparó para lo que tuve que hacer, así que, ejerciendo el derecho de ser propietaria de este blog y de que puedo publicar lo que me dé la gana y que además soy generosa y compasiva con mis pares, les dejo aquí unos consejillos para sobrevivir a tan magnos eventos:

Vestimenta: lo primero es investigar de qué trata el congreso y quienes serán los asistentes para que no nos agarren desprevenidos con el “outfit”. Si es un congreso de derecho, contaduría y teneduría de libros, administradores o cualesquiera disciplina que requiera cuello blanco, tanto hombres como mujeres deben ir de riguroso traje sastre; camisa blanca; ellos corbata ad oc y ellas, discreta mascada, de preferencia de seda. No olvidar medias color “nude”. Si por el contrario, el congreso es de antropología cultural, filosofía y letras, lingüística o disciplinas afines, artes visuales o diseño gráfico, pueden adoptar el consabido atuendo que consta de blusa o camisa autóctona (de preferencia proveniente de un país latinoamericano en conflicto), pantalón de manta, falda folk o bien, una playera con consejas como: “The Wall. Pink Floyd”; “Se habla Español”; “Es chido ser naco” o cualquiera de la Guerra de las Galaxias.

Actitud: esta parte es sumamente delicada, ya que como todos sabemos, la actitud lo es todo. Nada de hombros caídos y mirada perdida como de gallina comprada, no señor. La entrada tiene que ser espectacular, dominio total del escenario. Si es necesario, sugiero un recorrido previo por el lugar sede. Pueden ensayar levantar una ceja, ya que ese gesto es muy importante al momento de escuchar ponencias de nuestros pares, porque indica que estamos en desacuerdo con el ponente y le hacemos saber que segurito le preguntamos algo. Nunca abrir la boca ni asentir como si estuviéramos de acuerdo. Antes bien, provocar la duda, la incertidumbre y el desasosiego con gestos y miradas de desaprobación. De cuando en cuando, sacar el celular para tomar fotos y hacer apuntes. Eso los pone muy nerviosos.

Preguntas: la sesión de preguntas por parte del público asistente a la mesa es la parte más disfrutable de las ponencias. Es el momento cumbre en donde podemos explayarnos y demostrar al ponente la pobreza de su investigación y al público asistente todo lo que hemos leído y la maravillosa memoria eidética que poseemos al citar al hilo a 27 autores alemanes o checos con una perfecta pronunciación. Para ponerle emoción al asunto, comience sus frases con las siguientes expresiones: “Usted afirma que…”; “Suponiendo que lo que dice sea cierto…”; “Quiero pensar que usted leyó a (mencionar aquí a algún filósofo de un lejano país de Europa del Este)”. El chiste es acorralar, no soltar, avergonzar y destrozar la tesis del expositor.

Título de su ponencia: esto es clave para defenderse de los preguntones del punto anteriormente mencionado. Entre más complicado, caótico y ambiguo sea el título, mejor. He aquí algunos ejemplos: “El humanismo concurrente ante el cangrejo ermitaño: una disgregación prometedora”; “La percepción postconcurrente ante el Manifiesto Comunista: una simbiosis metafísica”; “La retractación impresionista y la Revolución Francesa: una conspiración generacional”; “La desintegración pregeneracional tras las canciones de Bollywood: ¿una yuxtaposición cibernética?”. Tip: los dos puntos le agregan mayor dramatismo al título y fintean al espectador ya que parece que nos van a explicar la primera línea. Nada más alejado de la realidad. Nos provoca aún más desconcierto. Aquí les dejo dos enlaces que me han resultado de mucha utilidad: http://www.yeray.com/generador/ y uno maravilloso en donde pones tus palabras clave y listo: http://www.jmarquez.com/presentr/index.php?lang=es

Cuerpo de la ponencia: Si después de titular su ponencia con los nombres arriba mencionados logra tener una audiencia de más de 5 personas sin contar a los cuatro que van a exponer, es hora de desplegar toda su sapiencia y don de gente para dar paso a la lectura de la ponencia. Se recomienda guardar compostura y seriedad, ensayar el tono de voz y tener a mano una botella de agua. Sugerencia: cuando de adjetivos se trate, no se le ocurra usar los consabidos: bueno, chido, bonito o feo. Utilice palabras del orden de: pasilargo, holográfico, molecular, montable, anfisbaénico, ectoplásmico, atrofiado o cualquiera que tenga seis sílabas: aeromántico, afarallonado, anepigráfico, anquiderribado, antediluvianos, antropográficos, apiramidado, asistemáticos, berberidáceo, caparidáceo, ceremoniático, cingiberáceo y otras por el estilo.

Presentación visual: Procure poner fondo negro a sus presentaciones, esto le da un toque de dramatismo al asunto. Evitar las gráficas de pastel o cualquier modelo legible en pantalla: opte por las gráficas de barras, puntos o bien, ya en el colmo de la complejidad, digitalice de un libro en baja resolución, tablas numéricas con valores tanto positivos como negativos; esto agrega credibilidad a sus resultados pero nadie los cuestionará. Agregando efectos especiales como aparición letra por letra o baile en el espacio del texto hará de su presentación algo alegre y entretenido. Se sugiere poner una diapositiva final con la leyenda “gracias por su atención” y el sonido de aplausos. Tampoco se trata de ser maleducado. Mientras tanto, no olviden mover sus manos de esta manera: http://pijamasurf.com/2014/01/siete-gestos-manuales-que-te-haran-pasar-por-un-sesudo-intelectual-gifs/


Esta entrada se la dedico a mi amiga Tuch, que iniciará el sufrido camino de la investigación. 

domingo, 29 de abril de 2012

Misterios familiares

Nunca he entendido los misterios familiares. Mi familia es misteriosa. Se supone que cuando ocurre una desgracia así como cuando acontece un suceso que nos llena de alegría, la familia debe ser la primera en enterarse, pero en mi familia todo es un misterio. Por ejemplo, si a una tía la van a operar, nadie dice nada. Todo se oculta, cuantimás si la operación es de esas que se consideran “vergonzosas” como por ejemplo, quitar las hemorroides o eliminar un quiste ovárico. Pero entonces sucede un fenómeno extraño. “Alguien” llama para hacernos partícipes de la susodicha operación. Con voz susurrante, (nunca hemos sabido por qué es susurrante, se supone que nadie escucha la conversación) el informante en cuestión agrega al susurro un dejo de tono compungido: – Te llamo para decirte que a Eufrosina la van a operar… – ¡Cómo! ¿De qué? ¬– Pues no le digas a nadie, ella no quiere que nadie se entere… – Si claro, cuenta con mi discreción… (¡Ajá!) – Pues mira, hace ya varios meses que se sentía mal de “ahí”… – ¿De ahí? ¿A qué te refieres? – ¡Ay, ya sabes de “ahí atrás”… – No, pues no me imagino, pero bueno… – ¡Ash! Bueno, el caso es que el viernes la operan, porque ya no se puede sentar, anda cargando la dona para todos lados… – ¡Aaah! Ya entendí, la van a operar de las hemorroides ¿verdad? – ¡Shhhh! ¡Cállate! Capaz que nos está oyendo por la extensión… – Bueno, y si no quieres que se enteré que me estás platicando, entonces para qué me hablas… Y así por el estilo. Por supuesto, la noticia corre como reguero de pólvora y a la media hora, ya toda la familia sabe el secreto de estado. El misterio familiar aplica para visitas de parientes lejanos (no quiere que sepan que vino); para bodas al vapor (la niña se embarazó antes de ser bendecida por las leyes correspondientes); para dar parte del fallecimiento de alguien (por lo general nos enteramos dos días después de ocurrido el suceso y luego se sienten porque una no fue a dar el pésame); para cuando a alguno de los miembros de la familia no le da la gana casarse y decide “juntarse” con su pareja (vivir en pecado es una de las peores afrentas familiares); para los que sí deciden casarse (pero no quieren participar el enlace porque no harán fiesta y no vayamos a pensar que están en la quinta chilla); para los que se van a divorciar (para que no sientan lástima de nosotros); para nacimientos, enamoramientos de un hombre o mujer casados, pérdida de trabajo, titulaciones, cambios de carrera, accidentes de cualquier clase y en general, cualquier acontecimiento simple o complejo que pudiera ocurrir en este Valle de Lágrimas. Lo único bueno de todo esto, es que una vive en la bendita ignorancia, y que también me reservo el derecho de admisión a mi pasado tormentoso… Esta nota se la dedico a mi prima M, quien se ha aplicado con justo encono a develar los misterios familiares más remotos del árbol familiar… nos hemos enterado de cada cosa… pero no le digan a nadie. Fotografía: pintura de Joyce Polance: http://www.joycepolance.com/

lunes, 2 de enero de 2012

A ver que día nos vemos… Pretextos evasivos para propósitos de año nuevo


Ahora que inicia el año, como siempre y para no perder la costumbre, nos proponemos hacer cosas que hemos postergado por flojera, falta de tiempo o de plano porque nos encanta procrastinar. Para que no sufran por no poder cumplir con esos propósitos de año nuevo, he decidido publicar una lista con los pretextos más usuales que usa el mexicano para evadir responsabilidades, espero que les sea de utilidad y amortigüen un poco el sentimiento de culpa generado por ahí del mes de marzo de cada año:

1.“A ver qué día nos vemos; nos hablamos; yo te llamo”: este pretexto es maravilloso para no ofender al amigo encontrado en la calle o plaza comercial. La verdad es que ni tú ni él quieren volverse a ver, les da flojera y ni tiempo tienen, así que para no errarle, estas frases son las muletillas con que nos zafamos del asunto;
2.“La última y nos vamos”: esta frase suele ser emitida por los caballeros amantes del culto a Baco; normalmente se la dicen a la esposa, novia o compañera en turno y lo único que crea en la susodicha es la esperanza de que de verdad sea la última. Esto jamás pasará, mi consejo es que lleven entre los bártulos de su bolsa, vasos desechables para transportar esa “última bebida”;
3.“Había un tráfico horrible; me tocó una manifestación; me agarró el alcoholímetro”: este tipo de pretextos son imprescindibles para evadir el propósito de ser más puntual. No aplica si vive en una ciudad de menos de dos millones de habitantes;
4.“Mañana empiezo la dieta”: este pretexto se puede repetir de martes a domingo y aplica como la conocida frase “hoy no fío, mañana sí”, porque normalmente cuando queremos empezar algo, lo queremos hacer en lunes, que es cuando inicia la semana, para hacerlo todo bien y como debe ser. Que no se diga que somos desordenados;
5.“No tengo nada que ponerme”: este pretexto es dirigido a las féminas lectoras que usando la consabida frase, se hacen el propósito –muy sano, por cierto– de cambiar su guardarropa en las baratas de inicio de año. Ya sabemos que es pecado llevar el mismo vestido a dos eventos diferentes.
6.“Tengo un viaje de negocios”: este pretexto es ideal para ciertas “escapadas” que nos hemos propuesto hacer. Tener cuidado de no guardar notas de hoteles, restaurantes u otros sitios de dudosa reputación, a menos que seamos románticos irredentos y nos encante hacer el consabido “diario de viaje”;
7.“Ash, todo mundo lo hace”: este pretexto es comodín para hacer cualquier cosa que se nos venga en gana aunque corremos el riesgo de que nos respondan con el argumento del pozo: “entonces si todo mundo se tira a un pozo…etc”. Para desarmar ese argumento, lo mejor es decir: “si tu te tirarás a un pozo, yo te seguiría”, con eso, hasta pueden sacar otros beneficios adicionales…
8.“Ahorita regreso… no me tardo”: pretexto para salir huyendo de la aburrida reunión, asistir a cita clandestina o de plano irnos a dormir;
9.“Ya te lo regresé ¿no?”: Si uno de sus propósitos es ser más compartido con los demás y prestar libros, películas, ropa o el estéreo para armar la fiesta, mi sugerencia es que también se hagan el propósito de apuntar lo que prestan, con fecha y todo; se sufre al hacerlo pero más se sufre si el fresco que se llevó tu disco te sale con este pretextito…
10.“Mi correo electrónico no sirve; el Face está haciendo cosas raras; me hackearon mi cuenta”: cualquiera de estas opciones sirve de pretexto para borrar comentarios, no contestar, eliminar indeseables, espiar y meternos donde no nos llaman en las redes sociales; pero es definitivo, si uno está en una red social, pues estamos expuestos a todo esto, así que no lo tomen personal. Los verdaderos amigos existen en la vida real.

A mis seguidores les deseo un año lleno de buenas actitudes, mucho sentido del humor, y no tomarse tan en serio la vida… ya saben que estamos en cuenta regresiva. ¡Feliz año!

Foto: http://www.oficina1.com/exposiciones/pasadas/colectiva-2/

domingo, 27 de noviembre de 2011

¡Córtalas para siempre!

Hace poco estaba platicando con una pequeña amiga de 11 años. Ella me comentaba lo difícil que es escoger a las amigas. Me acordé de cuando yo tenía su edad y un dejo de nostalgia junto con un hoyo profundo en la panza apareció. ¡Qué difícil es la niñez a veces! En esos tiempos no se conocía lo que ahora les ha dado por llamar “bulling” o acoso a alguien, ya sea por gordo, por egoísta, porque sus papás son raros o porque no gusta de lo mismo que los demás. Cuando alguien te decía “¡Córtalas para siempre!” mostrándote delante de la cara sus pequeños dedos índice y pulgar unidos en un círculo que representaba la amistad a punto de ser destruida por el corte certero del dedo índice del afectado era la peor afrenta que uno podía recibir. Cuantimás si con anterioridad se habría celebrado un pacto de amistad incondicional, de esos que son “para siempre”. Normalmente, los pactos de amistad se llevan a cabo en condiciones harto románticas: durante un campamento, en un retiro espiritual, a la hora del recreo o por las tardes, cuando vas a jugar con tus amigas a las muñecas o –en la actualidad–el X-boxs, lo que se prefiera. El pacto constaba de ensalivar el dedo meñique o “chiquito” de la mano derecha y unirlos, de modo que nuestros respectivos ADN quedaban mezclados en una sola alma y un solo ser. Había una variante que se hacía realizando un pequeño corte con una navaja de rasurar, pero esas eran palabras mayores, porque ese era EL PACTO DE SANGRE, que es mucho más fuerte e indestructible. Si aunado a todo el ritual decíamos las palabras cabalísticas: “somos amigas de dedo chiquito, si nos enojamos, se enoja Diosito”, eso era el acabose. Ya no había poder humano o sobrenatural, fuerza cósmica, embrujo ni hechizo alguno sobre la tierra o universo conocido hasta entonces, que pudiera dividir esa inquebrantable amistad… hasta que llegaba tu amiga al día siguiente blandiendo ante tus ojos lagrimosos el “terrible círculo de la amistad” por alguna razón babosa como que te habías llevado las liguitas de sus frenos dentales para usarlas en el pelo de tu Barbie o cosas por el estilo. Como en toda historia que se precie en donde luchan las fuerzas del bien y el mal, había una solución, un remedio al corte letal del círculo fraterno. Tres palabras –si no son tres o siete, no funciona– nos devolvían el alma al cuerpo, el universo recuperaba su armonía, todo estaba bien y en orden y el cosmos volvía a entonar su alegre melodía: ¡Chócalas de nuevo! Y pensar que ahora todo se soluciona con un término gringo, nomás le pones “unfriend” y ¡listo! el FaceBook pone a tu amistad a dormir el sueño de los justos sin problema…

domingo, 20 de noviembre de 2011

El amor cortés… de cajón

Si están pensando que me voy a arrancar escribiendo sobre juglares, damas abandonadas con cinturones de castidad atados a sus partes pudendas y trovadores sedentarios, autores de gestas de caballeros inexistentes que luchan contra fieros dragones… están muy equivocados. En esta ocasión y para no variar, me he visto en la necesidad de recurrir a la inspiradora compañía de mis amigas comunales para tratar un tema harto delicado al que denominamos el “amor cortés” y su variante, el “de cajón”. Se le llama “amor cortés” en esta época posmoderna, al acto de ser comedida, consecuente, amable, fiel, y devota amante con tu pareja por convicción, sin que exista cohesión ni amenaza alguna por parte de la otra mitad del equipo. O sea, una variante de la epístola de Melchor Ocampo, pero por propia voluntad, sin ley de por medio –eso ya ni se usa–. Y nótese que lo puse en femenino. Porque el amor cortés de ninguna manera aplica a la parte masculina, eso es impensable, ellos son la parte fuerte, viril, proveedores oficiales del hogar, sostén indiscutible de la damisela encantadora y sus débiles vástagos producto de su amor inquebrantable. Las acciones definidas como “De cajón” en el amor, son las que la mujer, dada su innata intuición femenina debe saber y conocer al dedillo con todas las variantes posibles que pasen por la cabeza del proveedor oficial para que éste –en la medida de lo posible- no se vea incomodado, se sienta resentido, rechazado o fuera de lugar en ese santo lugar denominado hogar. Así que haciendo acopio de toda la experiencia propia y extraña, comparto con todas las féminas conocidas y desconocidas de este blog a más de alguno que otro caballero, algunas de las acciones a llevar a cabo para que se sepa cuáles son las correspondientes al amor cortés y cuáles a las de cajón y así poder llevar la fiesta en paz y armonía. A saber:

Amor Cortés: darle masaje en los pies cuando llega cansado del trabajo; tener la cena lista, el baño calientito, la TV sintonizada en el canal de deportes preferido o en el E! en donde encontrarán a las mejores chicas de pasarela del mundo; refrigerador con el 70% lleno de cerveza fría y botanita fina; por ningún motivo llevarlo a comprar el mandado de la semana, eso te toca a ti. A él invítalo a tiendas de tecnología, ropa de marca o deportiva o juguetes como X-box o de música y videos; mándale un memo informándole sobre la siguiente junta de padres de familia, no le avises media hora antes, eso necesita tiempo de asimilación al igual que ir a visitar a un familiar enfermo o ir a dar un pésame. Mientras no se quede sin calcetines ni calzones, no hay problema, las camisas como quiera las puedes planchar en el momento…

De cajón: recoger chones y ropa sucia, toalla húmeda sobre el piso o en la cama recién tendida; cambiar el rollo de papel de baño con regularidad y tener un artefacto almacenador de tales artículos para que no se quede sin ellos “a medio camino”; mantener su celular siempre con crédito, tú deposítale, él no está para pensar en “esas cosas”, lo mismo con el pago de luz, teléfono, cable, Internet, renta y comida para la mascota. Si lo cachas tomando jugo directamente de la botella o pellizcando el jamón o queso, sé comprensiva, tiene hambre y además, como dice una amiga “ya le perdiste el asco, ya que…”.

¿Ya captaron la idea? Cualquier comportamiento contrario al indicado líneas arriba puede ser considerado como “inhumano”, así que ya se lo haigan…

sábado, 5 de noviembre de 2011

El día “D”

Si se están imaginando que me voy a arrancar escribiendo sobre el atroz acontecimiento acaecido durante la Segunda Guerra mundial en las playas de Normandía, están muy equivocados. En esta ocasión les hablaré de los “Días de…”, esos días que conmemoran fechas que pretenden sean inolvidables para una población específica, una nación o incluso, el mundo entero.

Estoy de acuerdo en que un país conmemore su independencia de los tiranos colonizadores; que se conmemore que una pobre criatura se tuvo que aventar al abismo envuelto en una bandera para salvar el honor patrio; que hagamos actos cívicos al lábaro patrio aunque sólo nos sepamos dos estrofas del himno nacional; que se conmemore el día del cáncer de mama, el día del padre, el de la madre, el del niño, incluso en un acto de fe irredenta, el nacimiento del niñito Jesús…pero estos ejemplos que a continuación expongo, rebasan todas mis expectativas de celebración. Hago la aclaración de que decidí no poner el país que celebra dicho acontecimiento u homenaje por discreción y respeto a la libertad de pensamiento. Digo, si a alguien se le antoja celebrar el día del Hot Dog, pues muy su derecho ¿No? Ahí les va la lista:

Día del hot dog 23 de julio

Día del orgullo friki 25 de mayo

Día de no comprar nada

Día contra la mala suerte en las bodas

Día del chocolate

Día del nudismo

Día de la marmota: 2 de febrero

Día del queso

Día de la tortilla de patata

Día de la Pizza

Día de la toalla

Día del orgullo zombie

Día de Lady Gaga

Día del autoestop galáctico

Día del orgullo heterosexual: tercer domingo de diciembre

Día internacional de la masturbación: 23 de julio

Día del número Pi: 14 de marzo

Día nacional del espiritismo: 18 de abril

Día nacional del cantante de las diferencias

Día nacional del forro

Día mundial en recuerdo a los muertos en accidentes de tráfico

Día de la Innovación

Día Nacional del taxista

Día de la Legalidad

Día del Presidente de la Republica

Día Nacional del Perdón

Día Nacional de la Verdad

Día de la Esperanza

Día Nacional de la Gratitud

Día Nacional del Macarrón

Día Nacional del Pescador

Día nacional de la Voz

Día Nacional del Ladrón

Imagino que habrá muchos más y que incluso algunos ya hasta andan pensando en meter una iniciativa de ley para conmemorar el día de la alcachofa o similares. Si lo hacen, me avisan, me encanta conmemorar absurdos…

jueves, 20 de octubre de 2011

Impunidad amorosa

Recién he platicado con una amiga sobre qué hacer cuando una conoce a un tipo en algún antro, restaurante, cafetería o esperando el camión y como que se siente esa química en el ambiente. Y hemos llegado a la misma conclusión: lo que deberíamos hacer es acabar con la impunidad amorosa y pedirle sus generales asentados en una cartilla obligatoria, como la militar. Todo mundo se preocupa que si porque la violencia esto o aquello, que si porque el sistema de justicia está de la patada, que si porque la policía es corrupta, que por que Fulano es hijo de Mengano y por eso goza de impunidad. Pero yo no conozco a nadie que se dedique a combatir la impunidad amorosa. Y lo peor de todo es que como todos los involucrados en el proceso se ofrecen a sí mismos como libres de culpa, bien buenas gentes y jamás andan avisándole a la nueva relación de que ya fueron infieles más de diez veces, que no pasan la pensión y que además son pegones pues aquí les pongo nuestra propuesta, y digo nuestra porque nos pasamos toda una tarde muertas de risa planificando lo que sería la SECONIA, que suena amenazante pero no es otra cosa que la “Secretaria Contra la Impunidad Amorosa”, la cual estará en convenio permanente con el ministerio público, el DIF, la PRODEM, el IMES y la PGJ, por mencionar algunas.

Para empezar, se tienen que dejar establecidos los delitos –federales, por supuesto- que se perseguirán, juzgarán y condenarán tal y como si se tratara de un delito punible en todas sus formas, a saber:

  • Estafa emocional: jurar amor en vano o crear falsas expectativas amorosas;
  • Antecedentes de infidelidad;
  • Plantones en registros civiles (en iglesia no aplica por las leyes de reforma):
  • Cortar la relación utilizando excusas baratas como: “necesito tiempo”, “Yo soy el del problema” o “necesito estar solo”;
  • Que se siga viendo con su exesposa o lo que es peor, que siga viviendo con ella por “cuestioneseconómicasperonotenemosnadaquever”.

Como es larga la lista de la inpunidad amorosa, ya estamos concretando un reglamento con su respectivo código legal que espero algún día me publiquen. En este punto debo hacer la aclaración de que la edad de aplicación del reglamento será iniciada la mayoría de edad y hasta aproximadamente los 70 años, donde ya no hay nada que hacer.

Por otra parte, la SECONIA ofrecerá a la ciudadanía femenina los siguientes servicios, que se proporcionarán a las solicitantes sin costo alguno:

  • Servicio de denuncia anónima las 24 horas del día, los 365 días del año;
  • Disposición de banco de datos en donde, de forma cronológica, se proporcione información del número de noviazgos, matrimonios, relaciones extramaritales y otras y la duración de cada uno de estos rubros; razones de la ruptura y argumentos utilizados;
  • Sistema vía telefónica testimonial anónima sobre su desempeño sexual, preferencias y/o parafilias; enlace directo al buró de crédito, vicios encarnizados como alcoholismo o drogas, por mencionar algunos.

También se asentarán los siguientes datos en la cartilla: si el sujeto vive aún con sus padres después de cumplidos los 30 años; cuántos partidos de futbol ve a la semana; consumo de bebidas embriagantes promedio por semana; coeficiente que indique el grado de retención de datos importantes como cumpleaños, aniversarios de novios o de matrimonio; si ronca; si se baña diario y si le habla a su automovil.

Aradezco infinitamente a mi amiga BN por su apoyo en cuestiones legales para la redacción de esta nota. Si alguna de mis lectoras tiene alguna sugerencia, con gusto se le atenderá en la sección de comentarios. Esta nota está dedicada a “Miss Teacher” con todo cariño ¡Ánimo!

domingo, 9 de octubre de 2011

Cómo convertirte en el amor de su vida

Recién se han manifestado en mi vida los que yo llamo “Zombis”. Son aquellos a quienes dábamos por muertos en nuestra vida, que ya olvidamos y de los que de repente nos preguntamos: “¿Qué se habrá hecho fulano o zutana? Los muy… tienen el descaro de verte y decir: “¡Estás igualita! Por ti no pasan los años… ¿Sabes? He de confesarte que tu eres el amor de mi vida. Analizando estas sencillas pero devastadoras palabras surgen muchas preguntas sobre cómo se convierte una en el amor de la vida de alguien: ¿Por qué en el momento de estar juntos no pensaba lo mismo? ¿Qué tragedia fue la que le pasó para que esta pobre criatura piense eso? ¿Qué oscuro pasado esconde? ¿Le iría mal con su ahora exesposa? Así que desglosando en asunto, pongo aquí algunos requerimientos para convertirse en el amor de la vida de alguien, confesión que no deja de resultar halagadora después de veinte años:

Primero, tienes que ser comprensiva: que si llega tarde una hora después de lo acordado, tu salgas con una sonrisa de manera inmediata, no lo hagas esperar y además le digas: “no importa amor, ya sé que estás muy ocupado”, aunque sepamos que lo que estaba haciendo era dormir o viendo el final de “Residen Evil IV”, que para eso estudian para zombis;

2. El detalle cuenta: si es 14 de febrero; se cumpla un mes de estar saliendo con él; sea su cumpleaños, navidad o fiesta significativa en su vida –por ejemplo, aniversario de la compra de su primer coche–, compra inmediatamente un detalle que sepas que le gustará: evita ositos de peluche y cosas ñoñas, ni se te ocurra pegarle a su auto post-it con mensajitos amorosos, mejor cómprale un kit de herramientas para el coche, una loción Hugo Boss o de preferencia una que nadie use –la puedes encargar a París– y dile que el olor a maderas te recuerda su viril aroma;

3. Siempre, siempre, prepárale la cena cuando te vaya a visitar a tu casa: la comida italiana es fácil y rápida o de plano, si la prisa es mucha, unas quesadillas, con su salsita molcajeteada –no de lata, por favor– y si le puedes ofrecer una chela o cuba para acompañar, mucho mejor;

4. Escucha: no lo llenes de palabrería sobre las broncas con tus amigas, ni le cuentes historias bobas de tu vida; de lo que se trata es de que se sienta el centro de tu universo y que todo lo que te platica, así sea que ese día vendió tres pares de choclo bostoniano del número 7, es de lo más interesante. Alábalo y demuéstrale tu admiración incondicional;

5. Sal a recibirlo vestida con prendas sugerentes: no se trata de ser corriente y enseñarlo todo, un escotito que deje ver tu surco intermamario –este término lo saqué de Wikipedia– de manera discreta lo hará sentirse deseado y sabrá que estas dispuesta a todo… Nada de que “estoy cansada” y “me duele la cabeza”, eso mata todo lo ganado;

6. No lo atosigues presentándole a toda tu familia, no lo comprometas a nada, siempre pregúntale si te quiere acompañar a la comida familiar o a la boda o la cumpleaños de la bisabuela, ya sabemos que eso les choca;

7. Tampoco, por ningún motivo le digas que él es el “amor de tu vida”, eso suena a un compromiso contundente y eso es precisamente lo que hay que evitar;

8. Y para rematar, después de demostrar que eres linda, detallista, siempre escuchas, estás dispuesta a hacerle de cenar y a tejerle un suéter, en ese preciso momento en el que el amor esta en la cúspide del enamoramiento, provoca una situación trágica que los separe: vete a estudiar a Inglaterra y dile que allá conociste el verdadero amor; dile que el amor entre los dos es imposible porque son de distintas sociedades y la familia se interpone y que la opinión de tu madre pesa demasiado; dile que tienes una enfermedad que te impedirá tener hijos o ya de plano, si nada funciona, utiliza el consabido “no eres tú, soy yo”, “necesito tiempo para pensar” y todo ese verbo que ya nos sabemos.

Te aseguro que dentro de veinte años, él te encontrará en el supermercado haciendo la compra, volteará para verificar que su esposa esté comprando canela en rama y te dirá: “¿Sabes? Tú eres el amor de mi vida”… Caray, yo no sé porqué no escribo en Cosmopolitan….

domingo, 18 de septiembre de 2011

Las cosas que no sé hacer

Hace poco, una amiga nos invitó a participar en un intercambio de conocimientos. La idea me resultó genial, así que me dispuse a hacer una lista. No es tarea fácil, porque siempre apostamos por lo que sabemos hacer. Aclaro que no necesariamente quisiera aprender a hacerlas, ya que la bendita ignorancia me ha ayudado a mantenerme con vida:

  • No sé navegar un barco de vela;
  • No sé utilizar un taladro;
  • No sé abrir una botella de cerveza con el encendedor;
  • No sé hacer “donitas” de humo con el cigarro… eso influyó significativamente en que no me convirtiera en una “Femme fatale”;
  • No sé patinar o andar en bicicleta “sin manos”;
  • No sé hacer una tortilla española, bueno, sólo la mitad de ella, porque lo que no sé hacer en realidad, es darle la vuelta al revoltillo ese…
  • No sé hacer macetas de macramé, tarjetería española, bordado con listón ni monos dormilones de peluche, esto me salvó de tener una tienda de regalos… y algo más;
  • No sé pescar Marlin, ni cazar leones o ciervos;
  • No sé coser a máquina como mi madre…
  • No sé cocer un pollo o hacer “cuete mechado”;
  • No sé montar una casa de campaña;
  • No sé bailar tango;
  • No sé distinguir un vino afrutado de uno ligeramente agarroso;
  • No sé rapelear, hacer bici de montaña o navegar rápidos;
  • No sé sobrevivir a más de 10 kilómetros de distancia de mi pueblo natal, no digamos en la selva lacandona;
  • No sé usar una brújula;
  • No sé “hackear”, pero si “estoquear”…
  • No sé sembrar, cuidar plantas mucho menos cosechar; mejor voy al super…
  • No sé manejar un auto estándar: esto a mantenido con vida a los otros;
  • No sé caminar sobre la cuerda floja, pero ni falta que me hace, ya con vivir la vida es más que suficiente.
Aquí les pongo un vínculo relacionado: Ver

sábado, 16 de julio de 2011

1000 maneras de morir

A veces pienso que mi casa se confabula contra mí. Despliega todas sus armas para ponerme en peligro de muerte de la manera más evidente posible. Todo comenzó con el timbre de la puerta. De repente, un día cobró vida. Comenzó a emitir un zumbido insoportable; tuve que desconectarlo y darle unos diez chanclazos para que se callara. Días después, estaba yo muy quitada de la pena enchinandome las pestañas cuando de repente, la bombilla de vidrio de mi recamara se desprende de su soporte y cae sobre mi cama, rebota dando un salto mortal digno de los hermanos Wallenda y se estrella estrepitosamente en el suelo, haciéndose añicos. Me quedé helada. Y me felicité por haberme levantado temprano ese día. A la media hora –sí señor, del mismo día- se va la luz mientras seguía con mi reconstrucción matutina, que he de aclarar no es mucha ni demasiada, sólo tengo que domar diariamente mi pelambre chino para obtener rizos naturales con un adminículo diseñado para tal efecto. Pues se va la luz y tarda bastante en volver. Me tengo que ir a trabajar. Dejo la secadora sobre el tocador que dicho sea de paso, tiene un vidrio para proteger la superficie de madera. Cuando llego del trabajo, 8 horas después, un ruido llama mi atención: la secadora se quedó prendida como cinco horas, emitiendo aire caliente sobre el vidrio que para ese entonces ya se había roto y enroscado, formando una bonita escultura de concepto. Estoy pensando en venderle los derechos a Tiffany ya que es un diseño único en su tipo. Se me encogió el estómago, imaginen que llego y encuentro mi casita hecha un montoncillo de carbón… porque lo que no les he dicho, es que desde hace diez días tengo una fuga de gas de flujo constante y como no tengo tiempo de esperar al técnico, le cierro la llave de paso, pero ese día se me olvidó, sin contar que fumo como chacuaco… Les doy permiso de vender los derechos de mis percances a “1000 maneras de morir”, por lo menos, alguien se verá beneficiado…

martes, 5 de julio de 2011

Cómo sobrevivir a la presentación de un libro

Hace poco fui a la presentación de un libro. La autora es una escritora reconocida a nivel mundial, por lo que el evento resultó un éxito. Pero no puedo evitar platicar sobre los sucedidos en tan magno evento. Después de las palabras cargadas de florituras, epígrafes de autores de la región y relevancia de la reunión por parte de las autoridades gubernamentales; después de la presentación del libro por parte de una adorable señora amiga de la autora; después de las palabras de la autora, que es de una sencillez y personalidad encantadora, después de todo esto, a la señorita conductora se le ocurrió decir que si alguien deseaba hacer una pregunta. Éramos quinientas almas atormentadas por la canícula solar, así que no faltó el sádico apuntado que se lanzó al presidium: un señor que a todas luces se le veía cara de bardo y que, sin asomo de pudor, soltó su comentario: -“Señora”- le dijo –“me permito leerle unas líneas de una poesía compuesta con los títulos de los libros de su autoría. Con todo respeto, dedicada a usted”- . Y que se arranca el hombre a declamar su “poesía”, efectivamente, utilizando los nombres de todos los libros escritos por la autora, que no son número despreciable. Hasta eso que los acomodó muy bien, porque tenían hilatura y congruencia. La mujer lo veía con una mirada de entre ternura y benevolencia. Aquí debo aclarar que el público se dividió en dos bandos: el integrado por los que sentían pena ajena de ver al hombre y soportaban estoicos el embate literario del bardo y los que de verdad creían que “¡qué bien escribe este señor, se ve que tiene oficio!”. Así que si alguna vez asisten a una presentación de libro, les pongo estos sencillos consejos para salir bien librados de la eventualidad:

1. Procure sentarse hasta atrás, así puede correr en caso de aburrimiento crónico;

2. En la parte de atrás es más fácil disimular un ataque de risa en caso de que a algún bardo lugareño le dé por declamar su última producción;

3. Si le toca sentarse adelante, procure llevar bufanda, pañuelo o fichú, sirven para lo mismo que lo indicado en el punto 2;

4. Siempre mantenga la vista fija en un punto, eso dará la sensación de que está sumamente interesado. También funciona una libreta de apuntes;

5. Lleve por lo menos 200 pesos consigo, si no compra el libro, por lo menos traerá dinero para diluir el trago amargo con unas chelas;

6. Si compró el libro, esté dispuesto a picar ojos, tumbar dientes y dar codazos para obtener el autógrafo del autor;

7. No se lance a la charola de canapés y copas de tinto como gato a bofe, siempre debe dar la impresión de que asiste para ver las novedades literarias y no para cenar gratis;

8. Aprenda palabras como: “articulación”, “congruencia”, “metonimia”, “lexia”, “constructo” y “concretizar” e intégrelas en su vocabulario al momento de que le pidan su opinión sobre la obra a homenajear;

9. No ande pregonando por ahí que usted fue compañero de 3º de kinder del escritor y que gracias a usted, él encontró su veta literaria: es de muy mal gusto;

10. Si no conoce a nadie de la concurrencia, intégrese a corrillos de dos o tres personas y ponga cara de interesante. El atuendo es básico, puede consultarlo en: http://medusaenapuros.blogspot.com/2009/04/como-sobrevivir-un-espectaculo.html o si lo prefiere en: http://medusaenapuros.blogspot.com/2009/04/instrucciones-para-ver-peliculas-de.html

lunes, 25 de abril de 2011

Máxima velocidad

Así como en una pistola lo que mata es la velocidad y no la bala, en cuanto a viajes se refiere, lo que aburre y destroza los nervios no es el destino sino el transporte. Y me refiero al sistema de transporte terrestre con el que contamos en este bello y extenso país. Y eso que ha mejorado. Ahora podemos disfrutar de una “buena” película, aposentados en “cómodos asientos reclinables” sin molestar al de al lado porque cada asiento cuenta con una unidad de sonido que nos ofrece 8 canales de audio, los cuales podemos disfrutar a través de un par de audífonos. Además, antes de ingresar a la unidad, la firma de autobuses de primera nos regala un lonche para que no pasemos hambre y sed durante el trayecto. Todo esto suena paradisíaco, pero la realidad es otra…

Del lonche: Te dan una bolsita con un sándwich empacado en la madrugada del día anterior que contiene una rebanada de jamón de dudosa procedencia y otra de queso amarillo; el sándwich se encuentra remojado, lo que ocasiona una textura pegajosa, es entonces cuando la servilleta aprovecha y se adhiere a la superficie del bocadillo de manera que tenemos que pellizcar el pan hasta eliminar todos los vestigios del papel. Además, incrustado en él, encontramos una bolsa de mermelada de chile jalapeño y una bolsita de maíz inflado como postre… a los suertudos, les toca manzana.

De la película: si logras que los audífonos se ajusten a tu cabeza y que el contacto logre unirse al enchufe de los mismos, primero te chutas un video promocional de la transportadora terrestre en donde ves a un simpático autobús que asiste al servicio regularmente para que verifiquen su estado. Poco después, una película que ya viste cinco veces y que normalmente trata de un secuestro de autobús a velocidad inaudita, con varios niños a bordo, una señora embarazada de gemelos y un hombre con un portafolio misterioso atado a la muñeca… el malo baja de la unidad a varios hombres, los cuales son eliminados con un certero balazo en la nuca sin que al secuestrador le tiemble una ceja. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Si la combinación de estos dos factores de riesgo no ocasionan problemas intestinales en su persona, ya la hizo. En caso contrario, tendrá que recurrir a los baños de la unidad, lo cual requiere de una habilidad digna de un funambulista. Y de atinarle al retrete, ni hablemos.

De los asientos: los que poseemos una estatura más bien baja, jamás podremos ver la película si el vecino de enfrente no se reclina lo suficiente. Pueden sacar del compartimento de almohadillas unas 20 de éstas para elevarse ligeramente u optar por escuchar música a escoger: “instrumentales de ayer y hoy”, “corridos norteños”, “éxitos de Barney” o “La hora de José José”. Quiero un Ipod. ¡Ah, qué bonito es viajar!

sábado, 12 de febrero de 2011

La heredera

Una de las situaciones que siempre he querido vivir es la de ser heredera de una tía lejana a la que nunca conocí, pero que me tenía en sus pensamientos como única posibilidad de ser su heredera. No he perdido la esperanza, aunque debo decir que el único temor que me embargaría al ser heredera es que me pasara lo que a Olivia de Havilland en la película del mismo nombre, aunque fea, no soy. Pero hete aquí que, como dicen en los cuentos infantiles cuando los protagonistas se ven con las esperanzas perdidas en el bosque de la desolación y el abandono: “… vieron una lucecita brillando alláaaa a lo lejos…” Resulta que con la maravillosa comunicación que se deriva de la internet, ahora soy candidata a no una, no señor, sino a varias herencias. Me explico. Últimamente han llegado a mi bandeja de entrada correos que vienen de remotas tierras, muchas de éstas, ni siquiera imaginadas. Casi todos los correos se manejan con el mismo argumento y con una redacción que los hace más creíbles. “Querida amada en Cristo” comienzan casi todos, lo que francamente le da a una la tranquilidad de estar leyendo correos de gente decente y seguidora de los preceptos que demanda la religión: “no tengo otra manera de comunicarme con usted más que por correo electrónico. Estoy desesperada y mi corazón sangra cuando escribo este mensaje para llamar su atención”. Aquí ya me andan conmoviendo, imaginar a un ser humano en esas condiciones siempre me desgarra el alma. “Soy una ciudadana de Costa de Marfil, mi esposo murió hace dos años e hijos no tengo. Tengo una enfermedad terminal y he agotado todos mis ahorros en atención médica. La razón que me impulsa a escribirle es que tengo un fondo para un proyecto de caridad pero se encuentra bloqueado en Costa de Marfil”. La amable señora prosigue su relato diciéndome que le mande todos mis datos, que con la gracia de Dios, me heredará dos millones de euros para hacer una fundación en su memoria. A estas alturas, ya tengo la garganta hecha nudo y el alma, pedazos. Me sobrepongo y pienso: “ni loca, capaz que me pasa lo que a Olivia”, pero, si alguna de mis tías lejanas me quiere heredar, no hay fijón.

sábado, 29 de enero de 2011

Dinámicas de integración

Desde que tengo uso de razón he estado asistiendo a retiros espirituales, encuentros juveniles, pláticas de superación, seminarios de relaciones humanas y cursos cuyos títulos van desde “Sea usted dueña de su vida” hasta “Cómo descubrir a su diosa interior”. He de aclarar que mi asistencia a este tipo de eventos no ha sido por voluntad propia. Confieso sin pudor que he sido obligada por las circunstancias. A saber: preparación para hacer la primera comunión o cómo caer en estado de gracia ante Dios –por iniciativa de las monjas del colegio donde estudié mis primeras letras-. O bien, por instancia de los altos mandos de mi trabajo, que ven con benevolencia a todos aquellos que quieran llevarse relativamente bien con los colegas de cubículo aunque estos sean tan sociables como una araña rinconera.

Pero invariablemente, en todos estos cursos y seminarios y como primer numerito, me topo con las malditas dinámicas de integración. Resulta que para que todos nos conozcamos y nos tengamos confianza, algún ser engendrado en el lado oscuro y con intenciones por demás aviesas, se ha dedicado a diseñar estas dinámicas “rompe hielo” que provocan evidenciar la falta de habilidades psicomotrices y de pensamiento lógico de los asistentes. A continuación pongo a su consideración algunas de estas temibles dinámicas que me han provocado pesadillas y traumas inenarrables:

EL BUM: Todos los asistentes se sientan en círculo; se le indica al participante que se enumere en voz alta y que a todos los que les toque un múltiplo de tres (3- 6- 9- 12, etc.) o un número que termina en tres (13- 23- 33, etc.) debe decir ¡BUM! en lugar del número. El que sigue debe continuar la numeración. Ejemplo: se empieza, UNO, el siguiente DOS, al que le corresponde decir TRES dice BUM, el siguiente dice CUATRO, etc. Pierde el que no dice BUM o el que se equivoca con el número siguiente. El “facilitador” que puso la dinámica discurrió combinar múltiplos de 3 con múltiplos de 5. Es fecha que todavía tengo insomnio.

CUERPOS EXPRESIVOS: Se escriben en los papelitos nombres de animales (machos y hembras). Ejemplo: león en un papelito, en otro leona (tantos papeles como participantes).Se distribuye los papelitos y se dice que, durante 5 minutos, sin hacer sonidos, deben actuar como el animal que les toco y buscar a su pareja. Cuando creen que la han encontrado, se toman del brazo y se quedan en silencio alrededor del grupo; no se puede decir a su pareja qué animal es.Una vez que todos tienen su pareja, se dice qué animal estaba representado cada uno, para ver si acertaron. Yo le pregunto al “facilitador” cómo demonios quería que actuáramos nombres de animales como zarigüeya, babuino, urraca y grillo.

Eso sí, no puedo negar que las dinámicas tienen un efecto positivo. Acabo de formar un grupo de terapia de apoyo para aquellos que fueron víctimas de semejantes atrocidades. Eso sí, todos estamos muy integrados.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Frutos del bosque tibios

Ahora que estamos en temporada de festejos navideños y convivios de todo tipo, deseo compartir una inquietud que se me manifiesta cada vez que voy a uno de ellos: los nombres de los platillos en los menús. Me explico: creo que es bueno adjetivar algo para describir o ponderar los atributos o las cualidades de lo que estamos comiendo. Así, nos encontramos en las cartas: “Sabroso mole de olla acompañado de tortillas hechas a mano”; “Delicioso fiambre de la casa”; “Suculentas tiras de pollo bañadas en salsa verde”: “Sabroso”, “delicioso” y “suculento” son cualidades que todo cristiano con dos dedos de frente entiende, de hecho, provocan en el comensal las ganas inmediatas de probar dicho platillo. El problema viene cuando en alguna boda o banquete o convivio de oficina, nos ponen en una mona tarjetita doble lo que vamos a comer en tan magna ocasión. “Mar y montaña”… sólo eso. Hay que pensarle, pero seguro son “frutos del mar” (elegante manera de nombrar a los mariscos) con trozos de res o cerdo bañadas de una salsa que quiso ser de… vayan ustedes a saber. O cuando nos agasajan con una “Suprema de pollo”, que no es más que una pechuga bañada de salsita verde; o la “Sopa con sorpresa de uva verde” que sí resulta sorprendente porque nunca encontramos los dos cuartos de una uva que según el decir del menú, navega en crema, la cual, y según apuestas que se dan entre los contertulios es de ¿piñón? ¿pistache? ¿queso? Lomo “noche y día” para indicarnos que las carnes irán bañadas de salsa blanca y oscura o el “Aperitivo selecto” en donde encontramos en un plato de 30 cm de circunferencia dos micro tomates, una hoja de lechuga escarola y un “cherry corn” navegando de selectísima manera… O uno que me encantó, que presentaban al asistente una ensalada “al Pedro Jiménez”. -¿Y ese señor quién es?- pregunto. El mesero encoge los hombros y contesta: “Pos sabe seño, pero pruébela, está sabrosa”. Suquet de rape sobre fondo de patata; florete de pepino, ensalada de rúcula; Tarrina de tubérculos; Turbot al horno; Meloso de ternera… yo de plano, prefiero las fonditas que me dicen exactamente qué estoy comiendo y que además me ofrecen “tortillitas hechas a mano, acompañadas de frijolitos chinos, salsita de molcajete y cafecito de olla” que como es sabido, así en diminutivo, es más sabrosito… Esta nota se la dedico a mi amiga “M” de León, con quien tuve el gusto de probar mi primera sopa de “Frutos del bosque tibios”.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Cybermom

El año pasado, mi padre le regaló de navidad a mi madre una laptop. Durante tres meses ella la contempló con escepticismo, miedo y reticencia total. Que le daban miedo tantos botones, que si la iba a echar a perder, que no tenía tiempo, que esa cosa le iba a sacar el alma, que era cosa del diablo… A los tres meses, decidió prenderla. Al principio no entendía nada, pero poco a poco y con la consigna de “nomás pícale, no pasa nada” de sus resignados hijos, que había intentado darle cursos de computación y que sólo obtuvieron lágrimas y rechinidos de dientes con la consabida rasgada de vestiduras por parte de la alumna. Pues comenzó a “picarle” a los botones de la mencionada computadora. Ahora, a ocho meses de esos eventos, les puedo decir que hemos creado un monstruo. Mi madre ya domina el correo electrónico, el skype, el buscador de Google, Youtube y todo el paquete office… incluso ya está inscrita en una red social y ni cuenta se dio.

Mi problema es que ahora me manda cartas como la siguiente:

Asunto: Brumas y lejanía (ya desde el título)

Querida Rima, dale gracias a Dios que aun recuerdo tu nombre, pues hace tanto tiempo que no te veo ya que nos ha separado una gran distancia, que la imagen de tu cara se esta perdiendo de los registros de mi mente. Alarmada busqué una foto tuya y por más que quise descubrir tus rasgos, fue inútil...[…]Yo aquí permanezco inmóvil en un rincón, tejiendo calceta, platicando con mi gata y abandonada por su familia. […]Pasan los días y con mis lágrimas y mis recuerdos, veo pasar mis horas amargas ya ni siquiera salpicadas de esperanzas. [...] tu goza la vida y no pienses en esta pobre anciana que musita tu nombre e invoca tu presencia, como un bálsamo salvador. Mojo tu mano con una lagrima, tu madre.

Omití algunos párrafos para que los lectores que no conocen a mi madre me asesinen por ser una hija ingrata. Que ahora, si no le hablo un día, se desboca en este tipo de correos… Otra de las apasionantes facetas que despertaron en ella, fue la de investigadora. Le hablo y me dice: “bueno hija ya me voy, que tengo una lista de cosas por investigar”. Sus investigaciones radican en la vida de asesinos en serie, masacres mundiales, declaraciones prohibidas por las buenas costumbres y demás lindezas. Pero lo que sí le reconozco, es que no se deja llevar por lo que dicen los correos que contienen presentaciones con pinturas adjudicadas a otros, instrucciones de vida y odia las cadenas de San Juditas, como yo. Sólo le pido a Dios que no se vuelva hacker y robe un banco.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Cómo sobrellevar un mal de amores

Hace poco acompañé a una amiga en la convalecencia de la terrible enfermedad mejor conocida como “mal de amores”. Yo le llamo familiarmente “enamoriscar”; una amiga muy querida me hizo el favor de definir con sabias palabras: “Enamoriscar”: v. Empezar a sentir emoción y pasión hacia una persona, prenderse de “amor” de alguien o algo, sentir excitación y pasión…parecido al apendejamiento pero cuando piensas que ¡sí va en serio! Esta definición aplica al momento justo antes del enamoramiento, que es ese estado alterado de conciencia que dura aproximadamente seis meses, antes de que llegue el aburrimiento de la cotidianeidad. En fin, en este rubro hay miles de opiniones. El caso es que mi amiga cayó en las garras de tamaña enfermedad, pero el dueño de sus desvelos nomás la castigó con el látigo de su desprecio. Empezó entonces el proceso de “olvido” que es como un duelo de pérdida, pero más intenso, porque cuando la pérdida es física o por un motivo demoledor, pues ya ni qué hacer. Los síntomas son terribles: pérdida temporal del sueño, garra demoledora en la garganta, ganas de escuchar boleros todo el día o de leer poemas de Benedetti; ganas inmensas de convocar a todas tus amigas para que te consuelen y se unan a la causa contra el “desgraciado” que te abandonó; pérdida total o parcial de la autoestima; compras compulsivas de “jazmines para el alma”; salir con una bolsa de pan en la cabeza por si te encuentras al interfecto; lloriqueo y vómito matutino y el peor de todos: alimentar el juicio pensando que el objeto del deseo se arrepentirá y volverá corriendo para decirte que se equivocó.

En mis búsquedas para encontrar el remedio a tan terrible epidemia para cuya cura no existe todavía una vacuna, ingresé a la red. Absolutamente nada racional encontré para amortiguar los estragos del “mal de amores” que no conozcamos ya: embrujos, hechizos, actividades distractoras, hablar del problema hasta que tus amigas te dejen de hablar, compras compulsivas, cambio de “look” y así por el estilo. Además, seguir el dicho “un clavo saca a otro clavo” está de la patada, porque el nuevo clavo nunca se igualará al primero y corres el riesgo de quedar clavada en la pared como mariposa de colección.

Durante mi búsqueda, escuchaba la radio: en una hora transmitieron 15 canciones que hablaban de amor: contra él y en su favor, con temas que abarcaban desde el rechazo, nostalgia, saudade, coraje, desengaño, rencor, odio, envidia, mentira, soledad y anhelo… ¡Oh cielos! –me dije- esto sí que es terrible. Llegué hasta sitios en donde tratan de explicar ese sentimiento de manera científica: nombres como dopamina, serotonina, norepinefrina y oxitocina llenaron mi cabeza. Llegué a la conclusión de que el amor es una “enfermedad del hipotálamo” y no me gustó. Cuando se está en ese estadio amoroso, lo mejor es revolcarse en él, regodearse en el dolor, escuchar boleros, leer poesía como locos, escribir para encontrar la catarsis, y de pasada experimentar algún embrujo… quien quite ¿no?

sábado, 23 de octubre de 2010

El vivo al pozo y el muerto al gozo

Ahora que se avecina la celebración del día de muertos, viene al caso narrar el triste encuentro con “El Enterrador”. Resulta que en donde trabajo, tuve a bien comprar, descontados en cómodas quincenas, dos servicios funerarios que incluyen agua para nescafé y de la normal. Llevo la mitad de mi vida laboral pagando los dichosos servicios funerarios, que incluyen hacerte talco, como atinadamente dice mi padre al respecto de las cremaciones. No me pregunten por qué dos. Tal vez me quería asegurar para mi siguiente reencarnación.

El caso es que llegó “El Enterrador” como le digo al que vende los paquetes de ida al Valle del Josafat. Ahora el hombre me venía ofreciendo (así dicen: “ahora le vengo ofreciéndo…”) un paquete difícil de rehusar, a saber: traslado de modo “discreto” de mis restos a Valle Ventura; sala de velación con vista a un hermoso jardín; servicio de elevador subterráneo (¿?) que sumerge el ataúd a lo más profundo para luego resurgir en la capilla, donde se celebrarán mis exequias. Todo esto, siempre acompañado de la consabida frase: “Dios no lo quiera, si usted llega a faltar”, dicha cada vez que me aumentaba una de las maravillosas características del paquete. Una vez celebrada la misa, mis restos se vuelven a sumergir para pasar directamente al asador. Un valor agregado importantísimo es que las instalaciones cuentan con ludoteca, para que los pequeños angelitos no anden jugando a la roña alrededor de mis restos. Además, mi cuadrito tendría un mantenimiento impecable y una de las cosas que más me llamó la atención es que ya se eliminaron de esos lugares de santo reposo las imágenes que demuestren pena por nuestra partida. Nada de virgenes llorosas ni ángeles compungidos, cosa que me chocó porque las estatuas de los cementerios son hermosas. Además, si muero, paradójicamente tengo un seguro de vida que pagará mi deuda con ellos, y así me pueda ir con la conciencia tranquila. Me quedé pensando que me la pasaría de poca abuela si me muero, en cambio en vida pasaría el resto de ella pagando todas estas ñoñerías. El pobre hombre por más que trató de venderme el jardín de las delicias, se topó con pared. Yo ya dejé instrucciones precisas de que si me muero, me hagan favor de llevarme como a todo el mundo a la funeraria, cierren la capilla, porque eso de andarse desvelando no opera ya y después de que me hagan talco, vaya por ahí, a algún lugar bonito y me usen sin temor para abonar las plantas. Se pueden quedar con la cajita, ya que es muy útil para guardar lápices y crayolas. Que la verdad, el cajón es ganancia, diría mi padre…