martes, 26 de julio de 2011

Ya la cosa no es como antes….

“…Antes, los crímenes eran ejecutados de manera pensada, con “modus operandi”, se hacía batallar a la policía, se escribían libros de los espeluznantes casos, se paraban las rotativas, se peleaban la noticia… ahora, a cada rato nos encontramos con balaceras, con cabezas literalmente rodando en los caminos, ya ni nos asombramos… ¿Qué fue de Goyo Cárdenas”, ese sí pa’ que vean que la supo hacer…” Esto lo dijo mi madre, que ya ven como es.

“…Antes, fumar era un placer, genial, sensual… Si queríamos reflejar que éramos de “mucho mundo”, luego, luego a aprender a fumar. Eso nos hacía parecer “más grandes”. Pedirnos un cerillo de carro a carro era pretexto para conocer prospectos; encender un cigarro, un acto de caballerosidad… Ahora, somos parias de la sociedad, nos sacan a la calle a echar humo, nos exponen a insolaciones y pulmonías y la gente nos señala con el dedo como si fuéramos los asesinos seriales del párrafo anterior…” Esto lo digo yo, que ya no puede una salir y fumar a gusto…

“Antes, los muchachos les abrían la puerta del carro a las muchachas y luego ellas le quitaban el seguro a la puerta del conductor, prueba irrefutable de buena fe… Ahora los coches tienen seguro eléctrico, así que “ahí le abres ¿no?” Desconfíen del hombre que las deja pasar primero para subir una escalera, seguro les quiere ver las piernas y lo que se pueda…” Esto lo dijo mi amiga M, que siempre es rete acertada.

“…Antes, uno ni se enteraba de nada. Ni a dónde iban nuestros amigos o pareja, o de dónde venían, o a quién se encontraron o dónde se conocieron. Y vivíamos felices en esa bendita ignorancia… Ahora, con las redes sociales, de todos somos amigos, pero de todos sospechamos: “¿Quién es ese güey que te puso ‘me gusta´? ¿Cuándo fuiste a esa fiesta que ni me dijiste? Y la verdad, me importa un rábano si alguien se tomó un licuado de plátano, conoció a una artista o está decepcionado de las mujeres…” Eso también lo digo yo, que el feis ya me tenía frita…

sábado, 16 de julio de 2011

1000 maneras de morir

A veces pienso que mi casa se confabula contra mí. Despliega todas sus armas para ponerme en peligro de muerte de la manera más evidente posible. Todo comenzó con el timbre de la puerta. De repente, un día cobró vida. Comenzó a emitir un zumbido insoportable; tuve que desconectarlo y darle unos diez chanclazos para que se callara. Días después, estaba yo muy quitada de la pena enchinandome las pestañas cuando de repente, la bombilla de vidrio de mi recamara se desprende de su soporte y cae sobre mi cama, rebota dando un salto mortal digno de los hermanos Wallenda y se estrella estrepitosamente en el suelo, haciéndose añicos. Me quedé helada. Y me felicité por haberme levantado temprano ese día. A la media hora –sí señor, del mismo día- se va la luz mientras seguía con mi reconstrucción matutina, que he de aclarar no es mucha ni demasiada, sólo tengo que domar diariamente mi pelambre chino para obtener rizos naturales con un adminículo diseñado para tal efecto. Pues se va la luz y tarda bastante en volver. Me tengo que ir a trabajar. Dejo la secadora sobre el tocador que dicho sea de paso, tiene un vidrio para proteger la superficie de madera. Cuando llego del trabajo, 8 horas después, un ruido llama mi atención: la secadora se quedó prendida como cinco horas, emitiendo aire caliente sobre el vidrio que para ese entonces ya se había roto y enroscado, formando una bonita escultura de concepto. Estoy pensando en venderle los derechos a Tiffany ya que es un diseño único en su tipo. Se me encogió el estómago, imaginen que llego y encuentro mi casita hecha un montoncillo de carbón… porque lo que no les he dicho, es que desde hace diez días tengo una fuga de gas de flujo constante y como no tengo tiempo de esperar al técnico, le cierro la llave de paso, pero ese día se me olvidó, sin contar que fumo como chacuaco… Les doy permiso de vender los derechos de mis percances a “1000 maneras de morir”, por lo menos, alguien se verá beneficiado…

martes, 5 de julio de 2011

Cómo sobrevivir a la presentación de un libro

Hace poco fui a la presentación de un libro. La autora es una escritora reconocida a nivel mundial, por lo que el evento resultó un éxito. Pero no puedo evitar platicar sobre los sucedidos en tan magno evento. Después de las palabras cargadas de florituras, epígrafes de autores de la región y relevancia de la reunión por parte de las autoridades gubernamentales; después de la presentación del libro por parte de una adorable señora amiga de la autora; después de las palabras de la autora, que es de una sencillez y personalidad encantadora, después de todo esto, a la señorita conductora se le ocurrió decir que si alguien deseaba hacer una pregunta. Éramos quinientas almas atormentadas por la canícula solar, así que no faltó el sádico apuntado que se lanzó al presidium: un señor que a todas luces se le veía cara de bardo y que, sin asomo de pudor, soltó su comentario: -“Señora”- le dijo –“me permito leerle unas líneas de una poesía compuesta con los títulos de los libros de su autoría. Con todo respeto, dedicada a usted”- . Y que se arranca el hombre a declamar su “poesía”, efectivamente, utilizando los nombres de todos los libros escritos por la autora, que no son número despreciable. Hasta eso que los acomodó muy bien, porque tenían hilatura y congruencia. La mujer lo veía con una mirada de entre ternura y benevolencia. Aquí debo aclarar que el público se dividió en dos bandos: el integrado por los que sentían pena ajena de ver al hombre y soportaban estoicos el embate literario del bardo y los que de verdad creían que “¡qué bien escribe este señor, se ve que tiene oficio!”. Así que si alguna vez asisten a una presentación de libro, les pongo estos sencillos consejos para salir bien librados de la eventualidad:

1. Procure sentarse hasta atrás, así puede correr en caso de aburrimiento crónico;

2. En la parte de atrás es más fácil disimular un ataque de risa en caso de que a algún bardo lugareño le dé por declamar su última producción;

3. Si le toca sentarse adelante, procure llevar bufanda, pañuelo o fichú, sirven para lo mismo que lo indicado en el punto 2;

4. Siempre mantenga la vista fija en un punto, eso dará la sensación de que está sumamente interesado. También funciona una libreta de apuntes;

5. Lleve por lo menos 200 pesos consigo, si no compra el libro, por lo menos traerá dinero para diluir el trago amargo con unas chelas;

6. Si compró el libro, esté dispuesto a picar ojos, tumbar dientes y dar codazos para obtener el autógrafo del autor;

7. No se lance a la charola de canapés y copas de tinto como gato a bofe, siempre debe dar la impresión de que asiste para ver las novedades literarias y no para cenar gratis;

8. Aprenda palabras como: “articulación”, “congruencia”, “metonimia”, “lexia”, “constructo” y “concretizar” e intégrelas en su vocabulario al momento de que le pidan su opinión sobre la obra a homenajear;

9. No ande pregonando por ahí que usted fue compañero de 3º de kinder del escritor y que gracias a usted, él encontró su veta literaria: es de muy mal gusto;

10. Si no conoce a nadie de la concurrencia, intégrese a corrillos de dos o tres personas y ponga cara de interesante. El atuendo es básico, puede consultarlo en: http://medusaenapuros.blogspot.com/2009/04/como-sobrevivir-un-espectaculo.html o si lo prefiere en: http://medusaenapuros.blogspot.com/2009/04/instrucciones-para-ver-peliculas-de.html