Para continuar con las historias familiares, omití de forma imperdonable a un personaje por demás “Sui generis”: el esposo de mi tía L: el tío B. La mencionada tía, hermana de mi abuela paterna, era una mujer encantadora, de profundos ojos claros y nariz aguileña. Yo ya la conocí en edad madura y cada 12 de diciembre, rigurosamente la íbamos a visitar en convite familiar. Estos tíos vivían en la calle de LDT, a unas cuantas cuadras de la casa de la abuela. Lo que a mí me encantaba de esa casa es que parecía castillo de cuento de terror. Mi tío, era un hombre alto, con una mirada de toro loco que daba cierto resquemor y que siempre hacia bromas con mi ombligo. No se la razón de semejante obsesión, pero invariablemente yo esperaba la dichosa bromita... Pues cuentan los que lo conocieron, que estaba loco. Yo más bien pienso que era sumamente creativo y no se quedaba con la duda de nada. Un día, se le ocurrió que si los pájaros volaban, él también podría revolotear de la misma manera sin ningún problema. Y construyó unas alas de petate. De nada valieron los esfuerzos de quienes lo estimaban o por lo menos, se preocupaban por él, para aclararle que esas inquietudes se manifestaban en el ser humano desde tiempos inmemoriales pasando por Da Vinci, involucrando a los hermanos Wrigth hasta llegar a la era espacial... él se empeñó y allá va, cuál intrépido Ícaro, a subir el cerro más alto que encontró y lanzarse al vacío con la ingenuidad del científico despistado. De más está decir que la fuerza de gravedad hizo muy bien su papel dando como resultado el consiguiente batacazo final. Esta experiencia aérea no mermó en nada su ánimo e iniciativa y decidió que lo mejor era dedicarse a la construcción. La casa en que vivían los tíos era de estilo neoclásico –típica casa de barrio, de techos altos, entresolada. Se pudiera decir que era una casa “normal” viendo la fachada, pero la realidad era que dentro de ella se cocinaban las construcciones más extrañas que mis ojos han visto. Por ejemplo, el tío decidía que se debía hacer una puerta para conectar al baño con el cuarto contiguo: construía entonces la puerta, que al más inspirado modo de los conventos europeos, medía 50 cm de ancho por 1.10 de alto. Uno tenía que inclinarse y pasar de ladito al mencionado recinto, que entonces se desplegaba con majestuosidad versallesca, pues el lugar contaba con araña de cristal, diván para reposar el baño de tina y un espacio de mármol pulido que los mejores bailarines de vals envidiarían. La casa estaba plagada de escaleras que no iban a ninguna parte y si iban, sólo era para subir al cuarto de las “injurias”. Además, agregaba terracitas voladas para tomar el sol con orientación hacia el oeste. Un día se le ocurrió escarbar en la sala y dio con unas puertas que dejaron correr a su ingrata imaginación pensando que eran los consabidos túneles de SLP, pero que luego resultaron ser acceso a las lumbreras de los caños de la ciudad. Construía bóvedas con jarritos de barro y finalmente compró el mesón de San Salvador para seguir volcando en él sus ánimos creadores. Mi tía L, se limitaba a verlo con sus profundos ojos de agüita y reírse de sus puntadas yo creo que por no llorar... estar casada con un hombre tan creativo y emprendedor como él puede resultar de lo más divertido si se mira con buenos ojos...
domingo, 15 de febrero de 2009
Alitas de petate
Para continuar con las historias familiares, omití de forma imperdonable a un personaje por demás “Sui generis”: el esposo de mi tía L: el tío B. La mencionada tía, hermana de mi abuela paterna, era una mujer encantadora, de profundos ojos claros y nariz aguileña. Yo ya la conocí en edad madura y cada 12 de diciembre, rigurosamente la íbamos a visitar en convite familiar. Estos tíos vivían en la calle de LDT, a unas cuantas cuadras de la casa de la abuela. Lo que a mí me encantaba de esa casa es que parecía castillo de cuento de terror. Mi tío, era un hombre alto, con una mirada de toro loco que daba cierto resquemor y que siempre hacia bromas con mi ombligo. No se la razón de semejante obsesión, pero invariablemente yo esperaba la dichosa bromita... Pues cuentan los que lo conocieron, que estaba loco. Yo más bien pienso que era sumamente creativo y no se quedaba con la duda de nada. Un día, se le ocurrió que si los pájaros volaban, él también podría revolotear de la misma manera sin ningún problema. Y construyó unas alas de petate. De nada valieron los esfuerzos de quienes lo estimaban o por lo menos, se preocupaban por él, para aclararle que esas inquietudes se manifestaban en el ser humano desde tiempos inmemoriales pasando por Da Vinci, involucrando a los hermanos Wrigth hasta llegar a la era espacial... él se empeñó y allá va, cuál intrépido Ícaro, a subir el cerro más alto que encontró y lanzarse al vacío con la ingenuidad del científico despistado. De más está decir que la fuerza de gravedad hizo muy bien su papel dando como resultado el consiguiente batacazo final. Esta experiencia aérea no mermó en nada su ánimo e iniciativa y decidió que lo mejor era dedicarse a la construcción. La casa en que vivían los tíos era de estilo neoclásico –típica casa de barrio, de techos altos, entresolada. Se pudiera decir que era una casa “normal” viendo la fachada, pero la realidad era que dentro de ella se cocinaban las construcciones más extrañas que mis ojos han visto. Por ejemplo, el tío decidía que se debía hacer una puerta para conectar al baño con el cuarto contiguo: construía entonces la puerta, que al más inspirado modo de los conventos europeos, medía 50 cm de ancho por 1.10 de alto. Uno tenía que inclinarse y pasar de ladito al mencionado recinto, que entonces se desplegaba con majestuosidad versallesca, pues el lugar contaba con araña de cristal, diván para reposar el baño de tina y un espacio de mármol pulido que los mejores bailarines de vals envidiarían. La casa estaba plagada de escaleras que no iban a ninguna parte y si iban, sólo era para subir al cuarto de las “injurias”. Además, agregaba terracitas voladas para tomar el sol con orientación hacia el oeste. Un día se le ocurrió escarbar en la sala y dio con unas puertas que dejaron correr a su ingrata imaginación pensando que eran los consabidos túneles de SLP, pero que luego resultaron ser acceso a las lumbreras de los caños de la ciudad. Construía bóvedas con jarritos de barro y finalmente compró el mesón de San Salvador para seguir volcando en él sus ánimos creadores. Mi tía L, se limitaba a verlo con sus profundos ojos de agüita y reírse de sus puntadas yo creo que por no llorar... estar casada con un hombre tan creativo y emprendedor como él puede resultar de lo más divertido si se mira con buenos ojos...
lunes, 9 de febrero de 2009
Canciones de amor y contra quien resulte responsable
Una de las cosas que resultan más nocivas para ese bello pero fatal sentimiento humano llamado amor, son las canciones que destilan melcocha, mejor conocidas como boleros románticos. Digo nocivas porque lo único que hacen es ponernos a ensoñar, pensar que somos las únicas en la vida de alguien y alimentar falsas expectativas en una relación. Daré pruebas de lo que afirmo. Comienzan ofreciéndonos “Alma, corazón y vida” y diciéndonos que somos “la gema que Dios convirtiera en mujer para bien de su vida”. Luego dicen al oído de forma contundente que nos van a confiar las ansias suyas con tres palabras que son su angustia: ¡cómo me gustas! Ya para entonces nosotras estamos entornando los ojitos y no podemos dormir de pensar que somos las musas de tal inspiración. Nos ofrecen “Tres regalos: el cielo, la luna y el mar”. Imaginen la cara de la fémina pensando que son dueñas de esos regalitos, aunque luego acabemos con un “Cheque en blanco”. Posteriormente y ya con mala maña, nos piden que los “besemos mucho” como si fuera esa noche la última vez. Son sinceros en afirmar que: “como se lleva un lunar” todos podemos una mancha llevar, o sea que se curan en salud; no nos están engañando, sabemos ya la clase de ficha que es el interfecto... Se la pasan pidiéndole al reloj que detenga su camino cada vez que nos despedimos de ellos, porque sutilmente llegamos a ellos como una tentación, llenando de ansiedad su pobre corazón. Pero después, pasado el tiempo, nos damos cuenta de que los muy canallas pasan cada noche con un amor y distinto amanecer, mientras nosotras permanecemos esperando la siguiente serenata y deseando escuchar nuevamente los románticos acordes de “despierta, dulce bien de mi vida”, recostadas en blanco diván de tul. Cuando llegan, cabizbajos y con la mirada gacha, nosotras ya los estamos viendo fijamente con ojos como “dos puñales de hoja damasquina”; entonces, se arrancan con “perdón vida de mi vida, perdón si te he faltado, ángel adorado, dame tu perdón...” Para entonces, ya estamos a punto de turrón y nos convertimos en perlas negras, esto es, raras, malignas y fatales... mientras ellos replican que siguen unidos a nuestra existencia, que fue un resbalón y que si viven cien años, cien años pensarán en nosotras. Rematan diciéndonos que nos quieren por bonitas y por nuestra “cara extraña” –los boleros tienen letras que la razón desconoce, pero si a mí me dicen eso, inmediatamente desconfío del interfecto-. Nos reclaman que nosotros los acostumbramos a todas esas cosas que son maravillosas y nosotras caemos redonditas ante el reclamo doloroso de que nos "hemos convertido en parte de su alma" y que ya nada los consuela sin nuestra adorable presencia en sus vidas... La culpa –afirman- la tienen ellos, por adorarnos como necios, y que qué caro es el precio que están pagando por el pecado cometido. “Dame tus manos, toma las mías” nos invitan con pérfidas intenciones...Aquí es donde les recomiendo a mis féminas lectoras que no se dejen engañar... déjenlo partir canturreando su poema más triste, deséenles que sean felices, felices, felices y aclaren que si pretenden remover las ruinas de lo que ellos construyeron, sólo cenizas hallarán de todo lo que fue nuestro amor... que para reclamos y demandas, el bolero tiene una vasta gama de buenos argumentos que podemos revertir alegremente...
sábado, 7 de febrero de 2009
Para la damita que nos acompaña... para el gentil caballero
Al tener una madre que bailaba a la menor provocación ritmos sicalípticos y provocadores, no tuve más remedio que entrar al aro. Llegaba de la escuela y ahí estaba ella, vestida de crinolina, zapatos de dos colores y con cola de caballo bailando el “Rock de la Cárcel”, o “Norma la de Guadalajara” que es su mambo predilecto... Por la tarde, al llegar de dar la vuelta, me jalaba del morral y me decía: Órale Rima, te voy a enseñar el nuevo pasito de cha cha chá que aprendí en mi clase de baile... ¡¡¡Y esto era darle gusto al cuerpo y al espíritu señores!!! Bueno, pues años más tardes y ya con la inquietud entre pecho y espalda, comencé a tomar lecciones de danzón con un galán incógnito de buena figura y mejor porte... El grupo era de lo más ecléctico, había de todo: parejas jubiladas; otras dedicadas a tendajones en el mercado; señoritas que se lograron; un sastre; señoras que se dedicaban a hacer gelatinas decorativas –ésta última me asombraba por modosita y por esas esculturas membranosas que confeccionaba con gran encono-, doctores de guayabera... y nosotros, que pasamos a ocupar el lugar de las mascotas del grupo, porque todos nos llevaban como 30 años y mi pareja y yo éramos peques sin experiencia en ritmos afroantillanos... Comenzó la lección, todos derechitos ensayando el cuadro básico del danzón, el vaivén, el montuno rapidito, el danzón floreado de 8 y dieciséis vueltas, floreo invertido, paseo, cuadro al centro, en rosa (sólo la mujer baila). Aprendí a diferenciar todos los tiempos de ese sensual baile: introducción, en donde las parejas se preparan para iniciar el baile; inicio; descanso con todo y abanico para ahuyentar el calor; montuno, que es rápido y cadencioso y finalmente, acabar dando dos pasos en firme: ¡todo un arte ese baile! Pero luego comenzó nuestro penar de tapanco en tapanco: dimos exhibiciones en asilos de ancianos, festivales del día de la danza; fiestas del santo patrono en los 7 barrios de la ciudad; bailes organizados por el profe y su esposa: ¡Esos bailes! en donde conocí al “Abuelo” y María Elena, pareja venida del DF: él de trajecito blanco y zapato blanco y negro; ella, un émulo de Tongolele en cuanto al cabello negrísimo con mechón blanquísimo y zapatillas de lentejuela roja de 15 cms. ¡Nomás! Me encantaban esos bailes, en dónde podíamos vestirnos de gala, arrastrar la boa y bailar con las mejores danzoneras del país: Acerina, Aragón, La Playa y otras más que ya no recuerdo. Los animadores jugaban un papel fundamental para animar el baile. Al grito de ¡Danzón dedicado a...! comenzaba el baile; las parejas se acercaban lentamente a la pista, tomaban sus posiciones y ¡¡¡a darle gusto al cuerpo!!!! Al cabo del tiempo, el galán incógnito dejó de bailar y yo me quedé rete frustrada porque me encanta mover el bote de tal manera que... bueno, unos amigos me han sugerido que por qué no le hago como María Rojo en “Danzón”: buscar una pareja de baile, que nomás quiera bailar conmigo, sin mayores pretensiones. Así que a sugerencia de ellos, haré un casting en breve para ver quién podría ser la pareja perfecta para estos menesteres. Me sugirieron un anuncio en el periódico con la siguiente redacción: “Señora en edad interesante busca pareja para bailar danzón; no importa físico pero sí que esté casado para evitar tentaciones; estatura promedio: ni muy alto, ni muy chaparro; presentar cartilla liberada, carta de antecedentes no penales; certificado de primaria mínimo; sea aseado y se ponga loción; jacarandoso y con ritmo; le guste el fandango y las desveladas; disponibilidad de tiempo después de las 7 pm; no importa que no platique, le guste el cine y no lea...se le requiere sólo para bailar”. Ustedes dirán si se animan, se aceptan propuestas y ya les avisaré cuando haré la prueba de fuego... Esta nota se la dedico con todo cariño a mis maestros de danzón: El Ing. Solano (qepd) y su esposa Lucha que me enseñaron que el baile es una de las maneras de expresión del ser humano más hermosa que hay...
jueves, 5 de febrero de 2009
Incursiones en el gremio del morral
Siempre fui muy inquietita para mis amistades. Después de que me volví atea en el SC, me dio por juntarme con puro jipiteco de morral y huarachudo... Estudiar DG en esa época era signo de engancharse con las bellas artes, el cine de muestra y los talleres de literatura, cosas que no he dejado de disfrutar, por supuesto. Lo primero que hice fue cambiar la decoración de mi cuarto: colcha comprada en “La Pancha”, artesanías mil colgadas del techo al suelo, carteles de todos colores con imágenes de Frida Kahlo –que en ese tiempo todavía no estaba tan choteadita, la pobre- muebles rústicos, muñecas de trapo y cartón, instrumentos musicales de carrizo, morrales bordados, blusa de manta y falda al tobillo del mismo material... Mi hermano llevaba a sus amigos a mi cuarto y les decía que mi habitáculo era una especie de extensión del conocido restaurant “El México de Frida”. Yo, me moría de risa ante tal comentario, porque los amigos de mi hermano son todos de un fresa sublime... Los lugares que la que esto escribe y frecuentaba en ese tiempo, eran cafetines en el centro que empezaban a aparecer y que imitaban las conocidas “Peñas” del DF. Me hice de dos que tres amigos medio poetas –o al menos ellos así lo pensaban- y otros tantos pintores. Nos juntábamos en un café por Bellas Artes a perder el tiempo, ver libros de arte y componer el mundo. Pero luego, me dio por llevarlos a mi casa. He de aclara que mis padres son muy tradicionales, nunca imaginaron que yo iba a llegarles con un galán de morral bordado. Primero les llevé a un amigo que usaba un sombrero de ala caída, de color indefinido con pluma de gallo en un costado. Mi papá inmediatamente lo bautizó como “Mercedes Sosa” por su cuerpecillo de bolita y su aspecto de poeta del boom latinoamericano. Esa relación no prosperó para alivio de mis padres y el mío propio, porque el cuate ni sabía escribir, nomás se hacía el interesante y se rodeaba de un halo de languidez propio de los poetas parisinos. Poco tiempo después, comencé a salir con un pintor: a mí se me hacía lo máximo ir a su estudio y ver cómo creaba de la nada –al menos eso decía él-, pues en mi fuero interno siempre quise ser pintora; ese cuate tenía un aire a lo Van Gogh y se comportaba como tal: neurótico, arrebatado y de ánimo melancólico; yo que soy una castañuela, pues de plano me rajé, porque eso de andarle componiendo la vida al otro y sacándolo de sus depres no dejaba nada bueno... Me di cuenta de algo muy importante, que sucede con las personas que son sensibles al arte y que lo crean: se necesita disciplina para hacer todo, y estos cuates vivían al día, se les hacía que era todo taaaan romántico. Mi madre suspiraba por los rincones maldiciendo al cielo por tener una hija tan rarita y de gustos dificilitos, mi padre permanecía callado, porque se me hace que él hubiera querido andar conmigo en esos rollos y mis hermanos me ocultaban avergonzados de sus amistades, como si fuera el monstruillo de la familia... Pero hete aquí que al final, la educación basada en valores trascendentales la hacen a una reflexionar y me di cuenta muy a tiempo de que, si no quería vivir en una buhardilla el resto de mis días, tenía que poner mis ojos en otros lares. Nada más alejado de la realidad, ahora vivo en una quasi buhardilla en el centro, me siguen gustando los jipitecos y sigo tirando para los eventos culturales... No cabe duda que la que nace pa’ maceta no sale del corredor. Nada más que ahora, le disimulo más.
sábado, 31 de enero de 2009
Cosas que hacen que la vida valga la pena
Una querida amiga me comentó que vio una película con Ana Belén que se llama “Cosas que hacen que la vida valga la pena” y se me ocurrió la idea de hacer una lista - si, ya sé, tengo TOC- sobre esas cosas que hacen que la vida valga la pena de ser vivida, así que invité a varios amigos y amigas para que me dieran su opinión y este es el resultado, yo nomás le resumí pero aquí hay opiniones de todo: simpáticas, profundas, alegres, nostálgicas, asombrosas... pero que considero reflejan el sentir de muchos seres humanos que andan rondando por ahí, porque a veces nos sentimos solos, muy solos entre tanta gente, porque a veces nos preguntamos ¿por qué? Así que cuando se sientan medio mal nomás le corren a ver esta entrada y listo, tendrán miles de razones para seguir con nosotros, en esta vida que bien vale la pena. Les pongo un enlace para que lo lean porque es muy largo.... Ver más
domingo, 25 de enero de 2009
Los invito...
... a participar aquí, voy a escribir una nota sobre "Cosas que hacen que la vida valga la pena". Se me ocurrió que tal vez podría hacer esto más interactivo con mis 6 seguidores y 4 lectores, así que arránquense a pensar qué es lo que vale la pena de ser vivido y me lo mandan, ya sea por medio de este blog o los que tienen mi correo me mandan su listita... Veremos que resulta en una semana, digamos... los esperaré serenamente. Rima
jueves, 22 de enero de 2009
I’m british, pero no tanto
La familia C se ha caracterizado siempre por ser cuasi inglesa. Todos los primos estamos de acuerdo en que hemos heredado el TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) de nuestros padres, que seguro lo heredaron a causa de algún gen que dio mal la vuelta en un punto de la cadena de ADN que nos compone. A continuación narro el comportamiento de la mayoría de los miembros de la familia, con todo respeto, claro.1. Puntualidad: somos excesivamente puntuales, tanto que caemos en la impuntualidad llegando 15 minutos antes de la cita, de la película o cualquier otra cita; mi padre es tan puntual que cuando no sabe la dirección de dónde lo invitaron, se lanza en su modelo antiguo en una avanzada matutina y verifica dirección, para que en la noche no ande con que se perdió y nunca llegó...
2.Todos los libreros, cajones, armarios tienen orden y concierto... tenemos todo en un inventario incrustado en la mente; si a mí se me ocurría sacar algo de su lugar, no pasaban ni 10 minutos cuando mi progenitor ya me estaba preguntando que si yo había sacado el libro de su lugar... casi tenía que llenar una forma por escrito y cinco copias para consultar un volumen;
3. Las listas, formato básico para cualquier actividad, listas para el mercado, para ver qué voy a hacer hoy, papelillos aquí y allá con todos los pendientes agarrados con un clip;
4. Preguntar acerca de todo: ¿por qué está este frasquito aquí? ¿De quién es esta maleta? ¿Por qué está movida la mesa? ¿Quién cambió de lugar el cuadro? Todo en control.
5. Repartición de dinero: todo miembro de la familia que se precie, hace reparticiones de dinero para el pago de la luz, teléfono, renta, colegiaturas... con la cantidad exacta, incluidos centavos, con un papelito que diga para qué es cada pago;
6. Rutina idéntica incluso en fiestas de guardar: absolutamente todo idéntico: la hora de la comida, siesta rigurosa... si nos salimos de ésta se disparan los alambritos de la seguridad y el control de las cosas;
7. Creación de una serie de aditamentos ingeniosos para aumentar la comodidad en el uso las cosas: instalación de alambritos, seguros, hilitos, cartones o cualquier otro adminículo necesario para detener, amarrar, cerrar o dejar parado lo que ustedes se imaginen; mi padre es especialista en estas lides, seguro tiene un gen chino.
8. Cajitas para guardar cosas innecesarias acumulando: clavos, clips, ligas, alfileres, maderitas, tubos de pvc, cachos de cartón, bolsas de plástico “por si se ofrece”, lo malo es que cuando “se ofrece” no sabemos en dónde dejamos eso que dijimos que nos serviría;
9.Sufrimiento indecible cuando prestamos algo: nos encanta decir que tenemos esto o aquello pero a la hora de que la persona interesada nos lo pide prestado, una punzada de horror nos parte el estómago, lo prestamos porque no nos queda de otra, pero ¡es un sufrir en este valle de lágrimas por recuperarlo!
A continuación expongo varios puntos terapéuticos para combatir la ansiedad cuando se presente un ataque de TOC
1. Inicie dejando destendida la cama los domingos; poco a poco aumente los días hasta que complete la semana; si hay reclamos, diga que está en terapia;
2. Procure dejar los trastes de la comida sin lavar, por lo menos hasta el desayuno del día siguiente. Si lo sé, es un ejercicio de vencimiento complejo, pero a la larga nos puede dar muchas horas de conchudez crónica;
3. Si le ganan las ganas de ser puntual, comience a arreglarse antes de salir aproximadamente 15 minutos antes de la hora citada; antes, precavidamente, rente una película de Angelina Jolie si es caballero, o una de Brad Pitt si es fémina y véala en el momento en que inicia la hora de la cita, al acabar puede irse, seguramente llegará puntual y evitará el coraje que nos proporcionan los impuntuales;
4. Al pagar las cuentas saque toda la quincena del banco y pague a diestra y siniestra sin pensar siquiera en cuánto queda, se sorprenderá de lo poco que rinde el dinero;
5. Preste libros, discos, dinero, lo que sea y JAMÁS apunte a quién:
6. La meditación como refuerzo es genial; ejercicios de desapego de los bienes materiales y poner la mente en blanco surten su efecto a la larga;
7. Tome la siesta antes de comer, coma a las 6 pm, rompa la rutina a como dé lugar;
8. Vaya al cuarto de las injurias –toda casa tiene uno- y saque la colección de cosas inservibles que tiene y que jamás usará: el peso que se quita de encima es una sensación indecible;
9. No piense en aumentar los beneficios en las funciones de las cosas, así son y ya;
10.Cuando se presente un pensamiento pernicioso póngase a tejer, bordar o chatear: eso relaja a cualquiera.
Me cuentan cómo les fue, yo ya me voy porque tengo que lavar los trastes...
martes, 20 de enero de 2009
Se busca príncipe rojo, amarillo, verde... porque el azul, no existe.
Ya les he platicado sobre cómo mi madre me contaba los cuentos. La construcción que hizo de los nobles cianóticos dejaba mucho que desear, porque como eran contados al revés, el príncipe era malo y la condenada de “Negra Nieves” lo hacía ver su suerte –evento que no está muy alejado de la realidad-. Muchas amigas me han pedido que hable sobre el príncipe azul, ese ser etéreo, incorpóreo que sólo existe en las fantasías de las púberes jóvenes a punto de cumplir los doce años. El príncipe azul está construido con varios ingredientes, todos necesarios para soñar despiertas durante un buen número de años... casi todos los de nuestra vida.Ingredientes para construir un príncipe azul:
1. Una dosis consistente en leer o que nos cuenten todos los cuentos de hadas de Grimm, Andersen o cualquier mito o leyenda de cualquier país;
2. Una dosis –intensa- de novelas mexicanas o venezolanas, éstas últimas altamente recomendables;
3. Dosis completa de comedias románticas; las de Meg Rayan son infalibles, de preferencia ver 14 veces “Kate & Leopold”
4. Leer todos los libros de Jane Austin o de las Hermanas Brönte;
5. Escuchar el programa de boleros “Dos Corazones” por Radio Universidad
6. Coleccionar fotografías del artista favorito;
7. Soñar despierta a la menor provocación y en cualquier oportunidad que se presente;
8. Leer libros del corazón: Jazmín, Bianca o si no se tienen a mano, las de Corín Tellado;
9. Hacerse de una biblioteca significativa con los libros de Danielle Steel;
10. Olvidarse del consejo de mi mamá acerca de que los hombres (príncipes) van al baño, nada de pensamientos mundanos.
El decálogo arriba mencionado es infalible para despertar en nosotras todo el potencial y atrevernos finalmente a besar al sapo. El problema viene después, cuando después de mmmm... ¿cuatro años, cinco acaso? acaba el hechizo del príncipe y este comienza a adquirir tonalidades de lo más inquietantes, que van desde el morado hasta el negro absoluto. Es entonces cuando, demasiado tarde, nos damos cuenta de que los príncipes vienen en presentaciones diversas y que cualquiera puede ser buena... lo peor que puede suceder entonces, es que nos demos cuenta de que tenemos un “príncipe rosa” en casa.
domingo, 18 de enero de 2009
Me hubiera gustado ser...para
Quien no ha pensado: “si hubiera querido, hubiera podido ser....” o “Me hubiera gustado ser....” Sustituyan los puntos suspensivos con lo que gusten... Ahora me doy a la tarea de reflexionar sobre este tema, lo cual no es fácil, ya que de lo que se trata es de estar en el momento oportuno o en la época específica del personaje admirado y ser testigo de sus logros o descubrimientos... en este ejercicio se vale echar a volar la imaginación, pensar en nuestras capacidades y gustos y soñar por un momento lo que pude haber sido.... y es evidente que no fui.Dama en el siglo XIX en Inglaterra... para vestirme con polizón
Ayudante de Champollion... para estar ahí cuando se descifró la piedra Rosetta
Enfermera durante la celebración del final de la Segunda Guerra Mundial... para recibir un beso de un marinero
Timbalera de la orquesta de Tito Puente... para vestirme de lentejuela dorada
Monje amanuense en un convento europeo... para aprender caligrafía
Beguina... para no depender
Chica Bond... Para estar con James
Espía en Stalingrado... para seducir
Rubia boba... para que me regalaran un diamante
Concertista de una sinfónica... para que me aplaudieran
Investigadora forense... para descubrir al asesino
Sirvienta de Durero... para ser su amante
...Y de Mucha.... para ser su modelo
Mambolera de Pérez Prado... y bailar “Caballo Negro”
Barrendera del taller de Leonardo Da Vinci... para recoger sus bocetos del suelo
Bibliotecaria... ¿Adivinen para qué?
Mrs Robinson... para atreverme
La Bandida... para platicar con Alfonso Reyes
Un espíritu libre... para volar
Cantante de coro... para hacerle el “back” a Emmanuel
Alcohólica en Boston... para platicar con Poe
Mesera de Samborn’s... para servirle el café a Zapata
Maniquí de un centro comercial... y probarme todos los vestidos, joyas, perfumes
Amiga de Jane Austin... para que me contara sus penas
Costurera de Erté... para coserle sus vestidos a Mata Hari
Boletera de cine francés... para ver a Alain Delon
Modelo de Gustave Moreau... para que me pintara como “Salomé”
La lista puede resultar interminable, pero cómo me divierto haciéndola... los invito a pensar en ello... si no conocen a alguno de los personajes aquí expuestos, búsquenlos en la red, encontrarán maravillas. ¡Ah! Me olvidaba... soy diseñadora gráfica y maestra y ¡Me encanta!
sábado, 17 de enero de 2009
Encuentros que tocan mi línea de vida
Hoy estaba viendo la tv mientras me arreglaba para salir con unos queridos amigos. Me encontré con la sorpresa de que la imagen que me devolvía el aparato era la de un amigo músico que conocí en un festival, aquí en mi pueblo quieto. Durante esa época iba con una amiga a cuanto evento cultural había en los espacios de la ciudad. Permanecí mucho tiempo intercambiando impresiones de nuestras respectivas vidas por medio de cartas que, de mi parte, salían de mi ciudad y de parte de él, llegaban de todas partes. Me quedé pensando ¿En qué momento se perdió la comunicación? ¿Cómo fue que se diluyó tan bella amistad? Así me ha pasado con multitud de personas interesantes que han tocado mi línea de la vida. Sus vidas las imagino como líneas perpendiculares que avanzan hacia su destino final y en algún punto tocan con la mía, para continuar después su camino... Si, lo sé. Los tengo acostumbrados a textos menos filosóficos, pero es que a veces me pongo a pensar qué fue de éste o aquél, o aquélla que en un punto de mi vida me hizo feliz, me ofreció parte de su tiempo que se traduce en vida compartida, que me provocó la risa –y miren que no es difícil- o me dejó sumida en llanto inconsolable... por eso pienso que los reencuentros son hermosos, que inundan de nostalgia el corazón, y nos dejan un gran vacío cuando se vuelven a ir, y que definitivamente algo se rompe dentro de nosotros... Así se van de nuestras vidas muchas personas por falta de palabras, por falta de imaginación... Lo que es definitivo es que cada una de las personas que ha tocado mi línea de vida me construyen cada día, y tomo lo mejor de cada una...
miércoles, 14 de enero de 2009
Ni hablar del peluquín
Tengo la suerte de tener varias amigas que no tienen la suerte -¿o la tienen?- de no tener una pareja que las enchinche todo el día. Ellas me platican sus penurias cuando salen con un galán. Como más o menos son de mi alzada, los galanes por lo general son hombres de edad provecta... quería poner maduros, pero ¡No! Más bien son grandes de edad e inmaduros en comportamiento... Veamos varios casos:Caso 1: X va al cine con un galán en edad provecta... no la invita ni unas lunetas “Ricolino”... entra con un envase de agua de un litro y a media película suena una alarma ¡bip, bip! X voltea a ver al individuo que se pelea con una bolsita de plástico “Ziploc” tamaño credencial llena de pastillas, píldoras y cápsulas de todos colores: “Es que me tocan mis medicinas para el hígado y el riñón”. X inmediatamente valora el escenario a futuro y piensa “hombre, de perdida que me dijera si tiene tiempo estimado de vida o por lo menos fecha de caducidad”.
Caso 2: Y sale con un provecto galán pensando que su futuro se encuentra resuelto ya que el hombre ha mundeado, se comporta como todo un caballero y ella lo invita a cenar a su casa. ¿El error?: Darle conchas con chocolate caliente. ¿El resultado? : A la segunda concha el hombre tiene toda la dentadura llena de masa y comienza a mover la boca con movimientos circulatorios de los mofletes para intentar sacar la pasta de entre su dentadura, apelando a las buenas maneras que nos dicen que ¡jamás! podemos meternos el dedo en la boca para impulsar la masa a salir. La que se va al baño es ella muerta de asco y jurando no volver a ver a tan abyecto varón....
Caso 3: Ya la cosa va cuajando con el galán, se van de viaje a la playa... todo parece maravilloso hasta que él aparece en bermudas y patas de gallo... sin comentarios;
... Y eso que no les pongo aquí toda la tlapalería que cargan estos galanes: peluquín, Grecian 2000 color rojizo, dentadura postiza completa y peor aún, puente de metal con muelas en vaso de agua, gotas para la sinusitis, pastillas de una gran variedad, pomada para la varice... y ya le paro, no las vaya a desanimar. Lo mejor para mis amigas, consíganse un galán de perdida de su edad...
domingo, 11 de enero de 2009
Sin palabras
El otro día le dije a mi madre querida que le daba el derecho de replica en este blog. Que si quería escribir algo en respuesta a la nota "Mamita querida" que escribí hace poco. Aquí publico su colaboración."De buenas a primeras me topé con “Mamita Querida”, la descarada critica que haces sobre tu madrecita, o sea yo, describiéndome como cruel, irresponsable, inmadura, divagada, infantiloide, ilusa y con una inclinación morbosa hacia la criminología. Soy todo eso y más; pero te faltó agregar el cariño sin límites que les tengo a mis hijos, que es lo más hermoso y divertido que me ha pasado. Me hubieras defraudado si me defines como la clásica mujer abnegada, sacrificada, chantajista y llorona como las buenas mexicanas que sufren el dolor tranquilas.
Me gusta tu apreciación y tu humor, que compartas tú juego conmigo y me sientas tu cómplice, tu amiga, tu “alter ego” y estar en mi sintonía como yo pretendo estar en la tuya. Cada quien manifiesta y entiende el amor a su manera. Me emociona que seas mi hija; admiro tus empeños, tu lealtad y tu sed de aprender más sobre el difícil arte de vivir. A ver que otro día me sacas más trapitos al sol, pues ya que..... Tu mamá".
Me gusta tu apreciación y tu humor, que compartas tú juego conmigo y me sientas tu cómplice, tu amiga, tu “alter ego” y estar en mi sintonía como yo pretendo estar en la tuya. Cada quien manifiesta y entiende el amor a su manera. Me emociona que seas mi hija; admiro tus empeños, tu lealtad y tu sed de aprender más sobre el difícil arte de vivir. A ver que otro día me sacas más trapitos al sol, pues ya que..... Tu mamá".
Evidentemente, me quedé sin comentarios. Pero una cosa es cierta, yo amo a esta mujer y estoy orgullosa de ser su hija...Rima
sábado, 10 de enero de 2009
Instrucciones para no morir de aburrimiento en un concierto
Mi padre tiene una devoción fanática por la música clásica. En la casa de ustedes –para no pecar de grosera- toda la decoración se basaba en muebles retacados de discos elepés de esta música y de algunos rincones en donde mi progenitor ponía cuadritos con retratos de señores con pelucas de bucles o de vestimenta ancestral. Yo desde pequeña ya sabía distinguir a Brahms de Beethoven – ¡incluso los sé escribir!- o a Bach de Mozart, los reconocía más fácilmente que a cualquiera de mis tíos, a los cuales veía allá cada y cuando. Desde muy pequeños, mis hermanos y yo fuimos invadidos por los arpegios de miles de piezas musicales y sabíamos diferenciar claramente qué eran los movimientos: un andante ma non tropo y un presto agitato... Pero la apreciación musical no es fácil de adquirir, se sufre, se llora y se duerme fácilmente en un concierto a los ocho años de edad. De las experiencias que recuerdo con mi padre, una en especial me hace morir de vergüenza: fue cuando me llevó por primera vez a un concierto en donde ejecutaba música de Julián Carrillo. A los ocho años yo nomás estaba como para oír cuando mucho la “Sinfonía de los Juguetes”, pero a quien se le ocurre llevar a una creatura a oír música por demás sui generis. Al principio dije: “esto está muy loco, pero aguanta”... al cabo de diez minutos estaba roncando... me acuerdo que fue en la casa de cultura en donde las butacas de la sala de conciertos podían provocarle a cualquiera una gangrena inmediata en la rabadilla por falta de circulación... Al paso del tiempo, le agarré la onda a la música clásica; es impresionante cómo mi padre puede identificar cualquier pieza musical, decirte de quién es, cuántos movimientos tiene si nomás le chiflas el principio... Cuando íbamos a un concierto de PM yo iba y les pedía autógrafos a los músicos y logré tener una colección significativa de firmas... era raro que una niña de 15 años tuviera una firma de un pianista que mis amigas ni en sueños conocían... pero siempre me llamó la atención la personalidad misteriosa de los ejecutantes, su concentración... su disciplina. Ahí entendí que para hacer algo de calidad no basta con tener sensibilidad artística sino que se tiene que invertir mucho tiempo y esfuerzo en ello... A mi padre le debo mucho, y una de las cosas más bellas es ésta, el aprecio por la música clásica.Y aquí van las instrucciones:
1. Ir al baño antes de que inicie el concierto, es de mal gusto salirse a la mitad de un movimiento:
2. Pedir un programa para ver qué van a tocar, no es lo mismo Don Julián Carrillo que Mozart, lo digo con conocimiento de causa;
3. Si ponen toda la vida y obra del autor, leerla, esto sirve para entender el espíritu de la época o por lo menos mata el tiempo en lo que empieza;
4. Si la cosa se pone medio aburrida, dar rienda suelta a la imaginación: pueden pensar en un bonito viaje, cómo quieren arreglar su casa y, en el colmo de la angustia, si desconectaron la plancha antes de salir...
5. Si no conocen la pieza musical, hacer como que sí; de repente pueden alzar una ceja o poner la mano en la barbilla como si hubieran oído esa pieza con por lo menos tres ejecutantes antes de oírla en esa versión
6. No aplaudir entre movimientos, revela “falta de ignorancia”
7. NUNCA cerrar los ojos dizque para mayor disfrute, se corre el riesgo de comenzar a roncar, también con conocimiento de causa;
8. Si ya están que no pueden más normalmente se aplica la ley de Murphy: lo más seguro es que cuando el concierto acabe, el público por deferencia a los músicos aplauda a rabiar, esto provoca que el director lo agradezca con una pieza extra o “ancore” que por lo general es “Cielito Lindo”, yo la he escuchado en sinfónicas peruanas, germanas, italianas y en más de una orquesta de cámara. Sugiero pocos aplausos pero entusiastas, así se pueden ir a cenar con sus cuates más temprano;
9. Por favor, no comentar a mi padre sobre estas instrucciones, sería de muy mal gusto que se enterara que les doy estos consejos, pero considero que quien es melómano, sólo seguirá el número 6 como debe ser.
Adenda a Fever Nigt
Como ya he platicado, tengo un montón de lectores que alimentan mis recuerdos ¿O qué pensaron? La Rima tiene una memoria de elefante... Bueno pues un amigo de éste blog y compañero en aquellas andanzas ochenteras menciona que cuando él sacaba a bailar a alguien le decía: ¿Quieres bailar? Si la fémina contestaba que no, entonces él le decía: “entonces de hacer el amor, ni hablar ¿verdad? Cito textual:“Bueno, esa frase que pudiera ser tan atrevida, habría quién la tomara de broma y ello ayudaba a romper el hielo, quizás a generar un interés y con ello acceder a bailar. Había muchas más, dependiendo de la habilidad del personaje, pero el objetivo siempre era que no te dijeran que no y que esto no fuese evidente, ya que regresarte con un "no" frente a todos y "todas" aumentaba la probabilidad de que siguiesen nos y nos”.
Luego me aclara que muchas veces, entre ellos se hacían el “quite”, el cual consiste en ir a sacar a dos amigas, una de las cuales era del interés del joven aspirante a bailar; la otra chica es la amiga “gordita”, nada apetecible, por cierto. El amigo, en un despliegue de solidaridad masculina, sacrifica su comodidad para bailar con la gordita, nomás para que el otro ligue. Esos si son amigos. Tenían toda una logística que ni en mis más locos sueños guajiros pude imaginar: platicar con las amigas para dar entrada a los otros que esperaban ser “posicionados” y evitar a como dé lugar el rechazo. Comenta además, que ellos normalmente sacaban a bailar las “calmaditas” a jovenzuelas que podrían ser prospectos para casorio seguro... y seguro que para otras cosas también, que a mí no me engañan... Como podrán comprobar, siempre es bueno saber qué piensa el otro lado de la moneda.
martes, 6 de enero de 2009
Fever night, fiver night, fever.....
Ahora con estas sugerencias que tengo de parte de un amigo que dice que qué bueno que le hago caso y que esto lo sabrá hasta que no suceda (¿?) paso a relatar las tardeadas de aquellos bellos años ochenta... para empezar, esas sí eran tardeadas, porque comenzaban como a las 6 pm y terminaban a las 9 de la noche... bueno terminaba yo, que era la hora en que me dejaban llegar a mi casa y para rematar las hacían en domingo, lo cual era muy bueno, ya que no conocí tardes aburridas de domingo como las que ahora se viven en mi pueblo quieto... Las tardeadas normalmente las organizaba alguna institución educativa para recaudar fondos para graduaciones y alguna intención loable o como decía un amigo “para una casa hogar, la mía”. La cosa era así: en un lugar de espacio grande, normalmente el Squash Lomas o el centro recreativo o el Skating Music –concepto que requería bailar en patines al más puro estilo Xanadú, lo cual a mí nunca me salió porque de plano no se me da eso de andar sobre ruedas-, nos juntábamos lo más pomadoso de la sociedad potosina a bailar como enajenados... el grupo que amenizaba tales reuniones se llamaba Keeper Sound y eran buenos para el disco de acetato... los cambiaban con una rapidez pasmosa... y luego hacían sus mezclas en casetes de 90 minutos marca Maxwell... Además, íbamos rete emperifolladas, con aquellos peinados de a lo Farrah, vestido abolsado y zapatilla de tacón pulsera con media nylon color nude. Parecíamos señoras, ¡qué cosa! De las canciones que recuerdo más era Rock Lobster de B-52, cancioncilla pegajosa que se bailaba dando brinquitos y con las manos al frente, una verdadera ridiculez... Billy Jean de Michel Jackson junto a otros éxitos como Thriller, en donde salían bailando unos muertitos o Rick Astley con su éxito discotequero Never Gonna Give You Up. A mí los que me encantaban eran los Bee Gees y su hermanito menor,Andy Gibb, sobre todo... El momento esperado por todos era bailar las “calmaditas”, que se entiende eran las que se bailaban de cachetito... Uyyy que te sacara el niño que te gustaba a bailar esas era literalmente ¡la gloria! Ya se sabía uno el disco o el casete de memoria y cuál seguía de cual. Y lo que me chocaba era que nadie te sacara, porque a veces lo que una quería era bailar nomás, sin negras intenciones ni nada, pero esos hombres siempre viendo de lejecitos... Por mencionar algunas: True del grupo Spanadau Ballet, Careless Whisper de Wham!; Hello con Lionel Richie; Righ here waiting de Richard Marx; Steve Perry cantando Sherry o Foolish heart. Claro que no faltaban los comentarios de las amigas: ¡Vas a bailar con él las calmaditas! ¡Pero si es bien mula! Y lo que pasa es que tenían una envidia loca porque ellas no salían ni en tómbola; en el colegio les decían que tenían que bailar “esas” con un brazo de distancia de por medio, aunque la verdad, yo siempre doblaba el codo ¡Bendito sea dios! Ahora nadie saca a bailar a nadie, se ha perdido fatalmente esa emoción de ver que el galán se acerca a ti y te dice “¿Quieres bailar?” No hay nada comparado con eso, las mariposas volaban muy alto en ese momento... A ver de qué se acuerdan ustedes...
domingo, 4 de enero de 2009
Cierran y se van, ¿Eh?
Mi padre es un asiduo jugador de dominó. Creo que tiene más de cincuenta años jugando de manera ininterrumpida el bello juego de las mulas. Recuerdo que cada viernes, religiosamente se juntaba con cuates de diversas calañas e intereses los cuales se entregaban desde las primeras horas nocturnas hasta bien entrada la noche a jugar con loco abandono. A mí no me encantaba el asunto porque las risotadas de los señores, aunadas al ruido de los hielitos en los vasos jaiboleros eran de dar miedo, aunque después comprendí que esto de juntarse a jugar entre varones es una especie de mezcla entre el club de Tobi y terapia psiquiátrica. Era todo un rito preparar la “jugada” en la casa. Se sacaba la mesa de tapete verde, sillas y mesitas en donde mi papá ponía cacahuates, churros y papas en generosas cantidades, aunque ello no obstaba para que más de dos asaltara el refrigerador en la madrugada...Mi padre, que es hombre de dichos, me platicó que este juego está plagado de ellos y aquí se los pongo para que los utilicen a discreción:
Esa ya fumó en pipa: Cuando los jugadores “bajan” una ficha con valor igual y repetidas veces y que los demás ya no tienen o que ya estás seguro de que el juego termina y uno tiene muchos puntos por lo que ya se perdió el juego. O tener muchas fichas con el mismo valor y no poder hacer nada se aplica esta frase... que es una manera elegantísima de decir ¡Ya valió m...!
Perdón señorita la pisé: cuando te equivocas con una ficha y le tapas al compañero la jugada cuando se supone que tienes que observar su juego y ayudarlo a que salga...
Víbora de dos cabezas ¿cómo te apelativas? El dominó siempre inicia con una mula de seis pero cuando el juego ya está en proceso, se puede salir con una ficha 3-2, por ejemplo. Esto saca de balance a los jugadores que no saben cómo puede estar tu juego y aquí es donde se aplica la simpática frase.
Ante la duda, la más piernuda: Éste doble sentido, que sólo pueden decir los caballeros, se aplica en la siguiente situación: tienes una ficha con muchos puntos, por ejemplo 6-5 y otra muy chica 0-1 y las posibilidades de perder ya son altas, entonces se baja la ficha de más valor al mismo tiempo que se pronuncia la frasecita;
¡Ay méndigo! ¡Hasta el chicle me tragué! Se supone que el dominó se puede jugar en parejas formadas por los compañeros situados uno frente al otro. Cuando tu compañero cierra y tú te quedas con muchos puntos, entonces se exclama de esa manera. También se puede decir: “estoy jugando entre dos traidores y un enemigo”;
¡Esto y robar a una borracha! Cuando cierras y te vas, quedándote sin puntos.
El único defectito que tiene mi padre a la hora de jugar es que no es nada desvelado. Él sabía a qué hora llegaban sus amigos, pero nunca a qué hora se podrían ir. Entonces aplicaba varias estrategias para correrlos que nunca le funcionaban, por supuesto, porque ya se sabe la conchudez de los jugadores. Les decía que se quedaban en su casa, que ya sabían dónde estaba todo, que cerraran y se fueran, y que él se iba a dormir tan campante... se supone que por pena ellos se tenían que ir, pero nada, incluso se daban el lujo de entrar a mi habitación para robarme los cigarros. En otra ocasión, en vez de cacahuates, les puso en los botaneros croquetas de gato. Como estaban bien clavados en el juego lo único que le dijeron fue: “Oye M, están buenas estas botanitas ¿Son nuevas? La frustración de mi padre era infinita... Muchos grupos de dominó han pasado por la vida de mi padre, y en todos ellos ha hecho amigos de sangre... unos ya están en el “Valle del Josafat” como dice él para indicar que el amigo pasó a otra dimensión... No cabe duda de que el juego revela personalidades, sirve de desfogue o de refugio para esposos en desgracia.
jueves, 1 de enero de 2009
Recato y decoro = ripio de candor
Las viejitas de antes si tenían muy claro lo que era el pudor. Si ya se habían “logrado” las pobres, no era cosa de que un doctorcete les viniera a quitar a esas alturas su honra, mancillada por una enfermedad. Me cuenta mi padre que a la tía H, un mal día le detectaron una enfermedad intestinal –seguro porque no tomó su menta poleo- y le recetaron entonces unos supositorios. La pobre mujer andaba que no la calentaba ni el sol nomás de pensar en los supositorios y la forma de insertarlos dentro de su cuerpo níveo e intocado. Pero no contaban con que el pudor da ideas de lo más ingeniosas para estos casos: tomó los supositorios y los hizo cuadritos y después se los comió. Seguro ha de haber pensado: “Total, pues esto saldrá por el mismo lado por donde deben entrar, ¿Cuál es el problema?”. Era tal el pudor en temas relacionados con la reproducción, que cuando mi mamá era niña, acompañaba a mi abue a poner inyecciones; caminado por la calle, no faltaba que leyera un letrero que decía: “Partera titulada. Servicio día y noche”. Mi sagaz madre le preguntaba entonces a la suya: “Mamá, ¿Qué es una partera?”, a lo que mi abuela muy seria le contestaba: “hija, pues son las que dan “parte”. Mi mamá que no era nada tonta a sus siete años pensaba: “¿De qué darán parte día y noche? En otra ocasión, cuando rezaban el rosario una de las oraciones decía “...María siempre virgen antes del parto, durante el parto y después del parto...” entonces la cuestión se convertía en un enigma mayor... y no quiero ni imaginar a mi abuela contestándole eso... seguro le decía que fuera y le preguntara a la virgen... Durante años, mi mamá pensó que los sacerdotes no iban al baño, igual que las monjitas... que eran angelitos. Pues un día en las posadas de San Juan de Dios, vio que un padrecito salía del baño abrochándose la bragueta –nada recatado el curita- y todo su mundo de ilusiones se derrumbó... Ahora entiendo por qué me daba consejos tan escatológicos...
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Poco y bien
Un querido amigo, me envió recién ésta breve pero no por ello menos profunda reflexión sobre el año que termina:
¡Adiós a la noche vieja!
Adiós a todo eso que nos suena a viejo y bienvenida la oportunidad de ser mejores...
Bueno, de ser más felices...
Bueno, de no pasarla tan mal...
Bueno, que quizás no venga mal quedarnos un poco inmóviles;
¡Va! que mejor ni moverle, que luego qué haremos con todo eso que se ha acumulado por años y que nos ha hecho lo bueno que somos...
¡Ya! ¡Que algo de torpeza también nos hace bien!
Poco y bien. Son aquellas personas que te brindan poco –no cosas materiales, se entiende- su tiempo, su conversación, su presencia, simplemente su “estar ahí”, pero que ese dar, lo otorgan de manera cálida y perfecta. Poco y bien, ese es mi propósito de año nuevo: que quien esté a mi lado se sienta a gusto, en confianza, alegre; que perciba mi buena vibra, que se sientan rodeados de magia a nuestro lado, porque ese es el valor de trascender... ¡Feliz Año Nuevo! Y a mi querido amigo, gracias por compartir tus reflexiones... Rima.
¡Adiós a la noche vieja!
Adiós a todo eso que nos suena a viejo y bienvenida la oportunidad de ser mejores...
Bueno, de ser más felices...
Bueno, de no pasarla tan mal...
Bueno, que quizás no venga mal quedarnos un poco inmóviles;
¡Va! que mejor ni moverle, que luego qué haremos con todo eso que se ha acumulado por años y que nos ha hecho lo bueno que somos...
¡Ya! ¡Que algo de torpeza también nos hace bien!
Poco y bien. Son aquellas personas que te brindan poco –no cosas materiales, se entiende- su tiempo, su conversación, su presencia, simplemente su “estar ahí”, pero que ese dar, lo otorgan de manera cálida y perfecta. Poco y bien, ese es mi propósito de año nuevo: que quien esté a mi lado se sienta a gusto, en confianza, alegre; que perciba mi buena vibra, que se sientan rodeados de magia a nuestro lado, porque ese es el valor de trascender... ¡Feliz Año Nuevo! Y a mi querido amigo, gracias por compartir tus reflexiones... Rima.
martes, 30 de diciembre de 2008
Cada quien jala pa’ su santo...
Ya he platicado que en casa de mi abuela paterna vivían y moraban un gran número de ancianitas piadosas que se habían “logrado” por obra y gracia del altísimo. Haberse logrado quería decir, según mi papá, que no habían conocido varón y que por lo tanto, estaban impolutas, sin mácula alguna. Mi abuela era ferviente seguidora de la causa de San Agustín, mi Tía T era Franciscana, y la tía A, era dominica de hueso colorado, por lo que uno de los placeres de mi padre era contrapuntearlas diciéndoles que Agustín había sido mujeriego, que Francisco había nacido en un pesebre y con una cruz en la espalda y que así que chiste era haber sido santo y a los dominicos los ponía como al perico porque habían organizado la santa inquisición... las pobres mujeres clamaban al altísimo para que mi padre no se condenara, pero cuando se enfermaba venía la revancha, por lo que ahora voy relatar: cuando a alguno de los hermanos les daba el “miserere” –no me pregunten qué clase de enfermedad era esa, pero según investigaciones quiere decir “misericordia” o lo que es lo mismo: enfermedad con pocas posibilidades de recuperación- las tías se volvían locas buscando cuanto remedio había para curar al menor y entre sus remedios estaba, por supuesto, rezar. Entonces mi tía “Viejita” se iba corriendo a la iglesia y le prometía al altísimo que si la creatura se curaba, el agonizante iría de rodillas hasta el santuario a dar gracias, además, ofrecía un “ramillete espiritual” –prometido por ella, pero que tenía que cumplir a carta cabal el enfermito- que consistía en lo siguiente: 12 rosarios; la novena a la virgen Desatanudos (si existe, no la estoy inventando); catorce viacrucis rosariados, uno por cada estación rezando el rosario en cada una de ellas; ciento cincuenta buenas obras; treinta misas con comunión incluida... y así hasta completar los requisitos que consideraba la tía fueran pertinentes para que el pobre angelito recobrara la salud. Cuando mi papá ya estaba restablecido a base de caldos reconstituyentes y jarabes fortificantes, entonces mi tía iba y le decía: “mi’jito, aquí te traigo las promesas que hice durante tu enfermedad para que las cumplas”. Mi papá que por algo nació en día de las mulas, le contestaba que quién le mandaba andar prometiendo ajeno y que él no iba a andar cumpliendo cosas que no prometió. La angustia de la tía no era menor, y la pobre rezaba por los rincones mientras mi papá le cantaba de lejecitos: “Por la señal de la santa canal, perros y gatos en un costal”, o si no: “Salve Regina, mató una gallina; gimiendo y llorando la estuvo pelando; esperanza nuestra le quitó la cresta; vida y dulzura le sacó la asadura...etc.” O ésta otra: “Padre nuestro que estás en los cerros, cuida las vacas y yo los becerros”... ¡Tan piadoso mi apá!
sábado, 27 de diciembre de 2008
Cancioncitas de la radio y la tv
Esas cancioncitas llamadas “jingles” también forman parte de nuestra memoria colectiva y son un gran aliciente para acordarnos de nuestra niñez y juventud. A continuación les pongo los textos –porque no tengo los anuncios reales y de otros ni me acuerdo completo-, si por ahí alguien recuerda alguno, le agradeceré que me lo mande. Algunos ya los he publicado pero los voy a repetir: Triciclos Apache: “¡Aaaapache, que bonito, aaaapache, ¡yo quiero uno!¡ Duran, duran, duran, Apache!”; “Son bonitos son durables son juguetes Plastimarx”; “Llora y llora y mueve sus manitas, sólo se contenta llevándola a pasear, a comer, a bañarse a dormir, es lagrimitas Lily”; "Con juguetes Mi Alegría, siempre felices estamos, con juguetes Mi Alegría, aprendemos y jugamos"; "Este es el trenecito del chocolate Express alegre y muy bonito y ¡que rápido es! Chocolate Expressssssssss; “Bota bota y no es pelota, tiene Tutsi de amontones y tiene premios juguetones ¿Qué es?”; “¿Por qué llora la princesa? Porque su radio ya no suena”; “Estaban los tomatitos, muy contentitos, cuando llegó el verdugo a hacerlos jugo que me importa la muerte dicen en coro si muero con decoro en los productos del fuerte”; “Yo soy la negrita que a todos encanta porque hago los ricos y sabrosos hot cakes”; “Te crees mucho con tu paletón, y por las calles causas sensación”; "Blanco, Blanco, Blanco, Abarata la Vida con sus Precios, Precios Reducidos”; “Pinol pinol, aromatiza, limpia y desinfecta... wowwwww!!”; “Los Pingüinos Marinela, con sabor a chocolate, dales una probadita requete-sabrosos son"; "Oh, la la Sasson, para los jóvenes de corazón"; “Mira a Fabiola la muñeca que camina por si sola”; “Es el Patomóvil, cuac, cuac, cuac...!”; “Yo no uso Selsun Azul porque no tengo caspa ¡Ni pelo!”; “-Me das una probadita de tu Presidente?....Hola me llamo Tere… -y yo me llamo Lalo”, del Chocolate Presidente; “¿Dónde está mi compadre?...Para darle chicharrón”... “Sabritones que ricos chicharrones con chilito…”; “Para ese apetito feroz... Mamut, Mamut”; “A Duvalín no lo cambio por nada... ¡Duvalín!”; “Churrumais con limoncito, tienen mucho más saboooor”; “Si no hace chaca chaca es que no es Ariel”; "Me gusta el de la gorrita- ¿cuál gorrita? Si es su pelo- ¿De veras? Ese no se peina, se pega el pelo"; “¡¡Jorgito!! ¿Quién crees que lava la ropa? Hooover!!”; “-Luciaaaaaaaaaa, ¿Y mi camisa? -Bueno pues te la presto”, de las camisas Mariscal; “Quisiera al mundo darle a hogar y llenarlo de amor… sembrar mil flores de colooor en esta navidad. Hay que compartir, el momento feliz...hay que disfrutar, la chispa de la vida”; “Amanda… ¡Ciérrale!”; “Chiquitibum a la bim bom ba”. Y como ya es tarde “Un recado de parte de la tele, ya va siendo hora de que los peques nos vayamos a la cama... ¡Ale peques! Vamos a la cama, que hay que descansar, para que mañana nos podamos madrugar”. Cancioncita cantada por Cleo y la familia Telerín. ¡Que duerman bien!Esta entrada se la dedico a mi querida prima Gela, que me anima mucho a seguir escribiendo. ¡Gracias Pimpo! Rima
viernes, 26 de diciembre de 2008
Es difícil ser un bebé
Aqui les pongo el primer video de la temporada, a ver si me sale. Esta canción estuvo de moda en las discos a finales de los 80's. Increible que un niño tan pequeño hablara francés. Que lo disfruten.
¡...que viene el coco!
A todos los niños desde el principio de los tiempos nos han platicado del famoso “Coco”, ese ser inmaterial que se nos aparecerá si no nos dormimos temprano. Te decían por ejemplo: “si te vas sola a la tienda, te va a salir el viejito del saco, que se lleva a los niños que se portan mal y andan solos”. El coco andaba suelto por doquier y lo único que provocaron en mí fue tener un delirio de persecución marca diablo. Cuando mis papás salían de noche y ya mis hermanos estaban en el séptimo sueño, yo me levantaba de mi cama a revisar toda la casa porque escuchaba tronidos y quejidos por todos lados. Sólo cuando oía que llegaban mis papás, me quedaba tranquila. También mi mamá ya ni la amuela, de cuento de buenas noches o me platicaba la caperuza negra o la historia de un asesino en serie como ya he mencionado. Luego andaba soñando que me perseguía una viejita por toda la ciudad, castañeando los dientes –porque mi papá tenía lo suyo: como siempre usó dentadura postiza, se sacaba los maxilares para meternos tremendos sustotes, cosa que nos encantaba-. Con estas bellas imágenes entraba diario al país de los sueños... En el colegio donde estudié mis primeras letras y creo que las últimas, corría la leyenda del “Güero sin cabeza”. Hace mucho tiempo, había internado en el colegio y cuando yo estaba ahí, éste todavía era tenebroso. Paredes altísimas, húmedas y lóbregas. El salón de canto tenía piso de barro muy tallado y paredes de adobe además de sillas de madera pintadas de café oscuro; así no se inspiraba ni Caruso para cantar. La biblioteca era otro boleto: la bibliotecaria era mi cuata, una señora regordeta y simpaticona, hermana de la prefecta que por supuesto era seca y enteca como ella sola. Pues yo me la pasaba en el sagrado recinto leyendo con avidez las aventuras de Pippa Mediaslargas, y por supuesto, todos los libros de Luisa María Alcott: Mujercitas, Hombrecitos, Aquellas Mujercitas... y entre las páginas de los libros me encontraba recados de las alumnas que habían estado de internas en el colegio; así me enteré del famoso personaje sin cabeza. Se decía que el güerito ese violaba la pureza de las damiselas ahí hospedadas y que era terrible. Al cabo del tiempo, ya perdida para siempre la ingenuidad y en un momento de lucidez me cayó el veinte de por qué le decían el “Güero sin cabeza”... si no poseía la blonda cabellera...
Mamita querida
Pues ahora resulta que mi madre le ha encontrado un giro a este blog. Estábamos sentadas viendo la biografía de Betty Davis y platicando que se iba a poner de navidad –a ella le encantan los suéteres con alusiones navideñas, tipo renos, pinitos y hartas chaquiras de colores, gusto que yo no comparto- y sacó un ejemplar digno del “Diario de Bridget Jones”. Me preguntó si no iba a parecer “Baby Jane”, ya saben, ese personaje de la Davis en donde sale una mujer madura vestida de niña, con bucles y toda la cosa. Yo le dije que sí, pero que qué remedio. Seguimos viendo la biografía de Betty y el narrador platica al teleauditorio cómo la hija de la diva escribió un libro revelando cosas innombrables de su madre. Voltea y me ve fijamente diciendo: “Eso precisamente es lo que estás haciendo con tu blog. Estas vengándote de todos tus traumas infantiles a mi lado ¿Verdad?”. Yo le contesté que era totalmente cierto. Una risa cómplice apareció en sus labios y yo se que en el fondo, quedó sumamente satisfecha con mi respuesta, porque le complace ser la protagonista principal de mis escritos; no puede negar que tiene alma de diva joligudense. Reflexionando sobre sus gustos literarios, me pongo a pensar sobre su pasión desmedida por desentrañar los misterios de las mentes de los más terribles asesinos seriales. Si uno le pregunta por la biografía de Ted Bunndy o el “Hijo de Sam”, te la recita de cabo a rabo mucho mejor que el buró de investigaciones gringo. Y qué decir de cuando ocurrió el terrible asesinato de Nicole Brown a manos del jugador de futbol americano O.J. Simpson. Se recetó como quien ve una novela todo el juicio del asesino, tomó partido con Marcia Clark, la fiscal y todo esto acompañado de un cafecito caliente a la par que tejía cobijitas a gancho para sus hijos. Cuando yo llegaba del trabajo, me pasaba la reseña del caso y se indignó terriblemente cuando absolvieron al jugador de toda culpa. “Pero hay un dios...” Clamaba consternada. Libros como “A sangre fría”, “Masacre en Milwaukee” o “Tras la mente asesina”, ocupan un lugar importante en la cabecera de su cama y el otro día le brillaron los ojitos porque le regalé una colección en dvd de los peores crímenes del siglo XX. Y luego se queja porque le digo “Mommie Dearest”.
martes, 23 de diciembre de 2008
Cadenas de amargura: los sanjuditas
Me encanta recibir cartas. Pero de las que mandas por correo certificado, entregadas por un cartero. Excepto las cartas que recibía uno, las llamadas “cadenas”. Eran cartas hechas a mano -la mayoría de las veces- en donde venía un escrito con una serie de narraciones inverosímiles y amenazantes. Si no copiabas 245 veces la dichosa carta, entonces caería sobre ti la maldición gitana, o el dedo flamígero de dios, o te pasarían miles de desgracias. Tengo una amiga que me dijo que ella las dejaba podrir en el frente de su casa hasta que se deshacían, no se daba por enterada y nunca le pasó nada... ¡bendito sea dios! Ahora, con la internet me he dado cuenta de que tengo miles de amigos que están preocupadísimos porque mi alma no se condene... y me hacen el grandísimo favor de mandarme “sanjuditas” como les digo yo a las cadenas por internet... A esas amistades de tan buenas intenciones, a mis hermanos, primas y demás parentela les digo y clamo con fervor: ¡No me manden sanjuditas! Estoy irremediablemente condenada a formar parte de la energía cósmica, así que por favor, cualquier intento de hacerme perder el tiempo leyendo las bondades del santo niño de Colombia, o de san Atilano de Macedonia, el cual dicen que es muy milagroso, será en balde. Además yo no conozco a “Lord Evo” que se ganó 70 millones de dólares y por no mandar la cartita se quedó en la inopia, o a la señorita Ewa Isjhy que por no mandar 20 copias perdió a su novio, pero después la mandó y encontró uno mejor. Ni conozco a la pobre de Alicia Juccio que se murió a los 10 meses estrujando con desesperación la carta en la mano. O a Carlos Daddy que se ganó un auto nuevo y por no mandar su correspondiente número de copias chocó al día siguiente. Espero que el monje latinoamericano que vive en Venecia y que inició la cadena, tenga la conciencia tranquila ¡Hombre! ¡Eso no se le hace a ningún feligrés! Además, se dan el lujo de poner rangos de intensidad benigna. Por ejemplo: si se los mandas a 1-10 personas en una hora, serás feliz; de 11 a 50 te sacarás la lotería; de 50 en adelante Billy Gates se quedará tarado al lado de la fortuna que amasarás. Y están advertidos: si en 96 horas de la llegada de esta nota bloguera no la han mandado a todos sus contactos, iré a sus casas y les jalaré los pies.... Por si las moscas háganlo, no vaya siendo....
Cuando la memoria nos traiciona: los festivales escolares
Parte esencial de la vida escolar de un niño en relación inversamente proporcional al resultado de una madre orgullosa son los festivales escolares. A la menor provocación ¡Zaz! Festival escolar en puerta. Los hay de diversos tipos: el de la primavera donde la que luce es la reina –que normalmente era rubia y de ojos azules-. Las “otras” nos conformábamos con salir a escena llevando hojas en las manos –disfraz de árbol- o el muy abstracto de flor que consistía en pétalos de papel lustre alrededor de la cara. Luego sigue el emotivo festival del día del niño cantando “Al sonar las tres de la mañana...” o “Bombón I” de Cri-Cri. Aún recuerdo que nos pusieron los vestidos de primera comunión con caramelos cosidos en el vestido y salimos a bailar alrededor de la princesa caramelo... Mes de Mayo, el súmmum de los festivales: día de la madre. Aquí las maestras se aplican y declamamos a coro: “Madre, palabra sublime, amor que redime, cariño si par...” o lo que es peor, ponen a un niño a declamar “El brindis del bohemio”, en donde la creatura no sabe ni qué es un bohemio ni por qué brindan en “torno a” una mesa, sin mencionar que la poesía tiene como 37 estrofas a cual más de complicadas y con palabras arcaicas que ya los niños de ahora ni entienden. Mi papá me contó que él tuvo que declamar esta tierna poesía:Mi pañuelo perfumado/que me trajo mamacita,/planchadito y bien doblado /me lo guardo en mi bolsita. /Cuando lloro sin consuelo,/¡Saco entonces mi pañuelo!/que me trajo mamacita.
Esto fue en 1940 y todavía se acuerda el inocente. Cualquier niño se sentía infeliz con esto: a uno se le olvida todo a la mera hora, tienen que sacar en andas al chiquillo chillándo y apanicado de tener que hablar en público por el resto de sus días... sin mencionar que todo queda registrado en foto o video para beneplácito de la cabecita blanca en cuestión. Fin de año. Otro festivalito consistente en demostrar a los padres de familia todo lo que sus vástagos aprendimos en el año: competencias de aritmética, deletreo y ortografía; preguntas de ciencias sociales y naturales que ni los del National Geographic podrían contestar... Al final, entrega de diplomas por aprovechamiento –diploma que aclaro, nunca me saqué- y dos meses de vacaciones para recuperarnos para el siguiente festival que se lleva a cabo en septiembre, mes de la patria. Chiquillos humillados porque los disfrazan del padre Hidalgo o de doña Josefa Ortiz de Domínguez, usando la mantilla española de la abuelita, con chongo, peineta y un “seis” en cada sien-. Al que le tocaba hacer de “Pípila” le confeccionaban la piedrota de cartón y los demás nos conformábamos con salir de inditos redimidos ¡qué tiempos! Festival de noviembre: la revolución, todos de rancheros con bigotes, carrilleras y las niñas vestidas de Adelitas (Ver “En lo alto de la abrupta serranía”). Lo bueno es que los disfraces y los actores infantiles se pueden reciclar, porque el calzón de manta sirve para tres festivales, los dos mencionados, más el de navidad, donde todo mundo sale de pastorcito y la niñita rubia sale de virgen María o de niño dios... Caso aparte merecen los cuarenta y siete saludos a la bandera que nos chutábamos, jurando al lábaro patrio amor incondicional... amor que, como todo amor, se deteriora con el tiempo... Reflexionando sobre tan apasionante tema, puedo decir con certeza que esto de los festivales se ha convertido en una venganza generacional y los hijos de nuestros hijos seguirán organizando festivales... hasta el día del festival final.
En la foto: Mi cachetón hermano en pose sugestiva, preparando machincuepas para el festival del día del niño, en donde él era un ratón que pertenecía al coro de "El ratón vaquero". Mi mamá confeccionó el disfraz.
domingo, 21 de diciembre de 2008
Regalo de Coquito recargado...
viernes, 19 de diciembre de 2008
Una pincelada en los labios: las novelas rosas
Las revistas femeninas pueden ser consideradas por los sociólogos como un objeto de estudio apasionante. Pero viéndolas desde el punto de vista más frívolo, son un entretenimiento inigualable a la hora de querer despejar la mente. Mi papá le compró a mi madre durante más de cincuenta años el “Vanidades”. Juro que los tiene guardados desde el número cero a la fecha. Pero lo que a mí más me gustaba leerle a esta revista era la novela de Corín Tellado. Una vez que hubieras leído unas 3, entonces ya le cachabas que la trama era la misma, nada más cambiaba el contexto, el color del pelo del muchacho y la profesión de la joven. Pero todo era igual. Las descripciones de los protagonistas eran inigualables: él, alto, de espaldas anchas, atlético, no guapo pero con unos profundos ojos verdes –o miel, o azules- con cazadora de ante, pantalón deportivo, en auto de moda; hijo de rico o había llegado a la cúspide a base de esfuerzos mil. Ella por su parte, no era bonita, de ojos almendrados, sin maquillaje, natural, sólo una pincelada en los labios. Siempre era ella la residente y él, médico de urgencias; o secretaria y él, hijo del dueño, pero taaan sencillo que ese pequeño detalle no se sabía por la muchacha hasta bien avanzada la novela. Aparecía un conflicto obvio como que ella había estado casada con el hermano del muchacho, o la habían violado de joven; o el mejor amigo del protagonista se interponía entre ellos. Nada grave que no se pudiera resolver en 5 páginas de la revista. Pero a juzgar por la aceptación de las novelillas, esto no importaba, el chiste era soñar con que algo así nos podría pasar en cualquier momento, que encontraríamos al de la cazadora de ante mientras comprábamos un retazo de tela o anduviéramos en el mercado preguntando el precio del kilo de jitomate bola. Otras que leía con avidez desmesurada eran las historietas “Susy. Secretos del corazón”. Esas me las prestaba una vecina que las compraba a escondidas de su gárgola materna. Me gustaban porque tenían unas ilustraciones muy buenas, estilo pop art –aunque eso lo relacioné después- las historias eran totalmente empalagosas, pero muy ilustrativas... Se distribuían con las insinuantes palabras: “una interesante serie sobre el más hermoso sentimiento humano... que prometía conocer: con apasionada ternura la edad de los románticos idilios, cuando la vida es tan bella y al mismo tiempo tan complicada por sus dulces alegrías y tristezas. 32 páginas a todo color”. Casi ni hace falta aclarar que en Susy no existía posibilidad alguna de que las protagonistas tuvieran relaciones sexuales con sus novios. ¿Sexo dije? ¿Qué es eso? Sólo bailaban y se besaban. Y los besos eran la prueba definitiva para descubrir el amor verdadero. Por ejemplo, en “Entre dos amores”, Ana no sabe si ama a Adán, el formal, o a Jaime, el mundano. Cuando desfallece en brazos de Adán, comprende que él es el hombre de su vida. Sin embargo, en la fiesta de compromiso aparece Jaime. La atracción resurge, Ana se deja engatusar y huye con él. No llega lejos: se quedan sin gasolina, y Jaime hace un comentario despectivo sobre Adán… A ella se le prende el foco y regresa presurosa a la fiesta. El bueno de Adán ya se estaba inquietando: “¿Dónde estabas?”, le pregunta, “¿Te perdiste?”. “Sólo un momento, Adán,”, responde la heroína mirando al espectador, “pero aquí estoy”. Gran beso en los labios. Final feliz. ¿Final feliz, dije? Que alguien me diga si la pincelada en los labios le sirvió de algo...Nota: confieso para esta nota haber recibido asesoría de "códigoretro.com"
Consejos para señoritas en edad de merecer
lunes, 15 de diciembre de 2008
Creatividad paterna
Tengo la fortuna de tener unos padres muy creativos. ¿O será infortunio? Ya no se, por lo que aquí voy a relatar… A los dos les encantaba la fotografía, se la pasaban haciendo experimentos con lentes de “ojo de pescado” y filtros que daban el efecto de múltiples imágenes. Pero la imagen que los consagró como fotógrafos fue una producción escénica digna de película de miedo en donde mi hermana y yo aparecemos como muñecas victorianas. Esta foto hubiera hecho las delicias de Mary Shelley o de cualquiera de los poetas malditos. La describo a continuación: fondo negro, silla de madera con respaldo en cuero repujado sumamente labrada; nosotras vestidas con atuendo de terciopelo negro y pechera de olancitos rematada en la parte del cuello por moño mortuorio. La sesión fotográfica dejó muchas pruebas, de las cuales escogieron dos que montaron en sendos marcos ovalados estilo barroco con acabado en dorado antiguo. No contentos con eso, se pusieron a retocar con óleo las partes de la piel, rostro y pelo, por lo que la mezcla quedó –muy bien hecha, por cierto- pero con un toque de retrato viejo. Procedieron inmediatamente a colocarlos en la sala de la casa y ahí fue dónde… cada vez que llegaba una visita, los comentarios se dejaban oír inmediatamente: “¿Son tus hijas? ¡Qué lindas! Parecen sus bisabuelas…” y cosas por el estilo. Ya entradas en años, hicimos una reunión en casa de mis padres e invité a mis amigos diseñadores. Pero no contaba con que uno de ellos, les diera un tour por toda la casa, incluidas las fotos del terror. Ahora no se qué hacer para satisfacer tantas solicitudes para cortometrajes de suspenso, ya se ha corrido la voz y no me va a quedar otra alternativa más que rentarlas. Así que ya saben, cuando se les ofrezca... se alquilan fotos para cine gore.
sábado, 13 de diciembre de 2008
En lo alto de la abrupta serranía…
Pues a mi madre siempre le gustó el baile. Es rumbera de corazón, pero nunca se le hizo, porque se casó. Pero hete aquí que tuvo dos hijitas, y cuando se pudieron sostener en sus extremidades inferiores, ni tarda ni perezosa las metió a estudiar danza. Íbamos a una academia particular que estaba en la calle de Anáhuac, la de la maestra LA, una señoritinga muy restirada y morena, que traía en la mano una especie de cayado, el cual golpeaba en el suelo de duela, para que uno le agarrara el ritmo a la pieza en turno. Aprendí a bailar redova norteña, ballet, sones yucatecos, jarabe tapatío, y el “Rascapetate”. Durante un año nos preparábamos para el festival de gala que se hacía en el teatro de la P. Debo aclarar que yo tenía siete años, así que como siempre, hacían conmigo lo que querían… Pues llegó el ansiado día de la premier y todas las mamás van con sus princesas al dichoso festival. Primer acto: salgo con mis compañeras bailando un fragmento de “El Lago de los Cisnes” con un tutú color pistache y una flor de plástico en el pelo; segundo acto: córrele a cambiarte, hacerte trenzas en el pelo con moñotes colorados del tamaño de un metrobus y salimos al escenario en donde le damos duro a la duela del escenario con los taconcitos rojos de baile al ritmo del conocido corrido “La Adelita”; Tercer acto: me niego a salir. No hubo poder humano que me obligara a salir con el atuendo del pecaminoso, arrabalero y sucio Can Can. Yo todavía tenía ripio de candor a esa edad. ¿La razón? Se me veían los calzones. Y ya se sabe que a esa edad, que se te vieran los calzones era una afrenta mayúscula con pocas posibilidades de recuperar la dignidad. Me disfrazaron de francesita mala pécora con pluma de avestruz y toda la cosa, y yo, negada. Ya lo había ensayado, mi mamá invirtió en mi varios miles de pesos –de los viejos- en mi vestuario y yo, agarrada de la tramoya sin querer salir… me mantuve firme, no hubo mácula alguna en mi honra y nadie me puede recriminar por esto. Excepto mi mamá, que al cabo del tiempo se vengó metiéndose ella a bailar y yo a pasar penas mientras la veía ensayar el mambo “Norma la de Guadalajara”, o peor aún “Caballo Negro” con el caraefoca. Su venganza no terminó ahí: durante mucho tiempo tuve que chutarme sus festivales, vestida ella de mambolera de los 40’s y moviéndose a ritmos sicalípticos y provocadores… lo cual ¡Me encanta!Esta nota se la dedico a mi mamá, que ahora ya no puede bailar como antes, pero que me enseñó que el baile es la mejor terapia para el alma, y más divertida y barata que ir con un psiquiatra.
viernes, 12 de diciembre de 2008
Péinate que viene gente: los bucles
Todas las mamás que se preciaron de serlo en los años sesenta querían que sus quirrirrus se parecieran a Shirley Temple. No importaba si eran hombres o mujeres. El chiste era que los caireles cayeran en cascada sobre sus hombros y si los rizos eran güeritos, pues tanto mejor. En ese tiempo, no existían pinzas y tenazas con iones y tratamientos para no maltratar el pelo. Si uno nacía como yo, de pelito ralo, escaso y grifo, la cosa se ponía mal, porque había que someterse a la “Tortura del rizo” que narro a continuación: Se colocaba banco de madera, de preferencia alto cerca de la estufa. Mi mamá sacaba unas tenazas difíciles de describir, pero puedo decir de ellas que cualquier sacerdote perteneciente a la santa inquisición estaría feliz y orgulloso de poseer unas como éstas. Pues las tenazas en cuestión se calentaban directamente en la estufa hasta que adquirían la bonita temperatura de 60° C, o al rojo vivo, lo que ocurriera primero; se procedía a tomar una porción de pelo del infante, se envolvía en papel de estraza o de china, lo que se tuviera a mano. El pelo se enroscaba en la tenaza y cuando el olfato detectara cierto olor a chamusquina era que el bucle estaba listo; así con todo el pelo. Ya que se tenía toda la cabeza del sufriente coronada con caireles enmarañados, se procedía a bañarlos con una capa de laca. La laca, para quien no lo sepa, es un líquido de consistencia viscosa, de color ambarino que utilizaban las señoras para sostener en alto los tupés y cabellos encrespados muy en boga en la década mencionada. Ya que se tenía el pelo enrulado y endurecido, entonces ya la peinaban a una de media cola, con el consabido moñito haciendo juego con el vestido de primera comunión. O de pajecito de boda. O para fiesta familiar. Igualita a Shirley Temple. Hace como dos navidades, mi mamá me regaló un aparato que no se diferencia mucho de las tenazas inquisitoriales, y que funge para lo mismo. La dedicatoria, por demás sugestiva decía: “Con éste aparato espero verte llena con rizos, bucles, ondas y tirabuzones. ¡Ya péinate mi’jita!”. Conociendo a mi madre, esto suena harto irónico, porque de los tres pelos que tenía, ya nomás me quedan dos. Le vi los ojitos cuando me entregó el regalo, y un resplandor rojizo destelló en su mirada…
La piñata de salón. Jala, jala, jala…
Ya les he platicado de mi tía M. Un día, próximo a la navidad, la mencionada tía y sus hijos nos invitaron a una posada en casa de una prima. Estábamos todos departiendo gentilmente, tomando ponche y tamales, cuando mi tía dice: “vamos a jugar a la piñata de salón”. He conocido toda clase de piñatas, desde las que se hacían con olla de barro, que son las efectivas porque te das tus buenas cortadas con los tepalcates que quedan en el suelo, hasta las que hacen ahora de cartón, que no se rompen ni aunque lo quiera dios padre, por lo que la diversión puede durar horas y horas, hasta que algún invitado desesperado la desgarra hasta con los dientes. Estas tradicionales piñatas, van rellenas de dulces de todo tipo (ver “dulces secretos”) o de harina o de agua, según el humor festivo del dueño de la casa. Pues todos los ajenos a la familia CC, nos quedamos con cara de interrogación. ¿Qué es la “piñata de salón”? A continuación doy las instrucciones de cómo se elabora una piñata de salón:1 caja de cartón de tamaño regular con tapa separable (las de papel bond son buenísimas)
Papel lustre de colores; papel metálico; cualquier adorno que sirva para decorar
Pensar un concepto: puede ser un regalo, un tambor, un angelito… el chiste es decorar la caja
Se decora la caja al gusto de la persona, pero es importante que la tapa sea parte del decorado, pero que NO ESTÉ PEGADA A ÉL. Se voltea la caja al revés (tapa para abajo) y se le hace un orificio a ésta en el centro, en donde posteriormente se colocará un mecate, listón o cable para tendedero; se sujeta el mencionado mecate al interior de la caja con un regalo sorpresa en el otro extremo. A la tapa se le hacen varios orificios con un picahielos y se le insertan a los agujeros listones de colores. Pero sólo uno estará sujeto a la tapa por medio de un palillo de dientes o palito de madera. Cuando está lista, la piñata se cuelga de donde se pueda: viga de madera, porta jaula de perico (aportación de M, mi prima) o cualquier otro lugar que pueda mantener en alto el artefacto.
Ya ubicada la piñata, se conmina a los invitados a pasar uno por uno y jalar un listón, hasta que el “agraciado” ganador jala el hilo que sujeta la tapa, la cual caerá y dejara ver en el interior el mencionado regalo sorpresa.
Si usted está aburrido de las clásicas piñatas de picos; tiene más de sesenta años; tiene frío y no quiere salir a dar y recibir catorrazos; no pretende cortarse con los tepalcates ni que lo apachurren; cuenta con casa de interés social y el único patio lo ocupa la lavadora, esta es la piñata ideal. La emoción no es la misma, ya se sabe, pero es una opción muy válida para sorprender a los invitados y le aseguro que será el goce de chicos y grandes. Bueno, más para los grandes. Otra variante puede ser comprar varios regalos sorpresa, numerarlos como en tómbola y que los listones tengan en el extremo oculto el número correspondiente, así todos ganan y se van rete contentos.
Le dedico esta nota a mi querida tía M. que siempre ha sido una mujer muy entusiasta, muy ocurrente, simpática y a la que quiero mucho. ¡Feliz Navidad!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


