miércoles, 5 de mayo de 2010

Lady Di

A algunos de mis amigos les comenté lo que sucedió en el edificio de departamentos en el que vivo. Sucede que ella era una mujer obesa, escasa de pelo y profusa en ornamentos. Las uñas postizas que se ponía tenían “concepto” –navidad igual a pinitos; día de la revolución, uña tricolor-, pedrería de fantasía para rematar. Vivía sola; era de esas personas que por no tener nada qué hacer se adjudicaba tareas como juntar el dinero del mantenimiento del edificio, convocar a reuniones de vecinos y promover que la puerta del edificio estuviera siempre cerrada. Toda una portera al más puro estilo de película de Pedro Infante. Pues resulta que un día llego a mi casa y me encuentro al ministerio público en acción dentro de su departamento. Llevaba cinco días muerta y nadie en el edificio nos habíamos dado cuenta. Ni un olor, nada. Me acordé de las películas de miedo. De que estas cosas le suceden a otros en países distantes o las vemos en una escena de tv. Se dijeron muchas cosas, que si le había dado un infarto, que si estaba borracha y además tomaba anfetaminas. Cuando entraron a su casa, vieron que la tenía decorada con varias estatuillas de santos. Y un San Antonio puesto boca abajo ocupaba el lugar central. Me dijeron que le hablaba a un novio que tuvo a los quince años y que ahora, casado, vivía en otra ciudad. Los vecinos observaban cómo sacaban el cuerpo y “sanitizaban” el lugar de los hechos; todos nos veíamos con cara de culpa, con remordimiento por no hacerle caso a la mujer fastidiosa del 1. Le ofrecieron misas, y al día siguiente, al pie de su puerta, cinco veladoras ardían para lavar la culpa, para exorcizar pecados... y rosas esparcidas a la entrada me hicieron pensar: “igualito que Lady Di”.

sábado, 24 de abril de 2010

De por qué me volví atea. Parte II

Una vez que hube cumplido con dos de los sacramentos que manda la madre iglesia, supuse -¡Oh ingenua de mí!- que mi formación católica estaba completa. ¡Cuán equivocada estaba! No contaba con que mi madre tenía planeado para mí un número significativo de años asistiéndo al catecismo todos los sábados por la tarde. Supongo que quería reforzar en mí la devoción y fe que toda niña de buena familia y mejores costumbres debe tener. Así que, resignada y con mi libreta “Polito” en mano, comencé a asistir con mi resignada hermana al catecismo los mencionados sábados, el cuál se impartía en una casa ubicada al lado de conocida iglesia de la localidad. La bigotona maestra que impartía el catecismo, nos encargó para la siguiente clase el “Catecismo del padre Jerónimo Ripalda”. Llegándo a mi casa transmití a mis padres el encargo y ellos, ni tardos ni perezosos, corrieron a comprarlo mientras comentaban que ellos también habían seguido las enseñanzas de tan santo varón y que se asombraban de que todavía editaran semejante texto. El susodicho librillo es una edición en rústica, encuadernado en papel cartoncillo rojo –hacía juego con mi libreta “Polito”- e impreso en hojas de papel revolución. De entrada, me tuve que aprender el texto compuesto de 87 versos que inicia de la siguiente manera: “Todo fiel cristiano, está muy obligado a tener devoción de todo corazón…” que más pareciera el comienzo de un corrido porque en el último verso nos da la entrada para arrancarnos a aprender las 293 oraciones consignadas entre sus rupéstres páginas. Para una niña de buenas costumbres, acostumbrada a leer “La Pequeña Lulú” y “Archie” esto fue una afrenta al intelecto. ¿Cómo demonios –perdón- una niña se iba a aprender los catorce artículos de la fe? Reto a cualquiera a que me los recite en estos tiempos… Por no hablar del lenguaje utilizado: “Las obras de misericordia son catorce… dar buen consejo a quien lo ha menester… perdonar las injurias… sufrir con paciencia las flaquesas (sic) de nuestro prójimo…” Incluso traía notas aclaratorias como: “Flaqueza: molestias, daños o agravios que puedan venirnos de parte de nuestros prójimos débiles y miserables hijos de Adán”. Ha estas alturas, yo me convencía cada vez más que el miserable hijo de… Adán era el padrecito ese. Vale la pena que les ponga algunos de los títulos de los capítulos a ver si se acuerdan: “Las potencias del alma”; “ Los sentidos corporales”; “ Las virtudes teologales y cardinales”; “Los novísimos o postrimerías del hombre” y así por el estilo. Luego pasabamos al capítulo que comenzaba con un interrogatorio digno de la KGB: “Decid niño ¿Cuál es tu nombre? Aquí el temeroso chiquillo contestaba con el apelativo y ¡guay! del que dijera su apodo porque se hacía merecedor al zape “acomoda cerebros” de la maestra bigotona; “¿Sois cristiano? No faltaba el que dijera ¡Nooo, yo le voy al Atlante!; “¿Quién es Cristo? ¿Cómo es Dios? ¿Cómo usais vos la señal de la cruz?” Ante tales preguntas se manifestaba el infierno en todo su esplendor: llantos y rechinido de dientes, crujido de huesos de las infantiles manecitas, pelos jalados y orejas mutiladas, ojos entornados clamando al cielo misericordia… el apocalipsis en todo su esplendor. De la página 27 a la 88 el interrogatorio continuaba sin piedad; estoy segura que este texto es usado todavía por las principales corporaciones policiacas a nivel mundial.

Al llegar mi madre por mí después de tan edificantes enseñanzas, veía la gloria abierta, toda ella rodeada con un halo esplendoroso y acompañada de cánticos celestiales y diciéndome: “hija mía, no te afligas, ¿no estoy yo aquí que soy tu madre?”. A partir de ahí, me clarísimas las apariciones de la virgen y cómo es el infierno en vida… Confieso que tengo un ejemplar del catecismo, así que cuando quieran les organizo un Auto de Fe para sus criaturas…

sábado, 17 de abril de 2010

El ser y la nada

No, no teman. No daré cuenta en esta ocasión de la filosofía existencialista. Describiré esta vez mi llorada identidad perdida. Hasta hace escasos 15 años, yo poseía para identificarme una credencial de elector, un acta de nacimiento y un registro de trabajo para declarar mis ingresos a gobierno. Vivía relativamente tranquila, salvo en tiempos de declaración de impuestos: nada que no se pudiera resolver con un tequila y dos noches de insomnio. Pero hete aquí que llegó el correo electrónico con todos sus beneficios, lo que provocó la creación obligada de una nueva identidad, puesto que tengo una para mi trabajo, otro para mi solaz y esparcimiento, uno más para las redes sociales y como 3,245 identidades generadas por cuanto sitio así me lo solicitare para tener oportunidad de consultar sus saberes y decires. No hablo de las contraseñas porque podrían enloquecer. Decidí hacer una lista con todos mis apelativos postizos y sus respectivas contraseñas, las cuales guardé celosamente en un rincón de mi computadora. ¿Qué se me olvidaba una contraseña? Corría al documento en cuestión para asesorarme y santo remedio.

Un aciago día -lluvioso por cierto, los aciagos días siempre son así-, me llega una notificación en donde se me informa de la necesidad de volver a dar de alta mi identidad porque ahora las reglas hacendarias han cambiado. Un agujero estomacal inició su formación en fase latente. Me armé de valor, entregué mis papeles al contador y me olvidé del asunto. El contador hizo su trabajo al más puro estilo Capone y mirándome a los ojos con una mezcla de placer y compasión me informó: “Pero, le hace falta el CIEC”. “Muy bien” –pensé- “el CIEC”. El agujero creció un centímetro. Ingresé a la red para iniciar mi búsqueda sobre el mentado CIEC. “Ingrese su registro de hacienda y su contraseña”. Lo ingresé y apareció el temido mensajito: “Estimado usuario, se le informa que para generar el CIEC tiene que tener su FIEL actualizada”. “Ok, serenidad y paciencia. Veré que es la FIEL”. “Femenina, ha de ser complicado” –volví a pensar- mientras mi agujero de estómago ya le hacía la competencia al de ozono. Busco FIEL y se me indica que es la Firma Electrónica Avanzada. “Bien, díganme en dónde firmo y lo hago, caray”. Ingreso para firmar y el temido y confianzudo mensajito vuelve a aparecer: “Estimado usuario: se le informa que para obtener la FIEL, debe llenar primero la SOLFEA”. “¡Maldición, estoy perdida! ¡Ahora resulta que hasta les tengo que cantar!”. Con paciencia franciscana y silicio en mano, busco SOLFEA que quiere decir: Solicitud de Firma Electrónica Avanzada.

En este punto quiero detenerme para hacer la aclaración sobre mi teoría de las siglas: estoy segura que en algún rincón inmundo de una refundida dependencia gubernamental se encuentran dos viejitos encadenados a un escritorio siendo vigilados por un comando de la PGJ para que generen las iniciales de los nombres de las torturas a que somos sometidos todos los habitantes de este país y que además de describir, ya sea el trámite, dependencia, banco, institución, comisión, congreso, deben obligatoriamente poder leerse y formar una palabra más o menos congruente con el contenido de la ocupación de la entidad a describir. Se autonombran Creativos Armados de Grandilocuencia Abastecedores De Ostentosas Siglas. Ya ustedes le sacan las iniciales a tan rimbombante.

Retomando el tema y después de ingerir dos Ranitidinas a las que escuché caer en el vacío de mi agujero estomacal, me di a la tarea de imprimir la dichosa forma, en donde se me solicitaba un comprobante de mi existencia en este planeta que no fuera el acta de nacimiento, CURP, RFC, pasaporte, visa, credencial de elector y/o cualquier credencial que me acreditara como miembro de un tienda oficial para rentar películas. Una vez más y alzando los ojos al cielo clamando un poco de piedad, me di a la tarea de buscar qué demonios podía llevar para comprobarle al país que en verdad existo.

Me acerqué, no sin temor, a la ventanilla en dónde se expiden las cartas que comprueban la nacionalidad a la que una pertenece. La encantadora taquillera me observa con sus acuosos ojos, mientras mastica un chicle de orozuz con fruición y me espeta, casi escupe: “¿Tiene su FIEL? Porque sin su FIEL no le podemos expedir la carta”. En ese momento clarito vi mi vida pasar ante mis ojos, el rizo cuántico en el que estaba inmersa dio una vuelta más y volvieron a mí todas las preguntas existenciales que me hacía a los 15 años: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Es real la realidad? Y yo que pensaba que tenía domadas o por lo menos aplacadas mis dudas existenciales. Estoy segura que Sartré hizo los mismos trámites que yo cuando escribió “El ser y la nada”.

Esta nota se la dedico a todas las madrecitas mexicanas de los abnegados trabajadores de gobierno; personas involucradas en el diseño web de sus sitios en la red; con todo mi cariño además, a las madres de las dependientas municipales, esperando que mi recordatorio les llegue hasta el 10 de mayo próximo...

miércoles, 14 de abril de 2010

De onomásticos, cumpleaños y natalicios

Desde hace mucho, tengo la certeza de que nacer es una de las cosas más naturales, causales y dolorosas –a veces azarosos- que pudieran pasarle a cualquier ser vivo que recorra los tortuosos caminos de la vida. Si esto es así me pregunto: ¿Por qué festejamos los natalicios, onomásticos y cumpleaños? Porque aclaro, son diferentes momentos: no es lo mismo el natalicio de Benito Juárez –en donde todos contentos festejamos su día con el asueto estipulado por ley-, que un onomástico –normalmente este término se utiliza en la escuela y se aplica al nacimiento del maestro o de la señorita directora, porque es palabra curra y se oye rete elegante decir: “Con motivo del onomástico de la Srita. Directora las niñas del plantel ejecutarán un bailable, etc…” aunque las pobres criaturas no sepan qué Judas es esa palabreja… En fin, el tema que me ocupa es la celebración del cumpleaños. Al festejado(a) se le llama “cumpleañero (a)” y existen diversos tipos de ellos, a saber:

1. Cumpleañero cibernético: le encanta que lo festejen y hace de todo por llamar la atención en los ámbitos ciberespaciales: pone recados anunciando su cumple en las diversas redes sociales a las que pertenece, porque claro, tiene 964 amigos nada más en su país y ese día contabiliza con asiduidad todos los correos con las notificaciones que le llegan además de regalitos virtuales de lo más originales. En su Messenger pone un mensaje de texto que dice: “¡Mis adoradoooos!, gracias por acordarse de mí, los amoooouuu”. No alude al cumpleaños, pero veladamente el que lo lee piensa: “¿De qué me tengo que acordar?”. E inmediatamente le cae el veinte y se lanza a enviarle una postal virtual al cumplecibernético en cuestión;

2. Cumpleañero análogo: a esta categoría pertenecen los que detestan las computadoras o los que ya andan ingresando a la tercera edad. Desde temprano, recogen su casa, lavan la ropa, van al mercado, preparan un pastel, gelatina y bebidas espirituosas, por supuesto, estrenan ese día y luego a misa a dar gracias por un año más; las señoras se van al salón para quitarse los últimos 25 años de edad y los señores esperan sentados a que sus esposas les digan qué hacer. Comienza el viacrucis: libreta en mano, apuntan quién les habló por teléfono, quién les mandó flores; quién las fue a visitar. Su máximo goce es sentirse con las amistades que olvidaron la bendita fecha que las vió nacer. Y siempre que las felicitan les encanta decir: “No, yo ya no cumplo años, ahora los descumplo”, con lo que todos mueren de risa, porque se les hace buena puntada y “hay que festejar al cumpleañero(a)”.

3. “Allá en el rancho grande”: a este cumpleañero le encanta festejarse de manera bucólica, porque “el día que nació, nacieron todas las flores”. Además tiene la suerte de tener un compadre que le presta un rancho de ganado cebú o por lo menos un casco viejo de hacienda mezcalera. El susodicho se viste de charro, o por lo menos se ensambla unas chaparreras y cinturón pitiado; contrata música de tambora, un mariachi y un grupo de redoba norteña. Para el final, un trío. Durante la fiesta se la pasa tequila en mano visitando las mesas y preguntando: “¿Todo está bien? ¿Los están atendiendo como se merecen?” A la tercera vuelta, además de preguntar, comienza a decir que sí, que la comadre está rebien y que la quisiera atender como se debe. En un audaz acto de valentía, se pone a realizar firuletes con una reata; aulla como loco las de José Alfredo y finalmente le da el jalón a la comadre para ver si se la puede quebrar. Como ya nadie lo pela, le pide al trío que se arranque con “tinta sangre del corazón” o “Amor perdido”, acaba llorando y moqueando y el compadre jura que para el próximo cumpleaños le pondrá al compadre un toro mecánico para ver si se rompe la crisma de una vez…

4. El “megaproductions”: a esta modalidad de cumpleañero le encantan las fiestas “temáticas”, tipo las fiestas infantiles, en donde todo es de Barnie, Dora la exploradora o los Transformers. Desde meses antes les dice a sus compas que la fiesta llevará por tema “personajes de las caricaturas de fantasías animadas de ayer y hoy”. Los posibles invitados no comen, no duermen, no encuentran sosiego en su alma nomás de pensar en qué se van a poner, cuánto les irá a costar, quién les hará el disfraz. Llegado el día, la diversión consiste en reirse como locos de cada uno de los que van llegando, mostrar el disfraz y platicar cómo solucionaron tamaña empresa: llega el todo vestido de negro y con un pico amarillo diciendo que es el pato Lucas; el vaquero émulo pobrísimo de Sam Bigotes; al amigo pelón no le cuesta trabajo disfrazarse de Elmer Gruñón y no falta la sexy que llega de Petunia del brazo de su panzón esposo, que accedió después de dos lagrimillas a ir de Porky…

5. La que “no hace nada”: esta modalidad es la que utiliza el chantaje para festejarse: “¿qué vas a hacer en tu cumple?” –“No, pues nada”- contesta la otra con cara de martir romana. –“¡pero cómo fulanita! ¡No, no, no! No podemos permitir semejante cosa!!!!” Entonces la amiga cae en la trampa y se da a la tarea de convocar a todas las amigas para festejarle a la Fulanita en su casa. La otra se ahorra el tiradero, se dedica a tomar café y pastel con el dedito levantado y a destapar sus regalitos ante el benepláctio de las benefactoras que piensan que qué buenas amigas son…

Yo por eso, siempre estoy preparada: tengo un arsenal de botas vaqueras, sombreros, lentes oscuros, zapatos sesenteros, máscaras de luchador y un combo de maquillaje exótico… para ver ahora qué se le ocurre hacer a mis amistades.

Esta nota se la dedico a mi amiga Y, con quien me he disfrazado de bailarina exótica, indú, luchadora, vaquera, estrella de cine mudo y otras lindezas….

miércoles, 7 de abril de 2010

Platicas de señoras

Una de las cosas que resultan más atractivas a las mujeres es reunirse a platicar, cuantimás si hace mucho que no se ven. Hace poco asistí a una de estas reuniones, pero como la verdad los temas a tratar me interesaban poco o nada, me puse a observar qué hacían o decían mis amigas. Encontré comportamientos de lo más interesantes. Comienza la sesión con saludos, abrazos y besitos al aire porque el lápiz de labios se puede deteriorar. Ya que todas están armadas con café descafeinado, agua mineral y una que otra con una cuba, comienza el comportamiento que he denominado “pericón”. Póngo un ejemplo:

-¿Ya supieron que Pitita Cucaño se va a casar?

- ¡Noooo!- responden a coro quince pares de ojos atentos a la orgullosa mensajera de semejante notición.

-¡Esa niña no salía ni en tómbola?- dice una a la que le escurre un hilillo de veneno por la comisura de su boca rojo carmesí;

- ¿Quién es el valiente?- pregunta otra con un dejo de envidia.

-Pues dicen que es ingeniero, que trabaja en una multinacional y que gana lo que quiere- contesta la tía del muchacho, que no dice para ver qué les saca a las amigas;

-Mi hijo consiguió un trabajo por la zona industrial… es un buen trabajo, ojalá se encuentre una muchacha virtuosa como Pitita…

-¿Virtuosa? Pero si esa niña le ha dado vuelo a la hilacha desde que cumplió los quince…-dice una que la acompañó en sus correrías pero que lo oculta para no quemarse;

-¡Me acuerdo de sus quince! ¡Que fiestón le organizaron sus papás!-.

-¿Los quince de Pitita? ¡Pero si estuvieron bien piñatas! ¿No te acuerdas de su vestido? Parece que lo compró en la boneteria “Los gallos”;

-¿”Los Gallos”? ¿Qué ese negocio no era de Don Espiridión Belmontes? Me acuerdo de esa familia, eran unos españoletes que llegaron con ínfulas de parientes del rey Juan Carlos…

- ¡Cállate mensa!- susurra una que está al lado de la criticóna -¿Qué no ves que es tío político de Marthita? Te va a oír, y ella está superorgullosa de emparentar con el viejo mundo…

- ¡Ash! Déjame en paz, les encanta andar de presumidas y no han pasado de perico perro…

-Oye Marijóse y tu hijo ¿siempre se fue a Montreal?

- Sí, pero fijate que no ha encontrado chamba… anda rete alicaido, ya ves lo que le pasó…

-¡Ay! Si siempre te dije que esa muchacha no le convenía, pero se ponen de tercotes…

Ha estas alturas yo ya había perdido el hilo de la conversación y veía como, con una habilidad pasmosa, las informadas damas entrelazaban doscientas conversaciones al mismo tiempo. A mí ya se me había confundido el novio de Pitita con el hermano de la señora cuyo suegro era de Cataluña y pariente de SGM, Don Carlitos quien usualmente compraba su ropa en una bonetería… Así que les informo: cuando me inviten a una reunión de señoras, mejor piénsenle porque o no paso el chisme bien, o de plano les invento un culebrón de miedo…

Imagen en: http://aligradolls.blogspot.com/2009/07/tres-amigas-chismosas.html

miércoles, 31 de marzo de 2010

El caballero de Avignon

Yo había escuchado hablar de esta clase de caballeros, pero como mi curiosidad no tiene límites, me dije: “Rima, tienes que verlo para saber que es cierto”. Y me inscribí en el conocido sitio “buscocaballero- sensiblepuntocom”. Ingresé mis datos con cierto temorcillo, ya saben que una no puede andar dando sus generales así nomás. Y me di a la tarea de escribir el siguiente perfil: “damita gentil y sensible busca caballero con las mismas cualidades, que desee iniciar una bella amistad, pudiendo desembocar en una relación más formal que nos lleve de la mano a enfrentar los sinsabores de la vida”. Me gustó. Sonaba ingenua, con un toque de romanticismo. Lo guardé y me olvidé del asunto. A los tres días comienzo a recibir “guiños cibernéticos”: un cerradero de coquetos ojos en sistema binario invadieron el correo que abrí exprofeso. “superhalcón86 te ha mandado un guiño”; “peoresnada69” te ha mandado un guiño”. Me horroricé. Por supuesto que mi resorte indagatorio reventó e ingresé. Pude ver los siguientes alias de mis posibles acompañantes de vida: “reytiberius”, “miosito73”; “principeazul00”; “ojosdeeagle”; “raraespecie”; “negrosanto”; “astroman”; “zeuzencancun”; “papete”; “joetormenta”; “soloparamujeres”; “venenonumero5”; “cosita”; “amorimaginario” y así por el estilo.

¿Qué hacer ante tal oferta? Ni a cual irle. Decidí que la estrategia era ver el asunto desde el punto de vista sociológico y comencé a abrir los perfiles de tan misteriosos seudónimos. El rey Tiberius mostraba una foto en la cual aparecía cerca de una chimenea Luis XV, acariciándo a un León de plástico dorado con la boca abierta y mirada perdida. Desechado. “Mi osito” mostraba una foto de toda su humanidad en bella playa mexiquense. La panza desbordaba por encima de traje de baño tipo tanga y abrazaba con fruición una cerveza de conocida marca. Desechado. “Astroman” se mostraba orgulloso frente a su colección de monos de acción de la “Guerra de las Galaxias”. Desechado. “Negro santo” fue sincero, sólo pude percibir su sonrisa. “Principeazul00” me asustó, porque casi siempre el numerito indica el año de nacimiento y, o nació en 1900 o tenía 10 años. El rey Zeus, saludaba desde una tabla de surf; “Veneno” mostraba una torva mirada que me dio desconfianza de inmediato; “raraespecie” no fue merecedor de que yo abriera su perfil y “amorimaginario” no traía foto. Y ese fue el que abrí y esa acción fue mi perdición. Le mandé un guiño y dije “pues a ver qué pasa”.

A los tres días cumplidos, recibo una solicitud de ingreso a mi mensajero. Lo acepto. Comenzamos a platicar. Y yo, que mándame una foto. Y él, que no te la mando. “Bueno” –dije- “de perdida dame una descripción de tu persona”. “Muy bien” –me contestó- “Ahí te va”. La transcribo: 1.85 de estatura; delgado, pero musculoso; de sonrisa abierta y sincera; ojos azul cielo; cabello negro; nariz pequeña; boca de labios carnosos; frente amplia; no calvo; manos grandes; calzo del 9 ½. A estas alturas, vinieron a mi congestionada mente, cual remolino, todas las novelas de Corín Tellado, Jazmínes, Biancas y Barbaras Cartland que había leído en el salón de belleza de por mi casa. “Tengo que conocerlo” –me dije- “con esa descripción, camino al infinito y más allá hacia los sinsabores de la vida con singular alegría”.

Resultó ser oriundo de la bendita tierra donde vi la luz primera, así que fue fácil concertar una cita. No, no le pedí que llevara flor en el ojal, eso ya ni se usa. Y ese, fue mi segundo error. Llegué a conocido cafetin de la ciudad y me senté a esperar a que llegara el caballero en cuestión. “Que no sea ese ¡por Dios!” –pensaba-. “¡Si, que sea ese por favor” –clamaba al cielo-. Finalmente, escuché un silbido detrás mio: “¿Rima?” –Volteo, y cuál no sería mi sorpresa al descubrir al caballero de Avignon en persona. Literalmente. Transcribo la verdadera descripción: 1.58 de estatura –ligero error de dedo-; delgado pero con el músculo abdominal desbordando por encima de los pantalones; efectivamente, de sonrisa muy abierta; el hombre no podía cerrar la boca porque cien dientes afloraban de entre unos labios carnosos de tonalidad violácea; de la mitad de la frente, bastante amplia, surgia una mata de pelo negro lacio y ralo que peinaba con goma hacia atrás, lo que le daba un aspecto parecido a Drácula en sus mejores tiempos. Nariz pequeña a lo largo, pero a lo ancho me recordó a los nativos olmecas. Y efectivamente, calzaba del 9 ½, por lo que los zapatos sobresalían notoriamente de su voluminoso abdómen. Eso sí, tenía bonitos ojos. Pensé: “No, si no es la descripción, sino el acomodo”. Y claro, mi fértil imaginación. El resto, es historia. Ahora, pido foto en 3D de frente y de perfil, tamaño poster, con iluminación de día y que me sea enviada a vuelta de correo normal. Que no me vuelvo a creer los “guiños cibernéticos”.

viernes, 26 de marzo de 2010

Fiesta familiar

Las fiestas familiares siempre tienen algo que me ha fascinado. Son una mezcla de sentimientos encontrados, ganas de matar al primo o tío metiche, ganas de abrazar a todos porque hace mucho que no se les ve; rituales cursis igualitos a los centros de mesa alquilados. Así pues, México se caracteriza por hacer fiestas familiares “muégano” en donde la mitad de la familia se cae gorda con la otra mitad, pero que a la hora del guateque, jalan parejo arrasando con tequila, tacos y lágrimas de emoción. Hace poco, tuve la oportunidad de asistir a la celebración del quincuagésimo aniversario de bodas de mi retrotía y su señor esposo, hermano de mi papá. Y digo “retrotía” porque ella es la que me ha enseñado costumbres ancestrales como la ya conocida “piñata de salón” (Ver nota).

La fiesta fue al mediodía y llegamos todos, cayéndonos de catrines, para que los demás vean lo bien que nos ha ido y como la bonanza nos invade, aún en tiempos de crisis. Mi retroprima M se esmeró bastante en que todo saliera como debe ser, con un sinfín de detallitos: abanico para las damas –seguro era para mandarnos mensajitos, en vez de usar celulares- y un paquete de pañuelos desechables con significativo corazón en la parte exterior, todo amarrado con coqueto moñito.

Comenzó el jolgorio. Un gusto ver a los primos, besitos por aquí, abrazos por allá. Y corrieron las viandas, y se derramó el vino y las aguas de sabores como ríos de la meritita Jauja. Ya todos satisfechos, manchados de mole pero bien contentos, pasamos al programa -ejecutado por media docena de maestros jubilados, comandados por la mágica voz de R (así se anuncia)- que se nos hizo llegar con anticipación, para que le fuéramos tanteanto el agua a los camotes-. Se los pongo porque la verdad, vale la pena:

Programa de mano
Recital poético, musical, cine y retratos con motivo del cincuentenario del matrimonio C&C, Centenario de la Revolución mexicana y Bicentenario de la independencia de México.

Acto I
La profecía
Placeta del Salvador
El romance de la viuda enamorada
El Tabaco
Por azares del destino

Acto II
Corridos de Valente Quintero, Benito Canales y Catarino Maravillas
Águilas y Estrellas
A la mera hora del grito

Acto III
Romance del hogar
Romance del perro cojo
El niño, el perro y el milagro
El romance del feo

Cine y retratos
Enlace matrimonial C&C y tópicos familiares
Gracias por su asistencia y atención

¿Qué les puedo decir de este programa? Bajo los acordes de apoteósica melodía, digna de película de Ben-Hur, salió el provecto de mágica voz para comenzar el espectáculo. Poesía del Romancero Castellano y del “Declamador sin maestro” alegraron nuestra tarde haciendo las delicias de los grandes, porque los chicos brincaban como cosijos en la parte trasera del salón, desgreñándose y sacándose los ojos por un columpio. Puros poemas de “garra” de esos escritos para arrancar el alma y una que otra lagrimilla –aquí fue en donde entró en escena el paquete de pañuelitos-. El acto II estuvo a cargo de trovadores, entre los que se destacaba el afamado “Jilguerillo de Tierra Nueva”, señor chaparrito con un aire a Super Ratón y que a primera vista se le echaba de ver que no se resignaba a envejecer porque traía los bigotes pintados con negro de humo, seguro.

Posteriormente, pasamos a la sesión de cine y “retratos”; señores y señoras que antes no se habían muerto pero que ahora ya están en el “Valle del Josafat”, que así dice mi padre de los que se nos adelantaron. Claro que después de la foto 12,897 ya estábamos todos ligeramente cansadillos, pero aún así, nos mostramos interesados y atentos como conviene a la regla de urbanidad del Carreño. Ver a mis abuelos, a mis tíos bien jovencillos y aquella magnífica boda después de once años de noviazgo me hacen pensar en que qué bueno que se lograron, yo creo que finalmente prefirieron la casada que la demandada.

Nota: Este texto se los dedico con mucho cariño a mis tíos, con todo respeto, que cuando una dice así, después le dicen a una cada cosa....

domingo, 14 de marzo de 2010

30 cosas que jamás aceptará una mujer intelectual

1. Ver las revistas de espectáculos en el salón de belleza;
2. Que alguien le platique la novela y sepa de qué le están hablando;
3. Que ha leído libros de Cohello o de Carlos Cuauhtémoc;
4. Que le encantan los brillitos en las uñas;
5. Disculparse de la sesión de literatura para ir a ver el final de la novela;
6. Que le gusta la guacharaca;
7. Aceptar no haber leído una obra de James Joyce;
8. O de Milán Kundera;
9. O de Borges;
10. Que la obra conceptual que está viendo y que no entiende, no le gusta nadita;
11. Que a veces ve el futbol;
12. Que si ve una palabra nueva, no sepa su significado;
13. Que le encanta la ropa “animal print”;
14. Que lee compulsivamente la última novela de Dan Brown;
15. Que llora cuando va a ver una película de muestra;
16. Que disfruta horrores las películas de Van Dam;
17. Que asiste a despedidas de soltera, baby showers o reuniones de exalumnos;
18. Que le encantan las presentaciones en donde salen perritos, bebés o flores;
19. Que reenvía cadenitas “por si las moscas”;
20. Que todavía lee “Cosmopolitan”
21. Que se unió al grupo de FaceBook “Yo sé bailar la Macarena”
22. O al de “Yo también perdí un calcetín en la lavadora”
23. Que hemos comprado ropa de marca y leído a Nahomi Klein
24. Deshojar una margarita para saber si nos quiere mucho, poquito o nada
25. Pensar que cuando se te cae una pestaña, al ponerla entre tu dedo pulgar y el de otra persona se te cumplirá el deseo que pediste;
26. Que hemos leído a Daniel Steel...
27. Y a Corín Tellado
28. Ir a una Feria del Libro y salir con títulos como: “Cocinar con microondas”, “20 maneras de ser feliz” o cualquiera de Cony Méndez
29. Pensar que nos encontraremos a un escritor sombrío, melancólico y torturado al cual redimiremos con nuestro amor por medio de pláticas sabias al calor de una copa
30. Que nos gustaría comprar la “Barbie salón de belleza”.

sábado, 13 de marzo de 2010

Maquillando la vida: mentiras que nos dicen y decimos

Todos mentimos, tarde o temprano... aquí les pongo unas frases clásicas para que se inspiren o enfrenten la cruda verdad

"Te digo... no sé qué me pasa... seguro, estoy confundida, déjame pensarlo."

"El es simplemente un amigo, me pasa a buscar cuando ando por el centro, y yo lo llamo porque siempre me hace algún descuento."

"Te quiero, has sido muy importante en mi vida, nunca te olvidaré, siempre podrás contar conmigo en lo que quieras... los amigos no se fallan y se respetan..."

"Después de la tormenta llega la calma, porque después de ti... después de ti no hay nada."

"Estoy confundida, no sé qué pasa en mi vida y en mis sentimientos. Algo se me descompuso, no sé que fue, pero necesito un tiempo... No hay nadie en mi vida, ahorita no necesito a nadie conmigo.”

"No salgo a ningún lado porque tú me lo pides. Sé que no te gustan mis amigas y yo no salgo con ellas."
Eres la única persona que amo y amaré toda la vida....contigo quiero pasar el resto de mis días casarme, tener hijos...y jamás te voy a lastimar."

"Ahorita no quiero tener novio, tengo problemas, te juro que no me vas a ver con alguien en todo este tiempo."

"Te voy a dar una oportunidad..., pero esperemos a conocernos más."

"Tengo miedo que me hagas daño -y a la semana- "No sé bien lo que quiero, somos sólo amigos."

"Te quiero mucho pero necesito estar sola...no quiero a nadie ni lo voy a querer... yo soy la que se va a buscar nuevos amigos..."

"Eres divino. El problema es mío. Y con mi ex no volvería nunca."

"¿Pero cómo pudiste creer que era yo en el bar de la esquina con un tipo?

"...Y como vi nuestra relación tan estable, pensé que este tiempo nos podía hacer bien."

"¿Como estás?¿Trabajando mucho? Me quedaré a dormir en casa para que no te preocupes, mañana salimos amorcito."

"Siento que quiero estar contigo, pero que ahora no es el momento. Tengo que volver con mi ex porque siento que tengo algo pendiente."

"Es solo un viaje de estudios... te prometo que voy a volver de París. Voy a volver porque te amo y no podría vivir sin tí..."

"Pasaré el fin de semana en casa de mi hermana."
"Creo que estoy perdida..."

"Yo aguanto 8 años de novios contigo para después casarnos."
"Te juro que jamás miraría a uno de tus amigos."

"Ella: ya no te extraño como antes...

Él: yo te amo

Ella: yo también te amo, pero como amigos.

"La verdad, no tengo intención de tener novio por el momento."

"Lo nuestro se está apagando, yo ya no siento lo mismo... me di cuenta anoche en una fiesta, lo siento, de verdad que no es por otro, es que no quiero ahora tener ninguna relación."

"Soy muy cambiante. No sé bien lo que quiero."

"Te quiero mucho ¿sabes? Tengo ganas de verte, ya no me imagino la vida sin ti, no sólo te quiero, también te necesito, no olvides que soy tuya."

"¿Yo con Juan?...sería el ultimo tipo de la tierra y ni con esas estaría con él... es un machista al que no soporto sus ideas ni como es."

"El problema soy yo, no tú”. Una noche antes: "quiero que puedas confiar en mí, yo te amo, y no podría hacerte daño..."

13.00 hs: "¿Anoche? Mmmmm....salí con las chicas, el celular lo apagué para hablar tranquilas"

13.10 hs: "vinieron unos amigos de ellas, pero no pasó nada."

13.20 hs: "salí con un chico, volví a las 3 am, pero solamente hablamos de la vida"

13.40 hs: "LA VERDAD...SÍ, ESTOY CON ALGUIEN"

"Necesito un tiempo para pensar en lo nuestro."

"Yo me he arriesgado, enamorada, por personas que no valían la pena... Tú eres bueno, te quiero un montón, pero no me quiero arriesgar."

"Ahora quiero estar sola, no te preocupes, todo va estar bien. Ve a casa y sigue rezando para que todo cambie."

"En el campamento no pasó nada, mis compañeros me cuidaron todo el tiempo."

"Te juro que me duele mucho mas a mí que a vos."

"No me sigas molestando pues ahora estoy verdaderamente enamorada de Jorge".

"En estos dos meses no he ligado con nadie, solo salí con las amigas."

"No seas tonto!!!!...me llamó y fui sola al cuarto a hablar con él porque se le incendió la casa."

"Sabes que eres lo más importante para mí."

"Eres el primer hombre con el que tengo sexo.... con mi ex nunca pasó nada."

"Me quedé a dormir en casa de mi abuela, pero el teléfono no sirve."

"El me obligó... ni siquiera nos sacamos la ropa."

"Te juro que estuve toda la noche acordándome de vos."

"Esta noche no me llames a casa que voy a acostarme temprano."

"Necesito tiempo para pensar porque estoy confundida."

"Necesito un tiempo para saber cómo soy yo sola... yo te llamo."

"Él es sólo un amigo, yo nunca te mentí, ¿o no?"

"Te juro que Juan no me gusta ni un poquito."

"Necesito extrañarte."

"Ni aunque estuviera sola con él en una isla."

"Ni siquiera me puedo imaginar con otro hombre que no seas tú."


¡Hombre! Cuando es más facil decir que no.

domingo, 7 de marzo de 2010

¿A, B o C? Los Test

Uno de los mayores placeres entre todos los que ya he contado por aquí, es hacer test. Recuerdo unas revistas que salieron cuando tenía como 13 años que se llamaban “Tú” y “Eres”, que eran la versión adolescente de la ya conocidísima “Cosmopolitan”. Ávidamente, acudía a mi puesto de revistas más cercano a comprar la revistucha cada mes. Mal llegaba a mi casa y papel y lápiz en mano me ponía a contestar el test. Los temas se centraban en amor, gustos, comida, moda, maquillaje y absolutamente todas las banalidades de las que gusta una adolescente enamorada: ¿Le gustas a tu chico o eres una perdedora? Con ese título una se volvía avezada en el arte de la contestación; ¿Te ama o sólo eres su pasatiempo? –este es de los más mañosos porque el pobre individuo es el que debería contestarlo, no una; ¿Es amor o capricho? “¡Claro que es amor!” decía una para sus adentros “pero, vamos viendo, no vaya siendo” y a hacer el test; para saber cuál es tu tipo de moda; para saber si cumples cabalmente con las cualidades de tu signo zodiacal; para saber qué postre te representa; si eres primavera, verano, otoño o invierno en la colorimetría espiritista o títulos como ¿Eres Pinky o Cerebro? llenaban mi cabeza de conceptos, tratando de ser la “Chica Tú” que me mostraba la revista. Veamos un ejemplo:

Descubre algunas características de tu personalidad y sácales jugo.

1. ¿Crees que el día debería tener más horas?

a) Definitivamente, tengo mil cosas que hacer (gym, escuela, el cafecito, patinar) y necesito tiempo.
b) El día tiene las horas exactas, tengo tiempo para mis actividades diarias y disfruto salir a la naturaleza en mis ratos libres.
c) Tengo mis horarios muy bien organizados, tengo tiempo para cada cosa que debo hacer.

2. Vas a comer con tu novio y te toca elegir dónde ir:

a) Un lugar superfashion, puede ser en un centro comercial así aprovecho para comprar unas cositas o podemos ir al cine después de comer y aprovechar la tarde.
b) Un día de campo sería ideal para acabar con la rutina.
c) Elijo un lugar exótico al que nunca hemos ido, tal vez comida extranjera.

3. ¿Tienes tendencia a terminar las frases de otras personas?

a) ¡Sí! Parece que leo sus mentes cuando no saben cómo expresarse.
b) No soy muy respetuosa y espero a digan lo que opinan.
c) Me gusta conocer otras opiniones diferentes a la mía, escucho con atención.

4. Hay muchísima gente en la fila de los tickets para la pelí que quieres ver, tú…

a) Le encargas tu lugar al chico de atrás de ti, le haces ojitos para asegurarte que no te quede mal y mientras vas a dar una vuelta.
b) Tomas tu lugar en la fila y esperas tu turno.
c) No haces fila porque pediste tus boletos vía Internet

5. Cuando en la escuela hay trabajos en equipo…

a) Me parece horrible esperar que otros hagan cosas en las que tardan mil horas cuando se que yo lo hago más rápido, por lo que tomo la iniciativa.
b) Me encanta porque es la oportunidad de conocer a otras personas aparte de mi grupito de amigas.
c) Tiene su lado bueno y malo, por eso trato de que seamos organizados y valorar las ideas de todos para hacer un buen trabajo.

Antes de dar los resultados, porque estoy segura de que ya contestaron el test –es irresistible y adictivo- les diré que después de contestar mil quinientos test a lo largo de mi adolescencia, caí en la cuenta de que era bien fácil que me saliera lo que yo quería. Normalmente, las respuestas con mayoría de “A” eran tendientes a que no te amaran, que eras una tímida y que además te vestías horrible; las respuestas “B” eran el justo medio, ibas por buen camino, pero todavía te faltaba mucho por recorrer y las respuestas “C” correspondían a lo que querías leer para ti: linda, simpática, él te ama, de eso no hay duda. No los haré sufrir más, he aquí las respuestas:

Mayoría de A
Contigo, ¡qué viva la fiesta! Vives la vida al máximo y a mil por hora, eres activa, abierta y muy curiosa lo que te lleva a descubrimientos increíbles. Lo peor para ti es sentirte atada, así que haces cambios divertidos a lo cotidiano para sentirte bien.

Mayoría de B
¡Relajada sin duda! Eres amante de la naturaleza, te muestras sin máscaras. Disfrutas los paseos que te permitan alejarte del mundo de vez en cuando para disfrutar descubriéndote. Eres discreta, haces amigos con facilidad y disfrutas tu independencia. Estás en armonía contigo y con los demás.

Mayoría de C
Has encontrado tu propio estilo, ¡eres elegante y exclusiva! Te encantan los detalles y disfrutas descubriendo los tesoros que no se ven a simple vista. Posees una gran sensibilidad que te permite percibir lo duradero en la vida, te gusta la cultura y la disfrutas al máximo.

Los caminos hacia la construcción de la autoestima, son insondables.

lunes, 1 de marzo de 2010

Retiros espirituales o de cómo no darle gusto al cuerpo

Ahora que estamos en época de mortificación y recogimiento por cuaresma, he recordado –no sin horror- aquellos retiros espirituales a los que asistía cuando aún pensaba que me cuidaba mi angelito de la guarda. Haciendo un recuento, puedo afirmar ahora, que las monjas tienen un lado oscuro perverso y malévolo y si no, niéguenme esto:

Las instrucciones para asistir al retiro espiritual consistían en llevar ropa cómoda y un almuerzo elaborado por nuestras abnegadas madres. La mía se esmeraba, de tal manera que siempre llevaba un delicioso sándwich de jamón y queso amarillo, un bolillo con cajeta, fruta picada en un “toper” y una cantimplora de esas de plástico con tapita roja que había antes, llena con limonada en su punto. Todo esto debidamente empaquetado en una bolsa de pan blanco “Bimbo” cerrada con su correspondiente liga. Las muy curras tenían unas loncheras de metal impresa con la serie de tv de moda y un termo miniatura haciendo juego que se guardaba dentro de la maletita.

La perspectiva de pasar un sábado desde las 10 de la mañana y hasta las 6 de la tarde con las compañeras de la primaria y ¡sin uniforme! era ya bastante atractiva por lo que yo estaba como flecha, lista para emprender una nueva aventura... religiosa.

La primera actividad del día era la misa de bienvenida en la capilla de la escuela, entrabamos todas, muy derechitas, formadas en fila por estaturas y nos sentábamos en las bancas de a seis en seis, pero ¡guay de nosotras si volteábamos para atrás! Zape seguro en la cabeza. Las compañeras del coro entonaban entonces “¡Señor permite que te haaaable hoy, del dulce encuentro que me cambióooo...! Canción que francamente a mi me parecía más un bolero tormentoso que melodía incitadora al recogimiento espiritual... Y las del coro siempre me cayeron gordas porque se sentían con voz privilegiada de ángeles, mientras que yo cantaba como Ganso Coco.

Una vez ejecutada la misa, nos íbamos al patio y comenzaban las pláticas del retiro, que fluctuaban entre temas como la Pentecostés, que sigo sin entender y “el niño perdido y hallado en el templo”, que entiendo mucho menos. Me maravillaba cómo el padrecito reflexionaba sobre un versículo de la Biblia durante horas sin aburrirse... él, porque nosotras a la media hora ya estábamos como leones enjaulados y queriendo salir a correr. Me acuerdo de un sacerdote que cuando hablaba siseaba porque tenía frenillo y por supuesto, mi atención morbosa se centraba en la forma de hablar del hombre más que en sus palabras, achaco este sucedido al hecho de no entender el misterio de la santísima trinidad.

Finalmente, llegaba la hora de comer. Entonces una monjita pequeña, blanca y con ojitos aguanositos nos decía: “Queridas niñas, ahora vamos a la comida. Como uno de los objetivos es que sean compartidas con las demás, vamos a intercambiar los lonches entre todas. Escojan una lonchera que no sea la suya por favor”. Eso y una puñalada trapera eran una y la misma cosa, porque por supuesto, a mí siempre me tocaba el lonche de una niña cuya madre desnaturalizada había puesto en la engañosa lonchera de metal un plátano pasado, una “Bonafina” y un chupirul.
De lejecitos, las monjas nos observaban complacidas, regodeándose en su malévolo plan. En esos retiros espirituales dejé mis recuerdos más queridos quemados en una pira inquisitorial, mis lonches más sabrosos y recojo los restos de mi espíritu. Después de años de ir a las misas de viernes primero, usar el escapulario durante veinte años y ofrecer sacrificios al niñito Jesús, ya puedo afirmar sin temor a equivocarme que puedo pecar tranquila.

sábado, 20 de febrero de 2010

Las tienditas de la esquina

Desde que vivo frente a un minisúper de conocida cadena, me entró la nostalgia por las tienditas de la esquina. Esos negocios gélidos con luces artificiales día y noche, en donde puedes encontrar comida rápida lista para comerse en tres minutos, con señoritas de uniforme y preguntando “¿En qué te puedo servir?” me deprimen terriblemente.

Cuando iba a casa de mi abuelita, una de las salidas obligadas después de recibir el anhelado “domingo” –un peso de plata, grandote y brillante- era ir a “La Lluvia de Oro”, prestigioso y añoso comercio ubicado cual debe, en una esquina de la calle. “¡Vamos a la tiendita de la esquina!” era el grito cuando mi abuela nos daba el consabido peso. Esas tienditas no podían estar ubicadas en otro lugar que no fuera la esquina, si estaban en medio de la cuadra, fracaso seguro. Normalmente, eran atendidas por dos viejitas que tenían un hermano flojo el cual se la pasaba horas mosqueándose afuera de la tienda, sentado en una piedra filosofal ubicada a la entrada del comercio, tomándose un “Pep”, fumando “Faros” y pensando en la inmortalidad del cangrejo. Las dos viejitas llamábanse Cuquita y Amalita, así, en diminutivo porque ya eran viejitas, aunque yo tengo la teoría de que así nacieron, viejitas.

¿Qué podíamos encontrar en esas tienditas? Vitroleros con todos los dulces imaginables, mis favoritos eran los “Barrilitos” de Constanzo. “Me da diez centavos de Barrilitos”. Cuquita desprendía de un gancho un pedazo de papel de estraza con el que elaboraba un “cucurucho” para despachar a la escuincla que veía con ojos golosos como los dulces eran trasladados al rústico empaque. Otros contenían una mezcla opaca y blancuzca consistente en cueritos en vinagre, chiles jalapeños y zanahorias que eran usados para la deliciosa torta estilo “albañil”. Los mostradores eran pintados de color verde pistacho, producto del patrocinio del refresco de cola. Había banquitos de madera con patas torcidas de alambrón que servían para que los clientes se tomaran un respiro mientras los despachaban. Lo mismo vendían zacate para bañarse que cartuchos para el calentador –aserrín y petróleo empacados en bolsa de papel-; escobas de popotillo y tierra para las macetas o lavar los trastes; frascos llenos de microbolsitas de shampoo marca “Vanarth” con clara de huevo o hierbas del campo; cold cream “Tres Caritas” o pomada de “La Campana”; pan dulce puesto en una charola de “La rubia que todos quieren” cubierto con un plástico polvoso que dejaba mucho qué desear respecto a la higiene. Y claro, no podía faltar la imagen de San Martín Caballero como protección para el negocio. Pinole suelto, huevo y frijol “Flor de Mayo” nuevo. Como casi nadie tenía teléfono, algunas hasta caseta de madera y una banquita

Y ni hablar de los nombres: “El Tepeyac”; “El Cubilete”; “El Águila de Oro”; “El Porvenir”; “Fe en Dios”; “La Esperanza”; “Las Quince Letras”; “Don Darío”; “La Guadalupana”; “La Provinciana”... Tal parece que aludiendo a nombres religiosos aseguraban el éxito comercial. Todo mundo conocía a los dueños, y los clientes se estaban horas platicando cuando pardeaba la tarde. Por eso, cuando sea viejita, quiero tener una tiendita de estas, llena de cositas para vender pero sobre todo, como pretexto para platicar con los vecinos, los niños me llamen “Doña Rimita” y piensen que nací así, viejita.

martes, 9 de febrero de 2010

La “prueba de amor”

En mis tiempos juveniles las madres, siempre amorosas y vigilantes de sus retoños femeninos advertían, no sin razón: “Nunca des la prueba de amor”. La prueba de amor –para quienes todavía no han percibido qué es esto puesto que el término ha perdido vigencia, es entregarse sin reservas a un hombre (Aquí viene al caso un fondo musical que indique tragedia o suspenso). Las películas mexicanas eran muy ilustrativas para dejarnos ver que la muchacha había sucumbido ante el enemigo malo y caído en la tentación que conllevan los castos besos dados en un portal de vecindad: beso apasionado e inmediatamente la cámara subía hacia unas nubes que amenazaban tormenta o bien, si la escena era en interior, paneo hacia una imagen de la Virgen de Guadalupe que tambaleante caía del buró ante los embates de los nuevos amantes.

Ahora no sabría especificar cuáles puedan ser consideradas pruebas de amor. Ya no hay “ripio de candor” como he mencionado en anteriores entradas. Ahora hay un intercambio de pruebas de amor que da gusto. Para no demeritar el término y quitarle vigencia, propongo que ahora sean los hombres los que nos den la “prueba de amor” siguiendo estas fáciles y sencillas instrucciones:

1. Bajen la tapa del baño, que además de ser una deferencia hacia la mujer, estéticamente el baño luce mejor, a las mujeres nos encanta disfrazar el baño con encajitos, telas floreadas o santacloses tapándose los ojos, queremos que el baño luzca lindo y coordinado;

2. Cuando los llamemos para matar una cucaracha o cualquier feo bicho, acudan presurosos con escoba en mano a salvarnos. No se vale decir: “¡Ayyy! ¡Pero si es sólo un insecto! ¿Por qué tanto escándalo?

3. Si nosotras preguntamos: “¿En qué estas pensando?” utilicen su imaginación, no contesten “en nada” porque eso sólo incrementará nuestra calenturienta imaginación;

4. Jamás cuestionar si siempre no seguimos la dieta, dejamos de fumar o comenzamos a caminar por la mañana como habíamos dicho;

5. Alabar nuestras compras mostradas como “ofertas”, todas necesitamos de vez en cuando “jazmines para el alma”;

6. De vez en cuando, sí trabajar en equipo

7. Servirnos el plato en la fiesta o recogerlo cuando terminemos;

8. Si hay alguna descompostura en el hogar, arreglarlo de inmediato, no dejar que las cosas se caigan a pedazos;

9. No enojarse si declaramos que nos gusta Brad Pitt, George Clooney o Jude Law, las probabilidades de que tengamos una relación con ellos es una en miles de millones, así que déjenos disfrutar de la fantasía momentánea;

10. De vez en cuando, sorprendernos con un: “¿Vamos al cine a ver la última de Meg Ryan?”, lo sé, este pudiera ser un comportamiento sospechoso pero puede ser fácilmente superable si la próxima vez nos piden ir a ver la última de Van Damme;

11. Evitar en la medida de lo posible hablar de efluvios corporales, mecanismos fisiológicos, chistes de mal gusto, vulgaridades o palabras altisonantes;

12. Dejar que hablemos a gusto por teléfono, no pararse frente a nosotras como poseídos por un espíritu maligno esperando a que les digamos quién es;

13. No decir: “¿Qué te hiciste en el pelo?”; “Te llamo luego”; “Tenemos que hablar”; “No eres tú, soy yo...”

14. Tender la cama, lavar los platos, poner la ropa sucia en el cesto...

15. Y la prueba de fuego ¡Ceder el control de la televisión...!

Estas son algunas pruebas de amor contemporáneas de muchas que pueden ustedes pedir, claro que como mi madre decía: “Que se las den... es otra cosa”. ¡Feliz día del amooooor!

martes, 2 de febrero de 2010

Esas cosas que nos dan un placer secreto...

1. Muestras gratis de lo que sea: quesos, salchichas o un shampoo que jamás vamos a comprar pegado en una revista;
2. Ir al salón de belleza y sentir el masajito hasta quedarte dormida;
3. Ir de compras y llegar a tu casa a sacar todo de su bolsa para observarlo regocijada;
4. Descubrir que tu ex tiene una novia más fea que tú;
5. Que te den masajito en los pies;
6. Encontrar un billete de alta denominación en un saco perdido del closet;
7. Que todo mundo te diga que aparentas menos edad de la que tienes;
8. Que alguien te regale algo que te trajo de su último viaje;
9. Tomar café con galletitas con una amiga;
10. Ir al café con un amigo inteligente;
11. Ver una película de amor en una tarde lluviosa y con frío;
12. Que te digan “tienes razón”;
13. Cerrar la puerta justo cuando tu vecina odiosa y platicona abre la suya;
14. Estrenar... lo que sea;
15. Que una amiga te platique su última cita con lujo de detalles;
16. Comer chocolates sin remordimiento;
17. De repente, comportarte como una víbora sutil;
18. Estar recién depilada, recién manicurada y con pelo de revista;
19. No seguir una dieta;
20. Actitud de “ser bella, ser amada y tener un secreto”;
21. Que tu gato se acueste en tu regazo;
22. La primera cita;
23. Un encuentro inesperado... de un galán del pasado;
24. Cuando la canción que escuchas encaja perfecto con tus sentimientos;
25. Ponerte “chinita” con una poesía, una canción...
26. Llorar sin pena en una película;
27. Poder tener el control remoto de la TV;
28. Que todavía te quede ese vestido...
29. Rechazar a ese alguien sin remordimientos;
30. Tener un admirador secreto....

Y a tí ¿Qué te causa un placer secreto?

martes, 26 de enero de 2010

Una tarde familiar

Una tarde en familia es espectacular hasta que cumples trece años. Antes de esa edad, esperas el domingo con ilusión inmensa porque ese es el día en que tu mamá te pone guapa –a excepción de los bucles y de que te vistan igualita que a tu hermana, claro-. Vestidito vaporoso, calcetines “Periquita” y zapatitos de charol. Antes de salir te mandan al baño y mi madre carga una bolsita de plástico con un trapo viejo, un pañal de manta de cielo, húmedo. En ese tiempo no existían las toallas húmedas. Salimos a la plaza de Armas, papá y mamá adelante, tres hijitos atrás, los cuales permanecen sentados y estáticos mientras ven pasar a las familias a través del cristal del automóvil. El papá consigue estacionar su coche setentero frente a la catedral, mientras los chiquillos brincan de gozo –interno, por supuesto- ante la expectativa de una bola de nieve de “Don Cruz”. Si por alguna razón, la criatura se mancha los bigotes, mamá saca su trapito e inmediatamente pone remedio al estropicio. Hasta aquí los recuerdos de los años maravillosos. Hace poco, tuve la inmensa dicha de pasar una tarde con una familia entrañable, pero no por ello menos “peculiar”. Pondré en contexto: soy mujer sin hijos, por lo que valoraba de manera superlativa una tarde de vástagos y gritos... hasta ese día. Salimos en tremenda camioneta, tres adultos y dos peques... mal nos trepamos al auto y ya los críos comienzan a apabullar a sus sufridos padres con demandas alimenticias –no necesariamente ricos en minerales y proteínas- cual pajarillos salidos del cascarón. “¡Mamá! ¿Me compras un esquite?”... “Si hija...” “¡Pero que sea de Morales!”. Y allá vamos, desde el centro hasta Morales por el esquite. Luego sigue el peque: “¡¡¡¡Mamáaaa, yo quiero un gazpachooo!!!” Y rugen los motores rumbo al gazpacho. Cito la lista de las compras de esa tarde: tres cafés capuchinos ultradulces, cinco vasos de elote tierno con harto chile y crema, una tira de chile molido en sobrecitos individuales, mismo número de vasos con raspados multisabores, dos paletas Payaso, palomitas acarameladas, una bolsa de frituras preparadas –elote, crema y chile-. Pasada la tarde, llegamos cansados y satisfechos a casa de mi amiga y ella pregunta: “¿Quieren cenar?”. “¡¡¡Siiiii, unos hotdogs!!!! A la fecha, y de esto hace quince días, todavía no me puedo curar de la seguidilla* que me dio.

Esta nota se la dedico con todo mi cariño a “m” que es la hijita de “M”.

*Término vulgar para denominar a la diarrea.

sábado, 16 de enero de 2010

Cosas que hubiera preferido no saber

Iniciamos el año con un frío que cala hasta el tuétano. Y me puse a pensar en todo lo que nos dicen los mayores a través de los años y que poco a poco mata las ilusiones. Si algún niño pequeño y lleno de ilusiones casualmente está leyendo esto, favor de evitarlo, porque no me hago responsable de traumas ajenos.

1.Que no existe Santa Claus o el Niño Dios: ¿Qué mente perversa ideó semejante mentira? Eso es para hervirlo en aceite, para colgarlo o amarrarlo en la rueda. Durante por lo menos 10 años anda una de creída con ese argumento y haciendo cartas y yendo a la juguetería para escoger el regalo y mandando globos al cielo... caray, ¡que duro! Y no falta el acomedido que te diga que no es cierto, que son los papás...

2.El ratón de los dientes: hasta apellido tenía el condenado ratón. Pérez para mayor referencia. Mi padre me contó toda la historia: el ratón tenía un camión en donde recogía todos los dientes de los niños y se los llevaba a su fábrica de muebles, en donde convertía la materia prima en primorosos sillones, mesas, sillas y uno que otro banquito por aquello de los dientes careados. A cambio del fragmento dental, el ratón me dejaba una carta dándome las gracias y una moneda de a peso –verdadera fortuna en esos días-. Una vez me dejó unos aretitos de oro y eso no me gustó nadita, pero en fin, el ratón tenía sus razones. Yo, con la mente que me caracteriza, imaginé un mundo de ratones labradores que iban y venían laborando arduamente con los dientes de todos los niños del mundo...

3.Si te rapas, te saldrá más pelo: sin comentarios, sigo escasa de pelo.

4. Si le pegas a tus mayores, se te secará la mano: mi curiosidad científica pudo más que mi respeto irrestricto: pegué, me la devolvieron y mi mano sigue intacta.

5.La de la verruga en la mano no la platico....

6.Con el tequila se quita la gripe... no se quita, tampoco se olvida y aunada a la enfermedad anda un cargando una cruz....

Además, me falta por comprobar las siguientes:
1. Con un pedazo de carne de zorrillo se quita la tos;
2. La orinoterapia quita todos los males del cuerpo;
3. Que la baba de caracol deja la piel suave y tersa;
4. Que la rata es un platillo delicioso.

Yo con estas cuatro me quedo con la ilusión.


Nota: El 5 de enero de 2003 el Ayuntamiento de Madrid rindió un homenaje a este personaje de leyenda instalando una placa conmemorativa en el mismo lugar donde el padre Coloma situó la vivienda del roedor con el siguiente texto: Aquí vivía, en una caja de galletas, Ratón Pérez, según el cuento que el padre Coloma escribió para el niño Rey Alfonso XIII. La ilustración de esta nota es la placa conmemorativa dedicada al singular personaje.

domingo, 3 de enero de 2010

Peccato di Cardinale: cómo sobrevivir a una cena elegante

Con motivo del fin de año, me invitaron a una cena elegante. Como soy egresada de colegio de monjas y pertenezco a una familia fina y educada, no me preocupé. Llegué con mucho aplomo, saludé a la concurrencia con corrección y amabilidad y cada vez que alguien decía algo gracioso, colocaba mi mano frente a la boca para que mi risilla no molestara a los demás. Llegado el momento, pasamos a la mesa que estaba dispuesta para veinticuatro comensales. Llamó mi atención la bella mantelería bordada a mano, las servilletas de lino –impecables- y la pequeña tarjetita impresa con el nombre de cada asistente. A mí me tocó sentarme entre una señora de peinado alto y collar de perlitas y un señor que se la pasó carraspeando durante toda la cena. Dos absolutos desconocidos. Después supe que eran matrimonio pero que andaban en broncas, así que la anfitriona me puso en medio de los dos conociendo, por supuesto, mis dotes para la diplomacia.

Muy derechita examiné lo que tenía frente a mí. Cinco tenedores del lado izquierdo, todos de diferente tamaño y forma, unas pinzas de aspecto amenazante y unos “pinchos”, que después supe para qué eran. A mi derecha, en rigurosa formación cucharas y cucharones y uno que otro cuchillo, todos de formas por demás exóticas. Dos copas para vino en fila frente a mí esperaban ser escanciadas con el fino vino de mesa con que nos regaló el anfitrión. La servilleta estaba doblada en forma de flor sobre el plato y cuando la desdoblé me fijé cómo estaba armada, pero era peor que origami japonés. Como hors d'oeuvre nos sirvieron un paté Lorrain con unas galletitas muy simpáticas acompañándolo y adornado con un jitomatito en forma de rosa y un pedacito de perejil chino -no de China, sino enchinado-. Como plat de résistance nos sirvieron unos caracolitos en su concha (escargots au vin) –que para esto eran los pinchos- y que yo comí, como dice el nombrecito franchute, con “harta resistencia” porque me imaginaba los del jardín de mi casa, viéndome con sus ojitos en las antenas. Ya el segundo plato, hasta me dieron ganas de darle la “vuelta al ruedo” con un pedacito de croissant porque estaba bien bueno el Chateubriand ese. A esas alturas yo ya cantaba la Marsellesa y todavía faltaba el Fromage que es una charola con quesos de lo más fino –entre más apestosos, más apetecibles- y más vino, por supuesto. Ya para cuando llegaron las Ciruelas al Cognac, yo tomaba prestado el tenedor de la señora de perlitas que me veía de fea forma por platicar con su carrasposo marido. No cabe duda que prefiero los tacos del “Fugi” en donde la única elegancia es levantar la parte trasera del taco y elevar con gracia el dedito meñique, porque, como ya sabemos, en la forma de tomar el taco, se nota el que es tragón.

Esta nota se la dedico con todo respeto a mis amigos franceses cuyo “frañol” es genial y de quienes he aprendido a degustar mil delicias de la cocina francesa.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Propuesta para propósitos de año nuevo

Invariablemente, cuando un año está por comenzar, hacemos nuestros propósitos de año nuevo. De más está decir que son los siguientes: dejar de fumar, comer más sano o de plano, no comer, hacerle caso a mi esposo(a), poner más atención en lo que hacen los hijos o en su defecto, inscribirlos a la clase de violín que tanto hemos anhelado para nosotros... y así por el estilo. Pues basta de falsedades, ahora les propongo algunas cosillas que se me ocurrieron y que tal vez pudieran ser más factibles de realizarse que lo anteriormente expuesto líneas arriba:

1. No hacer nada;
2. Ir al cine solo (a);
3. Comprar una nieve de tres bolitas;
4. Comer más chocolates;
5. Abrir las puertas de par en par;
6. Aprovechar las oportunidades;
7. Dejar a los hijos en paz;
8. Dedicar una semana a un pecado capital diferente;
9. Descubrir nuevos pecados capitales;
10. Aprender a decir que no...
11. ...Pero dar el sí más seguido
12. Por puro placer: comprar esos zapatos,
13. ...ese collar;
14. ...ese libro;
15. Bailar un danzón aunque no sepas;
16. Reír mucho, causa buen efecto;
17. Traer una libretita para apuntar esas cosas que me gustan;
18. Comprar un buen bolígrafo;
19. Preparar un momento de autoapapacho;
20. Leer más y hablar menos;
21. Buscar un minuto de silencio al día;
22. Reportarse enfermo en el trabajo;
23. Ver “esa” película;
24. Menos red y más conversaciones cara a cara;
25. Soñar despierto;
26. Por fin, atreverse;
27. Poner la mente en blanco:
28. Comprar jazmines para el alma...
29. Y flores para tu casa;
30. No tener propósitos... dejar que la vida fluya.

http://http://www.youtube.com/watch?v=0CVB8YSOLK4&feature=related

martes, 29 de diciembre de 2009

Conversando en la cola

Ahora que estamos de vacaciones navideñas es muy común que para todo tengamos que hacer filas o “colas”, como normalmente dicen algunos. Hace poco, me tocó estar en una de las más terribles, tediosas y largas: la de un cine en película de estreno. Estarán de acuerdo conmigo, que en una fila uno no puede platicar de todo así nomás, sin pensar. Por ejemplo, no podemos platicar intimidades de nuestra relación de pareja o criticar a la amiga, porque corremos el riesgo de que el de atrás la conozca, así que nos ponemos a decir tonterías... Los temas más socorridos en una fila, son muy similares a los que se tocan cuando nos quedamos varados en un elevador o el taxista en turno nos saca plática: “-¡Qué frío ha hecho, verdad tú!”... ¡Sí, de pastorela! –contesta el otro. Como decía mi abue, los temas fluctúan entre “Que frío, qué calor, pobres de los ahorcados*”. Pero esta vez, los temas rebasaron la imaginación más pervertida que imaginarse pueda. La plática –no sé por qué extraña razón- deriva en lo apretado que va uno en los camiones de transporte público. Mi acompañante hace un comentario de una vez en que iba en un vagón del metro inmaculadamente vestido y le viene una náusea incontenible que lo hace “poner puesto” dentro de la unidad móvil, bañando a los usuarios con la fétida mezcla del procesado desayuno. Ni tardo ni perezoso, el muchacho de adelante emite una risilla e inmediatamente voltea a ver quién es el protagonista de tan asquerosa anécdota. Y platica la suya, y el otro le contesta con una más intensa... y hagan de cuenta que estamos en un mano a mano al más puro estilo de Pedro Infante y Jorge Negrete. Ya para esto, los cinco de adelante y los cinco de atrás están interesadísimos en el anecdotario compuesto por fluidos corporales a cual más de asquerosos. Comienzo a pensar en un paisaje bonito para no “poner puesto” yo también... me sonrío con la señora de adelante que nos echa una mirada digna de “Terminator”... Observo con beneplácito cómo surge una amistad sincera en la cola del cine... Volteo hacia mi compañero y le espeto en la cara: “¿Te platiqué de que de niña, mi papá me pegaba?”. Silencio. Caras sorprendidas. “Y eso ¿qué?” –me dice el otro- “¡Ayy! –le contesto- pues es que no se me ocurrió otra cosa para cortar la edificante platiquita que se aventaron tú y el amigo ese...” No hay nada como usar la experiencia cinematográfica para cortar de tajo con situaciones bochornosas... Les propongo temas políticamente correctos para las colas en cines, bancos o ferias:

· El tráfico y lo difícil que fue encontrar estacionamiento,
· Soltar toda la agenda del día siguiente;
· La última dieta que nos recomendó la tía Trini;
· La esterilización de nuestro perro o gato;
· Pasarse una receta buenísima de pollo al cazo

Con eso tienen para entretenerse sin caer en temas excéntricos y bochornosos.



*Dicho jalisciense de la época cristera que hace alusión a los cristeros colgados en los postes telegráficos a lo largo de la vía del tren

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Algunas tradiciones navideñas que cambiaría....

Al fin de vacaciones y asistiendo a algunas festividades navideñas, he observado algunas aberraciones características de las tradiciones navideñas y que no puedo evitar mencionar a manera de advertencia y que si fuera posible, las evitaría:

Las “preposadas”: eso no existe, todo buen cristiano que se precie sabe que las posadas comienzan el 16 de diciembre y que éstas duran 9 días culminando el día de Nochebuena, que es cuando los cansados peregrinos llegan para instalarse en su portal. Eso de las preposadas es como el dichoso “precopeo” que nomás sirve para entonarse de manera gratuita...

Pedir posada: esta bella tradición -con la cual estoy totalmente de acuerdo- tiene sus asegunes... el peor y más riesgoso es andar danzando con una velita minúscula entre el índice y el pulgar, una luz de bengala en la mano izquierda y la letra del canto tradicional –que a estas alturas ya todo mundo se debería saber, pero que pasa como el Himno Nacional, que todo mundo se sabe el primer verso y el estribillo y ya- anclado en el dedo anular y el meñique de la mano derecha... normalmente uno se quema los dedos, le quemas el pelo al de adelante y te queman los de atrás.... los cantantes, se entiende;

Los intercambios de regalos: se supone que esta práctica tradición nace de la iniciativa de algún codo de la oficina que decidió que no podía ser dadivoso con todo mundo, así que para quedar bien y poco gastado, organiza los papelitos y los reparte entre todos, quiérase o no entrarle al evento institucional. Durante diez días tiene una que dejar “regalitos misteriosos” en el escritorio del “amigo secreto”, los cuales consisten en unas papas fritas, un chocolate cremoso de coco o una paleta con centro de chicle y emotivos mensajitos tales como: “felicidades”, “Te quiero mil”; “XoXoXo” (que según entiendo, son besos y abrazos). Posterior a esto, se organiza reunión en casa de algún entusiasta. La cuota se fija entre los cien y doscientos pesos, pero nunca falta el que compra el presente amistoso en “Tocho de a Cinco” y lleva de regalo un espejito-peine-labial o un porta celular de peluche o un juego de damas y palillos chinos, los cuales son bienvenidos por el receptor para jugar al vudú con el obsequiante –en sus más dulces sueños-;

El beso al Niño Dios: Se acuesta al Niño en un lecho de colaciones –de esas de rajita de naranja en el centro y que saben a puro azúcar rancio- y luego de emotiva sesión de oraciones y canciones de cuna, se rola a la criatura para que todos presenten sus respetos mediante un “besito”, lo cual le da a uno el derecho de tomar de la charola un puño de colaciones. De más está decir que al último de la fila le llega el Niño todo besuquiado y la merma de la colación. Yo siempre me fijo en dónde lo besan... no vaya a ser que me dé la influenza...

La piñata de cartón: Sí, lo sé, las piñatas con alma de jarro son muy caras, pero no hay nada como romper el cántaro y lanzarse sobre el lecho de tepalcates y dulces... que sienta el cuerpo lo que recibe, que finalmente el rollo debe ser catártico y que invite al desfogue....

Las canciones tradicionales: En mis no muy lejanos años de tierna infancia, al romper la piñata se cantaba la clásica canción de “Dale, dale, dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino...” y se completaba con el “Ándale Juana no te dilates con la canasta de los cacahuates”. Ahora se canta una versión que habla de un “Conejo Blas” que seguro tiene una cara horrible porque amenazan con tener la cara de él...

Por lo pronto, les deseo felices fiestas y un año de lo mejor....