martes, 20 de julio de 2010

De veras que somos… el misterio femenino 1

Hace poco se suscitó en una red social a la que estoy inscrita el dilema del “eterno femenino” Yo la verdad no tengo ni la más remota idea de cuál sea ese misterio del que hablan los sufridos hombres que tienen la fortuna de acompañarnos por la vida. No es tan complicado como parece. Para beneplácito de los caballeros que me leen y repudio total de las de mi género, presento ante ustedes algunas de esas contradicciones desde mi humilde punto de vista:

Miedos irracionales: este tema es escabroso, porque las mujeres le tenemos miedo a situaciones irracionales que se derivan de los roles sociales que tenemos que jugar. El primero, que nace cuando ya nos encontramos en edad de merecer y nadie nos ha merecido, es a quedarnos solas. Nos visualizamos muertas en una casa rodeadas de gatos -40 para ser exacta- con excremento y bolsas de croquetas tiradas por el suelo, 1,827 revistas viejas y a las personas que por fin nos encontraron en semejante estado comentado: “mira, pobrecilla… se ve que murió desesperada… como nadie se quiso casar con ella…”. Esto lo pensamos de los 15 en adelante…

Los derechos: ahora que por fin nos hizo justicia la sociedad permitiéndonos invadir campos que antes se consideraban de uso exclusivo para varones, queremos estudiar, trabajar, ser independientes. Pero también queremos casarnos, que nos mantengan y tener una casita pintada de rosa, con perro labrador y tres chiquillos que se parezcan a nuestro papá. Esto en tiempo real es absolutamente contradictorio. Las amigas que conozco que se han lanzado a semejante aventura han acabado divorciadas y neurasténicas, tomando píldoras para dormir y pareciendo de 68 cuando apenas tienen 33. Humilde sugerencia: si estudia o trabajan, mejor consíganse un amante que les dé cariño en horas fuera de oficina. Las mujeres que conozco que han optado por esta agradable opción tienen 47 pero parecen de 25.

Las compras: uno de los placeres femeninos es ir de compras. Porque nos sentimos tristes y queremos un “jazmín para el alma”; porque nos queremos ver “diferentes” aunque acabemos comprando lo mismo que todas traen puesto; porque nos lo merecemos; porque compramos un vestido azul plúmbago y no tenemos las zapatillas, la bolsita y el moño que le hagan juego; porque todo está de oferta y además nos dan puntibonos en la tarjeta; y porque sí, nomás porque sí. Los hombres tienen dos opciones ante la inminente visita a la plaza comercial: o se resignan y deciden seguir a su fémina por todos los departamentos de la tienda ofreciendo semejante sacrificio por las ánimas del purgatorio o bien, se arman de valor y no nos acompañan. Esta segunda opción es la mejor para las dos partes, así nosotras no andamos con presiones y ustedes se quedan en casa acompañados de la tv, botanita rica y una cerveza bien helada.

El bolso: objeto criticado ácidamente por los varones, todos ellos se preguntan qué Judas guardamos entre sus recónditos recovecos. Guardamos de todo, señores y lo más seguro es que lo usemos. En el bolso podemos encontrar desde pinzas para las cejas, un cuchillo digno de Rambo, bolsa para cosméticos, pañuelos desechables, monedero, cartera, espejito, toallas húmedas, las llaves del coche, de la casa y las de la casa paterna; gas pimienta, chicles, cigarros, 4 encendedores, cámara digital, estados de cuenta de hace 5 meses, el teléfono móvil, una libretita, un bolígrafo monísimo con brillitos en la punta, lentes para el sol, para ver de cerca, de lejos y algunas otras hasta para ver películas en 3D. Si Chuck Noland, personaje de la película “Náufrago” hubiera rescatado una bolsa femenina, otro gallo le hubiera cantado.

Los gustos varoniles: no sólo los hombres tienen estereotipos con los que sueñan aparejarse, no señor. Yo no conozco una mujer que me haya descrito al hombre de su vida como: “me encantaría encontrarme a un hombre de panza prominente, con el pantalón fajado debajo de las tetillas, piernas flacas y zambas, con pelona de fraile franciscano, nalga caída, cutis esculpido en piedra volcánica y que ronque como trailer de doble cabina”. Esto no lo sueña ni la que tiene miedo a morir con 40 gatos alrededor. ¡Ah! Y si su fémina osa decir que le encanta Tom Cruise o George Clooney o cualquier galán de telenovela, ni se tuerzan, que es lo mismo que cuando ustedes dicen que les encanta Angelina Joly…

El salón de belleza: a este sacrosanto lugar vamos a que nos apapachen, a reafirmar la belleza que ya de por sí nos caracteriza, a leer revistas de chismes de la farándula, a enterarnos de lo que hacen los vecinos de la colonia, en suma, a ser absolutamente frívolas. Pero vamos con miedo, miedo a que nos nos dejen el pelo como escobilla, a que nos duela la uña enterrada y el tinte nos queme el pelo... así que si nos tardamos no salgan con comentarios del tipo: “¿Fuiste al salón de belleza? ¿Estaba cerrado, verdad?

Esta historia continuará….

lunes, 12 de julio de 2010

Lección 2 para solteros: Tu amigo el refrigerador

Es una verdad absoluta que no venden porciones de nada para una persona en el super. Cuando se vive solo, se hace uno el propósito de comprar cosas sanas y que tengan alto contenido alimenticio. Buenos propósitos. Así, vamos al super y compramos un kilo de manzanas, media papaya, otro tanto de sandía, 5 kilos de naranja, uvas, plátano, lechuga orejona y escarola –porque es la que sale en las películas cuando preparan una ensalada- arándanos, mermelada de dos sabores, carnes y cortes selectos, quesos finos y con hoyitos, jitomáte, cebolla, cilántro y un laaaargo etcétera de cosas. Llegamos entusiasmados a nuestro hogar y comenzamos a acomodar todo en su respectivo lugar. Y comienza el paso inexorable del tiempo…. Al transcurrir de dos semanas, abrimos el refrigerador porque “ahora sí me voy a hacer yo de comer”… El espectáculo que contemplamos entonces es digno de cualquier película de terror, en el mejor de los casos. El Dr. Fleming moriría de felicidad y nos convertiría en sus proveedores oficiales para la elaboración de penicilina de primera calidad. Nos damos cuenta de que no estamos solos, estamos frente a un ecosistema plagado de pequeños monstruos que han dado cuenta de nuestras “delicatessen” de la manera más oprobiosa posible. Con la leche, ya podemos hacer un delicioso requesón, los jitomátes tienen una consistencia engañosa porque siempre vemos el lado lindo, pero por abajo están negros como capa de vampiro; el cilántro tiene consistencia de lirio desmayado y los quesos están listos para que se los coma un francés… Nos da coraje tanto desperdicio, fruto de la flojera por cocinar. En nuestra desesperación por hacernos un bocadillo madrugador, raspamos el queso, le cortamos la orilla al jamón y lo enjuagamos cuando ya está medio “baboso”. Tengo un amigo soltero que me dice que él ha llegado a “fusionar”una serie de alimentos que en su sano juicio jamás probaría, por ejemplo, patitas de cerdo en vinagre sobre galletas Marías, papas con mermelada de fresa o lechuga con frijoles de lata. He aquí los básicos de una persona que vive consigo misma:

  • Cervezas, muchas…
  • Refrescos embotellados
  • 1 queso fresco
  • 1 paquete de queso amarillo
  • 200 gr de jamón
  • Tortillas de harina
  • Salsa casera
  • 2 bolitas de chorizo
  • 6 huevos
  • 12 yogurths líquido
  • Hielo (el congelador lleno)

Esto si es un refrigerador digno de un soltero. Y la comida mejor la compran en la cocina económica de su preferencia o se abonan con un amigo casado, aunque corren el riesgo de ser corridos a la semana por la ñora de la casa. Y de vez en cuando, el refri se limpia y descongela...

martes, 6 de julio de 2010

Instrucciones para solteros: Lección 1

A un año de vivir en un departamento en calidad de soltera, he decidido compartir mis experiencias para todos aquellos que deseen seguir mis pasos y tener ¡por fin! Un espacio en donde el único amo y señor (o señora) seamos nosotros. Primero que nada, cuando uno es chavo, ensueña con tener un espacio propio, cuantimás si se comparte recámara con el hermano latoso, la que ronca o la que lee hasta altas horas de la noche –hermana, perdón por eso-. Hacemos construcción de castillos en el aire, hagan de cuenta como cuando soñamos con sacarnos la lotería: repartimos espacios, soñamos con muebles de firma, decoración finísima –nada de las horribles figuritas de Lladró bailando minuete sobre una carpetita de gancho que tiene nuestra madre sobre la televisión de la casa-. Unos sueñan con un “lounge” tipo New York con un toque industrial posmoderno, otros, con una casita de cerca blanca y perro saliendo a recibirlos; otros sueñan con el clásico “Pent House” en las alturas de moderno edificio; los que tienen alma de artista, anhelan vivir en la clásica buhardilla del centro histórico de su ciudad.

Permítanme desmentirlos, ni modo, esto es como cuando el amigo acomedido les dice quién es Santa Claus. La verdad, es que comenzaremos por buscar un lugar de acuerdo a nuestro presupuesto, que en nada se parece a lo planeado. Primero debemos hacer un examen de conciencia y contestarte estas sencillas preguntas:

¿Me gusta la jardinería?

Este punto es importante porque tal vez tengas ganas de rentar una casa con jardín y eso implica cortar el pasto, regar, abonar, etc. En mi caso, el único ser vivo en mi casa soy yo, no tengo mano ni para los cactus y las plantas de plástico me parecen horrendas, aunque los seguidores del Feng Chui se molesten conmigo…

¿Me gusta lavar y planchar?

Compra básica: una lavadora y ropa que no se planche. Detectar la lavandería más cercana.

¿Disfruto enormemente ir al super?

Aquí tendrán un serio problema con las raciones: No venden raciones para personas solas. Ubiquen la tiendita de la esquina más cercana y hagan compra hormiga. Sale un poco más carillo pero pueden comprar 4 huevos en lugar de la docena completa.

¿Me encanta la cocina?

Si se están imaginando que su cocina será como en las películas en donde todos los días hacen pastas exóticas, mientras le menean a la salsa al tiempo que beben una copa de Merlot, ni se emocionen. Mejor busquen la cocina económica más cercana a su casa.

¿Compro sin pensar en las consecuencias?

Cada ves que compran un aparato eléctrico tienen que, o leer las instrucciones, o poner taquetes para algo, o ponerle pilas al control, o instalar algo, así que vayan pensando si no son muy hábiles en ese rubro…

Si deciden vivir en una casa o buhardilla vieja del centro de su ciudad: compren un buen paraguas, para cruzar en tiempo de lluvias del comedor a la cocina y un buen jorongo para ir al baño a altas horas de la madrugada –funciona bien una bacinica-. Lo barato de la renta se compensa con lo caro de la luz y las fugas de agua. En algunos casos, no llega el cable para tv.

Si deciden vivir en un departamento: estén dispuestos a soportar a la vecina de arriba que taconea por toda la casa al más puro estilo de Michel Flatley o la que decide cambiar la distribución de sus muebles cada tercer día… ¡Ah! Y los vecinos compartidos que ponen su música a 127 decibeles, cuantimás si son fanáticos del ballenato o la cumbia alteña… Lo mejor es valorar y seguir con la posibilidad de quedarnos en casa de la madre otros quince años...

martes, 29 de junio de 2010

Sentimientos de la nación

Hace poco recibí una cadenita en mi correo electrónico. Decía más o menos así: “Eres una amiga increíble, lo mejor que me ha pasado: leal, siempre estás cuando te necesito… etcétera.” Continuaba el meloso recado: “Mándalo a doce de tus amigas más queridas y pídeles que te lo reenvíen para comprobar que en verdad son tus amigas”. Por supuesto, se me revolvió el estómago. No sé que es peor, si esto o las cadenas de San Expedito Bendito. Entré en estado de “shock”: “ Si se lo mando de retache, va contra uno de mis principios cibernéticos: 1. No reenviarás cadenas a tu prójimo por muy mal que te caiga. Si no se lo mando, va a creer que ya no la quiero….” Hasta que me puse a reflexionar: “bueno pues que piense lo que quiera, total, no creo que se sienta…. Es una persona madura y no creo que dude de nuestra amistad sincera y desinteresada”. Pues no. La amiga en cuestión me ha mandado un correo de miedo reclamándome que por qué no le había reenviado el dichoso correo, que ella me había “seleccionado” de entre sus seis mil contactos; que le había costado mucho hacer esa selección, bla, bla, bla… Las personas “sentidas” son una de las plagas más dañinas; peor que los cuatro jinetes del Apocalipsis. Si se te olvida su cumpleaños, arde Troya y en venganza, ellas no te llaman en el tuyo; si se te ocurre hacer guayabate con el fruto del único árbol de tu raquítico jardín estás obligada a guardarle un trozo a la comadre, a la amiga, a la amiga de la amiga, a tus hijos y por lo menos a tres tías en línea directa: “¿Este año no hiciste guayabate?” –te preguntan con cola- “Si tía, ¿Por qué?” –contesta una, ingenuamente- “¿Y no me guardaste tantito? Como cada año me das, pues pensé….” –te contesta con cara de puchero y lagrimita en el ojo- “¡En la m….!” – piensa una, y ahora ¿qué le contesto? Se me va a sentir….” Se te va a sintió, porque incluso esas malévolas personas SABEN PERFECTAMENTE que ya repartiste toda la cosecha y no las tomaste en cuenta. ¿Qué me dicen los caballeros de las novias “sentidas”?: “Lo que pasa es que tú ya no me quieres. No significo nada para ti. ¡Ah! Pero eso sí, verdad, cuando te hablan tus amigotes, coooorreees….” Para mi gusto, formas de control demasiado obvias y baratas que lo único que logran es que el susodicho efectivamente, corra con sus amigos… Si yo consintiera en incrementar estos “sentimientos de la nación” me la pasaría visitando hospitales, funerarias, haciendo pasteles y reuniones; hubiera tenido que hacer tres fiestas de boda para todos aquellos que me reclamaron porque “no me invitaste a tu fiesta”; mi presupuesto quincenal apenas y alcanzaría para comprar todos los regalitos para homenajear a cumpleañeros, bautizados, primocomulgantes y presentados al templo… No señor, no se le puede dar gusto a toda la concurrencia que se incluye en nuestras vidas por causalidades de la vida. Así que si no les mando la cadena de retache, no duden de mi cariño; si me ven por la calle y no los saludo, seguro andaba pensando en la inmortalidad del cangrejo; si no escribo bien en el “messenger” y omito la coma que cambiará el sentido de la frase, han de disculpar; si no les hablo en su cumpleaños, seguro andaba resolviendo cómo pagar la renta; si escribo verdades en este blog y ofendo sus buenas conciencias, ofrezco disculpas. Y de pasada les aviso que los ates los doy a $25.00 la pieza.

jueves, 24 de junio de 2010

En la cola del diablo

Muchas veces me ha pasado que de repente, no sé ni cómo ni cuándo, bueno, ni a qué hora llegué al lugar en donde estoy. No me refiero precisamente a la vida. Me explico: Decido ir al super, me encuentras con una amiga que hace mucho no veías, me invita a comer, acepto emocionada y me dice: - “Nomás vamos a entregar un paquete anca mi tía y vamos”-. Malo. De repente, me encuentras con que la tía vive en la punta de la cola del diablo, tomando un camino de terracería que me aleja cada vez más de la metrópoli y cuando acuerdo, la mujer echando chisme familiar, yo aburrida, perdiendo soberanamente el tiempo y sin poder regresar porque me fuiste en su coche… ¿Qué estoy haciendo aquí? Esa pregunta me la he he hecho infinidad de veces. Una vez tuve la peregrina idea de ir a pasear en un yatecito de esos que contratas con otros dos mil turistas dizque para pasar un día de locura y diversión. La cita: ocho de la mañana. Y Ahí voy, en traje de baño con pareo, bolsa tejida a mano, pamela, lente oscuro y chancla de hule. Absolutamente “fashion”. Subí a la barcaza con la dignidad de una diva y comenzó la “diversión”. De entrada me zumbé como tres tequilas “Sunrise” bajo los acordes de “El Venao” melodía emanada de un aparatejo que sí andaba levantando más o menos unos 175 decibéles de potencia… Una vez que nos atarugaron con bebida y música, nos hicieron bajar en medio del mar a darle de comer pedazos de papaya a unos pececillos muy simpáticos, pero que al rato ya me andaban comiendo los dedos gordos de los pies… No acabó ahí la cosa. Arribamos a una isla habitada por comerciantes que bajo la sombra de las palapas vendían pescado sarandeado y bolsitas con charales enchilados. El guía nos indicó que ibamos a conocer unas cascadas de ensueño. Caminamos un trecho y llegamos a un lugar en donde se encontraban estacionados unos burros famélicos y con cara de resignación. El guía nos pidió que escogieramos a nuestro burro porque comenzaría la travesía al soñado paraíso. Trepé al pollino con extrema precaución, cuidando que mi “look” playero no se dehiciera al compás del trotecillo del animal. Entramos en terreno pantanoso: lodo resbaladizo y pegajoso rodeaba a los alegres turistas entre escarpadas rocas y pendientes de 45°. No exagero, así era la cosa. Los burros marchaban en vez de trotar -yo ya había perdido la pamela, las gafas las traía colgando de una oreja y el pareo se me enredó a manera de babero-. Llegamos a la cascada de ensueño, que por supuesto, era un hilillo de agua porque no había llovido. Ahí fue donde me hice LA PREGUNTA. No platico el regreso para no aburrirlos pero lo mismo me pasó cuando estaba agarrada como gato de las cuerdas de un puente colgante en Xico, Veracruz mientras unos chiquillos brincaban como locos encima de él; en una lancha cruzando los rápidos de un río huasteco y en el interior de una casa de campaña que resumaba sudor por estar a 42° C grados a la sombra en un rancho de Tampico… ahí si de plano, lloré.

lunes, 21 de junio de 2010

viernes, 18 de junio de 2010

De Calendarios y tormentos...

Para quien no lo conozca, el "Calendario del más Antiguo Galván" es un librillo del tamaño de un cuarto de hoja carta, encuadernado en rústica – portada en cartoncillo de colores e interiores en papel de revolución, grapado por un lado- que , como dice la leyenda interior: “…[fue]fundado el año de 1826 y publicado desde entonces sin interrupción con las debidas licencias”. El ejemplar que yo tengo data del año 1981. El librillo tenía absolutas tendencias religiosas, ya que el contenido de tan piadoso ejemplar para ser un calendario brincaba de temas como todas las fechas para la obtención de indulgencias y jubileo, el santoral diario, las fiestas de precepto en la República Mexicana y las fiestas movibles; las lecturas bíblicas dominicales, la Exposición circular de las 40 horas –ignoro qué es esto último, pero me suena a alguna procesión santísima- y el índice alfabético de los santos. Entre los datos “profanos” podemos consultar en él el horario oficial y los fenómenos astronómicos que ocurrirán durante el año: los eclipses, fases de la luna, inicio de estaciones, conjunciones y aproximaciones de los astros más importantes, acompañados de interesantes comentarios que facilitan su observación…

Y ustedes se preguntarán: -¿Por qué Rima nos habla de este librillo extraído de otro siglo? A lo que yo contesto: el morbo ni más ni menos. Me explico. Resulta que mi abuela materna tenía la santa costumbre de leernos o platicarnos unas historias de santos que harían temblar de miedo al mismísimo Freddy Krueger… -“Rimita –decía mi abue- ven que te cuento uno historia piadosa”- Y ahí voy, temerosa pero siempre con la idea de aprender de aquellos santos varones y vírgenes mártires, ejemplos de vida. Luego, como me quedaba picada sobre el tema, me remitía al Calendario de Galván para completar mi educación: “Era muy común el tormento del Ecúleo, el cual era un instrumento de madera, a manera de caballete, para estirar y descoyuntar al mártir… los apaleaban y azotaban con plomadas de hierro los malvados verdugos, que despedazaban los cuerpos de los Santos Mártires, con tanta perseverancia y crueldad que muchas veces quedaban más cansados que los mismos mártires de ser heridos, por la fortaleza que les daba el Señor.” Yo leía semejante lectura educativa pelando chicos ojotes, mientras proseguía: -“Los tiranos contaban con muchos instrumentos para rasgar y despedazar las carnes, con uñas de hierro aceradas, a manera de tenazas, con las que surcaban la carne y sacaban pedazos de ella… también contaban con peines de hierro y garfios con los que arrastraban los cuerpos de los santos inocentes…”. El relato daba cuenta de peroles de plomo hirviendo en donde asaban a los caballeros y doncellas a fuego lento porque osaban defender a Cristo; el librillo describía con lujo de detalles todas las formas de crucifixión posibles: pesas, tenedores, ruedas, ganzúas y demás lindezas para atormentar las carnes y doblegar el alma. Ahora me explico por qué no me gustan las películas de miedo: ya me sé todos los tormentos posibles, para mí, son películas “predecibles”, como dicen los conocedores.

Si quieren conocer el calendario, les pongo el vínculo: Calendario del más antiguo Galván


viernes, 11 de junio de 2010

¿Por qué te nos fuiste Manuelito? Usos y costumbres repugnantes…

Advertencia: para aquellos lectores sensibles a las asquerosidades y bajezas del cuerpo humano, advierto que esta nota tiene contenidos que podrían ofender dicha sensibilidad. Hecha la aclaración, no respondo chipote con sangre…

Entre los libros con que cuenta mi familia en sus doctos libreros, se encuentra el nunca bien ponderado “Manual de Carreño” cuyo verdadero título es: "Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos en el cual se encuentran las principales reglas de civilidad y etiqueta que deben observarse en las diversas situaciones sociales, precedido de un breve tratado sobre los deberes morales del hombre", cuya autoría es de Don Manuel Carreño, educadísimo caballero decimonónico. El mencionado libro cuenta con una relación exhaustiva

En ésta ocasión hablaré no sin un dejo de nostalgia, sobre los usos y costumbres socialmente rechazados, pero que la gente sin boleto sigue haciendo de la manera más descarada posible. A continuación, la consabida lista:

  1. Sacarse los mocos en público y no contentos con esta repugnante acción, hacer “pildoritas” con las sustancias emanadas de sus narices; o peor, hay quien se los come…
  2. Emanaciones flatulentas en público, en cualquiera de sus modalidades: susurro, motor fuera de borda, silencioso y metralleta;
  3. Escupir por la ventanilla del coche a toda velocidad. Casi siempre, el afectado es el que va en el asiento posterior de la unidad móvil;
  4. Eructo acompañado de un rugido salido de las entrañas, similar a un rugido selvático;
  5. Carraspear desde lo más recóndito del ser, para después escupir sustancias verdes y sanguinolentas en el pavimento;
  6. Sacarse el calzón, pensando que nadie lo ve a uno;
  7. Apretarse un “barro” de esos que ya están “maduritos” hasta sacarse el “mole”. Una variación es la mujer que gusta de espulgar el rostro amado para ejecutar dicha acción;
  8. Estornudar sin pañuelo;
  9. Limpiarse la nariz después de la acción anterior, con los dedos;
  10. O sonarse con un pañuelo para después proceder a examinar el resultado obtenido;
  11. Llenarse la boca de alimento en exceso y hablar al mismo tiempo de manera que fracciones del bolo alimenticio ya procesado salgan despedidos por el orificio bucal;
  12. Meterse los dedos a la boca para sacarse una hebra de carne que se encajó entre los dientes o peor aún, después de haberle entrado al pan dulce con chocolate, introducir la mano hasta el fondo para sacar los fragmentos de masa escondidos entre las encías y las hileras dentales;
  13. Sorber la sopa con fruición;
  14. Rascarse continuamente la cabeza y otras partes del cuerpo;
  15. Meterse un dedo a la oreja y moverla furiosamente para rascarse.

Estoy segura que a estas alturas, ya algunos han cerrado mi blog. Los que lograron llegar hasta aquí recibirán de mi parte como compensación, algunos consejillos extraídos del libro de Don Manuel, para que las puedan compartir con personas que cometen estas barbaridades:

“Rascarse la cabeza al hablar o cuando se está con otro sin hablar, es muy indecoroso e indigno de una persona bien nacida: es al mismo tiempo efecto de grave negligencia y desaseo, ya que ordinariamente es consecuencia de no haber puesto bastante cuidado en peinarse y tener la cabeza limpia”.

“La modestia y la honestidad exigen que no se deje acumular mucha suciedad en las orejas; convendrá, pues, limpiarlas de cuando en cuando con un instrumento adecuado, llamado por eso mondaoídos. Es muy descortés servirse para ello de los dedos o de un alfiler; hacerlo en presencia de otras personas es contrario al respeto que se les debe; este mismo respeto se debe a los lugares sagrados”.

“Evítese servirse de las uñas o de los dedos, o de un cuchillo para limpiarse los dientes: está bien visto hacerlo con un instrumento a propósito, llamado mondadientes, o con un fragmento de pluma cortado al efecto, o con un paño grueso”.

“Se considera muy grosero hurgar continuamente las narices con el dedo, y mucho más el meter en la boca lo que se ha sacado de las narices, o incluso el dedo que se metió en ellas: este proceder es capaz de dar náuseas a los que lo presencian”.

Me pregunto que diría Don Manuel de personas que escriben en sus blogs este tipo de calamidades.

Si ustedes no cuentan con un ejemplar del “Manual de Carreño”, aquí les pongo este enlace:

http://www.protocolo.org/familiar/virtudes_modales_y_educacion/el_manual_de_carreno.html

lunes, 7 de junio de 2010

Contando borreguitos

Vivir la vida hoy con dignidad es sumamente complejo. Me deprime medir 1.57 de estatura, tener más curvas que líneas rectas y que no me dé la gana ir al gimnasio ni llevar una dieta rica en potasio; saber que en la cochera de mi depa no me está esperando la camioneta 4x4 que siempre he querido. No tener la más remota idea de qué trató el último capítulo de “Lost” y tener que soplarme las novecientas veintisiete pláticas al respecto con cara de “what”; mi inglés me deprime más que la profusión de curvas y sí, me la paso “guachaguayando” las canciones en inglés ochenteras, porque lo que es que de grupos actuales estoy en la olla. Me exaspera tener que comprar siete marcas de shampoo para “reavivar rizos”, obtener “liso extremo” y salir peinada con onditas al frente y ralo por atrás, porque “así se usa”. No he ido a ver “Iron Man 2” ni “Furia de Titanes”. Dejé de ver cine de “arte” porque la mayoría de las películas son oscuras, depresivas y dirigidas por directores de nombres impronunciables y en vez de disfrutarlas, las sufro. Intuyo que necesito un iPhone, un iPad o de perdida un “Blue Berry”, lo intuyo, pero no sé como para qué siendo que yo uso mi celular para llamar y mandar mensajitos. Y estoy de luto porque el nuevo modelo no tiene lamparita. No he leído todo Gabo García Márquez, y me molesta la literatura de Saramago –pésele a quien le pese-. No uso ropa “animal print” ni ando por la vida causando lástimas a mis tobillos con los zapatos de plataforma “glam” cuyo tacón mide lo mismo que mis piernas… Ignoro cómo se describe el sabor de un vino tinto y no entiendo qué quieren decir con: “tiene un cuerpo robusto, juguetón, con ciertos tonos frutales, seco y de buena persistencia, además de que hace excelente maridaje con las carnes rojas y la salsas espesas”… si con que me sepa rico, tengo. Ya no le puedo abrir el seguro del carro a mi acompañante por dentro porque los automóviles se abren solos y me cuesta trabajo localizar cómo bajar la ventanilla de los coches eléctricos. Tengo que saber de ópera, de música clásica pero también dominar la guacharaca y el pasito tun tun… Se me exige tomar tres litros de agua diarios, frutas y verduras, dejar de fumar, comer menos chocolates y consumir productos “light”. Tengo que dominar 35 aplicaciones en la computadora: saber “bajar” música, “subir” archivos, “blogear” sitios, dominar el lenguaje “emoticón” y pertenecer a 15 redes sociales… Tengo que saber poco de todo y mucho de poco… y eso me tiene frita… ¿Tengo que…? Agradar a los demás, saber de qué hablan, qué compran, soplarme tips, indicaciones de qué ponerme, qué ver, qué comer, cómo hacerle para… Si tienen una columna que les sobre entre sus tiliches, se las compro, que hoy ando con ánimos de treparme y a ver quién me baja….

lunes, 31 de mayo de 2010

¡Te ves más igual que antes!

Hace poco me tocó ir nuevamente a la reunión de generación de la preparatoria. Todavía no estoy segura si me gustan esta clases de reuniones o me dan una flojera infinita; lo que sí me queda claro es que son todo un tema para escribir en este blog. Cuando han pasado veintitantos años de no verse, las expectativas de hacerlo otra vez se convierten en una mezcla de miedo, curiosidad morbosa y gusto. Las damas ahí presentes me comentaron que una de las cosas que más trabajo les cuesta, es decidir qué ponerse. Es evidente que todos tenemos un promedio de 15 kilos de más y que todos arrastramos un pasado que fluctúa entre tormentoso, medio nublado o soleado con pequeños nubarrones. Nadie da su brazo a torcer y dice: –“Pues la verdad he estado en el “bote” diez veces por fraude, robo a mano armada o asesinato de mi suegra”-. Ni pensarlo. Casi todos, platican de lo maravillosa que ha sido su vida al lado del hombre que escogieron por compañero o bien, se limitan a verte con cara de escepticismo y proceden a darle pequeños sorbitos a su whisky con agua mineral, mientras el otro con cara de magnate le platica de los exitosos negocios en los que ha estado involucrados. Un compañero “amarra navajas” se la pasó haciéndose el gracioso con algunos de los ahí presentes. Le decía a una compañera soltera: -“Mengana, ¿Pero no sabías tú que Alberto siempre estuvo enamorado de ti en secreto?”-. La otra se ruboriza, le quiere creer, pero tiene sus dudas. –“Ossss, claro que sí- sigue el malvado, -“Mira vas a ver: ¡¡Albertoooo, ven gueeeey!!!! Llega Alberto, que ya peina las pocas canas que le quedan pegadas al cráneo, con cara de “no-me-estés molestando-que-yo-ni-te-hablaba” y el otro le suelta: -¿Verdad guey que tú estabas enamorado de Mengana? ¡Ya dile guey! Si lo sabe Dios, que lo sepa ella”. –“No pa’nada guey. ¿Cómo dices que te llamas? ¿Mengana? A ver, déjame ver tu gafete. No la neta ni me acuerdo de ti”. Eso, es ser mala leche. Hubo uno que me abrazó en evidente estado etílico y me dijo: “Rima, yo te quiero un chingo, guey, de veras que te quiero un chingo”. “Ah que bueno –le contesté- a mí también como que te me haces conocido, y me da gusto que me lo digas después de veintisiete años de no verte, Apolinar”. Lo dejé llorando. Tres me pidieron mi teléfono, quesque para conseguirme novio. Cuatro, que estaba más igual que antes, lo cual fue tomado como una ofensa absoluta por su servidora, porque en el gafete que tuvieron a bien ensartarme, con mi foto y nombre, salgo con cara de sargento mal pagado y peinado retro ochentero. Las señoras de mi mesa agasajaron a los asistentes con un tema de vital importancia en estas reuniones: las enfermedades, de las cuales hicieron gala con lujo de detalles, por lo que me soplé diez casos de úlcera gástrica, dos histerectomías, cuatro rebanadas de seno, ocho lipos y tres “lijadas de hueso nasal”; llegué a la conclusión de que la mitad de las comensales más bien gozaban por padecer progeria*. Ante tal derroche de morbo, no me quedó más remedio que decirle al del periódico que yo le redactaba la nota, con la condición de que la publicara en la página roja.

* Enfermedad que se caracteriza por envejecer de forma prematura.

domingo, 30 de mayo de 2010

Todas las almas van al cielo

Hoy partió Kuka, la hermosa perrita de mi amiga Y. Fue su compañera durante poco más de doce años. Lo sé, los que han tenido una mascota sabrá de lo que hablo. Kuka fue una perra muy especial para quienes la conocimos. Acompañó a mi amiga, le sirvió de almohada, de comedora de secretos, de cobija... y cuando le rascabas las orejas y la panza, ronroneaba... es el único canino que conozco que ronroneaba. Querida amiga, te acompaño, lloro contigo. Lo único que te puedo decir es que, tan descreída que soy, tengo la certeza de que todos los animales van al cielo.

Te dedico esta pintura de Lisa Ballard, que se llama "Todas las almas van al cielo". Rima

viernes, 28 de mayo de 2010

¿A ver? ¡Apréndete esto!

Hoy estaba haciendo un análisis concienzudo de los números que pueblan mi cabeza:

Mi dirección;

Contraseña de la compu de mi casa

Contraseña de la compu de mi trabajo

Contraseña de los tres correos que tengo;

Contraseña de tarjeta de débito y crédito;

¿Quién se sabe su CURP completito? No conozco a nadie…

Número del ISSSTE;

Número de trabajadora de la educación;

Cédula profesional;

Número de tarjeta de 3 tiendas departamentales;

Nombre de 2,100 alumnos que han pasado por mi vida en… “x” años de trabajo académico (despejen la X);

Número de celular (si pierdo el aparatejo, pierdo a mi familia y como a 150 amigos);

El número telefónico de mi casa;

Clave del Registro Federal de Contribuyentes;

Las claves misteriosas de los descuentos del recibo de pago de mi trabajo;

Clave de los chorrocientosmil sitios a los que estoy inscrita;

Clave de las librerías on-line de las que soy asidua compradora;

Clave de doce redes sociales a las que pertenezco;

Lo que me queda de dinero en la cuenta a mitad de quincena;

Las tablas de multiplicar que aprendí con sangre, frente a un espejo (¡gracias libretas “Polito”;

La serie de Fibonacci;

La relación aurea;

La clave del modem de Internet;

El teorema de Pitágoras;

La primera y segunda ley de Newton;

Los versitos de los binomios y polinomios aprendidos como recitación;

Equivalencia de masa y energía de Einstein;

La fecha de nacimiento de familiares y amigos;

Fechas especiales como “aniversarios de…” “El día en que…”

Tiempo de cocción del huevo tibio…

Y luego me critican porque en el microondas ingreso mi NIP para calentar un café…

domingo, 23 de mayo de 2010

De como la prisa es poco elegante

Una de las cosas que más me desespera, es esperar. Es un hecho que tengo TOC, por lo mismo, comienzo a hacer todo con mucho tiempo de anticipación, así que si alguien va a pasar por mí, o tengo que esperar en el auto a que el (la) acompañante deposite en el banco, me queda mucho tiempo libre. El problema es que ese tiempo es intercalado… quince minutos por aquí, diez por allá, media hora entre que pasan y avisan que se van a tardar… no alcanza el tiempo para iniciar una nueva actividad y tampoco para terminar lo ya empezado. Y como sé que muchos de mis lectores sufren de estos inconvenientes he decidido proponerles una pequeña guía sobre cómo perder el tiempo en inutilidades para que no les llegue el ansia:

Durante la espera dentro de un auto:

Observen detenidamente las hojas de algún árbol que tengan disponible en su campo visual; traten de contar sus hojas sin perder de vista ninguna. De preferencia, escojan un pirul;

Es un excelente momento para borrar los 327 mensajitos de su celular, revisándolos de uno por uno y recordando qué fue lo que contestaron;

Imaginen las conversaciones de los transéuntes, salen cosas buenas de eso, nomás no se rían solos, es de mal gusto*;

Mientras pasan por ustedes:

Repasar las clases de origami que les dieron de pequeños;

Hacer bolitas de plastilina –DE PLASTILINA, DIJE-;

Ver el techo y descubrir figuritas –aplica igual para el piso-

Metérse a su correo electrónico cada cinco minutos a ver si ya llegó algo interesante;

Ponerse a leer el catálogo de ofertas del supermercado y todos los volantes que jamás leemos pero que tenemos acumulados en algún lugar de la cocina “por si se ofrece”;

En lo que da la hora para ir de antro:

Verse en el espejo y decirse siempre: “soy bella, soy amada y tengo un secreto”; la versión masculina aportada por un amigo es: “Soy guapo, alguien quiere conmigo y tengo varios secretos...”

Verse al espejo y aventarse besitos

Verse al espejo y acomodarse un chino

Verse al espejo y retocarse el lápiz labial; para los varones recomiendo un ligero golpe en la mandíbula acompañado de un guiño;

Verse al espejo y acomodarse el collar, aretes, el refajo y cambiar de fichú** porque el que decidimos llevar, no combina con el zapato;

Seguramente al creativo lector(a) se le ocurrirán más de dos cosas para perder el tiempo, pero finalmente, para no errar, lo mejor es empezar todo con una hora de retraso, que en nuestro querido país, así funciona la cosa.

*Nota 1: Esto lo pueden hacer los caballeros que esperan por la dama a que baje hecha un pimpollo;

**Nota 2: También conocido como pachmina, mañanita, rebozo, pañolón o mantilla.

domingo, 16 de mayo de 2010

De cómo consolar a la rosa y al jazmín…

Como ya he platicado, tengo alma de rumbera frustrada, timbalera arrabalera y danzonera de corazón. En esta ocasión pues, les platicaré de mis incursiones en el mundo de la farándula… Mi primera aparición en escena fue de hada en la conocida canción “Los Juguetes” de Cri Cri… ya saben: “Al sonar las tres de la mañana…” Salí con vaporoso vestido blanco y varita mágica confeccionada con un palo de escoba y harta diamantina plateada, me sentía soñada en el escenario… y no lo pude dejar hasta varios años después. Como no era rubia y de ojitos azules mis papeles escolares se limitaron a ser: árbol y flor en el festival de la primavera (las monjas se pintaban solas para hacer disfraces: con una flor de papel lustre pegada en las manos o ramas de papel crepé, una podía ser lo que fuera con un poco de imaginación y super-visión materna); monja envidiosa en la puesta en escena de la vida de nuestra Madre Fundadora; bailar el conocido son “El Rascapetate” con vestido de manta bordado de listones de colores. Pero eso no fue obstáculo para que mis ansias de bataclana se vieran mermadas. No señor, me propuse salir en escena las veces que fueran necesarias para alcanzar el anhelado aplauso de las masas.

Al paso de los años y con varias frustraciones encima, decidí entrar en la rondalla porque me gustaba el que tocaba la guitárra, ya saben, los músicos siempre tienen el valor agregado de “crecer en el escenario”. El grupo se componía de todos los virtuosos de la música que el colegio tenía entre sus filas: que sabías tocar el triángulo, la maraca o la bataca, vas pa’dentro. Como yo solamente poseía mi voz de contralto que no hacia juego con mi baja estatura me pusieron en la orilla de la primera fila. El uniforme del mencionado grupo coral consistía en pantalón color vino, blusa blanca y un sarape espantoso en negro y naranja fosforescente el cual jamás había pasado por la lavandería, por lo que el sudor de veinte generaciones se intuía en él. El repertorio fluctuaba entre “El Andariego”, “Cómo” y canciones en portugués como “Moro num pais tropical” que yo cantaba como podía y como me sonaba... Sergio Méndez hubiera muerto al oir nuestra interpretación. Comenzaron las giras al “interior de la república”. Fuimos a Sahuayo, Michoacán en un camión rentado y con la expectativa del triunfo entre ceja y ceja. Los padres de familia del colegio sahuayense nos recibieron “gustosos”. Me bajé del camión saludando a toda la afición. Me tocó llegar a una casa cuyos habitantes eran aproximadamente cuarenta y siete, entre hijos, nietos, abuelos y primos hermanos. Y seguro me vieron con falta de calcio porque de regreso la madre de aquellos cocijos me obsequió una bolsa de yute rellena de mangos petacones, corundas, uchepos, salsas de las dos, queso bola, tortillas, plátanos dominicos y siete naranjas. De más esta decir que mis compañeros se burlaron de mí, pero bien que le entraron al tentempié. Así, recorrí toda la zona centro-occidente y pueblecillos aledaños, bajo los acordes de “...y locas las fontanas, se contarán su amooooor” y “....un muñeco de carne mitad tú, mitad yo”. Tuve oportunidad de conocer al osito panda de Chapultepec, mientras mis compañeras se iban a la disco. El colmo fue cuando el de la guitárra se “enredó” –uso esa palabra porque cuando una anda ardida usa esas palabras altisonantes- con mi mejor amiga: se la pasaban recitándose los versos intercalados de las canciones de la rondalla de Saltillo. El colmo fue cuando él le dijo: “la próxima que salga en el radio del autobus, es lo que yo te digo”. Mi satisfacción fue infinita cuando la radio emitió “Yo quiero una novia pechugona”, me acomodé en mi asiento y seguí comiendo mi mango petacón con harto chile...

lunes, 10 de mayo de 2010

Aquí nomás… traslomita

Hace poco salí “fueras” como dicen en mi tierra. Una de las cosas que más disfruto es ir viendo lo verde del camino… se encuentra uno cada letrero que a veces me pregunto incrédula si de verdad lo dicen en serio. Cuando cruzas la frontera entre un estado a otro de la república, casi siempre hay un letrerote que contiene una leyenda del calibre de “BIENVENIDOS A LA TIERRA DE LA GENTE BUENA”, entonces pienso: “y yo… que de dónde amigo vengo ¿de la tierra de la gente mala?” o “LUGAR DE GENTE HONRADA Y TRABAJADORA”. ¿Ellos se calificarán? Casi siempre, el letrero va acompañado de la frase “Aquí el peatón es primero”, lo cual afirmo, con conocimiento de causa, es una mentira vil…Nomás bájense del auto y verán... Una de las cosas que observé durante el trayecto fueron los nombres de las comunidades, algunos realmente ingeniosos: “Soledad de Abajo”, “Palo Alto”, “San José de las Ordeñas”, “Maravillas”, “Nube Alta”, “Encinillas”, “Pozo Seco”, “Las guapas” y así por el estilo. Lo que si me parece una mentada de progenitora fue la señalización de las carreteras… bueno, la que existe, porque en general, no hay. Ibamos como flechas transitando por uno de esos puentes que te hacen dar una machincuepa para agarrar otro camino y observo en el punto más alto de la mencionada construcción un letrero que dice “Paso escolar”, observo que en ambos lados se encuentra un talúd de por lo menos 45 grados de inclinación protegido por una barra de contensión ¿Por dónde pasaran estas inocentes criaturas? me pregunto… Seguimos por un camino aledaño, obligados por un Federal que nos desvió porque “hay carrera” y que amablemente nos instruye para regresar a la carretera: “pase tres comunidades, a la cuarta dé vuelta a la izquierda y agarre derecho”. Suena fácil, pero en el trayecto encontramos 8,654 comunidades entre caseríos, risueños pueblecillos, agónicas casuchas de palma y una casaiglesiacanchaescuela que no sabemos si cuenta como “comunidad” en el mapa… Vemos a un grupo de damiselas encantadores vestidas de domingo cacaraceando alrededor de un puesto de yuquis*. Les preguntamos que como se llega a “X”: las nativas se voltean a ver, se rien como zonzas y nos dicen que no saben, que les preguntemos a los señores, los cuales a su vez, se encuentran acuartelados afuera de la única tienda de las inmediaciones, echándo chela y viéndo pasar la vida con la mirada perdida, debajo de un pirul. Preguntamos al menos maltratado y nos responde entre nubes de alcohol y mirada vidriosa: “Mire joven, agarra por donde empieza el ocaso, y se sigue derecho, cuando llegue a una huizachera, ahí mero da vuelta a la izquierda y se sigue hasta topar”. Agradecemos al GPS campirano y nos vemos unos a otros para ver si alguien entendió dada nuestra condición de citadinos, preguntándonos por dónde fregados empieza el ocaso y apelando a nuestros conocimientos botánicos para que no se nos pase la huizachera. Les comento a mis compañeros, con un dejo de resignación: “No se apuren, nomás seguimos la querencia como los burros y segurito llegamos”. Me voltean a ver con mirada asesina. Seguimos el trayecto. Pasamos por un poblado y yo sigo con mis observaciones antropológicas, esta vez, los nombres de los comercios: Cenaduría “El mil amores”; Mueblería “Eros… tenemos la cama ideal”; BARños “Los Tocadores… Se admiten damas y niños acompañados de un adulto”; Mariachi “La espuela de oro”; “El Moquete” cantina, y uno que desde lejos promete con unas letrotas: “La Guarida” Agua Caliente, ambiente familiar. Pregúnte por nuestras tarifas.

Seguimos nuestro trayecto, viendo de cuando en cuando unas casas al más puro estilo “Country”. “Lomas de Amapolas” y “Flowers Ranch” son los nombres que ostentan orgullosas las entrada de las fincas… ignoro quién pueda ser el propietario. “El güero” nombre muy socorrido para las vulcanizadoras y “Doña Lucha” para los restaurantes. Pero cuando veo la refaccionaria “La última frontera” entonces sí me empiezo a sentir algo incómoda. Pregunto si traemos gasolina. Silencio sepulcral. Mi reino por un mapa que diga “Usted está aquí”. ¿Alguien trae una rosa de los vientos, sextante, brújula o de perdido se sabe las constelaciones? Porque aquí en México señores, para transitar por caminos y carreteras, tiene uno que consignar en su bagaje cultural los conocimientos de Americo Vespucio, mínimo.

*Nota: los yuquis son un dulce helado hecho a base de hielo raspado cubierto de sirope de sabores elaborado con azúcar y tamarindo, chamoy, limón, guayaba o cualquier otra fruta de temporada.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Lady Di

A algunos de mis amigos les comenté lo que sucedió en el edificio de departamentos en el que vivo. Sucede que ella era una mujer obesa, escasa de pelo y profusa en ornamentos. Las uñas postizas que se ponía tenían “concepto” –navidad igual a pinitos; día de la revolución, uña tricolor-, pedrería de fantasía para rematar. Vivía sola; era de esas personas que por no tener nada qué hacer se adjudicaba tareas como juntar el dinero del mantenimiento del edificio, convocar a reuniones de vecinos y promover que la puerta del edificio estuviera siempre cerrada. Toda una portera al más puro estilo de película de Pedro Infante. Pues resulta que un día llego a mi casa y me encuentro al ministerio público en acción dentro de su departamento. Llevaba cinco días muerta y nadie en el edificio nos habíamos dado cuenta. Ni un olor, nada. Me acordé de las películas de miedo. De que estas cosas le suceden a otros en países distantes o las vemos en una escena de tv. Se dijeron muchas cosas, que si le había dado un infarto, que si estaba borracha y además tomaba anfetaminas. Cuando entraron a su casa, vieron que la tenía decorada con varias estatuillas de santos. Y un San Antonio puesto boca abajo ocupaba el lugar central. Me dijeron que le hablaba a un novio que tuvo a los quince años y que ahora, casado, vivía en otra ciudad. Los vecinos observaban cómo sacaban el cuerpo y “sanitizaban” el lugar de los hechos; todos nos veíamos con cara de culpa, con remordimiento por no hacerle caso a la mujer fastidiosa del 1. Le ofrecieron misas, y al día siguiente, al pie de su puerta, cinco veladoras ardían para lavar la culpa, para exorcizar pecados... y rosas esparcidas a la entrada me hicieron pensar: “igualito que Lady Di”.

sábado, 24 de abril de 2010

De por qué me volví atea. Parte II

Una vez que hube cumplido con dos de los sacramentos que manda la madre iglesia, supuse -¡Oh ingenua de mí!- que mi formación católica estaba completa. ¡Cuán equivocada estaba! No contaba con que mi madre tenía planeado para mí un número significativo de años asistiéndo al catecismo todos los sábados por la tarde. Supongo que quería reforzar en mí la devoción y fe que toda niña de buena familia y mejores costumbres debe tener. Así que, resignada y con mi libreta “Polito” en mano, comencé a asistir con mi resignada hermana al catecismo los mencionados sábados, el cuál se impartía en una casa ubicada al lado de conocida iglesia de la localidad. La bigotona maestra que impartía el catecismo, nos encargó para la siguiente clase el “Catecismo del padre Jerónimo Ripalda”. Llegándo a mi casa transmití a mis padres el encargo y ellos, ni tardos ni perezosos, corrieron a comprarlo mientras comentaban que ellos también habían seguido las enseñanzas de tan santo varón y que se asombraban de que todavía editaran semejante texto. El susodicho librillo es una edición en rústica, encuadernado en papel cartoncillo rojo –hacía juego con mi libreta “Polito”- e impreso en hojas de papel revolución. De entrada, me tuve que aprender el texto compuesto de 87 versos que inicia de la siguiente manera: “Todo fiel cristiano, está muy obligado a tener devoción de todo corazón…” que más pareciera el comienzo de un corrido porque en el último verso nos da la entrada para arrancarnos a aprender las 293 oraciones consignadas entre sus rupéstres páginas. Para una niña de buenas costumbres, acostumbrada a leer “La Pequeña Lulú” y “Archie” esto fue una afrenta al intelecto. ¿Cómo demonios –perdón- una niña se iba a aprender los catorce artículos de la fe? Reto a cualquiera a que me los recite en estos tiempos… Por no hablar del lenguaje utilizado: “Las obras de misericordia son catorce… dar buen consejo a quien lo ha menester… perdonar las injurias… sufrir con paciencia las flaquesas (sic) de nuestro prójimo…” Incluso traía notas aclaratorias como: “Flaqueza: molestias, daños o agravios que puedan venirnos de parte de nuestros prójimos débiles y miserables hijos de Adán”. Ha estas alturas, yo me convencía cada vez más que el miserable hijo de… Adán era el padrecito ese. Vale la pena que les ponga algunos de los títulos de los capítulos a ver si se acuerdan: “Las potencias del alma”; “ Los sentidos corporales”; “ Las virtudes teologales y cardinales”; “Los novísimos o postrimerías del hombre” y así por el estilo. Luego pasabamos al capítulo que comenzaba con un interrogatorio digno de la KGB: “Decid niño ¿Cuál es tu nombre? Aquí el temeroso chiquillo contestaba con el apelativo y ¡guay! del que dijera su apodo porque se hacía merecedor al zape “acomoda cerebros” de la maestra bigotona; “¿Sois cristiano? No faltaba el que dijera ¡Nooo, yo le voy al Atlante!; “¿Quién es Cristo? ¿Cómo es Dios? ¿Cómo usais vos la señal de la cruz?” Ante tales preguntas se manifestaba el infierno en todo su esplendor: llantos y rechinido de dientes, crujido de huesos de las infantiles manecitas, pelos jalados y orejas mutiladas, ojos entornados clamando al cielo misericordia… el apocalipsis en todo su esplendor. De la página 27 a la 88 el interrogatorio continuaba sin piedad; estoy segura que este texto es usado todavía por las principales corporaciones policiacas a nivel mundial.

Al llegar mi madre por mí después de tan edificantes enseñanzas, veía la gloria abierta, toda ella rodeada con un halo esplendoroso y acompañada de cánticos celestiales y diciéndome: “hija mía, no te afligas, ¿no estoy yo aquí que soy tu madre?”. A partir de ahí, me clarísimas las apariciones de la virgen y cómo es el infierno en vida… Confieso que tengo un ejemplar del catecismo, así que cuando quieran les organizo un Auto de Fe para sus criaturas…

sábado, 17 de abril de 2010

El ser y la nada

No, no teman. No daré cuenta en esta ocasión de la filosofía existencialista. Describiré esta vez mi llorada identidad perdida. Hasta hace escasos 15 años, yo poseía para identificarme una credencial de elector, un acta de nacimiento y un registro de trabajo para declarar mis ingresos a gobierno. Vivía relativamente tranquila, salvo en tiempos de declaración de impuestos: nada que no se pudiera resolver con un tequila y dos noches de insomnio. Pero hete aquí que llegó el correo electrónico con todos sus beneficios, lo que provocó la creación obligada de una nueva identidad, puesto que tengo una para mi trabajo, otro para mi solaz y esparcimiento, uno más para las redes sociales y como 3,245 identidades generadas por cuanto sitio así me lo solicitare para tener oportunidad de consultar sus saberes y decires. No hablo de las contraseñas porque podrían enloquecer. Decidí hacer una lista con todos mis apelativos postizos y sus respectivas contraseñas, las cuales guardé celosamente en un rincón de mi computadora. ¿Qué se me olvidaba una contraseña? Corría al documento en cuestión para asesorarme y santo remedio.

Un aciago día -lluvioso por cierto, los aciagos días siempre son así-, me llega una notificación en donde se me informa de la necesidad de volver a dar de alta mi identidad porque ahora las reglas hacendarias han cambiado. Un agujero estomacal inició su formación en fase latente. Me armé de valor, entregué mis papeles al contador y me olvidé del asunto. El contador hizo su trabajo al más puro estilo Capone y mirándome a los ojos con una mezcla de placer y compasión me informó: “Pero, le hace falta el CIEC”. “Muy bien” –pensé- “el CIEC”. El agujero creció un centímetro. Ingresé a la red para iniciar mi búsqueda sobre el mentado CIEC. “Ingrese su registro de hacienda y su contraseña”. Lo ingresé y apareció el temido mensajito: “Estimado usuario, se le informa que para generar el CIEC tiene que tener su FIEL actualizada”. “Ok, serenidad y paciencia. Veré que es la FIEL”. “Femenina, ha de ser complicado” –volví a pensar- mientras mi agujero de estómago ya le hacía la competencia al de ozono. Busco FIEL y se me indica que es la Firma Electrónica Avanzada. “Bien, díganme en dónde firmo y lo hago, caray”. Ingreso para firmar y el temido y confianzudo mensajito vuelve a aparecer: “Estimado usuario: se le informa que para obtener la FIEL, debe llenar primero la SOLFEA”. “¡Maldición, estoy perdida! ¡Ahora resulta que hasta les tengo que cantar!”. Con paciencia franciscana y silicio en mano, busco SOLFEA que quiere decir: Solicitud de Firma Electrónica Avanzada.

En este punto quiero detenerme para hacer la aclaración sobre mi teoría de las siglas: estoy segura que en algún rincón inmundo de una refundida dependencia gubernamental se encuentran dos viejitos encadenados a un escritorio siendo vigilados por un comando de la PGJ para que generen las iniciales de los nombres de las torturas a que somos sometidos todos los habitantes de este país y que además de describir, ya sea el trámite, dependencia, banco, institución, comisión, congreso, deben obligatoriamente poder leerse y formar una palabra más o menos congruente con el contenido de la ocupación de la entidad a describir. Se autonombran Creativos Armados de Grandilocuencia Abastecedores De Ostentosas Siglas. Ya ustedes le sacan las iniciales a tan rimbombante.

Retomando el tema y después de ingerir dos Ranitidinas a las que escuché caer en el vacío de mi agujero estomacal, me di a la tarea de imprimir la dichosa forma, en donde se me solicitaba un comprobante de mi existencia en este planeta que no fuera el acta de nacimiento, CURP, RFC, pasaporte, visa, credencial de elector y/o cualquier credencial que me acreditara como miembro de un tienda oficial para rentar películas. Una vez más y alzando los ojos al cielo clamando un poco de piedad, me di a la tarea de buscar qué demonios podía llevar para comprobarle al país que en verdad existo.

Me acerqué, no sin temor, a la ventanilla en dónde se expiden las cartas que comprueban la nacionalidad a la que una pertenece. La encantadora taquillera me observa con sus acuosos ojos, mientras mastica un chicle de orozuz con fruición y me espeta, casi escupe: “¿Tiene su FIEL? Porque sin su FIEL no le podemos expedir la carta”. En ese momento clarito vi mi vida pasar ante mis ojos, el rizo cuántico en el que estaba inmersa dio una vuelta más y volvieron a mí todas las preguntas existenciales que me hacía a los 15 años: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Es real la realidad? Y yo que pensaba que tenía domadas o por lo menos aplacadas mis dudas existenciales. Estoy segura que Sartré hizo los mismos trámites que yo cuando escribió “El ser y la nada”.

Esta nota se la dedico a todas las madrecitas mexicanas de los abnegados trabajadores de gobierno; personas involucradas en el diseño web de sus sitios en la red; con todo mi cariño además, a las madres de las dependientas municipales, esperando que mi recordatorio les llegue hasta el 10 de mayo próximo...

miércoles, 14 de abril de 2010

De onomásticos, cumpleaños y natalicios

Desde hace mucho, tengo la certeza de que nacer es una de las cosas más naturales, causales y dolorosas –a veces azarosos- que pudieran pasarle a cualquier ser vivo que recorra los tortuosos caminos de la vida. Si esto es así me pregunto: ¿Por qué festejamos los natalicios, onomásticos y cumpleaños? Porque aclaro, son diferentes momentos: no es lo mismo el natalicio de Benito Juárez –en donde todos contentos festejamos su día con el asueto estipulado por ley-, que un onomástico –normalmente este término se utiliza en la escuela y se aplica al nacimiento del maestro o de la señorita directora, porque es palabra curra y se oye rete elegante decir: “Con motivo del onomástico de la Srita. Directora las niñas del plantel ejecutarán un bailable, etc…” aunque las pobres criaturas no sepan qué Judas es esa palabreja… En fin, el tema que me ocupa es la celebración del cumpleaños. Al festejado(a) se le llama “cumpleañero (a)” y existen diversos tipos de ellos, a saber:

1. Cumpleañero cibernético: le encanta que lo festejen y hace de todo por llamar la atención en los ámbitos ciberespaciales: pone recados anunciando su cumple en las diversas redes sociales a las que pertenece, porque claro, tiene 964 amigos nada más en su país y ese día contabiliza con asiduidad todos los correos con las notificaciones que le llegan además de regalitos virtuales de lo más originales. En su Messenger pone un mensaje de texto que dice: “¡Mis adoradoooos!, gracias por acordarse de mí, los amoooouuu”. No alude al cumpleaños, pero veladamente el que lo lee piensa: “¿De qué me tengo que acordar?”. E inmediatamente le cae el veinte y se lanza a enviarle una postal virtual al cumplecibernético en cuestión;

2. Cumpleañero análogo: a esta categoría pertenecen los que detestan las computadoras o los que ya andan ingresando a la tercera edad. Desde temprano, recogen su casa, lavan la ropa, van al mercado, preparan un pastel, gelatina y bebidas espirituosas, por supuesto, estrenan ese día y luego a misa a dar gracias por un año más; las señoras se van al salón para quitarse los últimos 25 años de edad y los señores esperan sentados a que sus esposas les digan qué hacer. Comienza el viacrucis: libreta en mano, apuntan quién les habló por teléfono, quién les mandó flores; quién las fue a visitar. Su máximo goce es sentirse con las amistades que olvidaron la bendita fecha que las vió nacer. Y siempre que las felicitan les encanta decir: “No, yo ya no cumplo años, ahora los descumplo”, con lo que todos mueren de risa, porque se les hace buena puntada y “hay que festejar al cumpleañero(a)”.

3. “Allá en el rancho grande”: a este cumpleañero le encanta festejarse de manera bucólica, porque “el día que nació, nacieron todas las flores”. Además tiene la suerte de tener un compadre que le presta un rancho de ganado cebú o por lo menos un casco viejo de hacienda mezcalera. El susodicho se viste de charro, o por lo menos se ensambla unas chaparreras y cinturón pitiado; contrata música de tambora, un mariachi y un grupo de redoba norteña. Para el final, un trío. Durante la fiesta se la pasa tequila en mano visitando las mesas y preguntando: “¿Todo está bien? ¿Los están atendiendo como se merecen?” A la tercera vuelta, además de preguntar, comienza a decir que sí, que la comadre está rebien y que la quisiera atender como se debe. En un audaz acto de valentía, se pone a realizar firuletes con una reata; aulla como loco las de José Alfredo y finalmente le da el jalón a la comadre para ver si se la puede quebrar. Como ya nadie lo pela, le pide al trío que se arranque con “tinta sangre del corazón” o “Amor perdido”, acaba llorando y moqueando y el compadre jura que para el próximo cumpleaños le pondrá al compadre un toro mecánico para ver si se rompe la crisma de una vez…

4. El “megaproductions”: a esta modalidad de cumpleañero le encantan las fiestas “temáticas”, tipo las fiestas infantiles, en donde todo es de Barnie, Dora la exploradora o los Transformers. Desde meses antes les dice a sus compas que la fiesta llevará por tema “personajes de las caricaturas de fantasías animadas de ayer y hoy”. Los posibles invitados no comen, no duermen, no encuentran sosiego en su alma nomás de pensar en qué se van a poner, cuánto les irá a costar, quién les hará el disfraz. Llegado el día, la diversión consiste en reirse como locos de cada uno de los que van llegando, mostrar el disfraz y platicar cómo solucionaron tamaña empresa: llega el todo vestido de negro y con un pico amarillo diciendo que es el pato Lucas; el vaquero émulo pobrísimo de Sam Bigotes; al amigo pelón no le cuesta trabajo disfrazarse de Elmer Gruñón y no falta la sexy que llega de Petunia del brazo de su panzón esposo, que accedió después de dos lagrimillas a ir de Porky…

5. La que “no hace nada”: esta modalidad es la que utiliza el chantaje para festejarse: “¿qué vas a hacer en tu cumple?” –“No, pues nada”- contesta la otra con cara de martir romana. –“¡pero cómo fulanita! ¡No, no, no! No podemos permitir semejante cosa!!!!” Entonces la amiga cae en la trampa y se da a la tarea de convocar a todas las amigas para festejarle a la Fulanita en su casa. La otra se ahorra el tiradero, se dedica a tomar café y pastel con el dedito levantado y a destapar sus regalitos ante el benepláctio de las benefactoras que piensan que qué buenas amigas son…

Yo por eso, siempre estoy preparada: tengo un arsenal de botas vaqueras, sombreros, lentes oscuros, zapatos sesenteros, máscaras de luchador y un combo de maquillaje exótico… para ver ahora qué se le ocurre hacer a mis amistades.

Esta nota se la dedico a mi amiga Y, con quien me he disfrazado de bailarina exótica, indú, luchadora, vaquera, estrella de cine mudo y otras lindezas….

miércoles, 7 de abril de 2010

Platicas de señoras

Una de las cosas que resultan más atractivas a las mujeres es reunirse a platicar, cuantimás si hace mucho que no se ven. Hace poco asistí a una de estas reuniones, pero como la verdad los temas a tratar me interesaban poco o nada, me puse a observar qué hacían o decían mis amigas. Encontré comportamientos de lo más interesantes. Comienza la sesión con saludos, abrazos y besitos al aire porque el lápiz de labios se puede deteriorar. Ya que todas están armadas con café descafeinado, agua mineral y una que otra con una cuba, comienza el comportamiento que he denominado “pericón”. Póngo un ejemplo:

-¿Ya supieron que Pitita Cucaño se va a casar?

- ¡Noooo!- responden a coro quince pares de ojos atentos a la orgullosa mensajera de semejante notición.

-¡Esa niña no salía ni en tómbola?- dice una a la que le escurre un hilillo de veneno por la comisura de su boca rojo carmesí;

- ¿Quién es el valiente?- pregunta otra con un dejo de envidia.

-Pues dicen que es ingeniero, que trabaja en una multinacional y que gana lo que quiere- contesta la tía del muchacho, que no dice para ver qué les saca a las amigas;

-Mi hijo consiguió un trabajo por la zona industrial… es un buen trabajo, ojalá se encuentre una muchacha virtuosa como Pitita…

-¿Virtuosa? Pero si esa niña le ha dado vuelo a la hilacha desde que cumplió los quince…-dice una que la acompañó en sus correrías pero que lo oculta para no quemarse;

-¡Me acuerdo de sus quince! ¡Que fiestón le organizaron sus papás!-.

-¿Los quince de Pitita? ¡Pero si estuvieron bien piñatas! ¿No te acuerdas de su vestido? Parece que lo compró en la boneteria “Los gallos”;

-¿”Los Gallos”? ¿Qué ese negocio no era de Don Espiridión Belmontes? Me acuerdo de esa familia, eran unos españoletes que llegaron con ínfulas de parientes del rey Juan Carlos…

- ¡Cállate mensa!- susurra una que está al lado de la criticóna -¿Qué no ves que es tío político de Marthita? Te va a oír, y ella está superorgullosa de emparentar con el viejo mundo…

- ¡Ash! Déjame en paz, les encanta andar de presumidas y no han pasado de perico perro…

-Oye Marijóse y tu hijo ¿siempre se fue a Montreal?

- Sí, pero fijate que no ha encontrado chamba… anda rete alicaido, ya ves lo que le pasó…

-¡Ay! Si siempre te dije que esa muchacha no le convenía, pero se ponen de tercotes…

Ha estas alturas yo ya había perdido el hilo de la conversación y veía como, con una habilidad pasmosa, las informadas damas entrelazaban doscientas conversaciones al mismo tiempo. A mí ya se me había confundido el novio de Pitita con el hermano de la señora cuyo suegro era de Cataluña y pariente de SGM, Don Carlitos quien usualmente compraba su ropa en una bonetería… Así que les informo: cuando me inviten a una reunión de señoras, mejor piénsenle porque o no paso el chisme bien, o de plano les invento un culebrón de miedo…

Imagen en: http://aligradolls.blogspot.com/2009/07/tres-amigas-chismosas.html