Este blog se une a la pena que embarga a todas las almas ochenteras por la pérdida de Michel Jackson y la actriz Farrah Fawcett, aunque me confieso más seguidora de la segunda que del primero. El pelo que todas envidiamos, el shampoo que todas compramos y con el que nos desengañamos al ver que JAMÁS podríamos tener el pelo así, a menos, claro, que lo sometieramos con las tenazas y la pistola de aire caliente Vidal Sasoon... A quienes envidiamos los 100 dientes de arriba y de abajo de la güerita y a quienes tenían en su ropero un guante lentejueliado, calcetin blanco y choclo negro y se sabía el pasito para atrás del quiasi blanco Michel... mi más sentido pésame. La Rima
viernes, 26 de junio de 2009
Obituario
Este blog se une a la pena que embarga a todas las almas ochenteras por la pérdida de Michel Jackson y la actriz Farrah Fawcett, aunque me confieso más seguidora de la segunda que del primero. El pelo que todas envidiamos, el shampoo que todas compramos y con el que nos desengañamos al ver que JAMÁS podríamos tener el pelo así, a menos, claro, que lo sometieramos con las tenazas y la pistola de aire caliente Vidal Sasoon... A quienes envidiamos los 100 dientes de arriba y de abajo de la güerita y a quienes tenían en su ropero un guante lentejueliado, calcetin blanco y choclo negro y se sabía el pasito para atrás del quiasi blanco Michel... mi más sentido pésame. La Rima
martes, 23 de junio de 2009
La víbora sutil
Una amiga de la hermana de otra amiga me estaba contando que existen personas que pueden ser clasificadas como “víboras sutiles”. Las víboras sutiles pueden ser definidas como aquellas mujeres que navegan por la vida con cara de “matalascallando”, ojos de mirada ingenua, vocecilla melosa y casi inaudible y vestir sofisticado. En el navegar de la vida, tenemos que jugar varios papeles, como todos sabemos. Pero el de “víbora sutil” es el más difícil de dominar. Desde pequeñas nos han dicho que tenemos que ser buenas niñas, modositas, no decir malas palabras, bajar la mirada ante imágenes inconvenientes y decir a casi todo que sí. Pues no. Esta amiga me refiere varios consejillos sobre cómo lograr ser una víbora sutil. Y aunque parezca sacado un texto sacado del Cosmopolitan, aquí se los voy a poner, porque no me puedo ir a la tumba guardando tamaño secreto:1.Ir por la vida como flotando; hacer pensar a la gente que somos medio despistadas y que ni cuenta nos damos de lo que pasa a nuestro alrededor, pero en realidad, incrementar nuestro poder de observación;
2.Como la Virgen María: guardar todo lo que sucede en el fondo de nuestro corazón... y de nuestro cerebro, que es la parte más importante;
3. Siempre medir al otro: obsérvalo desde tu trinchera: que dice, con quien se junta, cómo se viste, en dónde vive, qué clase de cosas le gustan y cuál es su punto débil;
4. Es importante pasar lo más desapercibida posible: no exagerar en amabilidad y muestras de cariño, porque levantamos sospechas...
5.Incrementar el poder de controlar lo que uno dice: si son mentiras, no olvidar qué dijimos, porque ahí es dónde nos pueden agarrar in fraganti;
Como podrán observar, es toda una estrategia lo que mi amiga afirma, pero a ella le ha dado resultado navegar así por la vida... su índice de maldad no tiene límites pero creo que en parte tiene razón... ser buenitas todo el tiempo hasta resulta aburrido. ¿Qué opinan ustedes?
viernes, 19 de junio de 2009
Tarde pero sin sueño
Lo sé. Un mes sin escribir. Un mes sin saber de mí. Es duro, pero así es. Estuve de parranda, estuve cambiando mi vida y mi maleta para otros confines mucho más amplios y por lo tanto, más seguros. En esta ocasión debo decir, pondré todo aquello que aprendí en esto de los cambios radicales. Aprendí...
Que cuento con más amigos de los que imaginé tener;
Que los que no pensaba que me ayudaran, estuvieron ahí;
Aprendí a pedir ayuda y a recibirla sin pensar que debía retribuirla;
Sólo el simple hecho de que alguien llamara para saber qué se me ofrecía, ya era gratificante;
Que fui capaz de hacer cosas que sólo yo ponía en duda:
Que es cierto lo que dicen: la felicidad es una construcción que sólo uno se puede otorgar;
Que siempre hubo alguien dispuesto a cargar conmigo mi pesada losa;
Que la familia y los amigos nos alimentan y nos hacen leve la vida;
Que los que me aman, se alegraron por mí;
Que los que no saben, también;
Que encontré nuevos amigos que estuvieron dispuestos a seguirme el paso;
Que los reencuentros siempre son hermosos;
Que vale la pena hacer las cosas bien y de buenas...
A todos, todos los que estuvieron junto a mí y entendieron, aceptaron, se resignaron, me echaron porras y me hicieron dulces todos esos momentos: la palabra gracias no me alcanza, como siempre, será insuficiente para derramar sobre ustedes toda mi gratitud. Y de aquí en adelante... seguiremos. Rima.
Que cuento con más amigos de los que imaginé tener;
Que los que no pensaba que me ayudaran, estuvieron ahí;
Aprendí a pedir ayuda y a recibirla sin pensar que debía retribuirla;
Sólo el simple hecho de que alguien llamara para saber qué se me ofrecía, ya era gratificante;
Que fui capaz de hacer cosas que sólo yo ponía en duda:
Que es cierto lo que dicen: la felicidad es una construcción que sólo uno se puede otorgar;
Que siempre hubo alguien dispuesto a cargar conmigo mi pesada losa;
Que la familia y los amigos nos alimentan y nos hacen leve la vida;
Que los que me aman, se alegraron por mí;
Que los que no saben, también;
Que encontré nuevos amigos que estuvieron dispuestos a seguirme el paso;
Que los reencuentros siempre son hermosos;
Que vale la pena hacer las cosas bien y de buenas...
A todos, todos los que estuvieron junto a mí y entendieron, aceptaron, se resignaron, me echaron porras y me hicieron dulces todos esos momentos: la palabra gracias no me alcanza, como siempre, será insuficiente para derramar sobre ustedes toda mi gratitud. Y de aquí en adelante... seguiremos. Rima.
sábado, 23 de mayo de 2009
I Google
Lo malo de pasarle mi teléfono celular a todos es que luego recibo mensajitos. Y no es que me moleste recibir mensajitos, eso es muy bueno y reconfortante, pero luego recibe una cada cosa... me explico. Alguien por ahí pensó que yo era una especie de oráculo de Delfos posmoderno. Entonces, los poseedores de mi número piensan ante una situación en la que tienen que discernir: “¡Ah! ¡Ya sé! Le voy a mandar un mensajito a la Rima pa’ preguntarle”. Y se arrancan escribiendo en el lenguaje ininteligible que ya he platicado a “redactar” preguntas como estas:“Oye, Si tengo un minidisco y lo meto en mi compu ¿Luego lo expulsara?”
“¿A cómo están los cables USB para conectar mi impresora?
“¿Dónde compro crémor tártaro?”
Si limpio una plumilla de caligrafía con thinner ¿Se deshace?
¿No tienes un remedio para quitar las manchas de mostaza de una blusa blanca?
¿A cómo está ahorita un Cd?
¿Se puede grabar un disco por partes?
¿Me puedes decir dónde busco la vida y obra de Miguel de Unamuno?
¿Cuál es la ruta de transporte que me lleva a la colonia Héroe de Nacosari? (Ni siquiera sé de una colonia que se llame así)
Y así, por el estilo. Esto me hace recordar también la serie de preguntas y comentarios en situaciones que nos dice la gente, ignoro si es por nervios, porque les intimida platicar contigo o por hacerse solidarios:
Cuando te caes: ¿Qué te pasó? ¿Te caíste?
Cuando pierdes algo: Pero, ¿En dónde?
Cuando te roban: Pero, ¿No te volaron nada de valor, verdad?
Cuando piensas en musarañas y la inseguridad hace presa del otro: ¿En qué estás pensando?
Cuando estás viendo una película de muestra: Entonces ¿El chinito era travestí?
Una mamá a la familia: ¿Qué quieren de cenar?
Niño chillando por un juguete: ¿No quieres mejor una paleta enchilada?
Después de 15 años de matrimonio ¿Todavía me amas?
Cuando sufres una pérdida: ¿Cómo estás?
Cuando chocas: Pues ¿Qué no te fijaste?
Cuando te ven: ¿Todavía no te vas?
Cuando llaman al teléfono de tu casa ¿Dónde estás?
Pero se agradece el interés y la confianza, eso que ni qué.
domingo, 17 de mayo de 2009
Reglas de etiqueta por Messenger
Hace muchos, pero muchos años existían las caricaturas de los Supersónicos. La familia Sónico poseía en su hogar la tecnología de punta para tener una vida cómoda y feliz. Cómo olvidar a Robotina y su eficacia en cuestiones del hogar. Pero lo que a mí más me gustaba era el teléfono que tenían: una gran pantalla en donde aparecía el interlocutor en grande y a todo color. Esa tecnología ya está entre nosotros y sólo tuvimos que esperar treinta años aproximadamente. De todos es sabido que ahora existe el famoso “chat”. Este sistema de comunicación consiste en una pantallita en donde, por medio de una dirección de correo electrónico, podemos entablar comunicación escrita o hablada con nuestros amigos o conocidos. Pero hete aquí, que para generaciones de la mía para arriba, este medio de comunicación resulta complejísimo en cuanto a reglas de etiqueta se refiere. Me explico: a mi todavía me tocó escribir cartas de a de veras, de esas en papel “de escribir” en donde uno ponía la fecha mero arriba y a la derecha y luego empezaba uno con la ya conocida fórmula “Estimada..., Querida...” o como fuera que nos gustara empezar las cartas. Luego venía el desarrollo del tema en cuestión, para finalmente despedirnos con un “esperando una pronto respuesta de tu parte, se despide, atentamente...” o ya en el colmo del cariño “recibe todo mi amor, besitos de...” o como fuera que les gustase acabar el epistolario.Ahora no nos escribimos cartas sino e-mails y eso, si nos dan ganas, porque el MSN es la solución inmediata al recado rápido o a la platiquita sabrosa. Pero de la plática en esta pantallita se suscitan muchísimas situaciones que han dado al traste con amistades, matrimonios y relaciones en ciernes. He aquí algunos ejemplos –en cuanto a la plática escrita- de lo que aquí afirmo:
1. Si bien nos va, comenzamos con un alegre “¡qué onda wwweeee! O el ya conocido ¡Amiguiiiii! De la fecha, ni nos acordamos...
2. De acuerdo a la agilidad digital que poseamos seremos capaces de mantener esa amistad entre nosotros: resulta que las que llevamos taquimeca en la secundaria somos realmente rápidas para escribir y nuestro interlocutor puede ser que escriba de dedito, entonces el rollo escrito comienza a subir a velocidad vertiginosa y cuando acordamos ya transcurrieron cinco temas diferentes, lo que confunde e indigna al que está al otro lado de la pantalla; esto se deriva en nulas o malas interpretaciones y desencadena furia incontenible y frustración total por parte de ambos escribas;
3. Los emoticonos, tema escabroso y lleno de misterio: resulta que estos pequeños seres digitales supuestamente sirven para describir emociones, situaciones, invitaciones, propuestas indecorosas, estados físicos y sentimientos encontrados. Si usted ve un chat adolescente, lo más seguro es que jamás sepa qué demonios están platicando sus hijos con el amigui, porque los jeroglíficos ahí expuestos no los descifra ni Champoleón;
4. Otro problema con los iconos: a uno le encantan, son simpatiquísimos, pero tienen unos nombres encriptados que nadie entiende, cosas como: jiji, juju, asco, holis, ciao, byby o números como 345jiji... Llegado el momento de querer aplicarlos, nos acordamos de uno buenísimo que expresaría todo lo que queremos decir. En ese momento, nos vamos a la galería de monillos, lo buscamos en una resolución de 3 x 3 pixeles y cuando finalmente lo encontramos, nuestra amiga(o) ya nos está platicando lo caro que está el jitomate en estos tiempos de carestía... frustración total y luego nos preguntan que porqué pusimos ese monillo tan triste, que no es para tanto lo del jitomate....
5. Como hay de todo en la viña del emoticon, existen los monillos porno, éstos normalmente tienen nombres dificilillos, pero hay quienes se los cambian por otro más fácil... ¡Cuidado! porque podemos mandar monillos tres equis a quien no corresponde... esto me lo platicó un amigo de una prima de una amiga... la Rima no hace esas cosas;
6. De repente, por distracción, porque le llaman a una, porque se requiere de ir a la Toilette o a atender cualquier otra circunstancia, nos dejan colgados sin más... y ahí estamos, esperando a que el otro nos conteste y nada... ni por el cambio regresan... eso es indignante, descortés pero así es, son las nuevas reglas de “cortesía” del msn;
7. Podemos ponernos en estados de animación suspendida como “desconectado”, “ausente”, “ocupado” o “disponible”, pero nadieeee usa esos estados de manera real, de todos modos o te invaden las conversaciones o tú invades la de otros;
8. Si estás esperando a que ese “alguien” tan especial se conecte, ya te fue mal; el estado de ansiedad que provoca asomarse a la ventanita de contactos cada dos segundos para ver si el susodicho está conectado, puede acabar con los nervios del más templado. En mis tiempos se usaba contemplar el teléfono y decir: “suena... suena... suena”;
9. Si te pones en estado disponible, todo mundo se conecta contigo, excepto con quien quieres platicar;
10. El lenguaje escrito ha cambiado radicalmente en aras de otorgar rapidez a los que no estudiaron taquimeca, entonces escriben textos como el siguiente:
*Oii dspErtE cOn akEiia claRiidad dEl zOol Qe entrba pOr mi Ventana, abRii miiz Ojoz cuandO de prOntO eSe rAiitO de zOl briillanTe pegOo en mi rOztrO aun azii Zegi durmiendO pOr un ratOp maz ...al ratiitO desperte pEnzandOo qE Oi Speraba qE fOera un dia genEal .. dejandO de ladOo el qE nO abrria pOdidO dOrmiir pOr ztarte PenzaandOo y mas aun zOñandOthe cAdaaa iinzthantE... zin mEnziiOnar a ese aniimal zEr viivO iiamadO mOzca qE nO maz nO me dejO dOrmiir, zumBee ii zumBEee... trAte de MatarrlOo perO el zOeñO Qe me invadiia era maz fuertee QE miiz prOpiiaz fuerzazz... perO ezO nO bazthO parA dEjar de zOñarte ni un instante... tE extrañOo
Me quedo sin palabras al ver este tipo de escritos; se requiere de una combinación entre capacidad de dominio de mayúsculas y minúsculas, agilidad mental y efervescencia digital, los reto a descifrar esto... escribirlo... imposible para los de mi generación. Así, que ni se sientan, ni sigan con reglas de ortografía... lamento informarles que... Carreño ha muerto.
P.D. Agradezco profundamente la colaboración de mi alumna CC por el texto mandado por mensajero, lo publico con su venia. Gracias C.
sábado, 9 de mayo de 2009
Madre, palabra sublime, cariño sin par....
Bueno como es día de las jechus, el mejor homenaje que le puedo hacer a la mía es platicar todo lo que hacemos los 10 de mayo de cada año. En principio, he de decir que mi madre odia literalmente el dichoso día. La razón: dice que ella no puede poner cara de mujer mártir mexicana que espera que le regalen la consabida licuadora. En principio, si hay que regalarle a la madre algo pues que se ponga, se unte, se lea, se escuche o se coma. Siguiendo estos principios, el éxito del buen hijo está asegurado. Bueno, pues mi madre me festeja a mí y a mis hermanos, porque sabiamente afirma que sin nosotros no hubiera sido madre, aunque yo siempre le preparo lo siguiente, son pequeños consejos que sé los harán muy felices. Y por supuesto, quedarán bien y poco gastados:1. Venden unas flores de plástico monísimas en el mercado: las hay en varias presentaciones y envueltas en celofán, por lo que duran hasta que se mosquean;
2. Un acróstico nunca falla: para las mamás que se llaman María Guadalupe o Carmelitas, la inspiración fluye, a mi me sale barato, se llama igual que yo así que no batallo, nomás cuatro renglones;
3. Existen en el mercado recopilaciones de canciones para tal efecto. Le pueden comprar un disco con las melodías más lacrimógenas jamás creadas: Madrecita, en la voz del Príncipe de la Canción; Amor Eterno, con JuanGa, esa no falla; o la de Sandro de América, que si no lloran es que no tienen corazón;
4. Pueden preparar “El Brindis del Bohemio” que ya ven que es de rigor y siempre saca lágrima segura;
5. En las tiendas “de ocasión” venden unos diplomas que dicen: “A la mejor mamá” o “Madre, sólo hay una”, lo enmarcan y listo, le dan su diplomita;
6. Un bailable: para que se acuerde de los festivales a los que nos acompañó de pequeñas: puede ser “El Rascapetate”, o alguno flamenco;
7. Un portapañuelos decorado con sopa de letra, caracolitos o cualquier pasta. También pueden decorar una botella con diamantina y meten un pergamino enrollado con el significado de su nombre;
Y ahora la disculpa: la verdad me niego a ser parte de este tinglado mercadológico y si alguna cosa le tengo que agradecer a mi madre es su sensatez, buen humor, apoyo incondicional con la sarta de tontería que hago y que me haya inculcado que la festejara el día del niño. ¡Feliz día del niño mamá!
jueves, 30 de abril de 2009
El amor en los tiempos de “Influencia”
Bueno, pues como ahora tengo vacaciones obligadas, o como dice un amigo: todos los días serán domingo durante la próxima semana, he aquí mis comentarios, no sin una chispa de humor negro, como suelo, ustedes disculpen...1. Los potosinos, dificilitos de por sí para saludar, ahora andamos peor: con tapabocas y lente oscuro ni quien nos haga el menor caso... eso si salen, claro;
2. La creatividad a flor de piel: tapabocas en presentaciones fashion o retro... buena idea para los diseñadores que no tienen que hacer;
3. Se nos vienen horas de eterna diversión en las comunidades virtuales: si no tienes “Face”, estás “out”. Sugerencia: hacer los dos millones de test tontos de ese lugar les auguran pérdida de tiempo total, chance y maten alguna neurona y ni cuenta se den de lo que sucede;
4.Dice mi hermana que para cualquier duda sobre la epidemia, le pregunten, que ya sabe más que los médicos... y quien no, me han llegado 34287 correos con información desinformante que lo único que hacen es dejarme patidifusa...
5. Me escribe una madre desesperada preguntándome que qué puede hacer con sus dos “encantitos” de aquí al día 11 de mayo pues ya agotó su imaginación: ya armaron rompecabezas, cantaron, leyeron cuentos de miedo, jugaron X-Box y se acabaron todos los niveles; hicieron obras de teatro, armaron casitas con sábanas, jugaron a la comidita y rescataron juegos de antaño como el brincapie: querida, mi sugerencia es que dopen a sus niños o en el peor de los casos, amarrarlos con una cuerda elástica definiendo un perímetro para que no se salgan a la calle o les dé por jugar a “Superman”;
6. Libros recomendados: “El amor en los tiempos del Cólera” y “Un día de Cólera” de Pérez Reverte... nomás cambian de enfermedad;
7. Películas recomendadas: “Soy Leyenda” o cualquiera de invasiones zombies;
8. El transporte público ¡impecable! Ojalá siga así... pero no está de más cargar con gel antibacterial...
9. Tengo tos de fumadora... alergias mil... cuidadete y toso porque me ven refeo...
10. Sólo decirles que se cuiden mucho, que no se expongan y que no está de más extremar precauciones... No se maten por favor... En el fondo, no soy tan canalla....
domingo, 26 de abril de 2009
Quedar bien y poco gastada: los regalitos
No cabe duda de que me he vuelto cínica. Pero es que este tema además de delicado, sé que afectará las buenas intenciones de muchos de mis lectores. Me refiero a los “regalitos”. Hace poco, la amiga de una prima de otra amiga cumplió años. Ella no hace reunión especial, pero es tan querida por muchos que su cumpleaños dura aproximadamente quince días. Una amiga bien intencionada llego con un morralito muy mono que contenía lo siguiente: una liga; un dulce de esos que tienen una pasa incrustada y que siempre se me ha figurado una mosca; una moneda de bajísima denominación; un pañuelito blanco deshilachado y una bandita, mejor conocida como “curita” y las instrucciones precisas para saber qué hacer con todo esto: la liga para que recuerdes abrazar y unirte con todos tus semejantes; el dulce para recordarte compartir “dulzura” con los mencionados a donde quiera que vayas; el pañuelo para secar las lágrimas del prójimo; la bandita para curar los sentimientos lastimados, sean los tuyos o los de alguien más; la moneda, para recordarte que debes compartir las riquezas que dios te dio con el otro. La cumpleañera lo recibió con emoción, lo abrió con curiosidad y acto seguido se le vio clarito la helada sonrisa que le dedicó a la bien intencionada amiga. ¡Ayyyy a poco no está lindooooo! Dijo la pródiga amiga. Mil pensamientos cruzaron mi mente: con la liga hubiera hecho un proyectil y al grito de “¡Parque, liga o ligazo!” se lo hubiera dirigido directo a su maquillado ojo; rápidamente hubiera sacado el pañuelito para limpiar sus lagrimitas; le hubiera cubierto la herida con el curita y le hubiera dado el dulce como premio de consolación. Acto seguido, con la moneda hubiera echado un volado para ver si seguía de amiga de la interfecta o de plano la borraba de mi lista. Esto provocó una reflexión sobre la forma que tenemos muchos de obsequiar al otro. Dicen los japoneses que cuando uno regala algo, regala parte de su corazón. Por eso son tan delicados para envolver las cosas. Observar lo que le gusta al otro; anotar los comentarios del amigo, son reglas básicas para obsequiar un buen regalo; no tiene que ser nada costoso por supuesto, pero sí que comulgue con los gustos y estética del obsequiado. A veces imagino a la persona que en un viaje se toma la molestia de ver algo y decir: “esto le puede gustar a la Rima” y comprarlo y traerlo es ya un acto de amistad, agradecimiento o amor increíble para mí. Mucho he recibido, más de lo que merezco diría yo. Pero una cosa si tengo bien clara: haré costalitos para todos mis amigos y amigas en su próximo cumpleaños, así quedo bien y poco gastada. Ustedes dicen si me invitan.
jueves, 16 de abril de 2009
Antes muerta que sencilla: los salones de belleza
Toda belleza exige sacrificio. Recuerdo una vez que fui a un risueño pueblecillo de vacaciones con una amiga. Andábamos bobeando en el mercadillo del lugar y por supuesto que yo salí absolutamente fashion a dar la vuelta. Me topé con un hombre que comenzó a inquirirnos que por qué haciendo dios cosas tan hermosas, nos empeñábamos en maquillar “la obra del señor”. Ese hombre dantesco no me conoció a los doce años, con los dientes de fuera y el pelo al más puro estilo mafaldesco. Comencé a pensar en ayudarle al “señor” cumplidos los catorce años. Me hice de un kit que consistía en tenazas eléctricas para el pelo de tres diámetros diferentes, secadora para el pelo marca “Vidal Sasoon”, shampoo patrocinado por Farrah –tenía un olor tan penetrante que ni siquiera necesitaba mi perfume “Charlie”-; tubos eléctricos y por supuesto, la asesoría incondicional de una prima que a la fecha sale a comprar el super arrastrando la boa. Ella me proveyó de toda la parafernalia necesaria para maquillar mi núbil rostro, aunque he de decir, que en esa época, se usaba el maquillaje sobrecargado: sombras azul plumbago combinadas con magenta, colorete en línea ascendente para “enfatizar los pómulos”, boca rojo pasión y finalmente, un toque de brillo labial con sabor a cereza –sabía a demonios, yo creo que por eso no me besaron hasta que cumplí los veintidós-. La mascarilla para las pestañas, merecía un ritual aparte: enchinamiento con cuchara o enchinador de metal; cinco capas de rimmel intercalando entre cada una, capa de talco o polvo para el rostro. Luego, con un alfiler, separar la torta que se apelmazaba en las pestañas. ¿El resultado? Patas de araña pegadas al rostro, bueno, ni siquiera se podía coquetear con ellas. Y así nos atrevíamos a salir a la calle. Los salones de belleza en realidad son cámaras de tortura. Ni en el “Museo de los Suplicios” se describe de manera tan gráfica lo que ocurre tras sus puertas. Si te pones mechas, es decolorarte el pelo, ponerte el tinte, empapelar con alumnio la cabeza, exponerte al calor como cuarenta y cinco minutos, lavar el pelo, cortarlo y secarlo porque se usa lacio. Para que luego no nos guste el tono y mucho menos nos parezcamos a la modelo güerita de donde sacamos la grandiosa idea. Las uñas, otro escabroso tema. No nos crecen, se nos escaman cual pastel mil hojas, quebradizas... para eso se inventaron las “uñas de escultura”, las cuales consisten en pegarte una uña artificial con capas y capas de un líquido quemante para después decóralas hasta con las perlas de la virgen y meter las manos a una luz ultravioleta que a la larga, seguro provoca cáncer. Ya no menciono los procesos de “peeling” y “lifting”; el horrible proceso de depilación con láser o cremas apestosas; el bronceado permanente de duración dudosa; las operaciones de nalgas, senos, abdomen y chaparreras –conozco a varias que quedaron en la mesa o “menores de privilegio”, pero eso sí, bien voluptuosas-. Se preguntarán: ¿envidia, coraje o qué? Tal vez todo junto, pero yo soy de la opinión de que hay que envejecer con dignidad, eso sí, de vez en cuando una ayudadita no cae mal. Los caminos del “salón” son insondables... algunos verdaderamente tortuosos.
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miércoles, 15 de abril de 2009
¿Jueguitos que desafían a la imaginación?
Como es bien sabido, los niños del mundo tienen una imaginación fértil, fruto de la imitación de lo que ven a su alrededor. Pues hoy me estaba acordando con mi mamá de todos esos juegos que se inventan con lo que se tiene a mano. Como mi abuela aplicaba inyecciones a las vecinas del barrio, mi madre escuchaba todas las dolencias con las que llegaban las señoras: “Mire Licho, tengo un dolor en la rabadilla que me sube por todo el esternón”....”Doña Licho, vengo a que me inyecte porque nomás no puedo andar, me duelen las rodillas...” Y así, al infinito. Pues mi madre, que como ustedes saben, es rete ocurrente, pa pronto organizaba minisala con sillitas y jugaba con sus amigas a las enfermedades... todas las chiquillas entraban en feroz competencia para ver quién de ellas tenía la más terrible y devastadora de todas... lo malo es que dice ella que ahora, ya las reglas del juego cambiaron porque, actualmente, se juntan en las salas de sus respectivas casas y platican de las mismas enfermedades pero de a de veras... Otro juego recurrente es el de las “comiditas”. Toda niña que se precie tenía en su haber, mínimo, un juego de té de plástico decorado con filigrana rococó y las más curras, unos jueguitos de porcelana miniatura que consistían en 6 tasas, 6 platitos, plato postrero y tetera con azucarera y jarrita para la crema. Y esto era darle vuelo a la imaginación: “-Señora, cómo ha estado su hijita, la veo medio desmejorada... (Refiriéndose a una muñeca sin cabeza y con los brazos volteados)”, o si no:- “Ándele señora, pruebe este pastelito de frambuesa, lo acabo de hacer... (Pastel maquilado con lodo putrefacto del jardín y decorado con mariquitas muertas a manera de frutillas). Y ya no les doy el resto del menú porque era realmente asqueroso. Lo que a mí me encantaba era cocinar con mi mamá. Me habían regalado un horno “milagro” - las que saben cocinar entenderán en qué consiste-, y cuando mi madre hacía pasteles me regalaba tantita masa y la poníamos a cocer junto con el “grandote”. Luego, lo decoraba y hacía rebanaditas pequeñitas para jugar, ahora sí, de al “devis”. Dos eran los juegos prohibidos en esa época: el doctor y a los “esposos”. No sé por qué, si el de los esposos consistía en decir: “Vieja, ya llegué del trabajo...”, “Ayyy que bueno viejo, siéntate a comer, ahorita te sirvo”. Y ya, era todo. Se nos iba más en la organizada de: “a que tú eras la señora de la casa y estabas haciendo la comida, entonces yo llegaba con mi portafolios y te decía ya llegué, y entonces tú me dices....” “¡No! Yo quiero ser el señor, los señores nomás se sientan y comen y la señora es la que hace todo, ¡siempre quieres ser el señor...!”. En fin, que todo es aprendizaje, desde chiquitas nos regalaron la escobita, la franelita, el trapeadorcito, la tinita, el jueguito de cazuelitas de barro, las cacerolitas, las cucharitas y todas esas “itas” que ahora nos tienen jugando “dealdevis”...
domingo, 12 de abril de 2009
Instrucciones para ver películas de muestra
Otra de mis experiencias alternativas ha sido el mundo del cine. Hace ya un buen tiempo que veo cuanta película cae en mis manos, pero señores hay que saber seleccionar. Cuando comencé a ir a ver películas de “MUESTRA” -sí con mayúsculas y entrecomillada, porque son LAS PELÍCULAS seleccionadas sólo para los elegidos- me comencé a sentir un poco incómoda porque no sabía qué actitud tomar. Mis referencias inmediatas eran películas como “Snoopy vuelve a casa”, “Barquillo de Limón” y “Porkyes”, estas dos últimas, ochenterisimas y preludio que anunciaba las peores películas de adolescentes. Imaginen mi asombro cuando en un grupo al que asistía, comencé a ver películas de Kurosawa o Andrezej Wajda. Como que si sentí la diferencia. Recuerdo una en especial "El hombre de mármol" que vimos en casa de una amiga. 164 minutos señores, del más puro aburrimiento. Nos empezamos a parar para rellenar nuestros vasos jaiboleros y al rato todos estabamos en la cocina contando chistes. Pues a raíz de tanto asistir a este tipo de exhibiciones, me di cuenta de varias características peculiares que tienen los que como yo, somos voyeristas de las vidas ajenas a través de la pantalla grande. Aquí les van algunos consejillos sobre comportamiento elemental cuando se asiste a una peli de muestra:1.Estar dispuesto a que, por dieciocho días, nuestra cena comprenderá únicamente palomitas y refresco de la “superdulcería”;
2.Prepararse emocionalmente para ver lo más bajo, lo más oscuro, lo más degradante o en su defecto, lo más sublime de las pasiones humanas;
3.Si esperan ver efectos especiales, esto no es lo suyo;
4.Hasta las películas animadas lo dejan pensando a uno ¡Caray! No irse con la finta de que son de “monitos”, hay monitos que te dejan catatónico;
5.El atuendo es básico: pueden usar el mismo que sugerí cuando se va a ver un espectáculo alternativo; pensemos que siempre es la misma gente que asiste a todas estas cosas;
6.Pedirle a nuestro acompañante que de tanto en tanto verifique si seguimos despiertos; hacer lo mismo en reciprocidad con él;
7.No se preocupen por llegar temprano, siempre que se pasa una peli de muestra normalmente tenemos 288 lugares disponibles en una sala de 290 butacas;
8.Para saber si una peli es de muestra lo único que tienen que hacer es verificar el horripilante horario en que las exhiben: 15:00 o 22:30 son los dos que no fallan;
9.Ni se molesten en inscribirse a sitios de cultura en su ciudad -nadie les mandará nada- investiguen en la cartelera de su localidad;
10.No olvidar poner cara de intelectual conocedor del cine de muestra: salir hablando a grito pelón sobre la fotografía, música, encuadres, planos e iluminación; jamás de vestuario y maquillaje, esas son banalidades;
11.Si la película es oscura, lenta y hablada en kurdo, es de muestra.
Espero no desanimarlos con estas referencias, lo que intento es que se integren a la brevedad en el fascinante mundo del cine alternativo.
viernes, 10 de abril de 2009
Sacado del cuarto de las injurias
Llamase cuarto de las injuria -según definición sustentada en su aplicación por mi padre- a aquél espacio de la casa ubicado en lugar alejado, bodega o lugar abandonado donde ponemos todo “lo que nos puede servir pero que en este momento nos estorba”. Toda casa que se precie, tiene un cuarto de las injurias, mal llamado desván, sótano o ático. En mi casa, cuando nuestra mucama ML nos cambió por dar seguimiento a un varón, su cuarto se convirtió en esto, puras injurias. Pero de verdad que cómo sirven... durante un tiempo, claro. En esos cuartos se guardan las cosas más inútiles e insospechadas, absolutamente inservibles, pero como los mexicanos le tenemos miedo al vacío y somos bastante ingeniositos para inventar soluciones al más puro estilo MacGyver, pues no nos resignamos a tirar nada. Y así, guardamos tablas y tablones de todos tamaños, tornillos que pertenecieron a un librero que armamos sin seguir instrucciones y que luego no supimos en dónde iban; pantallas de lámparas rotas “porque el alambrito está bueno, seguro que yo hago una mucho mejor”, toda la parafernalia navideña, por supuesto sin rotular, así que cuando llega la fecha tenemos que mover como doscientas cajas para dar con los santos peregrinos; tubos de cartón; marcos para fotografías; un espejo Luis XV roto; los retratos de los abuelos al carboncillo; los disfraces de los niños –que seguro no se ocuparán hasta que se tengan nietos; y para entonces el Oso Yogui ya no estará de moda-. Revistas viejas de belleza, cine, tejido en crochet y manualidades mil que siempre tuvimos la intención de hacer para dar a nuestra casa un toque “acogedor”; todos los regalos del 10 de mayo ocultos por una madre desesperada al no saber qué hacer con esos bodrios; regalos de boda que luego una anda “ropereando” para salir del paso (no lo nieguen). Finalmente, todo sirve, aunque no tengamos la certeza si será en este año o dentro de veinte. Cuando yo estudiaba diseño gráfico ¡como me sirvieron estos trebejos! Mi amiga Yan y yo teníamos unos papás cargapalitos (otro término paterno, definitivamente sin ánimo de albur) que tenían de todo lo necesario para subsistir a una carrera demandante de trique y medio. ¿Qué un libro de arte? Mi apá; ¿Qué un alambre galvanizado del No. 8? El apá de Yan; ¿Qué una musiquita del medioveo tempranillo? Mi apá; ¿Qué uno mono de ventrílocuo? El apá de Yan... todo mundo nos envidiaba por eso, la verdad nunca tuvimos que ir a la biblioteca o andar de aquí para allá en mercerías o tlapalerías consiguiendo cuanta cosa para las entregas. Así que si les llegan correos sobre desprenderse de lo humano, cultura del desapego, liberarse de cargas inútiles, desafanarse de tiliches, hagan caso omiso... el mexicano alcanzará el Satori cargando con todo lo imaginable...
sábado, 4 de abril de 2009
Cómo sobrevivir a un espectáculo alternativo
En mis andanzas por el mundillo de la cultura y el arte he incursionado en varios espectáculos y exposiciones de corte “conceptual”. Se preguntarán que qué es eso. Ni yo misma lo sé explicar, pero supongo que es algo que tiene concepto aunque he pasado noches enteras sin dormir tratando de develar qué judas quisieron decir con eso. Entre los que recuerdo con gran cariño está uno que se presentó en el festival de danza contemporánea. Un homenaje a Lorca. Describo la atmósfera: oscuridad total; inicia paulatinamente luz de fondo en tonalidades rojizas; sale bailarín en cueros con el pitirrin amarrado al más puro estilo yanomami entre nubes de hielo seco, copal y cigarro. Comienza a decir: “calor, calor, calor...” y lo repite como doce mil quinientas veces durante la hora que duró semejante suplicio. El de nosotros, porque no quiero ni pensar cómo sería el de él. Al final le cachamos que lo que quería decir era “Lorca” las doce mil quinientas veces. Se cierra el telón. No entendí, pero no he podido olvidarlo. Otra, una obra de teatro de corte posmoderno en donde salen siete personas corriendo de un lado para otro portando en las manos unos pocillos de peltre y haciendo como que se sirven té caliente con pastitas unos a otros. Duración de la obra: 1 hora 30 minutos. Les podría describir más de cinco de estas puestas en escena, pero no deseo aburrirlos. Mejor les dejo el decálogo que he compendiado para ustedes sobre qué hacer en caso de caer en las garras de un espectáculo semejante:1. Llevar a cabo un entrenamiento previo: elegir alguna silla o butaca incomoda que tengamos en casa y permanecer sentados dos horas como mínimo en ella; procurar moverse lo menos posible;
2.El vestuario es importante: pantalón de mezclilla o kaki, tenis o huarache de cuero, camisa de manta o playera con estampado de algún grupo de rock alternativo; para las damas, huipil oaxaqueño o guatemalteco; morral tejido en telar, indispensable;
3.Fijarse bien en quién te invita. Normalmente sale algún pariente del invitador en el espectáculo y éste no se anima a ir solo;
4. Analizar el marco en donde se presentará la puesta: si es en un festival de danza contemporánea, piénsenlo dos veces antes de acudir o en su defecto, lleven algún tipo de psicotrópico para estar a tono con el mensaje. Esta sugerencia también aplica para performance y obras de teatro alternativas;
5. Leer detenidamente en el programa si el espectáculo está patrocinado por alguna beca de instituto de cultura o gobierno del estado; este es el punto del no retorno y todavía tendrán oportunidad de huir;
6. Si en el mismo programa se encuentran descripciones de la obra como: “X compañía de teatro nos mostrará un espectáculo que representa una pesadilla pandemoníaca e imponente en sus imágenes y celebra la vuelta de los muertos, que tienen que volver a visitar a su tierra para que por fin puedan ausentarse, y así navegan con un gran gesto a lo largo de la corriente del infierno – ¡en punto muerto, directamente al ocaso!”, entonces valorar si es recomendable entrar o enfrentarnos a nuestros demonios;
7. Si no puede eludir la invitación, ir dispuesto a todo; uno nunca sabe si va a acabar bañado en salitre y con plumas pegadas al cuerpo;
8.Si la imagen que queremos proyectar a los demás es de absoluta intelectualidad y dominio del tema, jamás, pero jamás salirse a la mitad; esto provoca sospechas en la concurrencia y nos quemamos por nada; soportar estoicamente la jornada;
9. Nunca se sabe si ya terminó la obra, esta característica es típica de los espectáculos alternativos, así que es conveniente esperar a que los otros aplaudan o abucheen o manifiesten un gran apremio por huir de ahí... dar tres palmadas de cortesía por no dejar;
10.Al salir del teatro tengo varias alternativas por sugerir: ir al cine a ver una película de Van Damme o de la “Mole”; caer en el puesto de tacos más cercano; correr a un antro y/o embriagarse y tratar de olvidar. O todas.
Dejo a su consideración estos consejillos que la experiencia me dictó sin mayores pretensiones. Ustedes saben si hacen caso omiso o se arriesgan; que no se diga que no les advertí.
miércoles, 25 de marzo de 2009
Princess on board
Lo confieso. Siempre quise ser una princesa. A pesar de que mi madre me contó todo al revés; a pesar de que me dijeron que las princesas sólo existen en los cuentos de hadas, no importaba, toda niña que se precie quiere ser una princesa. Recuerdo mi incursión en el mundo de las fantasías no resueltas. La primera vez que salí a un escenario con vaporoso vestido blanco, fue cuando cantamos en el kínder “La danza de los muñecos” de Cri Cri. Yo era el hada que despertaba a todos con el poder de mi varita mágica. Una varita de ensueño, olvídense de las varitas que venden en los supermercados. Mi papá me hizo una con un palito y con una estrella en la punta, toda pintada de blanco y con harta diamantina, me sentía soñada. Y ahí acabó mi carrera de princesa. Al paso del tiempo –ya lo he platicado- en el momento de la organización de los festivales escolares, la angustia hacia presa de mi pequeña caja toráxica porque se daban los mejores papeles a las niñas güeritas de ojo azul y yo, claro, con los dientecillos salidos y separados, pues no daba el tipo que el papel requería. Pasaron delante de mí papeles como la “princesa caramelo”, princesa de la primavera, princesa del salón de prepa, princesa de cuento de hadas... Bueno, ni siquiera debuté en sociedad. Veía con una envidia a todas esas niñas haciendo su presentación de lo más naturales y merecidas... y yo, siempre era el pajecillo oculto de la corte real. Analizando mi vida, me he dado cuenta de que en muchos momentos de ésta, he sido una princesa. Por ejemplo: la vez que me presenté en el bailable y mis papás me aplaudieron a rabiar, o el momento en qué me titulé de mi carrera y me llevaron tremendo ramote de flores, o el momento en que un galán incógnito me declaraba su amor, o tenía un detalle caballeroso conmigo como abrirme la puerta de la carroza o retirarme la silla. ¡Es tan fácil hacer sentir a una mujer como princesa! Lo difícil es que de verdad nosotras nos sintamos princesas, porque a veces andamos de capa caída, o sintiéndonos que nadie nos quiere, o portándonos como la princesa del chícharo, esa que para todo pone remilgos. Ser princesa es cuestión de actitud.
sábado, 21 de marzo de 2009
Baúl de sueños y evocaciones
Este nombrecito no es de mi inspiración, confieso que lo robé de una exposición en la que estuve alguna vez, pero queda como anillo al dedo para lo que a continuación platico. Hace ya varios lustros, cuando comencé a salir con muchachos, recuerdo una ocasión en que uno de tantos, me traía arrastrando en el pavimento. Pues hete aquí que fuimos a unos quince años con unos amigos en donde se encontraba “ÉL”. Muy apuesto, con su traje de tres piezas absolutamente ochentero, mirada profunda, ojos de miel. Nos sentamos –nos sentaron mis amigas, diría yo- juntos y comenzamos a platicar. Yo, arrobada, ni pelaba lo que decía nomás por estarle contemplado sus ojitos de aguamiel en penca... y que se pone a dibujar en un papelillo que sacó de la cajetilla de cigarros: que si cuando fue al campamento –dibujaba mapa de ubicación del lugar-, que si tenía el proyecto de arreglar no sé qué parte de su casa –mapa de distribución de cómo estaba el palacio de mi príncipe-, en fin, que para todo gastó servilletas y papelillos mil. Yo, discretamente tomaba el croquis en cuestión y subrepticiamente, cual ladrona de sueños, lo guardaba en mi bolsita de mano. Al llegar a casa, traía yo en mi bolso un archivo, que ni el general de la nación. Pues bien, toda la semana me la pasé contemplando los papelillos diciendo para mis adentros: “¡Ay! Qué linda letra tiene”, “Ja ja ja, qué simpático y qué interesante su plática” y cosas por el estilo. Inmediatamente, me entró la necesidad urgente de inaugurar un lugar secreto en dónde colocar mis “tesoros” (como si fueran los mapas que me llevarían a su corazón). Encontré una caja decorada y comencé a guardar cuanta tontería se imaginen en él. A continuación enumero –no necesariamente en orden cronológico, claro- todo lo que tenía en ese baulillo de cartón:Un chicle masticado –Motita, porque era rosa-.
El pañuelo de tela manchado con loción
Un pañuelo desechable, con quién sabe qué sustancias vitrificadas
Los mapas arriba mencionados
Una cajetilla de cigarros convertido en auto fórmula 1
Como doscientas flores secas –No es por presumir, pero...
Un escudo de conocido colegio de varones
Un anillo con la estrella de David grabada
Una foto de un bebé que después no sabía ni quién era
Un palito de paleta de hielo marcado con una fecha incierta
Servilletas con frases, planos e indicaciones
La bachicha de un cigarro (sabe de quién sería)
Una cinta de tenis Converse, rota
Un llavero con un alacrán encapsulado (¡¡¡!!!)
Dos esferitas navideñas
Como doscientas tarjetas cumpleañeras (eso si se siente rete bonito)
Un paliacate medio nejo
Bueno, pues el fin de todas estas fruslerías tan útiles al alma afligida y tan inútiles de guardar vieron el fin de sus días uno de tantos, en que fui a un retiro espiritual (sí, lo confieso, yo iba a retiros espirituales). En ese lugar nos pidieron que lleváramos cosas que tuvieran un gran significado para nosotros y ahí voy, cargando mi baúl de sueños y evocaciones, de lo más ingenua. Al pasar la tarde, el padrecito nos dice: “Bueno niñas, ahora vamos a hacer un ejercicio de desprendimiento de las cosas materiales. Haremos una fogata y quemaremos todo en ella”. Nos miramos las unas a las otras: unas abrazaron la almohadita que las acompaño desde bebés; otras corrieron con el mono de peluche a la esquina del patio y se engarruñaron; hubo gritos y lamentos y tremendos lagrimones. Se armó la pira inquisitorial y estoicamente fuimos pasando de una en una para hacer el famoso “ejercicio”. De a tiro sentí que mi parte judía salía flote... ¡Qué cosa! Nomás veía como se arriscaba el alacrán, y volaban las flores convertidas en cenizas... Para lo único que sirvió el ejercicio de desapego fue para agarrarle chinguiña al padrecito y alejarme de la santa madre iglesia de volada. Lo bueno fue que no tardé en recuperar lo perdido, ya saben cómo se las gastan las medusas...
sábado, 14 de marzo de 2009
De domingos alegres y rumberas frustradas
Una de las variantes de mi acercamiento al baile fueron las películas musicales. Mi madre me platica que antaño, a la salida de misa, repartían un volante con la cartelera que se exhibía en los cines de la ciudad. Por supuesto que las de Tin Tan, Resortes y todas las de rumberas estaban clasificadas como FCPI, que significaba “Fuera de clasificación por inmoral”. Ahora esto sólo convoca a risa, pero en ese tiempo la censura ante los cuerpos curvilíneos y los bailes sicalípticos era terrible. Entonces, no quedaba de otra más que ir a ver las ingenuas comedias de Doris Day o los enredos amorosos cargados de música y baile que protagonizaban Fred Astaire y Ginger Rogers. Al cabo del tiempo y cuando las películas en “Beta” comenzaron a circular, uno de mis mayores placeres era ver estos musicales con mi madre al lado. Todo este antecedente lo platico para ponerlos en contexto por lo que a continuación relato: los domingos por la tarde resultan tediosos para cualquiera que ya tenga hijos en edad adolescente. Los padres ya no tienen pretexto para salir a comprar el globo o la paleta de hielo con sus vástagos, por lo que mis padres y un grupo de lo más ecléctico, decidió invertir sus domingos en reuniones de café, pastel y platiquita sabrosa. El grupo, como platico, estaba formado por una bailarina y un pintor, un ingeniero químico, dos hermanitas solteronas de mirada a lo Gloria Swanson –incluso una de ellas se peinaba así- un doctor y su esposa –los amigos con los que íbamos de vacaciones a balnearios guanajuatenses- una maestra de baile y mis papás. Los demás eran población flotante. Durante más de diez años se reunieron los domingos rolando las casas y el menú, además de que de pronto, alguno de ellos llevaba personajes interesantes del mundillo de la farándula o la intelectualidad defeña, por lo que ese día en especial, la reunión resultaba de lo más interesante y divertida. Ya entrados en confianza, un buen día decidieron hacer una fiesta en donde cada uno de los miembros daría a los demás un poco de su talento y soltura para el baile, la poesía o el teatro, por lo que se dieron a la tarea de preparar todo el tinglado. Mi mamá, que como ya he platicado, tiene una imaginación de lo más fértil, decidió con su amiga A montar un numerito basado en las cantantes de la época de los cuarentas y se dieron a la tarea –con gran regocijo- de hacerse unos vestidos inspirados en la película “Los caballeros las prefieren rubias” estelarizada por Marilyn Monroe y Jane Russell, en el primer número de la película. Negros, hombros al descubierto, consiguieron las talentosas damas unos aretes que aplicaron al inicio del escote que dejaría entrever sus curvilíneas piernas. ¿La canción elegida? Frenesí cantada por las hermanas Navarro. Durante varias semanas ensayaron la canción con la misma intensidad que describe el título de la canción elegida. Cuando llegó el ansiado día, sucedió que uno de los miembros del grupo tuvo un derrame cerebral, hecho muy lamentable pues era un muy querido amigo, por lo que la función se suspendió. Y así quedaron también los vestidos enjoyados, suspendidos en el gancho, colgados en el fondo de un closet, esperando a que tal vez las hijas se decidan algún día a seguir sus pasos.
miércoles, 11 de marzo de 2009
¡Oye Salomé...!
Siguiendo con las historias de familia, ésta que a continuación relato me causó mucha novedad. Resulta que antaño se usaba ponerle a las inocentes creaturas el nombre del santo que se celebraba el día de su arribo a este mundo. Pues bien, mi pobre bisabuela materna llamábase Jerónima, mejor conocida como Mamá Moma para los allegados. En un acto de violenta venganza ante tal apelativo, Momita le puso a sus hijas Saturnina –Nina para abreviar-, Serapia –Serapita, porque chiquito se oye menos feo-, Hildelisa –que era mi abuela hermosa y que toda la familia conocimos como Elisa- y para rematar, Salomé –que en el nombre llevó escrito su destino-. La tía Salomé, cuya historia es la más interesante de todas, se inspiró en la bíblica mala pécora y decidió en un arranque de pasión incontenible, fugarse con su novio a los United. Nunca se casó con el maldito canalla que la arrancó de manera tan alevosa del seno materno y quedose Salomé con un niño en brazos y abandonada, como bien consigna el poema de Julio Sexto:Cómo me dan pena las abandonadas,
que amaron creyendo ser también amadas.
Y van por la vida llorando un cariño,
recordando a un hombre y arrastrando un niño.
Ramón, el vástago resultante de esos amores prohibidos, creció y decidió volver a México para conocer sus orígenes. Organizó el viaje en el cual Salomé se negó rotundamente a participar y emprendió el viaje hacia la tierra del agua miel para visitar a los parientes. Se le esperaba con ansias y con curiosa morbosidad: hijo-pecado-de-tía-innombrable-viene-de- os-united-con cargamento-interesante. Llegó en tamaño carrote Ford Coupé negro modelo 54, con un cargamento de ropa gringa que hizo las delicias de chicos y grandes. Él compró de todas las tallas y colores y fue repartiendo a diestra y siniestra las anheladas prendas a toda la familia. Pero lo más curioso fue que llegó con su esposa Mary, una india Cherokee nativa de meritito Illinois. Con trenzas y toda la cosa. Se crearon nuevamente fuertes lazos familiares y se juraron visitarse a la brevedad. Cuando Ramón llegó a su tierra, le platicó a Salomé de los parientes y ella aceptó finalmente que mamá Moma fuera para allá. Reunión familiar en Chicago. Mi tío R, hermano de mi madre, vivía allá y como todo miembro de la familia Ch, fue raudo a presenciar el encuentro entre madre e hija. Reconciliación. Celebración por parte de Mary, quien los obsequió con una sesión espiritista, pues resulta que la tía Cherokee se dedicaba en sus tiempos libres a ser médium. Digna nuera de la familia. El regocijo de mi tío R no tuvo límites y llegó platicando a la familia sobre tamaña novedad. Mi abuela lo mando de inmediato a santificarse con el sacramento de la confesión, pues ya se sabe que todas esas prácticas son pecado y están penadísimas por la Santa Madre Iglesia. De lo que se entera una en las pláticas de sobremesa.
sábado, 7 de marzo de 2009
Piropos
¡Ay niña! cuándo vendrá el hambre para comérmela a usted.¡Que preciosidad! Por usted soy capaz de trabajar.
¡Vaya un busto! Que trabajo le costará cruzarse de brazos.
No hay bombero en el mundo que pueda apagar el fuego de sus ojos.
¡Virgen de Guadalupe! Aquí esta su Juan Dieguito.
Vaya una mujer perfecta. ¿Acaso es su papá tornero?
No mire el suelo, que con sus ojos va a romper el asfalto.
A ver si a ustedes se les ocurre algo más original... ¡por Dios!
Divina mujer: ahora le toca a las cartitas amorosas
Texto tomado de un libro que se llama “Cartas amorosas”: “El amor inspira para escribir bellas cartas de amor en las que se vuelca toda la pasión, todo el sentimiento, toda la ternura, ahora que, muchas veces la fuerza de esa pasión es tan avasalladora, que no se sabe lo que se escribe y es para esos casos para los que se han escrito los modelos de cartas amorosas que aparecen en este libro”.Un buen día, me dio por comprar libros cursis. Tengo de todo: “Cómo ser una joven encantadora” , por ejemplo, otorga a la núbil lectora un sinnúmero de consejos para gustarle al novio, al amante, al marido incluso. Tengo otro que es realmente tierno: “Cómo conseguir marido”... no hace falta decir que las instrucciones asentadas en el libraco de marras son por demás ingenuas... pero los que me encantan son los libros de plantillas para escribir una cartita amorosa. En su índice da cuenta de los siguientes temas para no batallar nada cuando la musa Erato se niega a iluminarnos: cartas para pedir una cita, para exigir una respuesta, para contestar después de recibir el anhelado si, carta explicándole al ingenuo novio que sus padres desean que ella rompa relaciones, reclamo, aniversario, abandono, rompimiento; cartas rehusando y aceptando, carta de un militar a su esposa (único caso en donde se señala la profesión del interfecto, lo que me hace pensar en una gran incultura amorosa en este ramo)... en fin, toda una gama de posibilidades. Además, trae entre sus páginas una serie de “lenguajes ocultos” que harían las delicias de nuestras bisabuelas: el lenguaje de las flores y el del abanico; dedicatorias para postales, para retratos e incluso una sección de piropos. Como ya sé que están pensando porqué la Rima no publica algo de esto, aquí les pongo una muestra para que se entretengan:
Declaración amorosa
Divina Criatura:
Esta confesión no me causa vergüenza, porque creo que es una confesión digna de ser oída y comprendida por usted. Yo tengo la idea de que el sentimiento amoroso de un hombre no debe andar con rodeos ni con misterios para expresarse a una mujer. Por eso le digo que la amo y lo digo sin turbación, pues mi amor por usted es un amor sano, sincero: no es un amor vulgar.
Mi amor apasionado hacia usted, es digno de ser correspondido, porque se desprende desde el fondo de mi corazón.
El que haya sido inspirado por usted me llena de orgullo, me causa una sensación indefinible y me da valor para manifestarlo. ¿Cesarán pronto mis preocupaciones? ¿Calmará usted mis desvelos?
Espero que este sentimiento de mi corazón no le sea indiferente, y, mientras llega su contestación que espero sea favorable, quedo rendido a sus pies.
Su enamorado.
Contestación negativa a una declaración
Distinguido señor:
No sabe lo difícil que es para una mujer, contestar una carta amorosa como la que usted me envía, pues el caso es que soy una mujer desilusionada del amor, que no cree que haya un hombre verdaderamente sincero a quien se le pueda entregar el corazón.
Esta es la única razón por la cual mi respuesta no es como usted la desea. Pero no se desanime, amigo mío, pues hay otras mujeres en el mundo que no están amargadas como yo y que pueden corresponderle y hacerle feliz.
Mi contestación por ahora, es negativa a sus deseos y seguiré sola en la vida con mi amargura y mi pena.
Soy su servidora..........
Si alguna vez se les ofrece, nomás es cosa de que me digan en qué situación se encuentra su corazón y mando a vuelta de correo la respuesta ideal. Sobre todo, si son militares.
viernes, 27 de febrero de 2009
¿Cuál es mi paraíso, si se me va la vida en infiernitos?
Hace poco estaba cocinando en casa de mi madre –si, ya sé, pero a veces cocino- y se me cayó la sal en grano. Mi madre exclamó: -¡Cuidado! ¡Que pones a llorar a los niños del limbo! Mi desconcierto no tuvo límites, primero porque soy atea y segundo, porque según las últimas noticias obtenidas, el limbo no existe, lo eliminaron del mapa celestial y de la esperanza de miles de madres que esperaban que sus hijos vieran la gloria el día del juicio final. Pues bien, este hecho me hizo reflexionar sobre las otras tres opciones que nos quedan: cielo, purgatorio e infierno. Me quedé pensando –como muchos otros, en mi caso- que estos tres sitios pertenecientes a la metafísica más elemental, nos los construimos día con día. Y la mejor opción por construir supongo que es el cielo. De niña me construí varios paraísos. Por ejemplo: cuando iba a la dulcería C, -que por cierto tiene todavía los dulces más ricos que los besos de la novia- el cielo para mi, era trabajar ahí porque me habían informado fuentes fidedignas que la dueña permitía que las señoritas logradas que trabajaban ahí, podían comer todo el chocolate que sus amplios estómagos les permitiera contener. A mí eso se me hacía la gloria, pero analizando a las mencionadas señoritas, me di cuenta de que eran de “carita difícil” –como dice mi padre cuando ve una muchacha poco agraciada- y que, francamente, podía uno llegar al hartazgo fácilmente. Y si no me creen, pregúntenle a una amiga, que cuando le hizo el fuchi a la comida que le daba su madre, ella correspondió preguntándole que qué le gustaría comer entonces, a lo que ella respondió que dulces, por lo que la santa mujer -solícita como toda madre- procedió a cumplir los deseos de su disgustado vástago y le dio a comer dulces, chocolates y jaletinas durante una semana, hasta que la niña pidió a gritos aunque fuera un limón con sal. Ese, definitivamente, no podía ser el cielo. Pasados los años, cambié de paraíso varias veces: el paraíso era ir a ver películas de Walt Disney al cine Azteca con mis papás; que me llevaran con mis hermanos a la juguetería Félix para ver los regalos que nos traería el “Niño Dios” esa navidad; salir a toda velocidad en mi bicicleta “Vagabundo” con mis amigas; que me dejaran platicar con mis vecinas de la cuadra hasta las 10 de la noche; que el muchacho objeto de mi anhelo me volteara a ver de vez en cuando; que me sacaran a bailar las”calmaditas” en las tardeadas ochenteras; que un muchacho me pidiera mi teléfono, aunque después el paraíso se convirtiera en infierno porque el indino no me hablaba o si me hablaba, era para preguntarme por mi amiga “X”. Total, que me di cuenta ya medio tardecito que la vida tiene dos opciones: o estás en el paraíso o te la pasas instalado en el infierno, tú tienes esa opción. Eso del purgatorio como que no va conmigo, porque sería como vivir a medias tintas. Tengo la esperanza de que las autoridades eclesiásticas lo erradiquen y saquen a todas esas ánimas sufrientes. Así que he decidido –en la medida de lo posible- vivir en el paraíso que para mí es cualquiera de las cosas que están en mi lista de cien gustos, más los que se adhieran a ella con el tiempo. Mi paraíso es pasar tiempo conmigo, es encontrarle la pasión a lo que uno hace; es pensar que hoy, aquí y ahora, estoy viva; que tengo la opción de elegir darme a los demás; aunque a veces, el infierno sean los otros.
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