viernes, 24 de julio de 2009

Paris Hilton en la Huasteca


Me confieso flor de asfalto, rata de ciudad. Ya en entregas pasadas les he platicado sobre los avatares sufridos en días de campo, campamentos y comidas de corte bucólico. Nunca he entendido a las personas que, viviendo en la ciudad con las comodidades que esto conlleva dicen: “¡Ah, el campo! ¡Cómo me gusta respirar aire fresco; escuchar el rumor del viento entre las hojas de los árboles! No me identifico para nada con los poemas de Othón y no entiendo las odas y madrigales a los árboles... mucho menos me gusta la pintura paisajista; prefiero mil veces el asfalto, el concreto caliente y el ruido de los autos transitando bajo mi ventana. Algunos, al leer estas líneas se preguntarán si me caí de chiquita, pero –como dice mi madre “todo tiene su porque y su por donde”-. A continuación relato una de tantas experiencias que me ha obligado, con conocimiento de causa, a caer en el horrible vicio del ruido y el smog:

Boda de rancho: siempre tenemos una amiga (o) o conocido que tiene su ombligo enterrado en risueño pueblecillo perteneciente a alguna remota cabecera municipal. Te invita a la boda de su hermana: te preparas mentalmente para el traslado, llevando, por supuesto, la maleta llena de cosas inútiles como maquillaje, secadora y zapatillas de 20 cm de alto. Llegas al albergue asignado por la amable amiga –que normalmente es el único hotel del pueblo y que tiene el sugerente y rimbombante nombre de “Irigoyen Inn” o cualquier nombre de santo- y te dan unas llaves colgadas de un llavero con un alacrán encapsulado que incluye la leyenda: “Visite Tampico”. Pasas al cuarto asignado, el cual está amueblado con una cama con cabecera de madera laqueada en café y visos dorados, una silla tubular y una especie de buró-tocador-mesa que no sirve para ninguna de las tres cosas. Hacen 50° a la sombra, pero no hay de qué preocuparse: la estancia cuenta con abanico de dos velocidades, una de las cuales no funciona. Si se les olvida la chancla de hule para bañarse en una ducha con aplanado de cemento color verde pistache, recomiendo cubrirse los pies con bolsas de plástico. El “closet” es un tubo de aluminio, no hay ganchos y por supuesto, todo esto tapado con una cortina pringosa con estampados de Winnie Poo. El espejo muestra, con un poco de imaginación, la división geográfica del continente africano. Finalmente, sales a la calle con lo poco que pudiste hacer por ti en esas condiciones: te das cuenta que todas las calles son de terracería y acaba de llover. Lloras por tus zapatos. Lloras por ti. Maldices a tu amiga. Y ya no narro lo que pasa con el maquillaje y el peinado alto porque es demasiado fuerte.

Algunas recomendaciones al calce:

1. Lleven dentro de una bolsa, chancla cómoda con aplicaciones de lentejuela, una nunca sabe los caminos por los que hemos de transitar;
2. Si son de pelo grifo y chino no tienten a la suerte: un poco de gel y secado al viento, no queda de otra;
3. Ir con actitud ante lo impredecible: pueden encontrar un alacrán en su bolso, climas extremos y que sólo haya de beber cerveza y cocas al tiempo;
4. Llevar SIEMPRE un rollo de papel de baño. No les contaré cuántas veces clamé al cielo por él;
5. Si no queda remedio, ofrecer todos estos sacrificios al niñito Jesús, quien quite y sacan un ánima del purgatorio.


Esta nota se la dedico a todas mis amigas de la Huasteca, que de muy buena fe me invitaron durante un buen tiempo a quince años, presentaciones al templo, coronaciones de reinas del club de Leones, tardeadas y bodas. Como dice mi hermana: si no hay helipuerto y un Hilton en Tamasopo, yo no voy.

sábado, 18 de julio de 2009

El hombre en la luna

La respuesta a la pregunta ¿Qué quieren las mujeres? Ni Freud la pudo contestar. Pero hete aquí que el padre del psicoanálisis no tuvo la oportunidad de conocer las delicias de la red. Por este medio, nos llegan un gran número de frases, sentencias, reflexiones y decretos que las mujeres de cualquier edad deberíamos de seguir. Desde ponte el sombrero rojo, hasta éstos que TT le mandó a un amigo y que seguramente ya conocerán:


LOS 5 SECRETOS DE UNA MUJER FELIZ.
1. Es importante encontrar a un hombre que comparta contigo la responsabilidad y las tareas del hogar y que tenga un buen trabajo.

2. Es importante encontrar a un hombre alegre, que disfrute el baile, los paseos y que te haga reír.

3. Es importante encontrar a un hombre tierno de quien se pueda depender afectivamente sin que por ello te subordine y además, que no mienta.

4. Es importante encontrar a un hombre que sea buen amante y que adore tener sexo contigo.

5. Es muy, pero muy muy importante, que estos 4 hombres no se conozcan entre sí.


REFLEXIONES:

La antigua teoría era: 'Cásate con un hombre mayor, porque son maduros'.Pero la nueva teoría es: 'Los hombres no maduran, cásate con quien te dé la gana'. (Rita Rudner).


¿Cómo puedes saber la diferencia entre los verdaderos regalos de los hombres y los regalos por sus sentimientos de culpabilidad?Los segundos son más bonitos.

'Lo que teme un hombre cuando piensa en el matrimonio no es atarse a una mujer, sino separarse de todas las demás' (Ellen Rowland).

'Si un hombre te dice que necesita espacio, déjalo afuera'.


'Las mujeres que buscan ser iguales a los hombres carecen de ambición'. (Timothy Leary)

Las mujeres solteras se quejan de que los tipos buenos están casados. Las mujeres casadas se quejan de sus maridos. Moraleja: Los tipos buenos no existen.

¿En qué se parece un hombre a un columpio?... En que al principio divierte, pero al final marea.

Si pudimos enviar a un hombre a la luna... ¿por qué no enviarlos a todos?

domingo, 12 de julio de 2009

Hombres y mujeres de luz

Mi escepticismo no tiene límites. A lo largo de mi vida he tenido una serie de amuletos que han regido mi vida y ahora, con conocimiento de causa, puedo decir que son como el palito que necesitaba el patito para poder nadar sin miedo a ahogarse. De los primeros que recuerdo, está el famoso “¡Detente...!”. Para las almas impías que no conocen los “detentes” les dirá que es una pequeña estampita hecha de fieltro o papel, con la imagen impresa del Sagrado Corazón de un lado y del otro, el corazón de Jesús coronado de espinas. Se llama “detente” porque la frasecita completa dice: ¡Detente! El corazón de Jesús está conmigo”. Además, el portador de este amuleto, se lleva cien días de no transitar por el purgatorio, así que es de lo más efectivo. Yo traigo varias versiones en mi cartera, con la esperanza de pasar desapercibida para ladrones y malos hombres. También traigo un trébol de cuatro hojas que me regalaron, para que el “Detente” agarre fuerza... He traído flores tocadas al Santo Sepulcro, espinas en forma de la cruz de Cristo; astillas de la mencionada cruz; estampitas de San Judas, ojos de venado para el mal de ojo; jorobaditos... y ahora ando a la búsqueda del “Orión Dorado” que se anuncia en la radio por un santo varón, hombre de luz, que amasa fabulosas cantidades de dinero con él, porque asegura, es protector de las almas desvalidas. Mi casa la tengo armonizada con las reglas básicas del Feng Shui y lo escogí por la orientación que tenía; jamás pongo espejos que dan a las puertas y cambio los muebles a cada rato para que fluya la energía; no tengo cactus porque cortan las vibras positivas y me visto seguido de rojo para atraer energía y funcionar por la vida. Rijo mi vida por el horóscopo que sale en el periódico cada mañana aunque no le entienda nada o lea lo mismo pero bajo el signo de Leo; pero además conozco mi signo en el horóscopo maya, chino y celta; tengo ajos colgados a la entrada de mi casa para alejar a los vampiros; pero además, guardo en el fondo de mi ropero a la “Divina Chuparrosa” que concede amor a quien se lo pida; mi llavero es una pata de conejo, que a veces cambio por una herradura; mi sábila está decorada con doscientos moñitos rojos que le dan un aspecto de flor exótica; colecciono bolas de cristal para que se refleje la mala energía y un tierno gatito chino con la garra levantada, adorna mi tocador. Cada vez que enciendo mi computadora, corre un programa que emula el lanzamiento de las monedas del I Ching e interpreto su oráculo a mis conveniencias; toco madera, no abro paraguas adentro de mi casa y, ¡Jamás! Paso por debajo de una escalera. En fin de año, invierto dos horas de la fiesta en sacar las maletas y dar la vuelta a la cuadra de mi colonia; barro lentejas, me retaco las doce uvas de la felicidad al son de las campanadas de mi celular pensando al mismo tiempo doce deseos que siempre han sido los mismos; uso chones rojos con amarillo pero al revés porque dicen que eso trae consigo tener ropa nueva durante el año (¡Dios mío! Que me entere de las superofertas del centro comercial... ¡No me desampares!). Le llevé huevos a Santa Clara para que no lloviera en mi boda, pero no surtió efecto, seguramente porque comí de las cazuelas de casa de mi madre; algo robado, antiguo y regalado fueron cosas que me costó trabajo encontrar y después me arrepentí de no haberle pisado la cola a un gato, porque dicen que si lo haces, no te casas... Aquí les pongo una lista de cosas que deben o no hacer, según el caso, porque soy muy compartida y no quiero que nada malo les pase:


DE BUENA SUERTE
Conservar un dólar en la cartera, que además tenga forma de pirámide, le traerá mucho dinero.
Colocar elefantes de espalda a la puerta en números impares, atraerá buenas cosas para los habitantes de la casa.
Cuando se siente picazón en la palma derecha de la mano, eso significa que pronto se recibirá dinero.
Al colocarse mal una o ambas medias debe dejarlas así hasta las 12 minutos, pues esto le traerá suerte
Tocar madera cada vez que se expresa un deseo, hará que éste se cumpla.
A quien se corte las uñas los lunes, nunca le dolerán las muelas.

DE MALA SUERTE
Sentarse encima de las mesas trae como consecuencia el rechazo de proyectos.
Para evitar visitas no deseadas se debe colocar una escoba detrás de la puerta, pero, si por el contrario ya éstas han hecho acto de presencia, se debe colocar un vaso con agua tapado con un plato, para que se retiren cuanto antes.
La ruptura de un espejo es símbolo de siete años de mala suerte.
Abrir sombrillas dentro de una casa o apartamento, trae mala suerte.
Cuando una persona sale de viaje, no debe regresarse a buscar algo que se le haya olvidado, puesto que esto vaticina mal agüero.
Regalar pañuelos, trae a la persona que los recibe muchas lágrimas, sufrimientos y peleas.
Colocar dos cucharas cruzadas, con un poco de sal en sus extremos, aleja las nubes cuando va a llover.
Nunca deben dejarse las tijeras con las cuchillas abiertas, ya que esto trae hambre y miseria.
Barrer los lunes por la mañana trae mala suerte.

VARIOS
El que se baña el jueves o viernes santo se convierte en pez.
Si se le para una mosca en la nariz, recibirá una carta.
Cuando una tara entra a una casa, significa que pronto habrá una muerte.
Las personas que tienen los dientes separados son mentirosas.
La ropa negra atrae luto.
Cuando sueñe un sábado, todo se le cumplirá.
El que pase por un puente después de haber tomado una copa, se emborrachará.
A las personas que les suda la nariz son muy celosas.
Las manchas blancas en medio de las uñas significan mentiras que se han dicho.
Las personas que tengan un lunar cerca de la boca quedarán viudas.

Esta nota se la dedico a mi hermana, que es una mujer de luz: le toca prender la fuente de la felicidad y el fuego de la prosperidad todos los días en su oficina.

jueves, 9 de julio de 2009

El arte de ser una joven encantadora I

Entre los cientos de libros que inundan mi espacio, encontré uno que me remitió una vez más a mis mocedades, más cercanas que lejanas, aclaro. Un buen día me dio por coleccionar libros según su grado de cursilería, porque yo, no soy ruda, me declaro absolutamente cursi. El libro del que les escribo se llama “El arte de ser una joven encantadora”. Editado en 1953 por la editorial Fénix. Raro, no tiene autor que lo firme, por más que lo busqué. Cuando me puse a leerlo nuevamente, me di cuenta de que la autora –porque esto sólo lo pudo escribir una mujer- era una especie de doctora corazón, de esas que contestan cartas en las revistas femeninas o en la parte trasera de las fotonovelas. Cito los temas: “Recetas de belleza”; “A los veinte años”; “Saber ignorar lo que se sabe”; “La poesía del hogar”; “Sobre el flirt”; “La danza”; “Perfiles perdidos”; “Aquellas que trabajan”; “Las que lo merecen”; “Las solteronas”; “El arte de ser soltera”... y así un gran número de sugestivos tópicos a cual más de cursis. Utilizando el lenguaje de nuestra simpática autora les pregunto: ¿Verdad queridas damitas, que la curiosidad invade vuestras pequeñas cabecitas? Lo sé. Así que durante un tiempecillo me daré a la tarea de ponerles unos extractos de tan magnífica guía espiritual, para que las casadas agraden más al marido y las solteras no se queden “para vestir santos”, casi lo siento como un compromiso moral. A continuación cito un extracto de la introducción para entrar en materia y seleccionaré un tema al azar –con comentarios de mi cosecha- para beneplácito de mis lectores:

“Mis jóvenes amigas: ¿no es de buen augurio el comenzar nuestras charlas bajo los auspicios del “Hada Primavera”? Esa es una encantadora sorpresa que me ha reservado vuestra primera carta, la primera de esas tan simpáticas y tan diversas [...]”

LA DANZA
Ya os previne, mis queridas amigas, que hablaríamos de todo, de danzas como de estudios. La danza, palabra de encanto para la juventud, es una cosa linda y realmente hermosa... cuando lo quiere ser; pues no debéis ignorar que algunas veces se muestra desprovista de todo arte y hasta de toda decencia. [...] Por eso es que hay danza, como hay chocolate y chocolate. Danzas hay que son pura calidad y no hacen daño a la moral ni al físico, como hay otras, de calidad inferior que envenenan poco a poco, (SEGURO LO DICE POR EL DANZÓN Y DEMÁS RITMOS SICALÍPTICOS) igual que el chocolate malo deteriora el hígado y el estómago.

[...] ¿Acaso es más artística la forma en que se baila hoy? Todas las parejas atentas a los compases que reclaman su atención, están serias y graves o arrastradas por la vorágine de una conga parecen locos poseídos de risa y movimientos histéricos y salvajes entregados a los ritmos groseros de sus dioses. [...] Con todo, cualquiera que sea la forma de bailar, hay dos secretos para sacarle el mayor provecho, siempre ajustándose a las reglas del arte y la moral. Yo os lo ofrezco: el primero es la forma; el segundo es el límite.

Con estas dos premisas, creedlo, salváis vuestra moral y los censores no tienen motivos para desprestigiaros. Tened, pues, la gracia de hacéroslas vuestras estas dos fórmulas y el valor de no olvidarlas nunca. ¿Os reís contentas?... Entonces, ¡Bailad ahora!”.

Esto me recuerda los consejos de las monjitas cuando nos decía que teníamos que bailar a “un brazo de distancia”. Cuando quieran les presto el libro.

domingo, 5 de julio de 2009

Los encaminadores de almas....

No es una secta religiosa. No es un grupo musical. Simplemente, hay personas que no soportan vernos solos. Es como un reto para ellas invertir su tiempo en pastorear almas perdidas. Para que mejor me entiendan, una persona encaminadora de almas es una suerte de Celestina pero posmoderna. La persona con vocación de encaminador, como su nombre lo indica, trata a toda costa de encontrarle pareja a uno, no importa con quién ni los medios de los cuales se valga para conseguirlo. Normalmente te hablan por teléfono y dicen: “Amiga, te tengo un prospecto de sueño. Imagina, es ingeniero en mecatrónica (¿!!?), superexistoso, director de la empresa donde trabaja; tiene un auto de ensueño, se viste bien, le gusta leer, el cine y huele rico”. Como el ser humano es más curioso que sensato, nos entra la curiosidad por conocer a semejante partido, haciendo caso omiso a nuestra infalible intuición... Y ahí vamos, a la dichosa cita “a ciegas” –porque nos encanta despejar la “X”. Existen varias situaciones, todas ellas muy elaboradas, para organizar la cita a ciegas:

1. Se quedan de ver en una fiesta de un amigo(a) común. Tú vas con tu encaminadora del brazo, ella siempre cuchicheando al oído lo maravilloso que es el galán, porque le gusta el cine como a ti. Lo observan de lejos, y como que no quiere la cosa te acercas y lo conoces. Cuando comienza a platicar, te das cuenta que el cine que le gusta es el de Jean Claude...
2. Te quedas de ver con X en céntrico restaurante y cuando llegas, te das cuenta de que ya lo conoces y desde hace mucho que te cae mal y es hermano de una amiga a la que le bajaste el novio;
3. Las parejas de matrimonios que te invitan a cenar, vas sola... y cuando llegas te tienen la “sorpresa” de que invitaron al sobrino de 52 años que no se ha casado... lo cual te hace dudar del por qué de tal situación... cuando abre la boca para platicar brotan de ella palabras inconexas y además tiene un chisguete de voz... lo comprendes todo.
4. Cuando vas a ir a una boda y no tienes pareja, tus amigos amablemente ofrece: “Si quieres te presentamos a un amigo”... Una punzada recorre la boca de tu estómago, sudas frío y piensas que los procesos de selección natural no aplican para ti... eso le destruye la autoestima a cualquiera, caray;
5. Cuando la misma pareja, que no ha recapacitado en su proceder, te dice: “Ahora si tenemos a la pareja ideal para ti”. Vuelves a caer, porque como dije, el morbo mata todo, y se repite la misma historia del punto cuatro, pero ahora recargada: resulta que el amigo es “gay” y se acaba de dar cuenta... Y llega todo feliz a la cena para comunicar la buena noticia....

Bueno, estas son algunas de las situaciones que me han platicado, sufrieron algunas de mis conocidos. La pregunta entonces sería cómo librarse de una encaminadora de almas, que es peor aún que cualquier pareja conocida a través suyo. He aquí algunos consejillos que la sabiduría popular me susurró al oído:

1. No contradecir al encaminador. Cualquier argumento contrario a sus deseos es totalmente vano. Lo mejor es resignarse y decirle “que sí, que como no, que cuándo y a qué hora”;
2. Ir con la menor expectativa posible: ya se sabe que la esperanza muere al último, y después de ella le seguirá nuestra Celestina, así que no hay problema, quien quite y...;
3. Lo más seguro es que la encaminadora se sienta la “madrina” de la relación y presuma a todos que tu felicidad se la debes a ella; evitar en la medida de lo posible darle detalles de ésta, pues como será uno de sus máximos logros en la vida, no dejará que nada malo pueda sucederles a sus “ahijados”;
4. La próxima vez que una encaminadora de almas tome la estafeta para conseguirte pareja, regálale un curso completo de inglés por correspondencia o dile que mejor se inscriba en alguna clase vespertina: macetas de macramé, tejido, bordado en lentejuela, peluches para infantes... entre más complejo y largo el curso, mejor ;
5. Si pronuncia las terribles palabras “tengo justo un amigo para ti”, le dices que qué bueno, que justo andas buscando con quién sustituir su presencia en tu vida...a ver qué le parece el cambalache;
6. Si te pregunta: “Y, ¿todavía sigues sola?”, te le quedas viendo fijamente, le cierras un ojo en señal de complicidad y le contestas: ¿Crees que esta reina iba a durar sola mucho tiempo? Eso la frustrará, pero dejará de molestar.
A todos los que en algún momento hemos tomado el papel de encaminador de almas: por favor dejemos a la selección natural los hechos: es poco probable que se equivoque.

viernes, 26 de junio de 2009

Obituario

Este blog se une a la pena que embarga a todas las almas ochenteras por la pérdida de Michel Jackson y la actriz Farrah Fawcett, aunque me confieso más seguidora de la segunda que del primero. El pelo que todas envidiamos, el shampoo que todas compramos y con el que nos desengañamos al ver que JAMÁS podríamos tener el pelo así, a menos, claro, que lo sometieramos con las tenazas y la pistola de aire caliente Vidal Sasoon... A quienes envidiamos los 100 dientes de arriba y de abajo de la güerita y a quienes tenían en su ropero un guante lentejueliado, calcetin blanco y choclo negro y se sabía el pasito para atrás del quiasi blanco Michel... mi más sentido pésame. La Rima

martes, 23 de junio de 2009

La víbora sutil

Una amiga de la hermana de otra amiga me estaba contando que existen personas que pueden ser clasificadas como “víboras sutiles”. Las víboras sutiles pueden ser definidas como aquellas mujeres que navegan por la vida con cara de “matalascallando”, ojos de mirada ingenua, vocecilla melosa y casi inaudible y vestir sofisticado. En el navegar de la vida, tenemos que jugar varios papeles, como todos sabemos. Pero el de “víbora sutil” es el más difícil de dominar. Desde pequeñas nos han dicho que tenemos que ser buenas niñas, modositas, no decir malas palabras, bajar la mirada ante imágenes inconvenientes y decir a casi todo que sí. Pues no. Esta amiga me refiere varios consejillos sobre cómo lograr ser una víbora sutil. Y aunque parezca sacado un texto sacado del Cosmopolitan, aquí se los voy a poner, porque no me puedo ir a la tumba guardando tamaño secreto:

1.Ir por la vida como flotando; hacer pensar a la gente que somos medio despistadas y que ni cuenta nos damos de lo que pasa a nuestro alrededor, pero en realidad, incrementar nuestro poder de observación;
2.Como la Virgen María: guardar todo lo que sucede en el fondo de nuestro corazón... y de nuestro cerebro, que es la parte más importante;
3. Siempre medir al otro: obsérvalo desde tu trinchera: que dice, con quien se junta, cómo se viste, en dónde vive, qué clase de cosas le gustan y cuál es su punto débil;
4. Es importante pasar lo más desapercibida posible: no exagerar en amabilidad y muestras de cariño, porque levantamos sospechas...
5.Incrementar el poder de controlar lo que uno dice: si son mentiras, no olvidar qué dijimos, porque ahí es dónde nos pueden agarrar in fraganti;

Como podrán observar, es toda una estrategia lo que mi amiga afirma, pero a ella le ha dado resultado navegar así por la vida... su índice de maldad no tiene límites pero creo que en parte tiene razón... ser buenitas todo el tiempo hasta resulta aburrido. ¿Qué opinan ustedes?

viernes, 19 de junio de 2009

Tarde pero sin sueño

Lo sé. Un mes sin escribir. Un mes sin saber de mí. Es duro, pero así es. Estuve de parranda, estuve cambiando mi vida y mi maleta para otros confines mucho más amplios y por lo tanto, más seguros. En esta ocasión debo decir, pondré todo aquello que aprendí en esto de los cambios radicales. Aprendí...

Que cuento con más amigos de los que imaginé tener;
Que los que no pensaba que me ayudaran, estuvieron ahí;
Aprendí a pedir ayuda y a recibirla sin pensar que debía retribuirla;
Sólo el simple hecho de que alguien llamara para saber qué se me ofrecía, ya era gratificante;
Que fui capaz de hacer cosas que sólo yo ponía en duda:
Que es cierto lo que dicen: la felicidad es una construcción que sólo uno se puede otorgar;
Que siempre hubo alguien dispuesto a cargar conmigo mi pesada losa;
Que la familia y los amigos nos alimentan y nos hacen leve la vida;
Que los que me aman, se alegraron por mí;
Que los que no saben, también;
Que encontré nuevos amigos que estuvieron dispuestos a seguirme el paso;
Que los reencuentros siempre son hermosos;
Que vale la pena hacer las cosas bien y de buenas...

A todos, todos los que estuvieron junto a mí y entendieron, aceptaron, se resignaron, me echaron porras y me hicieron dulces todos esos momentos: la palabra gracias no me alcanza, como siempre, será insuficiente para derramar sobre ustedes toda mi gratitud. Y de aquí en adelante... seguiremos. Rima.

sábado, 23 de mayo de 2009

I Google

Lo malo de pasarle mi teléfono celular a todos es que luego recibo mensajitos. Y no es que me moleste recibir mensajitos, eso es muy bueno y reconfortante, pero luego recibe una cada cosa... me explico. Alguien por ahí pensó que yo era una especie de oráculo de Delfos posmoderno. Entonces, los poseedores de mi número piensan ante una situación en la que tienen que discernir: “¡Ah! ¡Ya sé! Le voy a mandar un mensajito a la Rima pa’ preguntarle”. Y se arrancan escribiendo en el lenguaje ininteligible que ya he platicado a “redactar” preguntas como estas:

“Oye, Si tengo un minidisco y lo meto en mi compu ¿Luego lo expulsara?”
“¿A cómo están los cables USB para conectar mi impresora?
“¿Dónde compro crémor tártaro?”
Si limpio una plumilla de caligrafía con thinner ¿Se deshace?
¿No tienes un remedio para quitar las manchas de mostaza de una blusa blanca?
¿A cómo está ahorita un Cd?
¿Se puede grabar un disco por partes?
¿Me puedes decir dónde busco la vida y obra de Miguel de Unamuno?
¿Cuál es la ruta de transporte que me lleva a la colonia Héroe de Nacosari? (Ni siquiera sé de una colonia que se llame así)

Y así, por el estilo. Esto me hace recordar también la serie de preguntas y comentarios en situaciones que nos dice la gente, ignoro si es por nervios, porque les intimida platicar contigo o por hacerse solidarios:

Cuando te caes: ¿Qué te pasó? ¿Te caíste?
Cuando pierdes algo: Pero, ¿En dónde?
Cuando te roban: Pero, ¿No te volaron nada de valor, verdad?
Cuando piensas en musarañas y la inseguridad hace presa del otro: ¿En qué estás pensando?
Cuando estás viendo una película de muestra: Entonces ¿El chinito era travestí?
Una mamá a la familia: ¿Qué quieren de cenar?
Niño chillando por un juguete: ¿No quieres mejor una paleta enchilada?
Después de 15 años de matrimonio ¿Todavía me amas?
Cuando sufres una pérdida: ¿Cómo estás?
Cuando chocas: Pues ¿Qué no te fijaste?
Cuando te ven: ¿Todavía no te vas?
Cuando llaman al teléfono de tu casa ¿Dónde estás?

Pero se agradece el interés y la confianza, eso que ni qué.

domingo, 17 de mayo de 2009

Reglas de etiqueta por Messenger

Hace muchos, pero muchos años existían las caricaturas de los Supersónicos. La familia Sónico poseía en su hogar la tecnología de punta para tener una vida cómoda y feliz. Cómo olvidar a Robotina y su eficacia en cuestiones del hogar. Pero lo que a mí más me gustaba era el teléfono que tenían: una gran pantalla en donde aparecía el interlocutor en grande y a todo color. Esa tecnología ya está entre nosotros y sólo tuvimos que esperar treinta años aproximadamente. De todos es sabido que ahora existe el famoso “chat”. Este sistema de comunicación consiste en una pantallita en donde, por medio de una dirección de correo electrónico, podemos entablar comunicación escrita o hablada con nuestros amigos o conocidos. Pero hete aquí, que para generaciones de la mía para arriba, este medio de comunicación resulta complejísimo en cuanto a reglas de etiqueta se refiere. Me explico: a mi todavía me tocó escribir cartas de a de veras, de esas en papel “de escribir” en donde uno ponía la fecha mero arriba y a la derecha y luego empezaba uno con la ya conocida fórmula “Estimada..., Querida...” o como fuera que nos gustara empezar las cartas. Luego venía el desarrollo del tema en cuestión, para finalmente despedirnos con un “esperando una pronto respuesta de tu parte, se despide, atentamente...” o ya en el colmo del cariño “recibe todo mi amor, besitos de...” o como fuera que les gustase acabar el epistolario.

Ahora no nos escribimos cartas sino e-mails y eso, si nos dan ganas, porque el MSN es la solución inmediata al recado rápido o a la platiquita sabrosa. Pero de la plática en esta pantallita se suscitan muchísimas situaciones que han dado al traste con amistades, matrimonios y relaciones en ciernes. He aquí algunos ejemplos –en cuanto a la plática escrita- de lo que aquí afirmo:

1. Si bien nos va, comenzamos con un alegre “¡qué onda wwweeee! O el ya conocido ¡Amiguiiiii! De la fecha, ni nos acordamos...
2. De acuerdo a la agilidad digital que poseamos seremos capaces de mantener esa amistad entre nosotros: resulta que las que llevamos taquimeca en la secundaria somos realmente rápidas para escribir y nuestro interlocutor puede ser que escriba de dedito, entonces el rollo escrito comienza a subir a velocidad vertiginosa y cuando acordamos ya transcurrieron cinco temas diferentes, lo que confunde e indigna al que está al otro lado de la pantalla; esto se deriva en nulas o malas interpretaciones y desencadena furia incontenible y frustración total por parte de ambos escribas;
3. Los emoticonos, tema escabroso y lleno de misterio: resulta que estos pequeños seres digitales supuestamente sirven para describir emociones, situaciones, invitaciones, propuestas indecorosas, estados físicos y sentimientos encontrados. Si usted ve un chat adolescente, lo más seguro es que jamás sepa qué demonios están platicando sus hijos con el amigui, porque los jeroglíficos ahí expuestos no los descifra ni Champoleón;
4. Otro problema con los iconos: a uno le encantan, son simpatiquísimos, pero tienen unos nombres encriptados que nadie entiende, cosas como: jiji, juju, asco, holis, ciao, byby o números como 345jiji... Llegado el momento de querer aplicarlos, nos acordamos de uno buenísimo que expresaría todo lo que queremos decir. En ese momento, nos vamos a la galería de monillos, lo buscamos en una resolución de 3 x 3 pixeles y cuando finalmente lo encontramos, nuestra amiga(o) ya nos está platicando lo caro que está el jitomate en estos tiempos de carestía... frustración total y luego nos preguntan que porqué pusimos ese monillo tan triste, que no es para tanto lo del jitomate....
5. Como hay de todo en la viña del emoticon, existen los monillos porno, éstos normalmente tienen nombres dificilillos, pero hay quienes se los cambian por otro más fácil... ¡Cuidado! porque podemos mandar monillos tres equis a quien no corresponde... esto me lo platicó un amigo de una prima de una amiga... la Rima no hace esas cosas;
6. De repente, por distracción, porque le llaman a una, porque se requiere de ir a la Toilette o a atender cualquier otra circunstancia, nos dejan colgados sin más... y ahí estamos, esperando a que el otro nos conteste y nada... ni por el cambio regresan... eso es indignante, descortés pero así es, son las nuevas reglas de “cortesía” del msn;
7. Podemos ponernos en estados de animación suspendida como “desconectado”, “ausente”, “ocupado” o “disponible”, pero nadieeee usa esos estados de manera real, de todos modos o te invaden las conversaciones o tú invades la de otros;
8. Si estás esperando a que ese “alguien” tan especial se conecte, ya te fue mal; el estado de ansiedad que provoca asomarse a la ventanita de contactos cada dos segundos para ver si el susodicho está conectado, puede acabar con los nervios del más templado. En mis tiempos se usaba contemplar el teléfono y decir: “suena... suena... suena”;
9. Si te pones en estado disponible, todo mundo se conecta contigo, excepto con quien quieres platicar;
10. El lenguaje escrito ha cambiado radicalmente en aras de otorgar rapidez a los que no estudiaron taquimeca, entonces escriben textos como el siguiente:

*Oii dspErtE cOn akEiia claRiidad dEl zOol Qe entrba pOr mi Ventana, abRii miiz Ojoz cuandO de prOntO eSe rAiitO de zOl briillanTe pegOo en mi rOztrO aun azii Zegi durmiendO pOr un ratOp maz ...al ratiitO desperte pEnzandOo qE Oi Speraba qE fOera un dia genEal .. dejandO de ladOo el qE nO abrria pOdidO dOrmiir pOr ztarte PenzaandOo y mas aun zOñandOthe cAdaaa iinzthantE... zin mEnziiOnar a ese aniimal zEr viivO iiamadO mOzca qE nO maz nO me dejO dOrmiir, zumBee ii zumBEee... trAte de MatarrlOo perO el zOeñO Qe me invadiia era maz fuertee QE miiz prOpiiaz fuerzazz... perO ezO nO bazthO parA dEjar de zOñarte ni un instante... tE extrañOo

Me quedo sin palabras al ver este tipo de escritos; se requiere de una combinación entre capacidad de dominio de mayúsculas y minúsculas, agilidad mental y efervescencia digital, los reto a descifrar esto... escribirlo... imposible para los de mi generación. Así, que ni se sientan, ni sigan con reglas de ortografía... lamento informarles que... Carreño ha muerto.

P.D. Agradezco profundamente la colaboración de mi alumna CC por el texto mandado por mensajero, lo publico con su venia. Gracias C.

sábado, 9 de mayo de 2009

Madre, palabra sublime, cariño sin par....

Bueno como es día de las jechus, el mejor homenaje que le puedo hacer a la mía es platicar todo lo que hacemos los 10 de mayo de cada año. En principio, he de decir que mi madre odia literalmente el dichoso día. La razón: dice que ella no puede poner cara de mujer mártir mexicana que espera que le regalen la consabida licuadora. En principio, si hay que regalarle a la madre algo pues que se ponga, se unte, se lea, se escuche o se coma. Siguiendo estos principios, el éxito del buen hijo está asegurado. Bueno, pues mi madre me festeja a mí y a mis hermanos, porque sabiamente afirma que sin nosotros no hubiera sido madre, aunque yo siempre le preparo lo siguiente, son pequeños consejos que sé los harán muy felices. Y por supuesto, quedarán bien y poco gastados:

1. Venden unas flores de plástico monísimas en el mercado: las hay en varias presentaciones y envueltas en celofán, por lo que duran hasta que se mosquean;
2. Un acróstico nunca falla: para las mamás que se llaman María Guadalupe o Carmelitas, la inspiración fluye, a mi me sale barato, se llama igual que yo así que no batallo, nomás cuatro renglones;
3. Existen en el mercado recopilaciones de canciones para tal efecto. Le pueden comprar un disco con las melodías más lacrimógenas jamás creadas: Madrecita, en la voz del Príncipe de la Canción; Amor Eterno, con JuanGa, esa no falla; o la de Sandro de América, que si no lloran es que no tienen corazón;
4. Pueden preparar “El Brindis del Bohemio” que ya ven que es de rigor y siempre saca lágrima segura;
5. En las tiendas “de ocasión” venden unos diplomas que dicen: “A la mejor mamá” o “Madre, sólo hay una”, lo enmarcan y listo, le dan su diplomita;
6. Un bailable: para que se acuerde de los festivales a los que nos acompañó de pequeñas: puede ser “El Rascapetate”, o alguno flamenco;
7. Un portapañuelos decorado con sopa de letra, caracolitos o cualquier pasta. También pueden decorar una botella con diamantina y meten un pergamino enrollado con el significado de su nombre;
Y ahora la disculpa: la verdad me niego a ser parte de este tinglado mercadológico y si alguna cosa le tengo que agradecer a mi madre es su sensatez, buen humor, apoyo incondicional con la sarta de tontería que hago y que me haya inculcado que la festejara el día del niño. ¡Feliz día del niño mamá!

jueves, 30 de abril de 2009

El amor en los tiempos de “Influencia”

Bueno, pues como ahora tengo vacaciones obligadas, o como dice un amigo: todos los días serán domingo durante la próxima semana, he aquí mis comentarios, no sin una chispa de humor negro, como suelo, ustedes disculpen...

1. Los potosinos, dificilitos de por sí para saludar, ahora andamos peor: con tapabocas y lente oscuro ni quien nos haga el menor caso... eso si salen, claro;
2. La creatividad a flor de piel: tapabocas en presentaciones fashion o retro... buena idea para los diseñadores que no tienen que hacer;
3. Se nos vienen horas de eterna diversión en las comunidades virtuales: si no tienes “Face”, estás “out”. Sugerencia: hacer los dos millones de test tontos de ese lugar les auguran pérdida de tiempo total, chance y maten alguna neurona y ni cuenta se den de lo que sucede;
4.Dice mi hermana que para cualquier duda sobre la epidemia, le pregunten, que ya sabe más que los médicos... y quien no, me han llegado 34287 correos con información desinformante que lo único que hacen es dejarme patidifusa...
5. Me escribe una madre desesperada preguntándome que qué puede hacer con sus dos “encantitos” de aquí al día 11 de mayo pues ya agotó su imaginación: ya armaron rompecabezas, cantaron, leyeron cuentos de miedo, jugaron X-Box y se acabaron todos los niveles; hicieron obras de teatro, armaron casitas con sábanas, jugaron a la comidita y rescataron juegos de antaño como el brincapie: querida, mi sugerencia es que dopen a sus niños o en el peor de los casos, amarrarlos con una cuerda elástica definiendo un perímetro para que no se salgan a la calle o les dé por jugar a “Superman”;
6. Libros recomendados: “El amor en los tiempos del Cólera” y “Un día de Cólera” de Pérez Reverte... nomás cambian de enfermedad;
7. Películas recomendadas: “Soy Leyenda” o cualquiera de invasiones zombies;
8. El transporte público ¡impecable! Ojalá siga así... pero no está de más cargar con gel antibacterial...
9. Tengo tos de fumadora... alergias mil... cuidadete y toso porque me ven refeo...
10. Sólo decirles que se cuiden mucho, que no se expongan y que no está de más extremar precauciones... No se maten por favor... En el fondo, no soy tan canalla....

domingo, 26 de abril de 2009

Quedar bien y poco gastada: los regalitos

No cabe duda de que me he vuelto cínica. Pero es que este tema además de delicado, sé que afectará las buenas intenciones de muchos de mis lectores. Me refiero a los “regalitos”. Hace poco, la amiga de una prima de otra amiga cumplió años. Ella no hace reunión especial, pero es tan querida por muchos que su cumpleaños dura aproximadamente quince días. Una amiga bien intencionada llego con un morralito muy mono que contenía lo siguiente: una liga; un dulce de esos que tienen una pasa incrustada y que siempre se me ha figurado una mosca; una moneda de bajísima denominación; un pañuelito blanco deshilachado y una bandita, mejor conocida como “curita” y las instrucciones precisas para saber qué hacer con todo esto: la liga para que recuerdes abrazar y unirte con todos tus semejantes; el dulce para recordarte compartir “dulzura” con los mencionados a donde quiera que vayas; el pañuelo para secar las lágrimas del prójimo; la bandita para curar los sentimientos lastimados, sean los tuyos o los de alguien más; la moneda, para recordarte que debes compartir las riquezas que dios te dio con el otro. La cumpleañera lo recibió con emoción, lo abrió con curiosidad y acto seguido se le vio clarito la helada sonrisa que le dedicó a la bien intencionada amiga. ¡Ayyyy a poco no está lindooooo! Dijo la pródiga amiga. Mil pensamientos cruzaron mi mente: con la liga hubiera hecho un proyectil y al grito de “¡Parque, liga o ligazo!” se lo hubiera dirigido directo a su maquillado ojo; rápidamente hubiera sacado el pañuelito para limpiar sus lagrimitas; le hubiera cubierto la herida con el curita y le hubiera dado el dulce como premio de consolación. Acto seguido, con la moneda hubiera echado un volado para ver si seguía de amiga de la interfecta o de plano la borraba de mi lista. Esto provocó una reflexión sobre la forma que tenemos muchos de obsequiar al otro. Dicen los japoneses que cuando uno regala algo, regala parte de su corazón. Por eso son tan delicados para envolver las cosas. Observar lo que le gusta al otro; anotar los comentarios del amigo, son reglas básicas para obsequiar un buen regalo; no tiene que ser nada costoso por supuesto, pero sí que comulgue con los gustos y estética del obsequiado. A veces imagino a la persona que en un viaje se toma la molestia de ver algo y decir: “esto le puede gustar a la Rima” y comprarlo y traerlo es ya un acto de amistad, agradecimiento o amor increíble para mí. Mucho he recibido, más de lo que merezco diría yo. Pero una cosa si tengo bien clara: haré costalitos para todos mis amigos y amigas en su próximo cumpleaños, así quedo bien y poco gastada. Ustedes dicen si me invitan.

jueves, 16 de abril de 2009

Antes muerta que sencilla: los salones de belleza

Toda belleza exige sacrificio. Recuerdo una vez que fui a un risueño pueblecillo de vacaciones con una amiga. Andábamos bobeando en el mercadillo del lugar y por supuesto que yo salí absolutamente fashion a dar la vuelta. Me topé con un hombre que comenzó a inquirirnos que por qué haciendo dios cosas tan hermosas, nos empeñábamos en maquillar “la obra del señor”. Ese hombre dantesco no me conoció a los doce años, con los dientes de fuera y el pelo al más puro estilo mafaldesco. Comencé a pensar en ayudarle al “señor” cumplidos los catorce años. Me hice de un kit que consistía en tenazas eléctricas para el pelo de tres diámetros diferentes, secadora para el pelo marca “Vidal Sasoon”, shampoo patrocinado por Farrah –tenía un olor tan penetrante que ni siquiera necesitaba mi perfume “Charlie”-; tubos eléctricos y por supuesto, la asesoría incondicional de una prima que a la fecha sale a comprar el super arrastrando la boa. Ella me proveyó de toda la parafernalia necesaria para maquillar mi núbil rostro, aunque he de decir, que en esa época, se usaba el maquillaje sobrecargado: sombras azul plumbago combinadas con magenta, colorete en línea ascendente para “enfatizar los pómulos”, boca rojo pasión y finalmente, un toque de brillo labial con sabor a cereza –sabía a demonios, yo creo que por eso no me besaron hasta que cumplí los veintidós-. La mascarilla para las pestañas, merecía un ritual aparte: enchinamiento con cuchara o enchinador de metal; cinco capas de rimmel intercalando entre cada una, capa de talco o polvo para el rostro. Luego, con un alfiler, separar la torta que se apelmazaba en las pestañas. ¿El resultado? Patas de araña pegadas al rostro, bueno, ni siquiera se podía coquetear con ellas. Y así nos atrevíamos a salir a la calle. Los salones de belleza en realidad son cámaras de tortura. Ni en el “Museo de los Suplicios” se describe de manera tan gráfica lo que ocurre tras sus puertas. Si te pones mechas, es decolorarte el pelo, ponerte el tinte, empapelar con alumnio la cabeza, exponerte al calor como cuarenta y cinco minutos, lavar el pelo, cortarlo y secarlo porque se usa lacio. Para que luego no nos guste el tono y mucho menos nos parezcamos a la modelo güerita de donde sacamos la grandiosa idea. Las uñas, otro escabroso tema. No nos crecen, se nos escaman cual pastel mil hojas, quebradizas... para eso se inventaron las “uñas de escultura”, las cuales consisten en pegarte una uña artificial con capas y capas de un líquido quemante para después decóralas hasta con las perlas de la virgen y meter las manos a una luz ultravioleta que a la larga, seguro provoca cáncer. Ya no menciono los procesos de “peeling” y “lifting”; el horrible proceso de depilación con láser o cremas apestosas; el bronceado permanente de duración dudosa; las operaciones de nalgas, senos, abdomen y chaparreras –conozco a varias que quedaron en la mesa o “menores de privilegio”, pero eso sí, bien voluptuosas-. Se preguntarán: ¿envidia, coraje o qué? Tal vez todo junto, pero yo soy de la opinión de que hay que envejecer con dignidad, eso sí, de vez en cuando una ayudadita no cae mal. Los caminos del “salón” son insondables... algunos verdaderamente tortuosos.

miércoles, 15 de abril de 2009

¿Jueguitos que desafían a la imaginación?

Como es bien sabido, los niños del mundo tienen una imaginación fértil, fruto de la imitación de lo que ven a su alrededor. Pues hoy me estaba acordando con mi mamá de todos esos juegos que se inventan con lo que se tiene a mano. Como mi abuela aplicaba inyecciones a las vecinas del barrio, mi madre escuchaba todas las dolencias con las que llegaban las señoras: “Mire Licho, tengo un dolor en la rabadilla que me sube por todo el esternón”....”Doña Licho, vengo a que me inyecte porque nomás no puedo andar, me duelen las rodillas...” Y así, al infinito. Pues mi madre, que como ustedes saben, es rete ocurrente, pa pronto organizaba minisala con sillitas y jugaba con sus amigas a las enfermedades... todas las chiquillas entraban en feroz competencia para ver quién de ellas tenía la más terrible y devastadora de todas... lo malo es que dice ella que ahora, ya las reglas del juego cambiaron porque, actualmente, se juntan en las salas de sus respectivas casas y platican de las mismas enfermedades pero de a de veras... Otro juego recurrente es el de las “comiditas”. Toda niña que se precie tenía en su haber, mínimo, un juego de té de plástico decorado con filigrana rococó y las más curras, unos jueguitos de porcelana miniatura que consistían en 6 tasas, 6 platitos, plato postrero y tetera con azucarera y jarrita para la crema. Y esto era darle vuelo a la imaginación: “-Señora, cómo ha estado su hijita, la veo medio desmejorada... (Refiriéndose a una muñeca sin cabeza y con los brazos volteados)”, o si no:- “Ándele señora, pruebe este pastelito de frambuesa, lo acabo de hacer... (Pastel maquilado con lodo putrefacto del jardín y decorado con mariquitas muertas a manera de frutillas). Y ya no les doy el resto del menú porque era realmente asqueroso. Lo que a mí me encantaba era cocinar con mi mamá. Me habían regalado un horno “milagro” - las que saben cocinar entenderán en qué consiste-, y cuando mi madre hacía pasteles me regalaba tantita masa y la poníamos a cocer junto con el “grandote”. Luego, lo decoraba y hacía rebanaditas pequeñitas para jugar, ahora sí, de al “devis”. Dos eran los juegos prohibidos en esa época: el doctor y a los “esposos”. No sé por qué, si el de los esposos consistía en decir: “Vieja, ya llegué del trabajo...”, “Ayyy que bueno viejo, siéntate a comer, ahorita te sirvo”. Y ya, era todo. Se nos iba más en la organizada de: “a que tú eras la señora de la casa y estabas haciendo la comida, entonces yo llegaba con mi portafolios y te decía ya llegué, y entonces tú me dices....” “¡No! Yo quiero ser el señor, los señores nomás se sientan y comen y la señora es la que hace todo, ¡siempre quieres ser el señor...!”. En fin, que todo es aprendizaje, desde chiquitas nos regalaron la escobita, la franelita, el trapeadorcito, la tinita, el jueguito de cazuelitas de barro, las cacerolitas, las cucharitas y todas esas “itas” que ahora nos tienen jugando “dealdevis”...

domingo, 12 de abril de 2009

Instrucciones para ver películas de muestra

Otra de mis experiencias alternativas ha sido el mundo del cine. Hace ya un buen tiempo que veo cuanta película cae en mis manos, pero señores hay que saber seleccionar. Cuando comencé a ir a ver películas de “MUESTRA” -sí con mayúsculas y entrecomillada, porque son LAS PELÍCULAS seleccionadas sólo para los elegidos- me comencé a sentir un poco incómoda porque no sabía qué actitud tomar. Mis referencias inmediatas eran películas como “Snoopy vuelve a casa”, “Barquillo de Limón” y “Porkyes”, estas dos últimas, ochenterisimas y preludio que anunciaba las peores películas de adolescentes. Imaginen mi asombro cuando en un grupo al que asistía, comencé a ver películas de Kurosawa o Andrezej Wajda. Como que si sentí la diferencia. Recuerdo una en especial "El hombre de mármol" que vimos en casa de una amiga. 164 minutos señores, del más puro aburrimiento. Nos empezamos a parar para rellenar nuestros vasos jaiboleros y al rato todos estabamos en la cocina contando chistes. Pues a raíz de tanto asistir a este tipo de exhibiciones, me di cuenta de varias características peculiares que tienen los que como yo, somos voyeristas de las vidas ajenas a través de la pantalla grande. Aquí les van algunos consejillos sobre comportamiento elemental cuando se asiste a una peli de muestra:

1.Estar dispuesto a que, por dieciocho días, nuestra cena comprenderá únicamente palomitas y refresco de la “superdulcería”;
2.Prepararse emocionalmente para ver lo más bajo, lo más oscuro, lo más degradante o en su defecto, lo más sublime de las pasiones humanas;
3.Si esperan ver efectos especiales, esto no es lo suyo;
4.Hasta las películas animadas lo dejan pensando a uno ¡Caray! No irse con la finta de que son de “monitos”, hay monitos que te dejan catatónico;
5.El atuendo es básico: pueden usar el mismo que sugerí cuando se va a ver un espectáculo alternativo; pensemos que siempre es la misma gente que asiste a todas estas cosas;
6.Pedirle a nuestro acompañante que de tanto en tanto verifique si seguimos despiertos; hacer lo mismo en reciprocidad con él;
7.No se preocupen por llegar temprano, siempre que se pasa una peli de muestra normalmente tenemos 288 lugares disponibles en una sala de 290 butacas;
8.Para saber si una peli es de muestra lo único que tienen que hacer es verificar el horripilante horario en que las exhiben: 15:00 o 22:30 son los dos que no fallan;
9.Ni se molesten en inscribirse a sitios de cultura en su ciudad -nadie les mandará nada- investiguen en la cartelera de su localidad;
10.No olvidar poner cara de intelectual conocedor del cine de muestra: salir hablando a grito pelón sobre la fotografía, música, encuadres, planos e iluminación; jamás de vestuario y maquillaje, esas son banalidades;
11.Si la película es oscura, lenta y hablada en kurdo, es de muestra.
Espero no desanimarlos con estas referencias, lo que intento es que se integren a la brevedad en el fascinante mundo del cine alternativo.

viernes, 10 de abril de 2009

Sacado del cuarto de las injurias

Llamase cuarto de las injuria -según definición sustentada en su aplicación por mi padre- a aquél espacio de la casa ubicado en lugar alejado, bodega o lugar abandonado donde ponemos todo “lo que nos puede servir pero que en este momento nos estorba”. Toda casa que se precie, tiene un cuarto de las injurias, mal llamado desván, sótano o ático. En mi casa, cuando nuestra mucama ML nos cambió por dar seguimiento a un varón, su cuarto se convirtió en esto, puras injurias. Pero de verdad que cómo sirven... durante un tiempo, claro. En esos cuartos se guardan las cosas más inútiles e insospechadas, absolutamente inservibles, pero como los mexicanos le tenemos miedo al vacío y somos bastante ingeniositos para inventar soluciones al más puro estilo MacGyver, pues no nos resignamos a tirar nada. Y así, guardamos tablas y tablones de todos tamaños, tornillos que pertenecieron a un librero que armamos sin seguir instrucciones y que luego no supimos en dónde iban; pantallas de lámparas rotas “porque el alambrito está bueno, seguro que yo hago una mucho mejor”, toda la parafernalia navideña, por supuesto sin rotular, así que cuando llega la fecha tenemos que mover como doscientas cajas para dar con los santos peregrinos; tubos de cartón; marcos para fotografías; un espejo Luis XV roto; los retratos de los abuelos al carboncillo; los disfraces de los niños –que seguro no se ocuparán hasta que se tengan nietos; y para entonces el Oso Yogui ya no estará de moda-. Revistas viejas de belleza, cine, tejido en crochet y manualidades mil que siempre tuvimos la intención de hacer para dar a nuestra casa un toque “acogedor”; todos los regalos del 10 de mayo ocultos por una madre desesperada al no saber qué hacer con esos bodrios; regalos de boda que luego una anda “ropereando” para salir del paso (no lo nieguen). Finalmente, todo sirve, aunque no tengamos la certeza si será en este año o dentro de veinte. Cuando yo estudiaba diseño gráfico ¡como me sirvieron estos trebejos! Mi amiga Yan y yo teníamos unos papás cargapalitos (otro término paterno, definitivamente sin ánimo de albur) que tenían de todo lo necesario para subsistir a una carrera demandante de trique y medio. ¿Qué un libro de arte? Mi apá; ¿Qué un alambre galvanizado del No. 8? El apá de Yan; ¿Qué una musiquita del medioveo tempranillo? Mi apá; ¿Qué uno mono de ventrílocuo? El apá de Yan... todo mundo nos envidiaba por eso, la verdad nunca tuvimos que ir a la biblioteca o andar de aquí para allá en mercerías o tlapalerías consiguiendo cuanta cosa para las entregas. Así que si les llegan correos sobre desprenderse de lo humano, cultura del desapego, liberarse de cargas inútiles, desafanarse de tiliches, hagan caso omiso... el mexicano alcanzará el Satori cargando con todo lo imaginable...

sábado, 4 de abril de 2009

Cómo sobrevivir a un espectáculo alternativo

En mis andanzas por el mundillo de la cultura y el arte he incursionado en varios espectáculos y exposiciones de corte “conceptual”. Se preguntarán que qué es eso. Ni yo misma lo sé explicar, pero supongo que es algo que tiene concepto aunque he pasado noches enteras sin dormir tratando de develar qué judas quisieron decir con eso. Entre los que recuerdo con gran cariño está uno que se presentó en el festival de danza contemporánea. Un homenaje a Lorca. Describo la atmósfera: oscuridad total; inicia paulatinamente luz de fondo en tonalidades rojizas; sale bailarín en cueros con el pitirrin amarrado al más puro estilo yanomami entre nubes de hielo seco, copal y cigarro. Comienza a decir: “calor, calor, calor...” y lo repite como doce mil quinientas veces durante la hora que duró semejante suplicio. El de nosotros, porque no quiero ni pensar cómo sería el de él. Al final le cachamos que lo que quería decir era “Lorca” las doce mil quinientas veces. Se cierra el telón. No entendí, pero no he podido olvidarlo. Otra, una obra de teatro de corte posmoderno en donde salen siete personas corriendo de un lado para otro portando en las manos unos pocillos de peltre y haciendo como que se sirven té caliente con pastitas unos a otros. Duración de la obra: 1 hora 30 minutos. Les podría describir más de cinco de estas puestas en escena, pero no deseo aburrirlos. Mejor les dejo el decálogo que he compendiado para ustedes sobre qué hacer en caso de caer en las garras de un espectáculo semejante:

1. Llevar a cabo un entrenamiento previo: elegir alguna silla o butaca incomoda que tengamos en casa y permanecer sentados dos horas como mínimo en ella; procurar moverse lo menos posible;
2.El vestuario es importante: pantalón de mezclilla o kaki, tenis o huarache de cuero, camisa de manta o playera con estampado de algún grupo de rock alternativo; para las damas, huipil oaxaqueño o guatemalteco; morral tejido en telar, indispensable;
3.Fijarse bien en quién te invita. Normalmente sale algún pariente del invitador en el espectáculo y éste no se anima a ir solo;
4. Analizar el marco en donde se presentará la puesta: si es en un festival de danza contemporánea, piénsenlo dos veces antes de acudir o en su defecto, lleven algún tipo de psicotrópico para estar a tono con el mensaje. Esta sugerencia también aplica para performance y obras de teatro alternativas;
5. Leer detenidamente en el programa si el espectáculo está patrocinado por alguna beca de instituto de cultura o gobierno del estado; este es el punto del no retorno y todavía tendrán oportunidad de huir;
6. Si en el mismo programa se encuentran descripciones de la obra como: “X compañía de teatro nos mostrará un espectáculo que representa una pesadilla pandemoníaca e imponente en sus imágenes y celebra la vuelta de los muertos, que tienen que volver a visitar a su tierra para que por fin puedan ausentarse, y así navegan con un gran gesto a lo largo de la corriente del infierno – ¡en punto muerto, directamente al ocaso!”, entonces valorar si es recomendable entrar o enfrentarnos a nuestros demonios;
7. Si no puede eludir la invitación, ir dispuesto a todo; uno nunca sabe si va a acabar bañado en salitre y con plumas pegadas al cuerpo;
8.Si la imagen que queremos proyectar a los demás es de absoluta intelectualidad y dominio del tema, jamás, pero jamás salirse a la mitad; esto provoca sospechas en la concurrencia y nos quemamos por nada; soportar estoicamente la jornada;
9. Nunca se sabe si ya terminó la obra, esta característica es típica de los espectáculos alternativos, así que es conveniente esperar a que los otros aplaudan o abucheen o manifiesten un gran apremio por huir de ahí... dar tres palmadas de cortesía por no dejar;
10.Al salir del teatro tengo varias alternativas por sugerir: ir al cine a ver una película de Van Damme o de la “Mole”; caer en el puesto de tacos más cercano; correr a un antro y/o embriagarse y tratar de olvidar. O todas.
Dejo a su consideración estos consejillos que la experiencia me dictó sin mayores pretensiones. Ustedes saben si hacen caso omiso o se arriesgan; que no se diga que no les advertí.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Princess on board

Lo confieso. Siempre quise ser una princesa. A pesar de que mi madre me contó todo al revés; a pesar de que me dijeron que las princesas sólo existen en los cuentos de hadas, no importaba, toda niña que se precie quiere ser una princesa. Recuerdo mi incursión en el mundo de las fantasías no resueltas. La primera vez que salí a un escenario con vaporoso vestido blanco, fue cuando cantamos en el kínder “La danza de los muñecos” de Cri Cri. Yo era el hada que despertaba a todos con el poder de mi varita mágica. Una varita de ensueño, olvídense de las varitas que venden en los supermercados. Mi papá me hizo una con un palito y con una estrella en la punta, toda pintada de blanco y con harta diamantina, me sentía soñada. Y ahí acabó mi carrera de princesa. Al paso del tiempo –ya lo he platicado- en el momento de la organización de los festivales escolares, la angustia hacia presa de mi pequeña caja toráxica porque se daban los mejores papeles a las niñas güeritas de ojo azul y yo, claro, con los dientecillos salidos y separados, pues no daba el tipo que el papel requería. Pasaron delante de mí papeles como la “princesa caramelo”, princesa de la primavera, princesa del salón de prepa, princesa de cuento de hadas... Bueno, ni siquiera debuté en sociedad. Veía con una envidia a todas esas niñas haciendo su presentación de lo más naturales y merecidas... y yo, siempre era el pajecillo oculto de la corte real. Analizando mi vida, me he dado cuenta de que en muchos momentos de ésta, he sido una princesa. Por ejemplo: la vez que me presenté en el bailable y mis papás me aplaudieron a rabiar, o el momento en qué me titulé de mi carrera y me llevaron tremendo ramote de flores, o el momento en que un galán incógnito me declaraba su amor, o tenía un detalle caballeroso conmigo como abrirme la puerta de la carroza o retirarme la silla. ¡Es tan fácil hacer sentir a una mujer como princesa! Lo difícil es que de verdad nosotras nos sintamos princesas, porque a veces andamos de capa caída, o sintiéndonos que nadie nos quiere, o portándonos como la princesa del chícharo, esa que para todo pone remilgos. Ser princesa es cuestión de actitud.

sábado, 21 de marzo de 2009

Baúl de sueños y evocaciones

Este nombrecito no es de mi inspiración, confieso que lo robé de una exposición en la que estuve alguna vez, pero queda como anillo al dedo para lo que a continuación platico. Hace ya varios lustros, cuando comencé a salir con muchachos, recuerdo una ocasión en que uno de tantos, me traía arrastrando en el pavimento. Pues hete aquí que fuimos a unos quince años con unos amigos en donde se encontraba “ÉL”. Muy apuesto, con su traje de tres piezas absolutamente ochentero, mirada profunda, ojos de miel. Nos sentamos –nos sentaron mis amigas, diría yo- juntos y comenzamos a platicar. Yo, arrobada, ni pelaba lo que decía nomás por estarle contemplado sus ojitos de aguamiel en penca... y que se pone a dibujar en un papelillo que sacó de la cajetilla de cigarros: que si cuando fue al campamento –dibujaba mapa de ubicación del lugar-, que si tenía el proyecto de arreglar no sé qué parte de su casa –mapa de distribución de cómo estaba el palacio de mi príncipe-, en fin, que para todo gastó servilletas y papelillos mil. Yo, discretamente tomaba el croquis en cuestión y subrepticiamente, cual ladrona de sueños, lo guardaba en mi bolsita de mano. Al llegar a casa, traía yo en mi bolso un archivo, que ni el general de la nación. Pues bien, toda la semana me la pasé contemplando los papelillos diciendo para mis adentros: “¡Ay! Qué linda letra tiene”, “Ja ja ja, qué simpático y qué interesante su plática” y cosas por el estilo. Inmediatamente, me entró la necesidad urgente de inaugurar un lugar secreto en dónde colocar mis “tesoros” (como si fueran los mapas que me llevarían a su corazón). Encontré una caja decorada y comencé a guardar cuanta tontería se imaginen en él. A continuación enumero –no necesariamente en orden cronológico, claro- todo lo que tenía en ese baulillo de cartón:

Un chicle masticado –Motita, porque era rosa-.
El pañuelo de tela manchado con loción
Un pañuelo desechable, con quién sabe qué sustancias vitrificadas
Los mapas arriba mencionados
Una cajetilla de cigarros convertido en auto fórmula 1
Como doscientas flores secas –No es por presumir, pero...
Un escudo de conocido colegio de varones
Un anillo con la estrella de David grabada
Una foto de un bebé que después no sabía ni quién era
Un palito de paleta de hielo marcado con una fecha incierta
Servilletas con frases, planos e indicaciones
La bachicha de un cigarro (sabe de quién sería)
Una cinta de tenis Converse, rota
Un llavero con un alacrán encapsulado (¡¡¡!!!)
Dos esferitas navideñas
Como doscientas tarjetas cumpleañeras (eso si se siente rete bonito)
Un paliacate medio nejo

Bueno, pues el fin de todas estas fruslerías tan útiles al alma afligida y tan inútiles de guardar vieron el fin de sus días uno de tantos, en que fui a un retiro espiritual (sí, lo confieso, yo iba a retiros espirituales). En ese lugar nos pidieron que lleváramos cosas que tuvieran un gran significado para nosotros y ahí voy, cargando mi baúl de sueños y evocaciones, de lo más ingenua. Al pasar la tarde, el padrecito nos dice: “Bueno niñas, ahora vamos a hacer un ejercicio de desprendimiento de las cosas materiales. Haremos una fogata y quemaremos todo en ella”. Nos miramos las unas a las otras: unas abrazaron la almohadita que las acompaño desde bebés; otras corrieron con el mono de peluche a la esquina del patio y se engarruñaron; hubo gritos y lamentos y tremendos lagrimones. Se armó la pira inquisitorial y estoicamente fuimos pasando de una en una para hacer el famoso “ejercicio”. De a tiro sentí que mi parte judía salía flote... ¡Qué cosa! Nomás veía como se arriscaba el alacrán, y volaban las flores convertidas en cenizas... Para lo único que sirvió el ejercicio de desapego fue para agarrarle chinguiña al padrecito y alejarme de la santa madre iglesia de volada. Lo bueno fue que no tardé en recuperar lo perdido, ya saben cómo se las gastan las medusas...