martes, 5 de julio de 2011

Cómo sobrevivir a la presentación de un libro

Hace poco fui a la presentación de un libro. La autora es una escritora reconocida a nivel mundial, por lo que el evento resultó un éxito. Pero no puedo evitar platicar sobre los sucedidos en tan magno evento. Después de las palabras cargadas de florituras, epígrafes de autores de la región y relevancia de la reunión por parte de las autoridades gubernamentales; después de la presentación del libro por parte de una adorable señora amiga de la autora; después de las palabras de la autora, que es de una sencillez y personalidad encantadora, después de todo esto, a la señorita conductora se le ocurrió decir que si alguien deseaba hacer una pregunta. Éramos quinientas almas atormentadas por la canícula solar, así que no faltó el sádico apuntado que se lanzó al presidium: un señor que a todas luces se le veía cara de bardo y que, sin asomo de pudor, soltó su comentario: -“Señora”- le dijo –“me permito leerle unas líneas de una poesía compuesta con los títulos de los libros de su autoría. Con todo respeto, dedicada a usted”- . Y que se arranca el hombre a declamar su “poesía”, efectivamente, utilizando los nombres de todos los libros escritos por la autora, que no son número despreciable. Hasta eso que los acomodó muy bien, porque tenían hilatura y congruencia. La mujer lo veía con una mirada de entre ternura y benevolencia. Aquí debo aclarar que el público se dividió en dos bandos: el integrado por los que sentían pena ajena de ver al hombre y soportaban estoicos el embate literario del bardo y los que de verdad creían que “¡qué bien escribe este señor, se ve que tiene oficio!”. Así que si alguna vez asisten a una presentación de libro, les pongo estos sencillos consejos para salir bien librados de la eventualidad:

1. Procure sentarse hasta atrás, así puede correr en caso de aburrimiento crónico;

2. En la parte de atrás es más fácil disimular un ataque de risa en caso de que a algún bardo lugareño le dé por declamar su última producción;

3. Si le toca sentarse adelante, procure llevar bufanda, pañuelo o fichú, sirven para lo mismo que lo indicado en el punto 2;

4. Siempre mantenga la vista fija en un punto, eso dará la sensación de que está sumamente interesado. También funciona una libreta de apuntes;

5. Lleve por lo menos 200 pesos consigo, si no compra el libro, por lo menos traerá dinero para diluir el trago amargo con unas chelas;

6. Si compró el libro, esté dispuesto a picar ojos, tumbar dientes y dar codazos para obtener el autógrafo del autor;

7. No se lance a la charola de canapés y copas de tinto como gato a bofe, siempre debe dar la impresión de que asiste para ver las novedades literarias y no para cenar gratis;

8. Aprenda palabras como: “articulación”, “congruencia”, “metonimia”, “lexia”, “constructo” y “concretizar” e intégrelas en su vocabulario al momento de que le pidan su opinión sobre la obra a homenajear;

9. No ande pregonando por ahí que usted fue compañero de 3º de kinder del escritor y que gracias a usted, él encontró su veta literaria: es de muy mal gusto;

10. Si no conoce a nadie de la concurrencia, intégrese a corrillos de dos o tres personas y ponga cara de interesante. El atuendo es básico, puede consultarlo en: http://medusaenapuros.blogspot.com/2009/04/como-sobrevivir-un-espectaculo.html o si lo prefiere en: http://medusaenapuros.blogspot.com/2009/04/instrucciones-para-ver-peliculas-de.html

sábado, 21 de mayo de 2011

Las proporciones bíblicas

Desde que tengo uso de razón, el mundo se está acabando. Las amenazas de tal cataclismo, todas de proporciones bíblicas por supuesto, fluctúan entre varias teorías y los científicos no se ponen de acuerdo. A saber:

Nos caerá un meteorito: La NASA por supuesto, ya tiene un plan ranchero para que si una masa interestelar ose siquiera pasar de ladito por nuestro planeta, éste sea liquidado en un santiamén. Me enteré de que muchas personas están sumamente preocupadas por el impacto, ya que se teme que las cartas astrales de los hijos por nacer cambien y acaben siendo psicópatas…

Los robots toman el mando: Un científico vaticina que para el año 2050 las máquinas tomarán el mando, tal y como lo vemos en cualquier película de ficción. Yo opino que ya lo hicieron, ahora todo mundo es “maquinodependiente” y hay quienes han tenido ataques de pánico de sólo pensar en perder su celular… incluida yo.

Fin del mundo en 2012: los mayas, personas harto sapientes en eso de los cálculos matemáticos predicen que el año que viene se acabará el mundo. Ya hasta les hicieron película para calmar el hambre de morbo de los espectadores deseosos de contemplar cómo acabarán sus días. Ya la vi, y realmente es terrible…

El juicio final: De casi todos conocida, esta teoría predice que el señor bajará en un trono y nos pasará a formar a todos. Los buenos al cielo irán y los malos se perderán…

Hoy 21 de mayo se acaba el mundo: según Harold Camping, lider de una especie de secta-iglesia, el mundo se acabará hoy por medio de un terremoto que sacudirá la tierra por lo menos hasta el 21 de octubre. Según anuncia el mencionado Camping, las tumbas se abrirán y los restos de las personas creyentes se irán al cielo con todo y chanclas. El resto de nosotros, pobres ilusos, seremos revolcados en el estiércol y el lodo y comidos por gusanos y animales, a los cuales no les afectará en nada esta hecatombe… Sigo esperando… no sucede nada… espero… nada… Me pregunto qué dirán los seguidores de este hombre. Me los imagino con cara de interrogación y pensando que han perdido su precioso tiempo cantando alabados, todos muertos de miedo… Los veo en el próximo de la serie…

sábado, 30 de abril de 2011

Las Mary Pepas y otros apodos

Tengo un amigo que un día, narrándome un evento social me dijo: “…total, que fueron puras “Mary Pepas”, estuvo aburridísimo”. Quedé absolutamente intrigada sobre eso de las “Mary Pepas”, así que ahí les va la definición que me soltó: “Dícese de las señoras de alta alcurnia y más rancio abolengo que van cargando por la vida un apodo o sobrenombre cursi y ridículo”. Me quedé pensando y caí en cuenta de que, efectivamente, tenemos en nuestro haber varias “Marijos”, “Picos”, “Bebas”, “Chinas”, “Lupis” y “Danis”. Indagando entre mis selectas amistades, caí en cuenta que los apodos cursis para nombrar a la pareja son los más divertidos. Las mujeres, por supuesto, somos muy dadas a poner sobrenombres al objeto de nuestro amor, cosa que los hombres toleran durante el noviazgo y soportan en el matrimonio. Aquí les dejo una escogida pero no por ello menos interesante selección de apodos: Tenemos a escoger los clásicos: “flaquito”, “guerito”, “corazón”, “cariño”, “vida”, “bebé”, “mi rey”, “amor” y “gordo”. Los culinarios: “pastelito”, “algodón de azúcar”, “bizcocho”, “bombón”, “caramelo” y “kisses of strawberry”. Los zoomorfos: “conejito”, “gatito”, “pollito”, “burrito” (no pregunté por qué), “tigre” y “osito (si se le agrega ‘de peluche’, mejor)”; los compuestos: “pedacito de mi vida”, “amor de mi vida”, “mi niño hermoso o precioso”, “mi corazón”, “mi vida” y “cosita bella”; las palabras femeninas convertidas a masculino: “bellezo”, “princeso”, “mi vido” o “cosito”; los que quieren decir todo lo contrario: “feito”, “horrible” o “tontín”; los que modifican palabras, entre más ñoño se escuche, mejor: “pechocho”, “amorchito”, “bombonshito”, “cochi” y “papirruchin”; los astronómicos: “mi sol”, “mi cielo”, “pedacito de nube” y “mi ángel”. Para mi gusto, los mejores: palabras inventadas: “cuchurrumin”, “cuchiflitín”, “chirriscuiscuis”, “chiquistriquis”, “cañangas ñangas”, “puchito” y “cuchito”. Tengo un amigo al que le gusta que le digan “papito” o “mi amo”. Cuestión de gustos.

lunes, 25 de abril de 2011

Máxima velocidad

Así como en una pistola lo que mata es la velocidad y no la bala, en cuanto a viajes se refiere, lo que aburre y destroza los nervios no es el destino sino el transporte. Y me refiero al sistema de transporte terrestre con el que contamos en este bello y extenso país. Y eso que ha mejorado. Ahora podemos disfrutar de una “buena” película, aposentados en “cómodos asientos reclinables” sin molestar al de al lado porque cada asiento cuenta con una unidad de sonido que nos ofrece 8 canales de audio, los cuales podemos disfrutar a través de un par de audífonos. Además, antes de ingresar a la unidad, la firma de autobuses de primera nos regala un lonche para que no pasemos hambre y sed durante el trayecto. Todo esto suena paradisíaco, pero la realidad es otra…

Del lonche: Te dan una bolsita con un sándwich empacado en la madrugada del día anterior que contiene una rebanada de jamón de dudosa procedencia y otra de queso amarillo; el sándwich se encuentra remojado, lo que ocasiona una textura pegajosa, es entonces cuando la servilleta aprovecha y se adhiere a la superficie del bocadillo de manera que tenemos que pellizcar el pan hasta eliminar todos los vestigios del papel. Además, incrustado en él, encontramos una bolsa de mermelada de chile jalapeño y una bolsita de maíz inflado como postre… a los suertudos, les toca manzana.

De la película: si logras que los audífonos se ajusten a tu cabeza y que el contacto logre unirse al enchufe de los mismos, primero te chutas un video promocional de la transportadora terrestre en donde ves a un simpático autobús que asiste al servicio regularmente para que verifiquen su estado. Poco después, una película que ya viste cinco veces y que normalmente trata de un secuestro de autobús a velocidad inaudita, con varios niños a bordo, una señora embarazada de gemelos y un hombre con un portafolio misterioso atado a la muñeca… el malo baja de la unidad a varios hombres, los cuales son eliminados con un certero balazo en la nuca sin que al secuestrador le tiemble una ceja. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Si la combinación de estos dos factores de riesgo no ocasionan problemas intestinales en su persona, ya la hizo. En caso contrario, tendrá que recurrir a los baños de la unidad, lo cual requiere de una habilidad digna de un funambulista. Y de atinarle al retrete, ni hablemos.

De los asientos: los que poseemos una estatura más bien baja, jamás podremos ver la película si el vecino de enfrente no se reclina lo suficiente. Pueden sacar del compartimento de almohadillas unas 20 de éstas para elevarse ligeramente u optar por escuchar música a escoger: “instrumentales de ayer y hoy”, “corridos norteños”, “éxitos de Barney” o “La hora de José José”. Quiero un Ipod. ¡Ah, qué bonito es viajar!

sábado, 26 de marzo de 2011

Canciones de terror

Siempre me había preguntado por qué en las películas de terror cuando sale una pequeña niña peinada con coquetas trencitas y mirada asesina se oye de fondo una ronda infantil que por supuesto, le da un toque de horror a toda la escena. Al recordar las canciones de mi niñez, lo comprendí todo.

Desde los arrullos de la temprana edad hasta el conocido juego de “Acitrón”, toda la niñez de su servidora fue cantar canciones surrealistas, que a la fecha me provocan sueños recurrentes. Como siempre, quiero imaginar a los bardos de antaño pensando: “¿Qué podrá rimar con ‘toronjil’? “. Consciente estoy de que todas esas cancioncillas se escribieron en siglos muy pasados, pero los que las escribieron, segura estoy, eran psicópatas frustrados. ¿Quién le canta a su niño para dormir “duérmase mi niño que ahí viene el viejo y le come el pellejo”? ¿Quiénes son los “maderos de San Juan que pien pan y no les dan”? Y que además piden queso y les dan un hueso… De las canciones infantiles que todavía a la fecha rondan mi cabeza y que no alcanzo a comprender son: “A tapar las calles, que no pase nadie, que pasen mis abuelos, comiendo buñuelos”… Y aquí viene la frase surrealista: “tortillas amarillas que se hinquen de rodillas”… yo que soy literal para casi todo, imaginaba unas tortillas gigantes dobladas como quesadillas tapando la calle de mi cuadra. Para pesadilla infantil digo yo. ¿Quién es es famoso “jicotillo” que anda en pos de Doña Blanca? ¿Quién era esa pobre niña perseguida por tan infame monstruo? Para su conocimiento, el jicotillo es una abejita que anda buscando aparearse, por lo que literalmente lo que haciamos sin darnos cuenta era jugar con un rito a la fertilidad. La rueda de San Miguel que nos obligaba a cargar un jarro de miel y además voltearnos al estilo “burro” que según parece era colocarse de espaldas a la ronda. ¿Y qué me dicen de la canción “El patio de mi casa como es particular, se lava y se plancha como los demás”? A la fecha sigo pensando cómo un patio se puede lavar y planchar y además, como todos los demás patios. Con razón a los productores les causa un placer morboso poner este tipo de canciones en sus películas.

PD. La niña de la foto es de la película "La mala semilla" no se la pierdan.

domingo, 13 de marzo de 2011

La felicidad

He decidido que para ser feliz necesito el “Instyler” que dará forma y brillo a mi cabello olvidándome de los innecesarios rulos y la secadora de pelo; necesito el “Lipodress” vestido soñado por mujeres de curvas voluptuosas que transforma el cuerpo y le otorga a la mujer cuerpo de diosa y tres tallas menos sin necesidad de hacer enfadosas dietas; esto pienso complementarlo con la “Sedicina” fórmula única la cual le dará a mi piel la apariencia de la seda además de robarle al tiempo diez años con la “Colageína” que me dará apariencia de una mujer de 16 pero con la experiencia de una de 40… Me olvidaré de que mi bolsa de mano es el agujero negro de mi vida porque tendré en mi poder el “Easy Keeper” artilugio mágico en donde podré guardar hasta noventa productos de varios tamaños; incluso guardaré cosas que ni soñaba cargar en mi bolsa, pero que de seguro necesito. Tengo espacio debajo de mi cama, así que no tendré problemas al adquirir el “AB Flyer” con el que obtendré un abdomen de roca y lo complementaré con el “Mini AB Nes Cicle” que ofrece un estómago plano; o mejor me pongo el “Diet ring” en el dedo correcto –espero atinarle- y bajaré de peso; por si fuera poco, con los nuevos “New Shape” que vienen en lindos colores y modelos tonificaré mi cuerpo y se me pararán las pompas… ¿Y si uso el “New Shape” combinado con el pantalón modelador levanta pompis? Mejor no, tal vez corra el riesgo de que me queden las nalgas a la altura de la cintura… No más lágrimas y pies chuecos después de usar tacón alto, porque tendré en mi poder el dispositivo de gel flexible “Pampered toes sensation” que incluye una unidad motorizada para que el artefacto masajee mis doloridos pies… Y para dormir con buena postura nos han bendecido con el “Side Sleeper pro” que alineará mi cuello y espero que las chakras también… Para la cocina, nada como preparar ricas comidas al instante usando el “One touch” que abre latas en segundos, para posteriormente utilizar el “Sartén Latino” en donde puedo cocinar dos platillos a la vez. Después limpiaré todo con el prodigioso “Easy Life Mop” trapeador ultraresistente que tiene un sistema de secado centrífugo con sólo pisar un pedal… el “Trapito milagroso” se encargará del resto de la cocina ya que levanta líquidos 21 veces más que un trapo común sin que se derrame ni una gota… A mis amigos los conmoveré con las hermosas tarjetas que vienen en el kit “Magic moments”: ya no tendré que pensar en engorrosos mensajitos conmovedores ni en imágenes de cachorros desvalidos… Veré pasar toda mi vida frente a mis ojos sin necesidad de morir, con el innovador portaretratos digital con capacidad para miles de fotos y lo bueno es que lo venden en versión llavero ¿qué más puedo pedir? No cabe duda que la felicidad actual está al alcance de un “clik”…

sábado, 12 de febrero de 2011

La heredera

Una de las situaciones que siempre he querido vivir es la de ser heredera de una tía lejana a la que nunca conocí, pero que me tenía en sus pensamientos como única posibilidad de ser su heredera. No he perdido la esperanza, aunque debo decir que el único temor que me embargaría al ser heredera es que me pasara lo que a Olivia de Havilland en la película del mismo nombre, aunque fea, no soy. Pero hete aquí que, como dicen en los cuentos infantiles cuando los protagonistas se ven con las esperanzas perdidas en el bosque de la desolación y el abandono: “… vieron una lucecita brillando alláaaa a lo lejos…” Resulta que con la maravillosa comunicación que se deriva de la internet, ahora soy candidata a no una, no señor, sino a varias herencias. Me explico. Últimamente han llegado a mi bandeja de entrada correos que vienen de remotas tierras, muchas de éstas, ni siquiera imaginadas. Casi todos los correos se manejan con el mismo argumento y con una redacción que los hace más creíbles. “Querida amada en Cristo” comienzan casi todos, lo que francamente le da a una la tranquilidad de estar leyendo correos de gente decente y seguidora de los preceptos que demanda la religión: “no tengo otra manera de comunicarme con usted más que por correo electrónico. Estoy desesperada y mi corazón sangra cuando escribo este mensaje para llamar su atención”. Aquí ya me andan conmoviendo, imaginar a un ser humano en esas condiciones siempre me desgarra el alma. “Soy una ciudadana de Costa de Marfil, mi esposo murió hace dos años e hijos no tengo. Tengo una enfermedad terminal y he agotado todos mis ahorros en atención médica. La razón que me impulsa a escribirle es que tengo un fondo para un proyecto de caridad pero se encuentra bloqueado en Costa de Marfil”. La amable señora prosigue su relato diciéndome que le mande todos mis datos, que con la gracia de Dios, me heredará dos millones de euros para hacer una fundación en su memoria. A estas alturas, ya tengo la garganta hecha nudo y el alma, pedazos. Me sobrepongo y pienso: “ni loca, capaz que me pasa lo que a Olivia”, pero, si alguna de mis tías lejanas me quiere heredar, no hay fijón.

sábado, 29 de enero de 2011

Dinámicas de integración

Desde que tengo uso de razón he estado asistiendo a retiros espirituales, encuentros juveniles, pláticas de superación, seminarios de relaciones humanas y cursos cuyos títulos van desde “Sea usted dueña de su vida” hasta “Cómo descubrir a su diosa interior”. He de aclarar que mi asistencia a este tipo de eventos no ha sido por voluntad propia. Confieso sin pudor que he sido obligada por las circunstancias. A saber: preparación para hacer la primera comunión o cómo caer en estado de gracia ante Dios –por iniciativa de las monjas del colegio donde estudié mis primeras letras-. O bien, por instancia de los altos mandos de mi trabajo, que ven con benevolencia a todos aquellos que quieran llevarse relativamente bien con los colegas de cubículo aunque estos sean tan sociables como una araña rinconera.

Pero invariablemente, en todos estos cursos y seminarios y como primer numerito, me topo con las malditas dinámicas de integración. Resulta que para que todos nos conozcamos y nos tengamos confianza, algún ser engendrado en el lado oscuro y con intenciones por demás aviesas, se ha dedicado a diseñar estas dinámicas “rompe hielo” que provocan evidenciar la falta de habilidades psicomotrices y de pensamiento lógico de los asistentes. A continuación pongo a su consideración algunas de estas temibles dinámicas que me han provocado pesadillas y traumas inenarrables:

EL BUM: Todos los asistentes se sientan en círculo; se le indica al participante que se enumere en voz alta y que a todos los que les toque un múltiplo de tres (3- 6- 9- 12, etc.) o un número que termina en tres (13- 23- 33, etc.) debe decir ¡BUM! en lugar del número. El que sigue debe continuar la numeración. Ejemplo: se empieza, UNO, el siguiente DOS, al que le corresponde decir TRES dice BUM, el siguiente dice CUATRO, etc. Pierde el que no dice BUM o el que se equivoca con el número siguiente. El “facilitador” que puso la dinámica discurrió combinar múltiplos de 3 con múltiplos de 5. Es fecha que todavía tengo insomnio.

CUERPOS EXPRESIVOS: Se escriben en los papelitos nombres de animales (machos y hembras). Ejemplo: león en un papelito, en otro leona (tantos papeles como participantes).Se distribuye los papelitos y se dice que, durante 5 minutos, sin hacer sonidos, deben actuar como el animal que les toco y buscar a su pareja. Cuando creen que la han encontrado, se toman del brazo y se quedan en silencio alrededor del grupo; no se puede decir a su pareja qué animal es.Una vez que todos tienen su pareja, se dice qué animal estaba representado cada uno, para ver si acertaron. Yo le pregunto al “facilitador” cómo demonios quería que actuáramos nombres de animales como zarigüeya, babuino, urraca y grillo.

Eso sí, no puedo negar que las dinámicas tienen un efecto positivo. Acabo de formar un grupo de terapia de apoyo para aquellos que fueron víctimas de semejantes atrocidades. Eso sí, todos estamos muy integrados.

sábado, 8 de enero de 2011

“Yo soy rielera…”

A mi los trenes me parecen románticos. Esas escenas de película en dónde uno de los dos se trepa en el tren, mientras el otro se queda en el andén transido de dolor, me hacen llorar a lágrima viva. Las luchas de buenos contra malos sobre el techo de un tren que entra en un túnel mientras un helocóptero los sigue de cerca, son excitantes… la clásica escena de cine mudo en donde la rubia de bucles es atada a la vía por el malvado villano de bigote barroco, mientras se acerca una máquina de vapor a todo mecate, me hace sudar las manos a pesar de que ya sé que el muchacho la salvará en el último minuto. Los que no se salvaron, fueron los trenes. A mí no me tocó el auge de los trenes de pasajeros en mi país, pero según decires de mis mayores eran todo un espectáculo. Lo que sí tuve la dicha de conocer, fue a una familia que viajaba en tren. Con ellos tuve oportunidad de experimentar las delicias de viajar en tren. A la huasteca potosina, a Cárdenas (de mis recuerdos más hermosos), a la capital, a San Miguel de Allende, a Real de Catorce. Era toda una experiencia viajar en tren. Salíamos tempranito a la estación y ya nos estaba esperando trenes que salían para Tampico o Monterrey, o la capital. Me acuerdo de sus asientos de madera y de los lugareños que entraban vendiendo gorditas de cuajada, o gelatinas o tacos. O los grupos musicales que amenizaban el viaje cantando corridos acompañados de un acordeón o un violín. Del sonido profundo del silbato. Me acuerdo de las estaciones de piedra, construídas en medio de la nada, con nombres como “Maroma”; “Borregos”, "Wadley" o “Las Ánimas”. Construcciones macizas, todavía algunas en pie y amuebladas con bancas de madera, algunas hechas de durmientes. Viajar en tren era transportarte a otras épocas, conocer otros paisajes a los que no se tiene acceso por medio de carretera, arrullarte con el sonido de las ruedas sobre la vía, a asombrarte con los uniformes, con la religiosa puntualidad, con los rostros de los viajantes… “Es increíble como un país como México no tenga tren de pasajeros” me dijo una amiga. Ella y su familia me enseñaron a viajar en tren y las dos estuvimos de acuerdo en que sólo por esto, deberíamos tener otro Don Porfirio como gobernante… Esta nota se la dedico a Don Paco… por todos los trenes que mantuvo con vida.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Los guías de turismo

Lamentablemente no suelo salir de viaje de placer con frecuencia, pero cuando lo hago, me gusta saber lo que voy a visitar e informarme primero. Muchos prefieren contratar un guía que los lleve a los lugares más significativos de la ciudad que visitan o de plano como le hago yo: me le pego a un grupo que ya lo contrató y me mantengo parando oreja para ver qué pesco. Cuando uno anda en esas andanzas, le pasan cosas de lo más barrocas con estos personajes tan necesarios en nuestras vacaciones. Sin ellos, viviríamos en la ignorancia turística. Están, por ejemplo, los que inician la recitación sobre la leyenda del Callejón del Beso a los cuales no hay que interrumpir en su perorata porque vuelven a empezar desde el principio y los que se pelean porque su leyenda de la “Llorona” es la auténtica y no la de otros estados y uno que me impresionó en Chichén-Itzá que era indígena maya y además de hablar su lengua natal se aventó la explicación en español, inglés, alemán y francés.
He aquí algunas anécdotas: un día, fui a Guanajuato, ciudad que se distingue por los chorrocientos escalones con que cuenta la entrada al edificio de la universidad. El grupo se detiene al final de la escalinata y a un interesado turista se le ocurre preguntar: -“Oiga joven, ¿Y cuántos escalones tiene esta escalera?”- A lo que el docto guía le contesta: -“Mire, se estima que en promedio cuenta de 230 a 232 escalones”. Todos se quedaron muy contentos con la respuesta, pero yo no me aguanté las ganas de decirle: - “¿Y eso pasa en tiempo de frío o de calor?”-. Fui fulminada por gélida mirada. En San Juan de Ulúa, que como se sabe, fue una cárcel pero que ahora se ha convertido en atracción turística, podemos encontrar la celda de Juan Charrasqueado y otra que se caracterizaba por entrar vivo y salir muerto a causa de un vinagrillo que en ella habitaba. Bueno, pues el grupo de damas seguía a un guía de lo más pintoresco, con acento “cojteño” y sangre liviana. El grupo se acerca a la tenebrosa celda y el guía le pide a la concurrencia: “Bueno, pues ahora les voy a pedir que cuenten hasta ocho para que vean lo que pasa”. Todos los integrantes del grupo comienzan: “1… 2…3… 8” Y el guía: -“¡¡¡Maaaamboooo!!!”- Dando inicio a un baile sicalíptico como pocos se han visto. De más está decir que el hombre se hizo merecededor de aplausos y copiosa propina. Y les recomiendo que hagan el viaje en el tranvía de esta bella capital potosina, con suerte les toque un conductor-guía que además de saberse el nombre completo de Doña Francisca De la Gándara y Calleja del Rey Bruder Losada Campaño y Montero de Espinosa les puede amenizar con una regia interpretación en la voz de Pedro Infante de la conocida canción “Acuarela Potosina” al llegar al barrio de San Miguelito. Que hacer turismo en tu ciudad, también es divertido.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Frutos del bosque tibios

Ahora que estamos en temporada de festejos navideños y convivios de todo tipo, deseo compartir una inquietud que se me manifiesta cada vez que voy a uno de ellos: los nombres de los platillos en los menús. Me explico: creo que es bueno adjetivar algo para describir o ponderar los atributos o las cualidades de lo que estamos comiendo. Así, nos encontramos en las cartas: “Sabroso mole de olla acompañado de tortillas hechas a mano”; “Delicioso fiambre de la casa”; “Suculentas tiras de pollo bañadas en salsa verde”: “Sabroso”, “delicioso” y “suculento” son cualidades que todo cristiano con dos dedos de frente entiende, de hecho, provocan en el comensal las ganas inmediatas de probar dicho platillo. El problema viene cuando en alguna boda o banquete o convivio de oficina, nos ponen en una mona tarjetita doble lo que vamos a comer en tan magna ocasión. “Mar y montaña”… sólo eso. Hay que pensarle, pero seguro son “frutos del mar” (elegante manera de nombrar a los mariscos) con trozos de res o cerdo bañadas de una salsa que quiso ser de… vayan ustedes a saber. O cuando nos agasajan con una “Suprema de pollo”, que no es más que una pechuga bañada de salsita verde; o la “Sopa con sorpresa de uva verde” que sí resulta sorprendente porque nunca encontramos los dos cuartos de una uva que según el decir del menú, navega en crema, la cual, y según apuestas que se dan entre los contertulios es de ¿piñón? ¿pistache? ¿queso? Lomo “noche y día” para indicarnos que las carnes irán bañadas de salsa blanca y oscura o el “Aperitivo selecto” en donde encontramos en un plato de 30 cm de circunferencia dos micro tomates, una hoja de lechuga escarola y un “cherry corn” navegando de selectísima manera… O uno que me encantó, que presentaban al asistente una ensalada “al Pedro Jiménez”. -¿Y ese señor quién es?- pregunto. El mesero encoge los hombros y contesta: “Pos sabe seño, pero pruébela, está sabrosa”. Suquet de rape sobre fondo de patata; florete de pepino, ensalada de rúcula; Tarrina de tubérculos; Turbot al horno; Meloso de ternera… yo de plano, prefiero las fonditas que me dicen exactamente qué estoy comiendo y que además me ofrecen “tortillitas hechas a mano, acompañadas de frijolitos chinos, salsita de molcajete y cafecito de olla” que como es sabido, así en diminutivo, es más sabrosito… Esta nota se la dedico a mi amiga “M” de León, con quien tuve el gusto de probar mi primera sopa de “Frutos del bosque tibios”.

lunes, 29 de noviembre de 2010

El macalacachimba: historias de taxis

Por caprichos de la vida, he sido condenada al uso del transporte público de mi ciudad. Al principio, me chocaba estar horas parada en la esquina esperando un camión urbano o un taxi que me llevara a mi destino. Después le agarré cariño al asunto, porque, no cabe duda, las películas cuyas historias se desarrollan en Nueva York fueron una gran influencia para mí. Ahora me parece de lo más sofisticado hacer una seña y gritar ¡¡taxi!! con un berrido desesperado porque no sé chiflar como arriero. Además siempre llego a tiempo y no tengo que buscar estacionamiento. De las cosas más apasionantes al subir a un taxi, son las historias que se desencadenan en el interior de la unidad. Decidí entonces crear una clasificación de los abnegados conductores que nos prestan tan eficiente servicio.

Los coleccionistas: estos se destacan porque en el tablero del coche colocan, sin ningún tipo de curaduría, figuras con las más increibles, piadosas e irrisorias fisonomías. A saber: imágenes de santos que abarcan desde la santa muerte hasta la virgen de Schoenstatt; todas las figuras de la cajita feliz; personajes de manga… El que más me impresionó, es fanático del Pato Lucas. Su colección abarcaba 830 figuras que presume con orgullo a sus pasajeros: orgullo de su colección y de llegar a su destino ileso y con visibilidad cero por el tablero repleto de patos en todas las posiciones posibles.

El decorador de interiores: este es un clásico, de hecho, todos los choferes tienen un poco de decoradores. Son aquellos que cuelgan en el retrovisor el zapatito de su hijo, los cosabidos dados de peluche o esfera de espejitos ochentera o una sirena de mirada coqueta con esfera entre las manos; insectos encapsulados en resina en la palanca de velocidades, pie de metal en el acelerador, peluche de pelo largo en el tablero, camisetas del equipo de futbol preferido en los asientos delanteros; cubierta floral de tela nylon en el asiento trasero y espejito colocado estratégicamente en los laterales del coche. De aquí se derivan los decoradores de “concepto”: bandera tricolor durante fiestas patrias; cupido con flecha o pensamiento positivo con imán en febrero y micro piñata, si estamos en temporada navideña.

Los radioaficionados: estos conductores dominan todas las claves de radio. Un día, al subir al taxi, el chofer comenzó a transmitir lo siguiente: “Recogí 67 en buenas condiciones, cambio…”; “Si, está 2, 3 cambio…”; “ Si, con esta que me acusen de un 58”. No supe si tomarlo como un halago o ponerme nerviosa, pero desde ese día, cargo con mi código de claves, así me mantengo en 77, no me vayan a 69…

Los todólogos: estos saben de todo: política, situación económica del país, religión, violencia en la ciudad… Y para todo tienen la solución. Sugerencia: jamás de los jamases le saquen plática a un taxista a no ser que sea sobre el clima o si están seguros de poder patrocinarles una candidatura a diputado…

Los musicólogos: los que me caen mejor son los que ponen a la Sonora Santanera, música de trio o cumbia vallenato, le alegran a una el corazón… Nomás que aguas, porque una vez me tocó uno que se creía protagonista de canción de Arjona y ya me andaba; me bajé en la primera oportunidad que tuve y le dije: “No gracias, prefiero a Pérez Prado, ese sí que tenía candela…”

lunes, 15 de noviembre de 2010

Cybermom

El año pasado, mi padre le regaló de navidad a mi madre una laptop. Durante tres meses ella la contempló con escepticismo, miedo y reticencia total. Que le daban miedo tantos botones, que si la iba a echar a perder, que no tenía tiempo, que esa cosa le iba a sacar el alma, que era cosa del diablo… A los tres meses, decidió prenderla. Al principio no entendía nada, pero poco a poco y con la consigna de “nomás pícale, no pasa nada” de sus resignados hijos, que había intentado darle cursos de computación y que sólo obtuvieron lágrimas y rechinidos de dientes con la consabida rasgada de vestiduras por parte de la alumna. Pues comenzó a “picarle” a los botones de la mencionada computadora. Ahora, a ocho meses de esos eventos, les puedo decir que hemos creado un monstruo. Mi madre ya domina el correo electrónico, el skype, el buscador de Google, Youtube y todo el paquete office… incluso ya está inscrita en una red social y ni cuenta se dio.

Mi problema es que ahora me manda cartas como la siguiente:

Asunto: Brumas y lejanía (ya desde el título)

Querida Rima, dale gracias a Dios que aun recuerdo tu nombre, pues hace tanto tiempo que no te veo ya que nos ha separado una gran distancia, que la imagen de tu cara se esta perdiendo de los registros de mi mente. Alarmada busqué una foto tuya y por más que quise descubrir tus rasgos, fue inútil...[…]Yo aquí permanezco inmóvil en un rincón, tejiendo calceta, platicando con mi gata y abandonada por su familia. […]Pasan los días y con mis lágrimas y mis recuerdos, veo pasar mis horas amargas ya ni siquiera salpicadas de esperanzas. [...] tu goza la vida y no pienses en esta pobre anciana que musita tu nombre e invoca tu presencia, como un bálsamo salvador. Mojo tu mano con una lagrima, tu madre.

Omití algunos párrafos para que los lectores que no conocen a mi madre me asesinen por ser una hija ingrata. Que ahora, si no le hablo un día, se desboca en este tipo de correos… Otra de las apasionantes facetas que despertaron en ella, fue la de investigadora. Le hablo y me dice: “bueno hija ya me voy, que tengo una lista de cosas por investigar”. Sus investigaciones radican en la vida de asesinos en serie, masacres mundiales, declaraciones prohibidas por las buenas costumbres y demás lindezas. Pero lo que sí le reconozco, es que no se deja llevar por lo que dicen los correos que contienen presentaciones con pinturas adjudicadas a otros, instrucciones de vida y odia las cadenas de San Juditas, como yo. Sólo le pido a Dios que no se vuelva hacker y robe un banco.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Cómo sobrellevar un mal de amores

Hace poco acompañé a una amiga en la convalecencia de la terrible enfermedad mejor conocida como “mal de amores”. Yo le llamo familiarmente “enamoriscar”; una amiga muy querida me hizo el favor de definir con sabias palabras: “Enamoriscar”: v. Empezar a sentir emoción y pasión hacia una persona, prenderse de “amor” de alguien o algo, sentir excitación y pasión…parecido al apendejamiento pero cuando piensas que ¡sí va en serio! Esta definición aplica al momento justo antes del enamoramiento, que es ese estado alterado de conciencia que dura aproximadamente seis meses, antes de que llegue el aburrimiento de la cotidianeidad. En fin, en este rubro hay miles de opiniones. El caso es que mi amiga cayó en las garras de tamaña enfermedad, pero el dueño de sus desvelos nomás la castigó con el látigo de su desprecio. Empezó entonces el proceso de “olvido” que es como un duelo de pérdida, pero más intenso, porque cuando la pérdida es física o por un motivo demoledor, pues ya ni qué hacer. Los síntomas son terribles: pérdida temporal del sueño, garra demoledora en la garganta, ganas de escuchar boleros todo el día o de leer poemas de Benedetti; ganas inmensas de convocar a todas tus amigas para que te consuelen y se unan a la causa contra el “desgraciado” que te abandonó; pérdida total o parcial de la autoestima; compras compulsivas de “jazmines para el alma”; salir con una bolsa de pan en la cabeza por si te encuentras al interfecto; lloriqueo y vómito matutino y el peor de todos: alimentar el juicio pensando que el objeto del deseo se arrepentirá y volverá corriendo para decirte que se equivocó.

En mis búsquedas para encontrar el remedio a tan terrible epidemia para cuya cura no existe todavía una vacuna, ingresé a la red. Absolutamente nada racional encontré para amortiguar los estragos del “mal de amores” que no conozcamos ya: embrujos, hechizos, actividades distractoras, hablar del problema hasta que tus amigas te dejen de hablar, compras compulsivas, cambio de “look” y así por el estilo. Además, seguir el dicho “un clavo saca a otro clavo” está de la patada, porque el nuevo clavo nunca se igualará al primero y corres el riesgo de quedar clavada en la pared como mariposa de colección.

Durante mi búsqueda, escuchaba la radio: en una hora transmitieron 15 canciones que hablaban de amor: contra él y en su favor, con temas que abarcaban desde el rechazo, nostalgia, saudade, coraje, desengaño, rencor, odio, envidia, mentira, soledad y anhelo… ¡Oh cielos! –me dije- esto sí que es terrible. Llegué hasta sitios en donde tratan de explicar ese sentimiento de manera científica: nombres como dopamina, serotonina, norepinefrina y oxitocina llenaron mi cabeza. Llegué a la conclusión de que el amor es una “enfermedad del hipotálamo” y no me gustó. Cuando se está en ese estadio amoroso, lo mejor es revolcarse en él, regodearse en el dolor, escuchar boleros, leer poesía como locos, escribir para encontrar la catarsis, y de pasada experimentar algún embrujo… quien quite ¿no?

sábado, 23 de octubre de 2010

El vivo al pozo y el muerto al gozo

Ahora que se avecina la celebración del día de muertos, viene al caso narrar el triste encuentro con “El Enterrador”. Resulta que en donde trabajo, tuve a bien comprar, descontados en cómodas quincenas, dos servicios funerarios que incluyen agua para nescafé y de la normal. Llevo la mitad de mi vida laboral pagando los dichosos servicios funerarios, que incluyen hacerte talco, como atinadamente dice mi padre al respecto de las cremaciones. No me pregunten por qué dos. Tal vez me quería asegurar para mi siguiente reencarnación.

El caso es que llegó “El Enterrador” como le digo al que vende los paquetes de ida al Valle del Josafat. Ahora el hombre me venía ofreciendo (así dicen: “ahora le vengo ofreciéndo…”) un paquete difícil de rehusar, a saber: traslado de modo “discreto” de mis restos a Valle Ventura; sala de velación con vista a un hermoso jardín; servicio de elevador subterráneo (¿?) que sumerge el ataúd a lo más profundo para luego resurgir en la capilla, donde se celebrarán mis exequias. Todo esto, siempre acompañado de la consabida frase: “Dios no lo quiera, si usted llega a faltar”, dicha cada vez que me aumentaba una de las maravillosas características del paquete. Una vez celebrada la misa, mis restos se vuelven a sumergir para pasar directamente al asador. Un valor agregado importantísimo es que las instalaciones cuentan con ludoteca, para que los pequeños angelitos no anden jugando a la roña alrededor de mis restos. Además, mi cuadrito tendría un mantenimiento impecable y una de las cosas que más me llamó la atención es que ya se eliminaron de esos lugares de santo reposo las imágenes que demuestren pena por nuestra partida. Nada de virgenes llorosas ni ángeles compungidos, cosa que me chocó porque las estatuas de los cementerios son hermosas. Además, si muero, paradójicamente tengo un seguro de vida que pagará mi deuda con ellos, y así me pueda ir con la conciencia tranquila. Me quedé pensando que me la pasaría de poca abuela si me muero, en cambio en vida pasaría el resto de ella pagando todas estas ñoñerías. El pobre hombre por más que trató de venderme el jardín de las delicias, se topó con pared. Yo ya dejé instrucciones precisas de que si me muero, me hagan favor de llevarme como a todo el mundo a la funeraria, cierren la capilla, porque eso de andarse desvelando no opera ya y después de que me hagan talco, vaya por ahí, a algún lugar bonito y me usen sin temor para abonar las plantas. Se pueden quedar con la cajita, ya que es muy útil para guardar lápices y crayolas. Que la verdad, el cajón es ganancia, diría mi padre…

domingo, 17 de octubre de 2010

Aventuras esotéricas

Antes de leer la siguiente nota, deseo hacer una advertencia a los lectores que gustan de las artes esotéricas: yo no creo en absolutamente en nada de esto, pero el placer morboso que me causan es mucho más fuerte que la abstención de incursionar en estos temas. Tengo profundo respeto por quienes creen en chamanes, santones, curanderos, brujas, lectores de tarot, quirománticos, visualizadores de marcianos en el espacio, perceptores de presencias inexplicables, adoradores de la “Santa Muerte” y sus derivados así como creyentes en Malverde y Juan Soldado; seguidores del Niño Fidencio y a los que se encomiendan al “Ánima sola de Juan Minero” tres veces al día. Hecha la mencionada advertencia, me siento con la libertad de explayarme a mis anchas con respecto al tema.

He tenido varios acercamientos a las artes esotéricas, sea por curiosidad “científica”, sea porque la naturaleza humana demanda conocer el futuro revelado en el poso de café turco. A todos estos, ya les conozco el modo. Normalmente, alguna amiga te recomienda con una “señora que vive allá por atrás de la última colonia perdida en los suburbios del desierto”. Para ponderar las artes de la adivina, mencionan tres casos de sucedidos que les acontecieron a personas conocidas; te dicen que “no cobran ni un peso” y que a veces vas y no te recibe porque la santa señora está en trance platicando con los ángeles. Mi primera experiencia en estas lides, fue harto truculenta, llena de misterio, con un cierto toque de arte dramático. Fui con una amiga al “consultorio” de la señora adivina, que se hacia llamar por sus seguidores con el apantallante nombre de “Lady Lola”: con ese nombre, ya como que me daba mala espina, pero como ya iba trepada en el coche de mi amiga, la cual no dejaba de ponderar las artes adivinatorias de la Lady, pues le seguí. Dejamos el auto a unos métros de una casa hecha de “material”, que tenía pintados en la fachada unos ojos estilo hindú, con muchos garigoles y florituras. Tocamos la puerta y esta se abrió igualito que como en la casa de los Monsters: rechinando y nadie atrás que la abriera. Después vi que tenía el clásico “hilito” para jalar la chapa. Pero el efecto no deja de ser impresionante. Una nube de humo nos envolvió y reconocí el olor del copal. Las paredes pintadas de blanco mostraban grandes islas descarapeladas que formaban figuras caprichosas parecidas a presencias que no dejaban de observarnos. Del techo colgaban hilos que tenían engarzadas cuentas de colores de todos tamaños y formas: cristales, plástico, conchas, botones… Animales disecados con cara de desesperados poblaban toda la habitación: tlacuaches, armadillos, mofetas y murciélagos. Un venado con cara de “Y yo que estoy haciendo aquí” me miraba fijamente con sus ojos de canica. A estas alturas ya estaba medio intimidada, porque lo que sea de cada quien, le echan ganas a la escenografía. Predeciblemente, de detrás de las cortinas de chaquirones y flores de plástico, hace su entrada triunfal la Lady, vestida con unas enaguas percudidas, blusa étnica, un montón de collares de papelillo, de esos que se usan para bailar el jarabe tapatío y un tocado que dejaría patidifusa a Frida Kahlo. Nos pidió que nos sentaramos en unos cojines y cerraramos los ojos para invocar a los espíritus que la ayudarían con nuestro caso desesperado. He de confesar que en el trayecto hacia la casa de la adivina, me puse a pensar qué le quería preguntar a la señora. Preguntas clásicas como “¿Encontraré al amor de mi vida? ¿Tendré un buen trabajo? ¿Cuántos años viviré? Y cosas por el estilo. Pero cuando vi todo lo que tenía colgado, mi lado periodístico ganó y no pude evitar preguntarle en qué momento decidió ser adivina; qué se necesita para obtener todo lo que tenía colgado ahí; en dónde podía yo tramitar mi licencia de adivina; cómo le hacia para contactar a las presencias de otro plano y en dónde había conseguido las flores del tocado que la adornaban.

Me miró fijamente a los ojos y me dijo: “Usted no cree. Así no puedo trabajar”. “¡Ah jijos!” –pensé- “¡Esta señora si que es adivina!”. Caí de hinojos, convencida de mi error. Pero por más que le insistí, no me dejó ingresar al portal místico. Cuando salí de la casa, sólo alcancé a escuchar a mis espaldas: “Pero, pus…ahí con lo que guste cooperar ¿no?”.

domingo, 10 de octubre de 2010

La última vez

Alicia es una amiga con la que tuve la suerte de encontrarme en los primeros años de kinder. Alta, muy alta desde mi perspectiva; delgada hasta la envidia, de pelo muy negro, blanca y con una carita de muñeca azorada, sus grandes ojos negros son un canto a la vida. Estoy segura que no es consciente de su belleza. Siempre locuaz, alegre, optimista y de risa fácil, Alicia y nuestro grupo de amigas, pasamos miles de aventuras adolescentes. Ella me enseñó a cantar, a coquetear a los muchachos, a disfrutar la vida, a reírnos como locas y a fumar, cosa que no le agradezco a estas alturas. Le gusta la música y cuando habla, todas las enseñanzas de vida las cita con frases de canciones. Miguel Bosé, su ídolo. Menudo, su pasión. Al paso del tiempo, tuvo dos hermosas hijas, igualitas a ella... gracias a Dios. La vida, los quehaceres, nos separaron mucho tiempo. Y la misma vida, nos volvió a unir. Después de 20 años y de dos matrimonios. Porque Alicia, sabe amar demasiado. A Alicia la mataron. De un modo vil y desalmado. Entraron a su casa a robar, y la mataron. La última vez que la vi, fue en una boda, guapísima, contenta con la vida y su circunstancia. La última vez… uno no piensa cuándo será la última vez que verá a una persona. Puede ser en una reunión, cruzando la calle, en la fila de un banco… no sé si esa inconsciencia nos haga la vida más llevadera y amable, pero lo que sí pienso, es que uno no debe tener facturas por pagar; uno no debe salir de casa de sus padres sin decirles que los amas; uno no debe ir al café con una amiga que se chuta todos tus conflictos sin decirle al final que la quieres; uno no debe ir por la vida sin reconocer los logros de los otros, los dones que nos dan con su presencia; uno debe ser agradecido con esa presencia, regocijarse porque esas personas han tocado, aunque sea en un punto, la línea de nuestra vida. La última vez que vi a Alicia, la vi sonriendo, y así la quiero recordar…

domingo, 3 de octubre de 2010

A veces se me olvida que existe Vivaldi

Aunque a muchas personas que se consideran cultas y conocedoras de la música clásica juzgan a Vivaldi como un compositor simplón y bonachón en contrapartida del barroquísimo y complejo Bach, a mi me encanta escucharlo. No cabe duda que la música alimenta el espíritu: Vivaldi tiene a mi parecer, composiciones que elevan el espíritu y le otorgan un descanso al alma cansada o adolorida. Pero a veces se me olvida que existe.

¿Cuántos correos recibe usted con mensajes alentadores, pensamientos positivos, decretos, reglas de vida, juicios acertados, afirmaciones, proverbios, refranes, poesías, acuerdos, frases célebres, sentencias aleccionadoras y ejemplos de vida? Esa es una de las actividades más frecuentes en la red. ¿Cuántos libros ha leído al respecto? Me he dado cuenta que las librerías son un indicador excelente para ver lo que aqueja al ser humano, sólo con ver los títulos de los libros de autoayuda y temas afines que se encuentran en sus estantes. Es chistoso, pero yo en lo personal creo que toda esa ayuda la tenemos frente a nuestras narices y no la vemos ni de reojo. Sucede que compramos un libro con la esperanza de encontrar respuestas a nuestros estados de ánimo, a situaciones difíciles por las que pasamos, cuando la respuesta se encuentra en nuestro interior. Y sucede que se compra el libro, se lee con avidez, se subrayan los párrafos que a nuestro entender puedan resultar significativos para sobrellevar la depresión, o las relaciones con nuestros próximos, o para mejorar nuestra calidad de vida o simplemente para tener una “filosofía de vida personal”. Conozco personas que se la pasan citando frases célebres o párrafos enteros de libros para otorgar al que escucha una “lección de vida”. Se me figura como cuando alguien va a comulgar y saliendo de la Iglesia le lanza un reperiquete a la esposa porque algo no se hizo como debía ser…

Reconozco que he leído libros de autoayuda. Y como los he leído, puedo decir sin temor a equivocarme que me chocan, tanto como me molesta que ocupen un espacio precioso en una librería. Opinión muy personal, pero así es. Me intriga saber cómo vive una persona siguiendo reglamentariamente los cuatro acuerdos, o las premisas de ¿Quién se ha robado mi queso? En el momento de la lectura lloramos conmovidos, pero al apagar la computadora, la información se queda perdida en la red, sin nadie que la rescate. Todo este rollo viene al caso porque a veces se nos olvida que existe Vivaldi…, y la sobremesa con la familia…, y la plática sabrosa con una amiga… y los días de campo…, y la alegría de un perro que nos recibe gustoso…, y la risa ante un buen chiste…, y el sonido de la lluvia y los truenos, que me encantan…, y sentirme chiquita ante la inmensidad del cielo. Y como estas, podría mencionar mil formas de sentirnos bien, de querer seguir adelante. Y que no se me olvide, también me gusta Bach.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Esperanzas con “porte pagado”

Uno de mis más preciados recuerdos infantiles entrados a la adolescencia es la llegada de la revista “Selecciones”. Muchas personas que conozco la alucinan por sus relatos lacrimosos y sensibleros, pero lo cierto es que todo mundo la ha leído alguna vez. Además, es una lectura para el baño fabulosa: breve, concisa y precisa. Pero lo que más me gustaba de esta revista era su publicidad por correo, toda una aventura. Llegaba en un sobre con porte pagado y bien rellenito de ilusiones. No sé cuántos papeles contenía, pero era divertidísimo juntarnos en familia y comenzar el largo proceso de cumplir con todas las indicaciones precisas para ganarse un auto. Primero te decían que de entre los 6 millones de suscriptores TU HABÍAS SIDO SELECCIONADO POR UNA COMPUTADORA –lo cual sonaba de lo más sofisticado-PARA PARTICIPAR EN EL MAGNO SORTEO DE 25 AUTOS ÚLTIMO MODELO. Eso, por supuesto, ya te hacía sentir orgulloso. Ahora pienso que la dichosa computadora que nos seleccionaba era la de Blas Pascal, porque después me enteré que a todo mundo le mandaban lo mismo. Posterior a esto, tenías que despegar una llave de metal, que era la llave del auto de tus sueños. Con esa llave te ibas al segundo papel en donde venían una serie de 8 recuadros platinados que debías rascar para saber si te salía tres veces la palabra “ganador”. Siempre salía, así que podías continuar con el mercado de sueños. Pasada la primera prueba “crispa nervios”, debías buscar una plantilla de cuadritos de colores con líneas desprendibles que mostraba la disponibilidad de colores del coche en cuestión: vino, plata, rojo, verde… escogías el tuyo y lo pegabas en otra plantilla, llenabas un formato con tus generales y metías todo en un sobre –incluidas tus esperanzas de ganar- también con porte pagado. Y córrele al super “El Águila” para mandarlo cuanto antes. Me acuerdo que también mandaban plantillas con todos los libros que podías comprar o con las colecciones de discos disponibles: “28 joyas musicales”, “Lo mejor de Ray Conniff” o “Serenatas con rondalla”. Nunca nos ganamos nada, pero esos momentos alrededor de la mesa armando el numerito, fueron de lo más divertidos. Y como quiera, eso se agradece.

domingo, 12 de septiembre de 2010

En la cama de Hidalgo

Ahora que se acerca el Bicentenario de la Independencia no puedo evitar platicar esta anécdota que pertenece a mi hermana. Resulta que las vacaciones familiares siempre se redujeron a un perímetro no mayor a un estado de la república. Sea porque a mi padre no le gusta viajar o por falta de presupuesto, siempre acabábamos en Taboada o en alguna zona aledaña. En esa ocasión el Valiant rojo de mi padre nos llevó a Dolores Hidalgo, cuna de la Independencia. Las vacaciones consistían en hacer un recorrido por cuanta tienda de cerámica y talavera encontrábamos, haciendo las delicias de mi madre y el aburrimiento de los hijos y, por supuesto, recorrido obligado por la casa museo de nuestro padre de la patria, el cura Hidalgo. No sé cuántos años tendríamos pero creo que yo nueve y mi hermana, siete a lo mucho. El caso es que entramos a la añeja casa y comenzamos a recorrerla observando detenidamente, y cuando digo “detenidamente” es literal. Veíamos cada documento histórico escrito en delicada caligrafía, juegos de escritorio, casullas para oficiar misa primorosamente bordadas en oro y filigranas por alguna beata devota del lugar; el jarro donde el cura depositaba el agua, la cazuela donde le cocinaban el mole; la miniatura pintada a mano; los libros añejos y deshojados por el tiempo; el amplio patio donde el cura debió pasar sus tardes leyendo libros subversivos que desencadenaron en lo que ya sabemos. El caso es que cuarto tras cuarto, peinábamos todas las vitrinas siempre acompañados de la docta voz de mi madre, quién nos explicaba qué era esto o aquello. Mi hermana, no es precisamente una amante de este tipo de recorridos. Al llegar a la recámara en donde el cura descansaba el cuerpo, el cielo se le abrió. ¡Una cama! ¡Por fin algo sensato! Y ni tarda ni perezosa, o más bien, bastante perezosa, se lanzó en un clavado hacia el ansiado reposo. El brinco provocó un salto en el aire -tal era la fuerza del clavado- mismo que mi madre aprovechó para cacharla en el aire. Creo que esto provocó en mi hermana un trauma infantil que en la actualidad no le permite recorrer museo alguno, pero sí cambiar de colchón cada año.