Otra de mis experiencias alternativas ha sido el mundo del cine. Hace ya un buen tiempo que veo cuanta película cae en mis manos, pero señores hay que saber seleccionar. Cuando comencé a ir a ver películas de “MUESTRA” -sí con mayúsculas y entrecomillada, porque son LAS PELÍCULAS seleccionadas sólo para los elegidos- me comencé a sentir un poco incómoda porque no sabía qué actitud tomar. Mis referencias inmediatas eran películas como “Snoopy vuelve a casa”, “Barquillo de Limón” y “Porkyes”, estas dos últimas, ochenterisimas y preludio que anunciaba las peores películas de adolescentes. Imaginen mi asombro cuando en un grupo al que asistía, comencé a ver películas de Kurosawa o Andrezej Wajda. Como que si sentí la diferencia. Recuerdo una en especial "El hombre de mármol" que vimos en casa de una amiga. 164 minutos señores, del más puro aburrimiento. Nos empezamos a parar para rellenar nuestros vasos jaiboleros y al rato todos estabamos en la cocina contando chistes. Pues a raíz de tanto asistir a este tipo de exhibiciones, me di cuenta de varias características peculiares que tienen los que como yo, somos voyeristas de las vidas ajenas a través de la pantalla grande. Aquí les van algunos consejillos sobre comportamiento elemental cuando se asiste a una peli de muestra:1.Estar dispuesto a que, por dieciocho días, nuestra cena comprenderá únicamente palomitas y refresco de la “superdulcería”;
2.Prepararse emocionalmente para ver lo más bajo, lo más oscuro, lo más degradante o en su defecto, lo más sublime de las pasiones humanas;
3.Si esperan ver efectos especiales, esto no es lo suyo;
4.Hasta las películas animadas lo dejan pensando a uno ¡Caray! No irse con la finta de que son de “monitos”, hay monitos que te dejan catatónico;
5.El atuendo es básico: pueden usar el mismo que sugerí cuando se va a ver un espectáculo alternativo; pensemos que siempre es la misma gente que asiste a todas estas cosas;
6.Pedirle a nuestro acompañante que de tanto en tanto verifique si seguimos despiertos; hacer lo mismo en reciprocidad con él;
7.No se preocupen por llegar temprano, siempre que se pasa una peli de muestra normalmente tenemos 288 lugares disponibles en una sala de 290 butacas;
8.Para saber si una peli es de muestra lo único que tienen que hacer es verificar el horripilante horario en que las exhiben: 15:00 o 22:30 son los dos que no fallan;
9.Ni se molesten en inscribirse a sitios de cultura en su ciudad -nadie les mandará nada- investiguen en la cartelera de su localidad;
10.No olvidar poner cara de intelectual conocedor del cine de muestra: salir hablando a grito pelón sobre la fotografía, música, encuadres, planos e iluminación; jamás de vestuario y maquillaje, esas son banalidades;
11.Si la película es oscura, lenta y hablada en kurdo, es de muestra.
Espero no desanimarlos con estas referencias, lo que intento es que se integren a la brevedad en el fascinante mundo del cine alternativo.








Hace poco estaba cocinando en casa de mi madre –si, ya sé, pero a veces cocino- y se me cayó la sal en grano. Mi madre exclamó: -¡Cuidado! ¡Que pones a llorar a los niños del limbo! Mi desconcierto no tuvo límites, primero porque soy atea y segundo, porque según las últimas noticias obtenidas, el limbo no existe, lo eliminaron del mapa celestial y de la esperanza de miles de madres que esperaban que sus hijos vieran la gloria el día del juicio final. Pues bien, este hecho me hizo reflexionar sobre las otras tres opciones que nos quedan: cielo, purgatorio e infierno. Me quedé pensando –como muchos otros, en mi caso- que estos tres sitios pertenecientes a la metafísica más elemental, nos los construimos día con día. Y la mejor opción por construir supongo que es el cielo. De niña me construí varios paraísos. Por ejemplo: cuando iba a la dulcería C, -que por cierto tiene todavía los dulces más ricos que los besos de la novia- el cielo para mi, era trabajar ahí porque me habían informado fuentes fidedignas que la dueña permitía que las señoritas logradas que trabajaban ahí, podían comer todo el chocolate que sus amplios estómagos les permitiera contener. A mí eso se me hacía la gloria, pero analizando a las mencionadas señoritas, me di cuenta de que eran de “carita difícil” –como dice mi padre cuando ve una muchacha poco agraciada- y que, francamente, podía uno llegar al hartazgo fácilmente. Y si no me creen, pregúntenle a una amiga, que cuando le hizo el fuchi a la comida que le daba su madre, ella correspondió preguntándole que qué le gustaría comer entonces, a lo que ella respondió que dulces, por lo que la santa mujer -solícita como toda madre- procedió a cumplir los deseos de su disgustado vástago y le dio a comer dulces, chocolates y jaletinas durante una semana, hasta que la niña pidió a gritos aunque fuera un limón con sal. Ese, definitivamente, no podía ser el cielo. Pasados los años, cambié de paraíso varias veces: el paraíso era ir a ver películas de Walt Disney al cine Azteca con mis papás; que me llevaran con mis hermanos a la juguetería Félix para ver los regalos que nos traería el “Niño Dios” esa navidad; salir a toda velocidad en mi bicicleta “Vagabundo” con mis amigas; que me dejaran platicar con mis vecinas de la cuadra hasta las 10 de la noche; que el muchacho objeto de mi anhelo me volteara a ver de vez en cuando; que me sacaran a bailar las”calmaditas” en las tardeadas ochenteras; que un muchacho me pidiera mi teléfono, aunque después el paraíso se convirtiera en infierno porque el indino no me hablaba o si me hablaba, era para preguntarme por mi amiga “X”. Total, que me di cuenta ya medio tardecito que la vida tiene dos opciones: o estás en el paraíso o te la pasas instalado en el infierno, tú tienes esa opción. Eso del purgatorio como que no va conmigo, porque sería como vivir a medias tintas. Tengo la esperanza de que las autoridades eclesiásticas lo erradiquen y saquen a todas esas ánimas sufrientes. Así que he decidido –en la medida de lo posible- vivir en el paraíso que para mí es cualquiera de las cosas que están en mi lista de cien gustos, más los que se adhieran a ella con el tiempo. Mi paraíso es pasar tiempo conmigo, es encontrarle la pasión a lo que uno hace; es pensar que hoy, aquí y ahora, estoy viva; que tengo la opción de elegir darme a los demás; aunque a veces, el infierno sean los otros.

















