lunes, 23 de febrero de 2009

Cartitas amistosas

Antes de que la computadora nos permitiera habitar la gran aldea global, se usaba mandar cartas. No había cosa más emocionante que recibir una carta de algún amigo querido o novio lejano. Me acuerdo que varias de mis compañeras se fueron en secundaria a estudiar a colegios en el extranjero. Siempre ponían una leyendita al final que decía ¡Writte back soon! Esto se me hacía de lo más ridículo, pero hay que entender que estaban estudiando inglés y había que apantallar a la amiga que se quedaba en el pueblo del aguamiel, con una envidia tremenda... Al cabo del tiempo, comencé a escribirme con muchos amigos y amigas de diversas partes: “¡Pásame tu dirección!” era la típica frase que nos decíamos movidos por el entusiasmo de seguir manteniendo contacto con la persona recién llegada a nuestras vidas. Cuando regresaba de la escuela y mi madre me decía: “Te llegó carta de fulano o de perengano”, tarde se me hacía para irme a mi cuarto y abrir el sobre... analizaba los timbres, el sello postal, hacía el cálculo de cuánto había tardado en llegar la carta desde aquellos lugares... era realmente un disfrute. Algunas eran escritas en papel de libreta de raya, otras, las más, en papel para escribir con alegorías sobre el amor o, no por ello menos cursis, de monitos como Snoopy o Hello Kitty. Yo tengo una caja con todas las cartas que me llegaron en esos días, y a veces las releo para acordarme de cosas, de personas que no sé en dónde andarán. Al paso del tiempo descubrí que escribir una carta era y debía de ser todo un rito; la buena escritura se rodea de cosas hermosas como una buena pluma fuente, un papel elegante o un sello para lacrar el sobre. Pocas personas conozco que sigan utilizando toda esta parafernalia alrededor de la escritura epistolar. Ahora, cuando mucho, recibimos sobres llenos de publicidad, cuentas por pagar... y nada más. Ahora, “dame tu dirección” se ha sustituido por “dame tu e-mail”. Pero el correo electrónico tiene sus ventajas: no estás obligado a dar tu dirección real por lo que si cae en manos de un psicópata, sólo lo pones en “correo no deseado” y listo, te libras de morir asesinado en la bañera de tu casa... Te mantiene en contacto tus amigos y amigas; encuentras a los desaparecidos hace años; permite decir lo indecible ocultándonos tras una pantalla. El único problema que yo le veo a esto es que JAMÁS nos libramos de recibir cadenas de santitos milagrosos, niñas que están desaparecidas, que Hotmail cierra su servicio, que tenemos que ayudar a Cleto, que en Taiwan comen fetos en el desayuno, que si mandamos chorrocientos correos nos darán un modelo de teléfono de ensueño y que venden gatitos envasados para adornar nuestra chimenea. Ahora lo único que conozco de mis amigos es su credulidad al reenviar estos correos, su ingenuidad al pensar que yo lo reenviaré. Finalmente seguimos en lo mismo: la carta cálida, hermosa y profunda, queda en el olvido. Por lo menos, sé que siguen vivos, caray.

6 comentarios:

Sivoli dijo...

jajajajajajajajajaja


al respecto sólo puedo pasarte un link a mis quejas:


http://sivoli.blogspot.com/2007/03/y-siguen-las-cadenas-y-loslas.html


Saludos!

Lix dijo...

Ay Rima, me hiciste recordar mi primer amor (¡hace unos 19 años!), del cual fui separada repentinamente para venir a vivir a la ciudad de SLP, desde la primera semana que estuvimos separados las cartas se volvieron un medio de comunicación maravilloso, la letra bien cuidada, el resumen escolar y por supuesto la parte al final del escrito donde "te extraño" y cien cosas que hacen vibrar un noviazgo adolescente se veían escritas por todas partes... me hacían sentir mariposas en el estómago.

Me has sacado una nostálgica sonrisa, ya que como imaginarás al trágico desenlace de la historia de amor, en un momento de neurosis tiré todas las cartas a la basura y ni rastro quedó de ellas (eran unas 50 o más).

Saludos!

Arturo Haro dijo...

Lix, eso que hiciste con las cartas no tiene nombre.

Lix dijo...

Jajaja ya lo sé Arturo, pero a veces soy un tanto impulsiva. Al día siguiente casi casi quería ir al tiradero a recuperarlas...demasiado tarde.

Daniel R. Moore dijo...

Hey a mi me obligaron de pequeño a escribir una...

Me parece tan familiar ese recuerdo que usted tiene, yo tuve amigos que se fueron tambien y el que te llegara una carta te hacia sentir importante, especial.

Mi madre siempre tuvo quien le escribiera, mi padre, familia lejana, amigos, tal vez por eso ella aun escribe cartas a aquellos alumnos que por diversas causas tienen que partir, donde aparte de desearles lo mejor, les invita a querer a su nueva maestra, su nueva escuela y les dice que aunque se encuentren lejos hay una amistad que los une.

Yo no sabia que lo hacia y cuando lo supe, quise ser un alumno mas...

hasta luego!

Anónimo dijo...

Pues dejen les presumo
Actualmente tengo una tia que nos escribe cartas y llegan por medio del cartero (¿?), despues te pasare un texto de una para que vean que todavia existe en este mundo personas que se dan el tiempo para plasmar su pensamientos y sus sentimientos en papel de hoja de libreta
Un saludo a mi tia (la quiero)