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viernes, 16 de diciembre de 2011

Lo supe de “oídas”


Ya les he platicado de mi estado peatonal. Esto me da pie a trasladarme por mi rumbosa ciudad ya sea en taxi o en el “urbano”. Y nada hay más placentero para mí que escuchar las conversaciones ajenas que se generan durante el trayecto. Imaginen esta conversación:

Señora de cierta edad: – “Yo se lo dije a mi mamá, pero ahora ya ni modo… pos a ver ahora como le hago…”–
Joven a su lado: –“Psss, ya no te atormentes, ni modo que cambies las cosas…”–

No, bueno, ya el sólo inicio de esa conversación me hace parar oreja, hasta me hago como la que me voy a caer para estar más cerquita:

SCE: –“Si, ya sé, pero lo que más me puede es que no se le quita la maldita costumbre de criticarme todo lo que hago, con quien me junto…”–.
JASL: –“¿A estas alturas? Pss ya estás grandecita ¿No?”–.
SCE: – “Es que si estuvo regacha la cosa, se enteró de una manera bien fea la pobre y pss ora si que ni cómo arreglarle…”–.

A estas alturas, muero de la curiosidad, el morbo embarga a mi alma y mi mente calcula rápidamente con fórmulas aprendidas en secundaria sobre distancia y tiempo, cuánto me resta para develar el misterio:

JASL: –“Pss habla con ella, dile que no fue tu intención, que pss eres humana, que todos nos equivocamos y merecemos una segunda oportunidá [sic]…”
SCE:–“ ¿Y la niña? A ver, dime que hago con la criatura… ella no tiene la culpa, ta’ chiquita…”
JASL: –“¡Ay no ma…! ¡Ella ni por enterada! Total, ya le dirás cuando tenga consciencia…”–

Consternada, veo que sólo me quedan dos cuadras para mi parada. ¿Qué hacer? ¿Me bajo? ¿Le sigo? ¿Y si se bajan ellos en la siguiente parada? ¿Y si viven hasta la punta de la cola del diablo y luego no tengo cómo regresarme? Ni modo que los siga, o que le dé mi tarjeta alegando que soy “coaching” en desarrollo humano… No me queda más que el recurso de terminar la historia usando mi imaginación. Luego les cuento en que acabó todo, que me tengo que bajar en la siguiente…

sábado, 5 de noviembre de 2011

El día “D”

Si se están imaginando que me voy a arrancar escribiendo sobre el atroz acontecimiento acaecido durante la Segunda Guerra mundial en las playas de Normandía, están muy equivocados. En esta ocasión les hablaré de los “Días de…”, esos días que conmemoran fechas que pretenden sean inolvidables para una población específica, una nación o incluso, el mundo entero.

Estoy de acuerdo en que un país conmemore su independencia de los tiranos colonizadores; que se conmemore que una pobre criatura se tuvo que aventar al abismo envuelto en una bandera para salvar el honor patrio; que hagamos actos cívicos al lábaro patrio aunque sólo nos sepamos dos estrofas del himno nacional; que se conmemore el día del cáncer de mama, el día del padre, el de la madre, el del niño, incluso en un acto de fe irredenta, el nacimiento del niñito Jesús…pero estos ejemplos que a continuación expongo, rebasan todas mis expectativas de celebración. Hago la aclaración de que decidí no poner el país que celebra dicho acontecimiento u homenaje por discreción y respeto a la libertad de pensamiento. Digo, si a alguien se le antoja celebrar el día del Hot Dog, pues muy su derecho ¿No? Ahí les va la lista:

Día del hot dog 23 de julio

Día del orgullo friki 25 de mayo

Día de no comprar nada

Día contra la mala suerte en las bodas

Día del chocolate

Día del nudismo

Día de la marmota: 2 de febrero

Día del queso

Día de la tortilla de patata

Día de la Pizza

Día de la toalla

Día del orgullo zombie

Día de Lady Gaga

Día del autoestop galáctico

Día del orgullo heterosexual: tercer domingo de diciembre

Día internacional de la masturbación: 23 de julio

Día del número Pi: 14 de marzo

Día nacional del espiritismo: 18 de abril

Día nacional del cantante de las diferencias

Día nacional del forro

Día mundial en recuerdo a los muertos en accidentes de tráfico

Día de la Innovación

Día Nacional del taxista

Día de la Legalidad

Día del Presidente de la Republica

Día Nacional del Perdón

Día Nacional de la Verdad

Día de la Esperanza

Día Nacional de la Gratitud

Día Nacional del Macarrón

Día Nacional del Pescador

Día nacional de la Voz

Día Nacional del Ladrón

Imagino que habrá muchos más y que incluso algunos ya hasta andan pensando en meter una iniciativa de ley para conmemorar el día de la alcachofa o similares. Si lo hacen, me avisan, me encanta conmemorar absurdos…

domingo, 9 de octubre de 2011

Cómo convertirte en el amor de su vida

Recién se han manifestado en mi vida los que yo llamo “Zombis”. Son aquellos a quienes dábamos por muertos en nuestra vida, que ya olvidamos y de los que de repente nos preguntamos: “¿Qué se habrá hecho fulano o zutana? Los muy… tienen el descaro de verte y decir: “¡Estás igualita! Por ti no pasan los años… ¿Sabes? He de confesarte que tu eres el amor de mi vida. Analizando estas sencillas pero devastadoras palabras surgen muchas preguntas sobre cómo se convierte una en el amor de la vida de alguien: ¿Por qué en el momento de estar juntos no pensaba lo mismo? ¿Qué tragedia fue la que le pasó para que esta pobre criatura piense eso? ¿Qué oscuro pasado esconde? ¿Le iría mal con su ahora exesposa? Así que desglosando en asunto, pongo aquí algunos requerimientos para convertirse en el amor de la vida de alguien, confesión que no deja de resultar halagadora después de veinte años:

Primero, tienes que ser comprensiva: que si llega tarde una hora después de lo acordado, tu salgas con una sonrisa de manera inmediata, no lo hagas esperar y además le digas: “no importa amor, ya sé que estás muy ocupado”, aunque sepamos que lo que estaba haciendo era dormir o viendo el final de “Residen Evil IV”, que para eso estudian para zombis;

2. El detalle cuenta: si es 14 de febrero; se cumpla un mes de estar saliendo con él; sea su cumpleaños, navidad o fiesta significativa en su vida –por ejemplo, aniversario de la compra de su primer coche–, compra inmediatamente un detalle que sepas que le gustará: evita ositos de peluche y cosas ñoñas, ni se te ocurra pegarle a su auto post-it con mensajitos amorosos, mejor cómprale un kit de herramientas para el coche, una loción Hugo Boss o de preferencia una que nadie use –la puedes encargar a París– y dile que el olor a maderas te recuerda su viril aroma;

3. Siempre, siempre, prepárale la cena cuando te vaya a visitar a tu casa: la comida italiana es fácil y rápida o de plano, si la prisa es mucha, unas quesadillas, con su salsita molcajeteada –no de lata, por favor– y si le puedes ofrecer una chela o cuba para acompañar, mucho mejor;

4. Escucha: no lo llenes de palabrería sobre las broncas con tus amigas, ni le cuentes historias bobas de tu vida; de lo que se trata es de que se sienta el centro de tu universo y que todo lo que te platica, así sea que ese día vendió tres pares de choclo bostoniano del número 7, es de lo más interesante. Alábalo y demuéstrale tu admiración incondicional;

5. Sal a recibirlo vestida con prendas sugerentes: no se trata de ser corriente y enseñarlo todo, un escotito que deje ver tu surco intermamario –este término lo saqué de Wikipedia– de manera discreta lo hará sentirse deseado y sabrá que estas dispuesta a todo… Nada de que “estoy cansada” y “me duele la cabeza”, eso mata todo lo ganado;

6. No lo atosigues presentándole a toda tu familia, no lo comprometas a nada, siempre pregúntale si te quiere acompañar a la comida familiar o a la boda o la cumpleaños de la bisabuela, ya sabemos que eso les choca;

7. Tampoco, por ningún motivo le digas que él es el “amor de tu vida”, eso suena a un compromiso contundente y eso es precisamente lo que hay que evitar;

8. Y para rematar, después de demostrar que eres linda, detallista, siempre escuchas, estás dispuesta a hacerle de cenar y a tejerle un suéter, en ese preciso momento en el que el amor esta en la cúspide del enamoramiento, provoca una situación trágica que los separe: vete a estudiar a Inglaterra y dile que allá conociste el verdadero amor; dile que el amor entre los dos es imposible porque son de distintas sociedades y la familia se interpone y que la opinión de tu madre pesa demasiado; dile que tienes una enfermedad que te impedirá tener hijos o ya de plano, si nada funciona, utiliza el consabido “no eres tú, soy yo”, “necesito tiempo para pensar” y todo ese verbo que ya nos sabemos.

Te aseguro que dentro de veinte años, él te encontrará en el supermercado haciendo la compra, volteará para verificar que su esposa esté comprando canela en rama y te dirá: “¿Sabes? Tú eres el amor de mi vida”… Caray, yo no sé porqué no escribo en Cosmopolitan….

jueves, 18 de agosto de 2011

Tres cosas me tienen preso…

Hace poco fui a la Cd. De México con unas hermosas niñas. Y en nuestras andanzas nos encontramos este texto, que pongo a su disposición para que lo tomen en cuenta:

Observaciones Para los que deseen casarse con una mujer hermosa

Para que una mujer goce de perfecta hermosura necesita:

Tres cualidades: manos, dientes y cutis blancos

Tres rosadas: las mejillas, las uñas y los labios de la boca (sic), conservándolos con aseo.

Tres negras: las pestañas, las cejas y los ojos sin compostura alguna.

Tres anchas: la frente, la espalda y el pecho aseado cuidadosamente;

Tres gruesas: los brazos, las pantorrillas y las piernas, sin abultarlas con cojincillos;

Tres estrechas: el empeine del pie sin que le oprima el calzado, la cintura sin que le estreche el corsé y la boca con su dentadura limpia:

Tres pequeñas: la nariz, las orejas y el pie, sin usar botas con tacón de palo;

Tres medianas: la cabeza, el cuello y los pechos sin abultación;

Tres largas: un hermoso cabello, el talle y las manos.

No hay que olvidar estas cualidades al elegir mujer bonita.


Colección de cartas amorosas No. 3

Editor Vanegas Arroyo, México.

Grabado de portada: José Guadalupe Posada


“Tres cosas me tienen preso

de amores el corazón,

la bella Inés, el jamón

y berenjenas con queso”.

sábado, 12 de febrero de 2011

La heredera

Una de las situaciones que siempre he querido vivir es la de ser heredera de una tía lejana a la que nunca conocí, pero que me tenía en sus pensamientos como única posibilidad de ser su heredera. No he perdido la esperanza, aunque debo decir que el único temor que me embargaría al ser heredera es que me pasara lo que a Olivia de Havilland en la película del mismo nombre, aunque fea, no soy. Pero hete aquí que, como dicen en los cuentos infantiles cuando los protagonistas se ven con las esperanzas perdidas en el bosque de la desolación y el abandono: “… vieron una lucecita brillando alláaaa a lo lejos…” Resulta que con la maravillosa comunicación que se deriva de la internet, ahora soy candidata a no una, no señor, sino a varias herencias. Me explico. Últimamente han llegado a mi bandeja de entrada correos que vienen de remotas tierras, muchas de éstas, ni siquiera imaginadas. Casi todos los correos se manejan con el mismo argumento y con una redacción que los hace más creíbles. “Querida amada en Cristo” comienzan casi todos, lo que francamente le da a una la tranquilidad de estar leyendo correos de gente decente y seguidora de los preceptos que demanda la religión: “no tengo otra manera de comunicarme con usted más que por correo electrónico. Estoy desesperada y mi corazón sangra cuando escribo este mensaje para llamar su atención”. Aquí ya me andan conmoviendo, imaginar a un ser humano en esas condiciones siempre me desgarra el alma. “Soy una ciudadana de Costa de Marfil, mi esposo murió hace dos años e hijos no tengo. Tengo una enfermedad terminal y he agotado todos mis ahorros en atención médica. La razón que me impulsa a escribirle es que tengo un fondo para un proyecto de caridad pero se encuentra bloqueado en Costa de Marfil”. La amable señora prosigue su relato diciéndome que le mande todos mis datos, que con la gracia de Dios, me heredará dos millones de euros para hacer una fundación en su memoria. A estas alturas, ya tengo la garganta hecha nudo y el alma, pedazos. Me sobrepongo y pienso: “ni loca, capaz que me pasa lo que a Olivia”, pero, si alguna de mis tías lejanas me quiere heredar, no hay fijón.

domingo, 12 de julio de 2009

Hombres y mujeres de luz

Mi escepticismo no tiene límites. A lo largo de mi vida he tenido una serie de amuletos que han regido mi vida y ahora, con conocimiento de causa, puedo decir que son como el palito que necesitaba el patito para poder nadar sin miedo a ahogarse. De los primeros que recuerdo, está el famoso “¡Detente...!”. Para las almas impías que no conocen los “detentes” les dirá que es una pequeña estampita hecha de fieltro o papel, con la imagen impresa del Sagrado Corazón de un lado y del otro, el corazón de Jesús coronado de espinas. Se llama “detente” porque la frasecita completa dice: ¡Detente! El corazón de Jesús está conmigo”. Además, el portador de este amuleto, se lleva cien días de no transitar por el purgatorio, así que es de lo más efectivo. Yo traigo varias versiones en mi cartera, con la esperanza de pasar desapercibida para ladrones y malos hombres. También traigo un trébol de cuatro hojas que me regalaron, para que el “Detente” agarre fuerza... He traído flores tocadas al Santo Sepulcro, espinas en forma de la cruz de Cristo; astillas de la mencionada cruz; estampitas de San Judas, ojos de venado para el mal de ojo; jorobaditos... y ahora ando a la búsqueda del “Orión Dorado” que se anuncia en la radio por un santo varón, hombre de luz, que amasa fabulosas cantidades de dinero con él, porque asegura, es protector de las almas desvalidas. Mi casa la tengo armonizada con las reglas básicas del Feng Shui y lo escogí por la orientación que tenía; jamás pongo espejos que dan a las puertas y cambio los muebles a cada rato para que fluya la energía; no tengo cactus porque cortan las vibras positivas y me visto seguido de rojo para atraer energía y funcionar por la vida. Rijo mi vida por el horóscopo que sale en el periódico cada mañana aunque no le entienda nada o lea lo mismo pero bajo el signo de Leo; pero además conozco mi signo en el horóscopo maya, chino y celta; tengo ajos colgados a la entrada de mi casa para alejar a los vampiros; pero además, guardo en el fondo de mi ropero a la “Divina Chuparrosa” que concede amor a quien se lo pida; mi llavero es una pata de conejo, que a veces cambio por una herradura; mi sábila está decorada con doscientos moñitos rojos que le dan un aspecto de flor exótica; colecciono bolas de cristal para que se refleje la mala energía y un tierno gatito chino con la garra levantada, adorna mi tocador. Cada vez que enciendo mi computadora, corre un programa que emula el lanzamiento de las monedas del I Ching e interpreto su oráculo a mis conveniencias; toco madera, no abro paraguas adentro de mi casa y, ¡Jamás! Paso por debajo de una escalera. En fin de año, invierto dos horas de la fiesta en sacar las maletas y dar la vuelta a la cuadra de mi colonia; barro lentejas, me retaco las doce uvas de la felicidad al son de las campanadas de mi celular pensando al mismo tiempo doce deseos que siempre han sido los mismos; uso chones rojos con amarillo pero al revés porque dicen que eso trae consigo tener ropa nueva durante el año (¡Dios mío! Que me entere de las superofertas del centro comercial... ¡No me desampares!). Le llevé huevos a Santa Clara para que no lloviera en mi boda, pero no surtió efecto, seguramente porque comí de las cazuelas de casa de mi madre; algo robado, antiguo y regalado fueron cosas que me costó trabajo encontrar y después me arrepentí de no haberle pisado la cola a un gato, porque dicen que si lo haces, no te casas... Aquí les pongo una lista de cosas que deben o no hacer, según el caso, porque soy muy compartida y no quiero que nada malo les pase:


DE BUENA SUERTE
Conservar un dólar en la cartera, que además tenga forma de pirámide, le traerá mucho dinero.
Colocar elefantes de espalda a la puerta en números impares, atraerá buenas cosas para los habitantes de la casa.
Cuando se siente picazón en la palma derecha de la mano, eso significa que pronto se recibirá dinero.
Al colocarse mal una o ambas medias debe dejarlas así hasta las 12 minutos, pues esto le traerá suerte
Tocar madera cada vez que se expresa un deseo, hará que éste se cumpla.
A quien se corte las uñas los lunes, nunca le dolerán las muelas.

DE MALA SUERTE
Sentarse encima de las mesas trae como consecuencia el rechazo de proyectos.
Para evitar visitas no deseadas se debe colocar una escoba detrás de la puerta, pero, si por el contrario ya éstas han hecho acto de presencia, se debe colocar un vaso con agua tapado con un plato, para que se retiren cuanto antes.
La ruptura de un espejo es símbolo de siete años de mala suerte.
Abrir sombrillas dentro de una casa o apartamento, trae mala suerte.
Cuando una persona sale de viaje, no debe regresarse a buscar algo que se le haya olvidado, puesto que esto vaticina mal agüero.
Regalar pañuelos, trae a la persona que los recibe muchas lágrimas, sufrimientos y peleas.
Colocar dos cucharas cruzadas, con un poco de sal en sus extremos, aleja las nubes cuando va a llover.
Nunca deben dejarse las tijeras con las cuchillas abiertas, ya que esto trae hambre y miseria.
Barrer los lunes por la mañana trae mala suerte.

VARIOS
El que se baña el jueves o viernes santo se convierte en pez.
Si se le para una mosca en la nariz, recibirá una carta.
Cuando una tara entra a una casa, significa que pronto habrá una muerte.
Las personas que tienen los dientes separados son mentirosas.
La ropa negra atrae luto.
Cuando sueñe un sábado, todo se le cumplirá.
El que pase por un puente después de haber tomado una copa, se emborrachará.
A las personas que les suda la nariz son muy celosas.
Las manchas blancas en medio de las uñas significan mentiras que se han dicho.
Las personas que tengan un lunar cerca de la boca quedarán viudas.

Esta nota se la dedico a mi hermana, que es una mujer de luz: le toca prender la fuente de la felicidad y el fuego de la prosperidad todos los días en su oficina.

martes, 20 de enero de 2009

Se busca príncipe rojo, amarillo, verde... porque el azul, no existe.

Ya les he platicado sobre cómo mi madre me contaba los cuentos. La construcción que hizo de los nobles cianóticos dejaba mucho que desear, porque como eran contados al revés, el príncipe era malo y la condenada de “Negra Nieves” lo hacía ver su suerte –evento que no está muy alejado de la realidad-. Muchas amigas me han pedido que hable sobre el príncipe azul, ese ser etéreo, incorpóreo que sólo existe en las fantasías de las púberes jóvenes a punto de cumplir los doce años. El príncipe azul está construido con varios ingredientes, todos necesarios para soñar despiertas durante un buen número de años... casi todos los de nuestra vida.

Ingredientes para construir un príncipe azul:
1. Una dosis consistente en leer o que nos cuenten todos los cuentos de hadas de Grimm, Andersen o cualquier mito o leyenda de cualquier país;
2. Una dosis –intensa- de novelas mexicanas o venezolanas, éstas últimas altamente recomendables;
3. Dosis completa de comedias románticas; las de Meg Rayan son infalibles, de preferencia ver 14 veces “Kate & Leopold”
4. Leer todos los libros de Jane Austin o de las Hermanas Brönte;
5. Escuchar el programa de boleros “Dos Corazones” por Radio Universidad
6. Coleccionar fotografías del artista favorito;
7. Soñar despierta a la menor provocación y en cualquier oportunidad que se presente;
8. Leer libros del corazón: Jazmín, Bianca o si no se tienen a mano, las de Corín Tellado;
9. Hacerse de una biblioteca significativa con los libros de Danielle Steel;
10. Olvidarse del consejo de mi mamá acerca de que los hombres (príncipes) van al baño, nada de pensamientos mundanos.

El decálogo arriba mencionado es infalible para despertar en nosotras todo el potencial y atrevernos finalmente a besar al sapo. El problema viene después, cuando después de mmmm... ¿cuatro años, cinco acaso? acaba el hechizo del príncipe y este comienza a adquirir tonalidades de lo más inquietantes, que van desde el morado hasta el negro absoluto. Es entonces cuando, demasiado tarde, nos damos cuenta de que los príncipes vienen en presentaciones diversas y que cualquiera puede ser buena... lo peor que puede suceder entonces, es que nos demos cuenta de que tenemos un “príncipe rosa” en casa.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Cancioncitas de la radio y la tv

Esas cancioncitas llamadas “jingles” también forman parte de nuestra memoria colectiva y son un gran aliciente para acordarnos de nuestra niñez y juventud. A continuación les pongo los textos –porque no tengo los anuncios reales y de otros ni me acuerdo completo-, si por ahí alguien recuerda alguno, le agradeceré que me lo mande. Algunos ya los he publicado pero los voy a repetir: Triciclos Apache: “¡Aaaapache, que bonito, aaaapache, ¡yo quiero uno!¡ Duran, duran, duran, Apache!”; “Son bonitos son durables son juguetes Plastimarx”; “Llora y llora y mueve sus manitas, sólo se contenta llevándola a pasear, a comer, a bañarse a dormir, es lagrimitas Lily”; "Con juguetes Mi Alegría, siempre felices estamos, con juguetes Mi Alegría, aprendemos y jugamos"; "Este es el trenecito del chocolate Express alegre y muy bonito y ¡que rápido es! Chocolate Expressssssssss; “Bota bota y no es pelota, tiene Tutsi de amontones y tiene premios juguetones ¿Qué es?”; “¿Por qué llora la princesa? Porque su radio ya no suena”; “Estaban los tomatitos, muy contentitos, cuando llegó el verdugo a hacerlos jugo que me importa la muerte dicen en coro si muero con decoro en los productos del fuerte”; “Yo soy la negrita que a todos encanta porque hago los ricos y sabrosos hot cakes”; “Te crees mucho con tu paletón, y por las calles causas sensación”; "Blanco, Blanco, Blanco, Abarata la Vida con sus Precios, Precios Reducidos”; “Pinol pinol, aromatiza, limpia y desinfecta... wowwwww!!”; “Los Pingüinos Marinela, con sabor a chocolate, dales una probadita requete-sabrosos son"; "Oh, la la Sasson, para los jóvenes de corazón"; “Mira a Fabiola la muñeca que camina por si sola”; “Es el Patomóvil, cuac, cuac, cuac...!”; “Yo no uso Selsun Azul porque no tengo caspa ¡Ni pelo!”; “-Me das una probadita de tu Presidente?....Hola me llamo Tere… -y yo me llamo Lalo”, del Chocolate Presidente; “¿Dónde está mi compadre?...Para darle chicharrón”... “Sabritones que ricos chicharrones con chilito…”; “Para ese apetito feroz... Mamut, Mamut”; “A Duvalín no lo cambio por nada... ¡Duvalín!”; “Churrumais con limoncito, tienen mucho más saboooor”; “Si no hace chaca chaca es que no es Ariel”; "Me gusta el de la gorrita- ¿cuál gorrita? Si es su pelo- ¿De veras? Ese no se peina, se pega el pelo"; “¡¡Jorgito!! ¿Quién crees que lava la ropa? Hooover!!”; “-Luciaaaaaaaaaa, ¿Y mi camisa? -Bueno pues te la presto”, de las camisas Mariscal; “Quisiera al mundo darle a hogar y llenarlo de amor… sembrar mil flores de colooor en esta navidad. Hay que compartir, el momento feliz...hay que disfrutar, la chispa de la vida”; “Amanda… ¡Ciérrale!”; “Chiquitibum a la bim bom ba”. Y como ya es tarde “Un recado de parte de la tele, ya va siendo hora de que los peques nos vayamos a la cama... ¡Ale peques! Vamos a la cama, que hay que descansar, para que mañana nos podamos madrugar”. Cancioncita cantada por Cleo y la familia Telerín. ¡Que duerman bien!
Esta entrada se la dedico a mi querida prima Gela, que me anima mucho a seguir escribiendo. ¡Gracias Pimpo! Rima

viernes, 26 de diciembre de 2008

¡...que viene el coco!

A todos los niños desde el principio de los tiempos nos han platicado del famoso “Coco”, ese ser inmaterial que se nos aparecerá si no nos dormimos temprano. Te decían por ejemplo: “si te vas sola a la tienda, te va a salir el viejito del saco, que se lleva a los niños que se portan mal y andan solos”. El coco andaba suelto por doquier y lo único que provocaron en mí fue tener un delirio de persecución marca diablo. Cuando mis papás salían de noche y ya mis hermanos estaban en el séptimo sueño, yo me levantaba de mi cama a revisar toda la casa porque escuchaba tronidos y quejidos por todos lados. Sólo cuando oía que llegaban mis papás, me quedaba tranquila. También mi mamá ya ni la amuela, de cuento de buenas noches o me platicaba la caperuza negra o la historia de un asesino en serie como ya he mencionado. Luego andaba soñando que me perseguía una viejita por toda la ciudad, castañeando los dientes –porque mi papá tenía lo suyo: como siempre usó dentadura postiza, se sacaba los maxilares para meternos tremendos sustotes, cosa que nos encantaba-. Con estas bellas imágenes entraba diario al país de los sueños... En el colegio donde estudié mis primeras letras y creo que las últimas, corría la leyenda del “Güero sin cabeza”. Hace mucho tiempo, había internado en el colegio y cuando yo estaba ahí, éste todavía era tenebroso. Paredes altísimas, húmedas y lóbregas. El salón de canto tenía piso de barro muy tallado y paredes de adobe además de sillas de madera pintadas de café oscuro; así no se inspiraba ni Caruso para cantar. La biblioteca era otro boleto: la bibliotecaria era mi cuata, una señora regordeta y simpaticona, hermana de la prefecta que por supuesto era seca y enteca como ella sola. Pues yo me la pasaba en el sagrado recinto leyendo con avidez las aventuras de Pippa Mediaslargas, y por supuesto, todos los libros de Luisa María Alcott: Mujercitas, Hombrecitos, Aquellas Mujercitas... y entre las páginas de los libros me encontraba recados de las alumnas que habían estado de internas en el colegio; así me enteré del famoso personaje sin cabeza. Se decía que el güerito ese violaba la pureza de las damiselas ahí hospedadas y que era terrible. Al cabo del tiempo, ya perdida para siempre la ingenuidad y en un momento de lucidez me cayó el veinte de por qué le decían el “Güero sin cabeza”... si no poseía la blonda cabellera...

viernes, 19 de diciembre de 2008

Una pincelada en los labios: las novelas rosas

Las revistas femeninas pueden ser consideradas por los sociólogos como un objeto de estudio apasionante. Pero viéndolas desde el punto de vista más frívolo, son un entretenimiento inigualable a la hora de querer despejar la mente. Mi papá le compró a mi madre durante más de cincuenta años el “Vanidades”. Juro que los tiene guardados desde el número cero a la fecha. Pero lo que a mí más me gustaba leerle a esta revista era la novela de Corín Tellado. Una vez que hubieras leído unas 3, entonces ya le cachabas que la trama era la misma, nada más cambiaba el contexto, el color del pelo del muchacho y la profesión de la joven. Pero todo era igual. Las descripciones de los protagonistas eran inigualables: él, alto, de espaldas anchas, atlético, no guapo pero con unos profundos ojos verdes –o miel, o azules- con cazadora de ante, pantalón deportivo, en auto de moda; hijo de rico o había llegado a la cúspide a base de esfuerzos mil. Ella por su parte, no era bonita, de ojos almendrados, sin maquillaje, natural, sólo una pincelada en los labios. Siempre era ella la residente y él, médico de urgencias; o secretaria y él, hijo del dueño, pero taaan sencillo que ese pequeño detalle no se sabía por la muchacha hasta bien avanzada la novela. Aparecía un conflicto obvio como que ella había estado casada con el hermano del muchacho, o la habían violado de joven; o el mejor amigo del protagonista se interponía entre ellos. Nada grave que no se pudiera resolver en 5 páginas de la revista. Pero a juzgar por la aceptación de las novelillas, esto no importaba, el chiste era soñar con que algo así nos podría pasar en cualquier momento, que encontraríamos al de la cazadora de ante mientras comprábamos un retazo de tela o anduviéramos en el mercado preguntando el precio del kilo de jitomate bola. Otras que leía con avidez desmesurada eran las historietas “Susy. Secretos del corazón”. Esas me las prestaba una vecina que las compraba a escondidas de su gárgola materna. Me gustaban porque tenían unas ilustraciones muy buenas, estilo pop art –aunque eso lo relacioné después- las historias eran totalmente empalagosas, pero muy ilustrativas... Se distribuían con las insinuantes palabras: “una interesante serie sobre el más hermoso sentimiento humano... que prometía conocer: con apasionada ternura la edad de los románticos idilios, cuando la vida es tan bella y al mismo tiempo tan complicada por sus dulces alegrías y tristezas. 32 páginas a todo color”. Casi ni hace falta aclarar que en Susy no existía posibilidad alguna de que las protagonistas tuvieran relaciones sexuales con sus novios. ¿Sexo dije? ¿Qué es eso? Sólo bailaban y se besaban. Y los besos eran la prueba definitiva para descubrir el amor verdadero. Por ejemplo, en “Entre dos amores”, Ana no sabe si ama a Adán, el formal, o a Jaime, el mundano. Cuando desfallece en brazos de Adán, comprende que él es el hombre de su vida. Sin embargo, en la fiesta de compromiso aparece Jaime. La atracción resurge, Ana se deja engatusar y huye con él. No llega lejos: se quedan sin gasolina, y Jaime hace un comentario despectivo sobre Adán… A ella se le prende el foco y regresa presurosa a la fiesta. El bueno de Adán ya se estaba inquietando: “¿Dónde estabas?”, le pregunta, “¿Te perdiste?”. “Sólo un momento, Adán,”, responde la heroína mirando al espectador, “pero aquí estoy”. Gran beso en los labios. Final feliz. ¿Final feliz, dije? Que alguien me diga si la pincelada en los labios le sirvió de algo...

Nota: confieso para esta nota haber recibido asesoría de "códigoretro.com"

sábado, 6 de diciembre de 2008

Divina confusión

Pues esto que voy a platicar no es para darle orgullo a nadie, pero juro que verdaderamente me sucedió. Resulta que un galán me invitó a salir a cenar. Pasé una tarde emperifollándome y arreglándome el pelo a la más "natural" moda ochentera. Pelo crespo y chino, superpunk en las laterales y copete parado, cual debe ser... salgo con mi blusa llena de olancitos, pantalón apretado y tacón pulsera... Fuimos a cenar a los tacos del S. Resulta que el mismo día, se presenta en la ciudad la cantante Tatiana, que en esas épocas no cantaba para niños... Sentada en la taquería con mi amigo, se me acerca una chiquilla y me pide un autógrafo... ¿Pueden creer que me confundió con la Tatiana? No supe que decir, a mi amigo le dio un ataque de risa, pero muy... nunca me volvió a invitar a salir, supongo que no pudo soportar mi "fama". Yo me trabé, pero por supuesto que no podía quitarle la ilusión a la niña y firmé la servilleta con gran determinación y dominio de mi misma... Lo único que me pregunto es: ¿En qué cabeza cabe que Tatiana iba a estar en una taquería echándose unas gringas?

Lupita Ferrer y José Bardina en...

Así empezaba las novelas venezolanas de los años setenta. Me acuerdo de dos: “La Zulianita” y “Una muchacha llamada Milagros”. Todas esas historias estaban basadas en Cenicienta, no aportaban absolutamente nada y esa fórmula se ha repetido año tras año hasta la actualidad. Me acuerdo que mis papás tenían una televisión con mueble de madera acabado “piano” en blanco y negro, pero juro que yo la veía a colores. A las cuatro de la tarde comenzaban las novelas, que en otros lados les dicen “comedias”, aunque sean unos dramones infernales. Pero las novelas venezolanas marcaron un hito en la televisión mexicana. La Lupita Ferrer, con su carita de “no rompo un plato”, su vocecita tipluda y dulce y sus ojos de vaca enamorada arrebataron el alma de más de alguna fámula, que se veía reflejada en esa vida llena de pesares e incomprensiones por parte de la familia del muchacho, éste último caracterizado por el galán copetón José Bardina. La Zulianita, humilde provinciana llega a casa de su prima, la cual regentea un lugar de no muy buena reputación –para que se den una idea, nomás quítenle el prefijo a la palabreja- y la ingenua niña finalmente acaba enlodada en el arrabal, hasta que entra a trabajar al servicio de la familia Arocha… el resto es historia y ya no se las cuento para que se acuerden… En cuanto a “Una muchacha llamada Milagros” puedo decir que es la novela más completa desde que leí Dostoievski… tiene violaciones, naufragios, locos, hijas desaparecidas y reencontradas, pumas tigrones… En una escena, cuando se casa por fin con el galán, reconoce que él fue el violador de su juventud. Me pregunto cómo lo reconoció, seguro tenía una marca en forma de media luna en salva sea la parte, que sólo los de su familia poseían… Y siempre encomendándose a la virgencita de la Chiquinquirá….Y cómo olvidar la novela para niños “Mundo de Juguete”, ñoñísima, pero no perdíamos capítulo mis hermanos y yo. En fin… estas comedias y los cuentos de hadas son los responsables de que yo ahora ande como ando… queriéndome enlodar en el arrabal.

lunes, 27 de octubre de 2008

Sólo encontraron sus zapatitos...



... dicen que un lobo se la comió. Mi madre es una señora muy especial. Es la típica mamá que nos contaba cuentos a mis hermanos y a mí después de un ajetreado día. Eso de estár arrebujada entre las cobijas, sólo iluminados por una lamparita horrible que hizo mi papá en sus años mozos -era un tronco viejo, de lo más truculento, digno de cualquier película de terror-eran de las cosas que más disfrutaba de niña. Bueno, pues mi mamá nos contó los clásicos cuentos: Caperucita Roja, Blanca Nieves, La Bella Durmiente... en fin, los ya conocidos por todos. Cuando ya nos sabíamos todos los cuentos al revés y al derecho, discurrió mi madre darle un giro artístico a la narración... y comenzó a contarnos los cuentos al revés: que caperuza era una niña muy mala y el lobo un angelito, que si "Negra nieves" abusaba de la reina y fue ella la de la manzana envenenada... demás está decir que esto despertó en mi una serie de fantasías de las cuales, a la fecha, no me he recuperado, aunque también sirvió para darme cuenta de que la vida era así... y que los principes azules nada más existen en los cuentos. Eso es algo que tengo que agradecerle a mi madre...